A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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JACOBO Mª STUART, DUQUE DE ALBA
Cando RSP escribe este artigo sobre Jacobo Mª Stuart, o XVII Duque de Alba (e pai de Cayetana, a actual Duquesa de Alba) estaba de embaixador do reximen franquista en Londres. Pero xa Suárez Picallo deixaba entrever que este incondicional monárquico non ia durar moito tempo ás órdenes do dictador (de feito cando D. Juan de Borbón publica o manifesto de Lausana pedíndolle a Franco a instauración dunha monarquía constitucional en 1945 o Duque de Alba renunciou como tal embaixador en Londres...)
Engadimos un segundo artigo publicado o 30 de xaneiro de 1947 sobre o mesmo personaxe.



27 noviembre de 1942

ENTRE INGLESES ANDA EL JUEGO


Por Ramón Suárez Picallo

Don Jacobo María Stuart, Fitz James y Porto-Carrero, Duque de Alba y de Berwik, Conde de Lemos, de Andrade y de Altamira y otros treinta títulos más de la nobleza, todos equivalentes a grandes de España, es el Embajador del Gobierno peninsular, en la corte de Su Majestad Británica.

Descendiente directo de los Stuardo, por un lado, y de la más alta y rancia nobleza española, por el otro, el Duque de Alba, es de exquisita cultura, amigo de artistas e intelectuales, con ciertos pujos de liberalismo siempre que ellos no afecten a sus blasones, ni a la institución monárquica de la que es incondicional devoto. Cuando discute con españoles se declara británico y escocés de real estirpe, y cuando habla con ingleses, recuerda con orgullo, su prócer abolengo hispánico.

Su magnífica residencia madrileña –el famoso Palacio de Liria- es uno de los más ricos Museos de Arte de España; durante la Guerra Civil, lo custodiaron milicianos republicanos, con Máuser y bayoneta calada, a las órdenes del Patronato del Tesoro Artístico, y allí no se perdió ni un alfiler. Mientras tanto, el Duque, su dueño, actuaba en Londres como representante oficioso de los insurrectos y, con sus gestiones, causó al Gobierno republicano, muchas dificultades y dolores de cabeza.

Pese a ello, el Duque no es un incondicional del actual estado de cosas de España. Los pistoleros de Falange -con bandera rojinegra, igual a la de la Federación Anarquista Ibérica que alardean de ser nacional-sindicalistas- no cuentan, en la estimativa del linajudo aristócrata, con ninguna simpatía. Él sigue siendo un monárquico a machaca martillo, e hizo lo que hizo y hace lo que hace con la sola mira de ver restaurada la monarquía en España. Y para el logro de ese propósito, está en Londres él, y ocupa la Chancillería de Madrid, el general, Conde de Jordana, su amigo personal y político. Para eso y para asegurarle a Gran Bretaña que él, y lo que él representa en España –la nobleza, el Alto Ciero y la gran burguesía– no comparten la simpatía pro Eje de la Falange Española, al servicio incondicional de Berlín y de Roma.

Y como eso aún cuenta algo en España, los de QDowning Street escuchan encantados, las disquisiciones del de Alba y Berwick sobre la neutralidad amistosa de su país.

Para hablar de todo eso y no para comer y beber, el Duque de Alba tendió ayer mesa y manteles en honor de Winston Churchill, el descendiente de otro Duque de famosa historia: el de Malborough, título concedido a otros Winston Churchill, por un antecesor del anfitrión.

El juego anda pues, entre ingleses. Un buen juego diplomático si no hubiese de por medio una ligera dificultad. Ésta: en la frontera española, a lo largo de toda la estribación pirenaica, están los ejércitos de Hitler, con los catalejos puestos en Gibraltar y en el Marruecos Español. Y por el lado de adentro de esa frontera está un pueblo que supo dar guerrilleros “empecinados” y capaces de poner en fuga y derrotados a los Mariscales de Napoleón.

A ese pueblo, el Duque de Alba, sólo le recuerda un famoso cuadro de Goya que se llama “La Maja desnuda”, y al otro, el de Malborough, le recuerda una canción de niños que empieza: “Mambrú se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá”.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 27 de novembro de... 1942)


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30 de enero de 1947

enter>(SIN TÍTULO)


Por Ramón Suárez Picallo

Don Jacobo María Estuardo Fitz James y Porto Carrero, Duque de Alba y Berwick, Conde de Lemos, de Andrade, de Altamira y de Benavente, y otros treinta o cuarenta títulos más de la llamada grandeza española, ha sido uno de los más eficientes servidores del actual régimen español.

Su alcurnia, paralela a la del Rey, por ser él mismo descendiente de reyes -los Estuardo de Escocia y de Inglaterra- su gran cultura y sus estrechas vinculaciones con la corte inglesa, además de su inmensa fortuna, fueron para los sublevados españoles de 1936, un maravilloso y utilísimo hallazgo. El Duque de Alba, don Juan March y don Francisco Cambó, fueron la garantía económica de la aventura insurreccional, dándose el caso de que por sus gestiones, la peseta franquista, sin un solo gramo de oro de respaldo, se cotizase más alta en la bolsa de Londres que la peseta republicana, garantizada por una cobertura de oro del 45 por ciento sobre la circulación fiduciaria.

En el orden político y diplomático, el Duque de Alba fue el “factotum” de la amistad inglesa para el régimen franquista; la Casa Real Inglesa y los Gobiernos conservadores de Baldwin, Chamberlain y Churchill, escuchaban a su alteza ducal, como a un oráculo. Don Jacobo María hizo todo eso, y mucho más, convencido de que el régimen nazifascista surgido de las guerra civil, apoyado por Hitler y Mussolini, habría de restaurar en España la monarquía borbónica, representante en don Juan de Borbón Habsburgo Lorena y Batemberg, hijo tercero del último Rey Alfonso XIII.

Mas, hétenos aquí que el Generalísimo aposentado en todos los reales sitios de España: el Palacio de Oriente, Aranjuez, La Granja y el Pardo, además del Pazo de Meirás, se sintió bien, y dijo a todo el que quiso oírle: “Mientras yo viva, no habrá aquí ni rey ni roque ni nada. El rey y el roque soy yo, y “tras de mí el Diluvio”.

Por su parte, don Juan el Presidente, declaró que con Franco y con su gente no va ni a misa, sin duda en venganza por el desprecio que le hiciera el Caudillo, no aceptando el ofrecimiento del Príncipe de ser soldado en sus filas insurrectas y facciosas. Hubo idas y venidas desde Londres a Madrid, de París a Lausana, de Lausana a Lisboa y de Lisboa a otros lugares, para hallar un modo de juntar a Franco con don Juan, a la vista del nuevo cariz de la política internacional, una vez que fueron derrotadas y vencidas las potencias del Eje totalitario, contra todos los deseos y las profecías del Caudillo y de los suyos. En todo anduvo el señor Duque para evitar el irremediable desacuerdo desembocado en un “impasse”.

Pero llegó el momento de romper lanzas ante un dilema: Juan o Francisco, y el de Alba rompió las suyas en contra de Franco y a favor de don Juan. El gesto le costó la renuncia de su cargo de Embajador en Londres, que desempeñara “oficiosamente”, mientras aún el gobierno británico tenía reconocida a la República y, oficialmente, después de ser reconocido el régimen franquista una vez terminada la guerra civil. El Duque se fue a Madrid y empezó a conspirar desde su famoso Palacio de Liria. Habló con líderes republicanos, con monárquicos antifranquistas y con católicos descontentos y con militares desconocidos también. Pero lo hacía todo, asegurando que su Majestad Británica, andaba de por medio, buscando afanosamente la felicidad del pueblo español, para el que deseaba las mayores felicidades en una monarquía constitucional liberalísima y aún socializante. Todo se vino abajo y los que conspiraron con el Duque y con el General Aranda, fueron a dar con sus huesos a la cárcel; el General fue desterrado a Mallorca y el Duque quedó en Madrid haciendo de las suyas.

La última gorda y sonada que hizo, fue ofrecerle un banquete pantagruélico a Sir Víctor Mallet, Embajador británico en Madrid, la víspera de su marcha a Londres, llamado por su Gobierno a raíz del acuerdo de las Naciones Unidas, ordenando retirar a todos los representantes diplomáticos de los Estados miembros acreditados ante el Caudillo.

Y no sólo fue el banquete.

Al día siguiente por la mañana, en el aeródromo de Barajas, de donde salía el Embajador inglés, estaba el Duque de Alba para despedirlo y desearle buen viaje. ¡Se armó la de Dios es Cristo! El “A.B.C.” diario monárquico del Marqués de Luca de Tena, le dedicó las páginas 12 y 13 al acontecimiento. Tuvo que arrancarlas de cuajo por orden de la censura, antes de ser puesto en circulación, so pena de ser sustituido.

Desde entonces hasta hoy, no tuvo un día de paz el famoso aristócrata hispano-inglés. La prensa falangista abrió contra él una furiosa campaña de descrédito. Aranda, Alba, Gil Robles, el demócrata-cristiano Jiménez Fernández, comparten con el Duque las furibundas diatribas falangistas. Y lo peor es que nadie los defiende, ni los franquistas ni los antifranquistas, porque quienes son hoy injuriados, fueron ayer paniaguados y servidores de quienes los injurian ahora.

Hay quien asegura que el Duque de Alba volverá a Inglaterra por imposibilidad de vivir en Madrid. Quizá estudie allí, en los archivos británicos, la vida y milagros de Jacobo I, el rey antepasado suyo que aprobó, por ceñirse una corona, la muerte en el patíbulo de su propia madre María, la desdichada reina de Escocia.

Biografía del XVII Duque de Alba
Comentarios (1) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 27-11-2010 00:40
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1 Comentario(s)
1 Las páginas censuradas del ABC del 25-12-1946 fueron las 11 #blgtk08#y 12; obviamente, es imposible arrancar las páginas 12 y 13.
Comentario por Iñaskis K (07-05-2011 20:28)
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