A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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O SANTO SEPULCRO, EN LAPAS NO ANO 1949

O Santuario máis venerado da cristiandade atópase en Xerusalén,arrodeado por mercados, negocios de recordos e minaretes, invita aos que o visitan a meditar acerca do Misterio da Redención que ocurriu neste lugar. RSP -en 1949- comenta a preocupación en todo o mundo cristián ante a nova dun incendio no lugar e presenta ao lector a historia citado Santuario...


25 de noviembre de 1949

EL SANTO SEPULCRO ESTÁ EN LLAMAS


Por Ramón Suarez Picallo

Cuando escribimos estas líneas, está en llamas, desde hace 24 horas, el más venerable Santuario de toda la Cristianidad, el Templo del Santo Sepulcro, situado en una de las alturas -700 metros– de la ciudad de Jerusalén, donde se supone que era el Monte Calvario, y donde Jesús el Ungido pronunció, desde lo alto de la Cruz, sus siete últimas palabras. Y allí mismo, en una breve ladera, se ubica la leyenda del Sepulcro, donde nació el Ministerio de la Resurrección del Maestro a la vida perdurable, a las tres jornadas de su muerte física.

No se conoce el origen del siniestro, ni sus verdaderas proyecciones, pero lo cierto es que todo el mundo cristiano sigue a estas horas con profunda emoción las noticias a su respecto. Desde ya, se informa que la gran cúpula, bajo la cual estuvo la tumba del Redentor, cayó desplomada, y se anuncia también que, frente a la catástrofe, los árabes, los judíos y los cristianos de todas las iglesias han unido sus fuerzas para salvar a la gran Reliquia por todos considerada como Lugar Sagrado.


NOTICIA

En templo del Santo Sepulcro de Jerusalén fue construido en la primera mitad del siglo IV –320 al 335– por decisión de Constantino el Grande, el Emperador Romano que, inspirado en la idea paulina de hacer del Cristianismo doctrina universal del Imperio, la aprobó y adoptó para todos sus súbditos. La ubicación del templo –uno de los primeros oficiales y públicos de toda la Cristiandad– fue fijada en el lugar, donde, según las crónicas más autorizadas de la época, había culminado la Vida del Cristo, al final de la empinada Calle de la Amargura, en la Cumbre, donde a la hora nona del viernes se cumplió la sentencia de los jueces deicidas, con el visto bueno del Procurador Poncio Pilatos. En sus orígenes, el lugar abarcaba el sitio de la muerte y el del Sepulero del Redentor, después de haber sido desclavado y descendido del leño de suplicio por José de Arimatea y por Nicodemo.

Poco duró la construcción piadosa del primer Emperador Cristiano. En el 614 fue destruida por Cósroes II y reedificada por el Monje Modesto, más tarde Patriarca católico de Jerusalén. En 1010 la arrasó Hakén, Sultán del Egipto, no dejando de ella piedra sobre piedra.


LAS CRUZADAS

Como es sabido de todos, las Cruzadas fueron expediciones cristianas europeas organizadas con la finalidad religiosa de rescatar del dominio de los infieles musulmanes y otomanos los Santos Lugares de Jerusalén, y entre ellos el Santo Sepulcro, al que los árabes bautizaron con el nombre de “Keniset–El Guiamet” (Iglesia de la Resurrección).

Alfredo de Bouillon mandó reconstruir el Templo, reuniendo sus diversas partes en una sola, formada por una rotonda y tres capillas, según planos de un grupo de arquitectos griegos. Pese a la violencia de la guerra entre árabes y cristianos, la vieja Iglesia fue respetada durante varios siglos, hasta que volvió a ser destruida en 1811, también por un incendio de origen misterioso. Su reconstrucción posterior –siguiendo la vieja tradición de lugar y de estilo– se hizo a costa de varias potencias cristianas europeas, con la cooperación de Turquía.


EN NUESTROS DÍAS

Y fue así, a través de una historia muy accidentada, que llegó a nuestros días el famoso Templo, evocador de la inmortal leyenda. Sus características son: una gran cúpula que cubre el supuesto sepulcro de Jesús, sobre el cual se levanta un altar de mármoles purísimos, de dos metros y veinticinco centímetros de largo por 0.75m. de ancho. Está después la capilla del Monte Calvario, con representaciones artísticas primorosas sobre todos los temas de la Pasión. Luego una ancha piedra lisa y llana, rodeada de verjas, a la cual -como escenario– se le atribuyen extraordinarios prodigios. Sobre ella el Ángel anunció a María la Resurrección del Hijo. Y en su rededor celebraron los Apóstoles su última reunión, antes de diseminarse por el mundo en cumplimiento del Mandato del Maestro, para anunciar, “urbi et orbi”, la Buena Nueva redentora a todas las criaturas.

Los diversos claustros, altares y recintos están rodeados de maravillosos arcos, con lámparas que los alumbran perennemente, con la perennidad, solemne y luminosa, del espíritu que no muere.


UNIVERSALIDAD

Millares de personas de todos los credos, razas, naciones y latitudes visitan los Santos Lugares de Jerusalén. Ante ellas desaparece el turista frívolo, dado a lo pintoresco, con Kodak y ropas exóticas, para caer de hinojos el hombre religioso al conjuro del recuerdo de la evocación de uno de los dramas más conmovedores de todo el Género Humano. El Hombre que, siendo Dios, quiso ser Hombre a secas, para enseñar el camino de todas las redenciones, el gran camino del amor a todos, que conduce, por las vías del dolor y de la amargura, a la perfección suprema, hasta identificarse con el Creador, formando parte de su Todo Absoluto. Y no es del caso señalar aquí cómo la emoción universal que provocaron aquellos Sitios, tuvo concentración positiva en organismos famosos por su historia: La Orden del Santo Sepulcro, instituida por Godofredo de Bouillón; los Caballeros cristianos encargados de cuidar el Templo, y la Orden de San Juan de Malta, explican la universalidad espiritual, irradiada de allí para el resto del mundo. Como la explica, también, el hecho extraordinario de que árabes y judíos, cristianos ortodoxos y católicos romanos, protestantes de todas las ramas y budistas de todos los sectores, olvidando sus ásperas disputas, se hayan unido en un común esfuerzo para salvar de las llamas la venerable reliquia, desde cuyo suelo fue lanzada al mundo la inmortal consigna eternamente creadora: “Amaos los unos a los otros...”

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o 25 de novembro de ... 1949)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Relixión - Publicado o 25-11-2010 00:06
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