A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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EVOCACION DE FLORENCIA
Ante o posible bombardeo da emblemática Florencia que Ramón Suárez Picallo visitouo alá polo ano 1926, escribe este entrañable artigo en defensa da cidade que é "Museo e Reliquia" pola que sinte un engaiolante apego...


4 de octubre de 1943

EVOCACIÓN CORDIAL DE FLORENCIA


Por Ramón Suárez Picallo

Efectivamente, Florencia, la bella e inmortal ciudad de Florencia, cuna del Renacimiento, arca del más rico tesoro de arte del mundo, reliquia de la vieja democracia popular y republicana, joya refulgente del mejor espíritu de Italia, está en peligro de convertirse en campo de batalla, con su consiguiente secuela de destrucción, de incendio y de ruina.

Comentando la aterradora y estremeciente posibilidad, en conexión con esta hora, angustiosa y dramática, en la historia de Italia, Juan De Luigi, Whip y Espectador, han escrito estos días, en ?La Hora?, párrafos conmovidos y conmovedores, tendientes a despertar la sensibilidad, el afecto y el recuerdo de los hombres de bien hacia la gran nación latina, madre de arte, de ciencia y de cultura.

Juan De Luigi, respondiendo al noble mandato de su estirpe, fiel a su cultura y al recuerdo de sus mayores, en su magnífico artículo ?Italia?, requería días atrás de todos los hombres que lleven en sus venas una sola gota de sangre italiana, su devoción y su fervor, en torno a la vieja Patria en desgracia. Por nuestras venas, que sepamos, no corre ninguna sangre italiana; pero, así y todo, le respondemos: ?Presente?; corre por nuestras venas sangre hermana, y modulan nuestros labios ?en la intimidad, de los más hondos afectos? una dulce lengua neolatina, que recuerda los bellos decires y los suaves cantares de la Toscaza. Y, por último, conocemos Italia; entramos en ella por la boca del Simplón, y salimos de ella, por Messina, haciendo alto y descanso, remanso y recreo, en Florencia, durante un mes, que nos pareció un día.

Por eso, ante la posibilidad de que sobre la ciudad, que es Museo y Reliquia, caigan las bombas y estallen los obuses, se nos sobrecoge el ánima de espanto, y se nos viene a los puntos de la pluma el ruego fervoroso: ?Dios salve a Florencia?.


SEÑORÍO

Florencia es una ciudad señorial, de más preclaro y esclarecido señorío: el señorío del arte y del espíritu. El viajero puede ver desde muy lejos, sus airosos blasones policromos, en las torres de Santa María Novela y del Fiori, lanzadas a la luz como flechas de oro; ya en su recinto, son señoriles las piedras de las calles y las paredes de sus casas, todas, desde el barrio abigarrado que se debruza en ambas riberas del Arno, hasta la Plaza solemne y monumental, de la Señoría; los tabucos de los viejos y gloriosos artesanos, y los palacios de maravilla, de sus antiguos señores, artistas ellos y protectores de artistas.

Quien haya recorrido, una noche alunarada de verano, solo con su alma, las plazas, las plazuelas, los crosos y las callejas de Florencia, estará cautivo, para siempre, del sin igual y milagroso sortilegio. Porque habrá escuchado la sinfonía, sin voces, de lo que es eterno en la Historia; sus ojos se habrán alampado ante las mil esculturas y ante las ?Madonas?, salidas de manos que nacieron artistas, para la devoción y la admiración populares, puestas para eso en los recantos de las paredes de casas medievales, y los oídos, habrán escuchado, versos del Dante, sermones de Savonarola, y dichos sutiles de Macchiavello, susurrados por las aguas del río glorioso en los puentes ?Vecchio? y de ?Santa Trinitas?. Ni siquiera tiene el visitante de Florencia, para percibir toda la grandeza que encierra la ciudad, que meterse en galerías ?Pitti? y ?Degli Uffici?. Presentirá en el aire y en el ambiente, saliéndose por los grandes ventanales, toda la ingente riqueza que guardan dentro de sus paredes multiseculares.

Y todo, sin hablar aún con las gentes, que completan a cabalidad el magnífico cuadro. Desde el portamaletas de la Estación y el limpiabotas de la esquina, hasta el profesor ilustre, el pintor y el poeta, pasando por el sacerdote y el dueño de casa de huéspedes, cada florentino, es un señor nato, culto, cordial, acogedor y amable. El más acogedor de toda Italia. Es, exactamente, el hombre de su ciudad, propio de ella y en consonancia espiritual con ella.

Cuando la visitamos ?en el verano de 1926? sólo observamos una nota discordante, extraña, por entero, al espíritu de Florencia: el extravagante policía fascista, armado hasta los dientes, vestido de camisa negra, gesticulador y gritón. Un estudiante, con quien comentamos el contraste, velando sin dudad por el sobrio decoro florentino, nos aseguró que los policías fascistas no eran de Florencia, así como no solían ser madrileños los guardias civiles de Madrid.


SENTIDO CRÍTICO

El fascismo, nunca conquistó a Florencia. El agudo sentido crítico y el fino humor que caracteriza a los pueblos ?que ya están de vuelta?, de sistemas políticos, de culturas y de civilizaciones, son patrimonio muy estimado de los florentinos. Véase un ejemplo. Un doctísimo sacerdote, Profesor de Historia de Arte, con cuya amistad hemos sido honrados en Florencia, nos acompañaba en visita a la famosa Capilla Medicea; en una pared lateral del monumento hay unos magníficos frescos, representando los ?Infiernos?, descritos por Dante; al llegar al de los escandalosos, el cura, se nos acercó un poco, y nos soltó al oído y en voz baja: ?Estos son los fascistas del tiempo del Dante?. Nos miró de arriba abajo y se sonrió después de nuestro asombro por su atrevimiento.

Noches más tarde, en una canoa, paseábamos por el Arno abajo, con el cura y un grupo de estudiantes, cantando canciones satíricas, dedicadas a Mussolini y a los suyos; y contando cuentos y chascarrillos, igualmente poco amables para el régimen, en una vieja tonada de güelfos y gibelinos. Conocimos, entonces, el pensamiento de los florentinos acerca del régimen político de Italia; y, de aquel conocimiento, proviene la poca extrañeza que nos causan las noticias que dan cuenta de la lucha de los ciudadanos de Florencia, contra nazis y fascistas, puestos de acuerdo y al alimón para traicionar el alma de Italia, que guarda, entre sus mejores tesoros, la ciudad prócer, inmortal y gloriosa.

Al conjuro de tales recuerdos, desde el fondo de nuestro espíritu, hacemos votos fervientes porque Florencia salga intacta, absolutamente intacta, del empeño; para que siga ofreciendo el tesoro imponderable de su belleza, de su historia y de su arte, a todos los peregrinos, que lleguen a sus puertas, en busca de lo Eterno, de lo bello y de lo sublime, que es puntal y piedra millaria de nuestra civilización, occidental, greco?latina y cristiana.

(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile, o día 4 de outubro de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 04-10-2010 02:41
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