A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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GALICIA MÁRTIR (1936)
Impresionante e dorido artigo de RSP onde lembra os terribles asasinatos que sembraron os camiños e montes de Galicia de múltiples cadáveres (entre eles o do seu irmán Xoan Antón)... en agosto de 1936.


12 de agosto de 1943

“GALICIA MARTIR"


Por Ramón Suárez Picallo

Entre el 12 y el 30 de agosto de 1936, Galicia, la vieja tierra noroestana de Iberia, sufrió el más grande martirio de su historia. Desde que Brigo, hijo de Túbal, nieto de Jafet y biznieto de Noé, afincó –según la leyenda– sus plantas, en las verdes riberas del Miño, hasta el día de hoy, no se había visto, en la brumosa comarca atlántica de los “Finis-Terraes”, un mayor drama colectivo de terror y de espanto. Se recordaban allí, los tiempos primigenios del Cristianismo, ricos en mártires de la Nueva Doctrina, sacrificados por la Roma pagana: Epifanio, Críspulo, Restituto, Cecilio, Tesifonte, Indalecio, Eufrasio, Atanasio, Teodoro, Torcuato, Marina de Cambados, y Eufemia de Carballo, eran evocados como protomártires. Las invasiones posteriores de suevos y vándalos, los sarracenos, las guerras civiles contra el feudalismo, la lucha contra los reyes católicos, ni las contiendas entre liberales y absolutistas del XIX ni las insurrecciones campesinas de Osera, de Nabra y de Sofán, ya en este siglo, habían logrado superar el martirologio, hasta que, en 1936, sería extravasado con creces.

Era un verano rico, en cosechas de mar y tierra, alumbrado de soles y de esperanzas, aquel de 1936. El régimen democrático y republicano, se reafirmó el 16 de Febrero. El 29 de junio, dos millones de gallegos, en una población total de dos millones seiscientos mil, habían votado, en Plebiscito popular, un Estatuto autonómico, parecido al de Euzkadi y Cataluña. Florecían los proyectos sobre una nueva economía y los planes de industrialización agropecuaria y de explotación pesquera; la Universidad de Santiago, el Seminario de Estudios Gallegos, los Institutos provinciales y comarcales, los Ateneos y Academias de Artistas y que entroncase con los siglos XII y XIII, cuando Compostela era llamada la Atenas o la Jerusalén de Occidente. Ya no emigraba la juventud; las romerías y fiestas mayores eran verdaderas justas de gracia juvenil, en que los pespuntes festoneados de una “Muiñeira”, y los ecos jocundos de las viejas canciones, rendían a las mozas en una invitación a danzar y cantar…

De pronto cayó la gran desgracia, la inmensa desgracia. El 19 de julio de 1936, las ciudades, las villas, las aldeas, los campos o los litorales de Galicia fueron perturbados en su paz fecunda y creadora por un estropicio bélico, proveniente del África infiel; era un barullo exótico, absolutamente extraño al espíritu de Galicia, país donde los campesinos trabajan su propia tierra y los pescadores practicaban aún el régimen colectivista, trabajando y ganando a partes iguales. Un grupo de militares, “perdedores gloriosos” de todas las batallas, frente a los enemigos exteriores, se alzaban con armas y bagajes, contra el pueblo inerme, y contra sus legítimas instituciones políticas y jurídicas. Galicia era, para los insurrectos, una verdadera mina en hombres y en cosas. Eran rica despensa, los bienes de su tierra y de su mar; y sus hogares superpoblados de mozos, un buen surtidero de carne de cañón. Se lanzaron sobre ella como lobos hambrientos y la vencieron a las pocas horas. A fines de julio, Galicia, era un campamento militar, agobiado bajo el peso de las armas y el imperio de la Ley Marcial dictada, con efectos retroactivos, por los vencedores y la muerte iba a comenzar su siega de almas y de cuerpos.


LOS MÁRTIRES

Galicia, sede de grandes fuerzas militares con capitanía general en A Coruña, gran base militar y naval en El Ferrol, formidables cuarteles en Lugo y en Santiago y base de hidroaviones en Marín, pudo ser vencida y rendida por la fuerza de las armas. Pero quedaba indemne su espíritu: sus escritores, sus poetas, sus maestros de escuela, sus jóvenes estadísticas, sus técnicos agropecuarios, sus campesinos y sus marineros, con tierra y casa propias. Y contra ellos hubo que arremeter, salvajemente, en un bárbaro alarde de terror, organizado desde arriba, sistemáticamente practicado. Entre los Consejos de Guerra, que condenaban a muerte por “Rebelión militar” a los que habían defendido los poderes legítimos del Estado, contra los militares sublevados, y los piquetes de Falange, dedicados a matar gente, sin proceso previo, en baldíos, areosas , cunetas y playas solitarias, -aplicando el dicho “claudear”: ir a las “claudias”– se entabló una trágica competición para establecer, quién mataba más. Y los amaneceres de la última mitad del mes de agosto de 1936, alumbraron en Galicia, montoneras inmensas de cadáveres a la vera de todos sus caminos y carreteras. El número de muertos, así, se calcula en las cuatro provincias gallegas –A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra– en 60 mil, sobre una población total de dos millones y medio de habitantes. De ellos recordamos unos cuantos nombres, con sus respectivas circunstancias personales, que damos a continuación.

ALEJANDRO BÓVEDA, fusilado por sentencia de Consejo de Guerra, Católico, Delegado de Hacienda en Pontevedra, Profesor de Matemáticas.

JAIME QUINTANILLA, Médico, musicólogo, escritor, poeta, Socialista, Alcalde de El Ferrol, asesinado en un monte, junto con su hijo mayor de 17 años de edad, estudiante de Humanidades.

ÁNGEL CASAL, antiguo maestro de Escuela; director de la Editorial “Nós”, que estaba editando el “Codex Calixtinus”; católico, Alcalde de Compostela, asesinado en el camino de Arzúa.

CAMILO DÍAZ BALIÑO, escultor, pintor y dibujante. Encargado por el Cabildo Catedralicio de Compostela, de hacer los afiches para la Fiestas del Apóstol; asesinado en la carretera de Santiago a Padrón. Católico fervoroso.

JOSÉ MIÑONES BERNÁRDEZ, Diputado republicano moderado. Abogado, gerente de una compañía de Gas y Electricidad fusilado por Consejo de Guerra sumarísimo, que lo absolvió primero y lo condenó a muerte dos meses después.

PÉREZ CARBALLO, MARTÍN MARTÍNEZ Y SUÁREZ FERRÍN, Gobernador, Alcalde y Secretario Municipal de A Coruña, respectivamente, fusilados por Consejo de Guerra; abogados los dos primeros y comerciante rico el tercero.

GENERALES SALCEDO Y CARIDAD PITA Y ALMIRANTE AZAROLA. Capitán General y Jefe de la Plaza de A Coruña y de la Base Naval de El Ferrol, respectivamente; fusilados en el Castillo de San Antón.

JOSÉ VILLAVERDE, obrero de la C.N.T. bibliotecario de su organización, arrastrado varios kilómetros atado a la cola de un caballo, por la carretera de A Coruña a Santiago, y rematado después a tiros de pistolas.

SEÑORA DE PÉREZ CARBALLO Y SEÑORA DE MAZARIEGOS, Licenciada en Filosofía y Letras, y maestra de Escuela, respectivamente. Después de ser fusilados sus maridos, fueron declaradas locas y llevadas de A Coruña, al Manicomio de Conxo, en Compostela; en un pueblecillo del camino, llamado Carral, aparecieron asesinadas, ultrajadas y con los senos cortados. Podríamos seguir escribiendo nombres y circunstancias, hasta no acabar. No lo haremos. Sólo queremos, agregar uno, que, por razones que al lector no importan hace temblar nuestra mano y humedecer nuestros ojos al escribirlo:

JUAN ANTONIO SUÁREZ PICALLO, campesino, delegado de la Misión Biológica de Galicia en la comarca de las Mariñas de Sada; genetista vegetal, discípulo de Mr. Henry A. Wallace; técnico en injertos de árboles frutales. Católico galleguista; secretario del Ateneo Popular de su pueblo, donde en las noches de invierno, se comentaba a Platón y a Plutarco; estudiaba por libre la carrera del magisterio y la de Filosofía y Letras, 24 años de edad. Fue sacado de su casa a medianoche por un piquete de Falange, y golpeado, brutalmente, delante de la propia madre, a los dos días, apareció asesinado, con cinco vecinos más, también jóvenes y campesinos, en un monte de propiedad de sus padres. Poco después, murió de pena su padre, y luego, la madre…


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, o 12 de agosto de ... 1943)
Comentarios (1) - Categoría: RSP-Galegos de sona - Publicado o 12-08-2010 00:58
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1 Comentario(s)
1 Antonio Azarola en Julio del 36, era contralmirante jefe del arsenal militar ( el almirante de la base era Indalecio Núñez).
Por otra parte, sobre la esposa del gobernador#blgtk08# civil Juana Caddevielle, apareció su cadaver en una cuneta de los alrededores de Rabade.
Estas precisiones, están documentadas.
Un saudiño a todos

Comentario por Roberto Seoane lagüela (23-05-2017 15:54)
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