A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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REMEMBRANZA (2)
REMEMBRANZA (2)(continuación)

Por Ramón Suárez Picallo

Cuando la quilla de la “María Manuela “tocó fondo, don Fernando tiró a tierra un brazado de “ca”, iniciando la largada, formando con el aparejo, un semicírculo, recogido luego desde la playa por la compaña, dividida en `dos grupos, uno por cada punta.
Quiso don Fernando tenerme a su lado, no dejándome bajar a tierra. Me llevó con él a la calima –boya indicadora del copo provisor- desde donde orientaba, mediante señales convenidas, dadas con los brazos, a los hombres que desde tierra arrastraban el enorme “boliche”.
Un gran chapuzón producido en la boca del copo, estremeció al viejo marino. Clavó su mirada penetrante en las aguas en son de angustiosa interrogante y descubrió un banco de sardinas que, cogidas en la red diabólica, agitábase , presintiendo quizá la hora de la muerte. Don Fernando levantó entonces los dos brazos, cerrándolos luego, señal que traducida al lenguaje pescador quiere decir: “Duro muchachos, que hay pan”. Aproximábase a tierra la calima y percibíamos ya las exclamaciones de los de tierra, al ver la señal optimista. Afanosos, jadeantes, dábanse ´ánimo mutuamente:
-¡Duro! ¡Hala, duro! – Y sus cuerpos, atados al aparejo, tumbábanse en supremo esfuerzo dándole una velocidad vertiginosa para impedir la huída de los peces.
-¡Choupa!¡Choupa n’a gola! –clamaba don Fernando en son de súplica angustiosa, notando que las sardinas salíanse de la boca del copo.
Diez muchachos, vestidos con traje de Adán lanzáronse al agua como flechas, y confundidos sus cuerpos con los peces verdosos, daban tremendas brazadas en el lugar indicado por don Fernando, hasta que la boca fue cerrada por los agoladores.
-¡Un ben de Dios!- exclamó el maestro, contemplando el copo repleto del exquisito producto.
Cargados hasta el caurel, lancha, bote y dos minuetas, regresamos a Fontán, entre canciones marineras y el tocar de la bocina, llamando a las pescas a la rambla, de donde saldrían cargadas, llevando a las aldeas más apartadas, el fruto de la ría bendita, al grito del pregón característico.
-Sardiña bulindo, quen come… ¡Sardiña!...
A la hora de la paga, don Fernando fue pródigo. Me llenó el garruncho cuanto cupo, diciéndome al entregármelo:
-Has de ter suerte có mar, rapás. Volve cando queiras
Emocionado, invadido de alegría inenarrable, contemplaba yo el garrucho conteniendo el fruto de mi primer trabajo. Y deseoso de valorarlo en moneda contante y sonante, me dirijí a la primera “pesca” que hallé a mano:
-Véndoche a cazola.
-Douche dez rayás.
-E pouco –contesté, tomando a cuestas la preciosa carga y echando a andar a cuanto me daban las piernas.
¿Privar Yo a mi madre de la alegría de comer primeras sardinas que yo llevara? Herejía que no me hubiera perdonado en todos los días de mi vida. Luego la satisfacción de repartir entre los vecinos el producto de la amorrada.
Un plato a la abuelita de arriba; otro a la madrina; otro al tío. Y la emoción de mi madre al decir orgullosa:
-Trouxoas meu fillo. Son as permeiras que gana.
Y las bendiciones que yo recibiría de aquellas buenas gentes que eran otros tantos augurios: “Que Dios lle dea moito ben ”. “Que as areas do mar se lle volvan ouro por donde vaia”.”Que a Virxe d-o Carme o teña sempre da sua man, no mar e na terra.”
Pensando en estas escenas que a los pocos instantes se desarrollaban matemáticamente, llegué al hogar querido, donde mi madre y mis hermanitos pequeños aguardaban ansiosos. Posé a sus pies el garrucho repleto, y al verlo mi madre me abrazó y me besó conmovida, ante mi ofrenda primera, sincera, tierna, hondamente amorosa. En acción de gracias exclamó:
-¡Alabado sea Dios!
La cena familiar me supo a gloria divina. ¡Me la había ganado yo con mi esfuerzo honrado y eso es mucho, para nueve años, Señor!
Aquella noche tuve el sueño más feliz de mi vida. Soñé que un navío muy grande y bonito me llevaba a lejanas tierras encantadas y donde había playas cubiertas cubiertas de pepitas de oro y piedras preciosas y que llevado de la mano por la Diosa Fortuna, llenaba grandes talegas; que en buque veloz y maravilloso regresaba a mi hogar, donde mi madre esperaba; y que a sus pies depositaba las talegas, recibiendo de rodillas su bendición.


(Artigo publicado na revista CÉLTIGA,na data do 25 de xuño de... 1925. Reeditouse novamente no xornal Galicia no número de marzo-abril de... 1973)
VER REMEMBRANZA (1)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Galicia - Publicado o 26-06-2010 00:16
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