A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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EXILIADOS DA REPÚBLICA EN CHILE

Neste entrañable artigo, RSP ten presente aos máis de dous mil refuxiados republicanos españois que -dende Francia- saíron no Winnipeg e ao chegaren a cidade chilena de Valparaiso en setembro de 1939 e iniciaron unha nova vida...
Morriña, lembranzas, ilusións perdidas na patria lonxana, o que foi,e o que será... Centos de españois salpicaron o litoral chileno deixando tamén unha nobre pegada na nova patria de acollida...
Na foto a presidenta de Chile Michelle Bachelet homenaxea aos exiliados españois que viaxaron no barco de Neruda ao cumplirse 70 años desa viaxe en setembro de 2009.


23 de febrero de 1944

PESCADORES ESPAÑOLES EN CHILE


Por Ramón Suárez Picallo

Severiano Rodríguez, pescador asturiano, llegó a Chile en el vapor “Winnipeg”. Pertenecía a la Asturias costera que junto con la Asturias ganadera y campesina, señalaba al viejo principado noroestano de España, una personalidad rica y prócer, fuerte y distinta a la Asturias minera y proletaria. Severiano llegó a Chile “con lo puesto”; con los gloriosos harapos de su uniforme de combatiente por la República. Venían con él su padre enfermo, su valerosa mujer, y dos pequeñuelos que, a la sazón de su llegada, apenas balbucían las primeras palabras del castellano, mixturadas con los giros gráficos y rotundos del “bable” asturiano.

La llegada a Valparaíso, le infundió optimismo. Chile, la nueva patria anunciada y presentida como tierra de promisión a su afán de peregrino y de desterrado de la suya propia, tenía un largo mar, una rica costa con recantos y caletas opulentas en peces y mariscos. -“Aquí podremos vivir”– dijo en su sobrio lenguaje de hombre que gobernaba su barca con una señal de la mano. Y se quedó en la costa con los suyos, de cara al mar promisorio y misterioso. Alquiló una casita con dos piezas y un rincón para cocina; y, antes que en los muebles, las ollas y las camas, pensó en su barquichuela, en el motor y en las redes y los anzuelos: es decir, en los adminículos indispensables, para disputarle al mar, su pan y el pan de los suyos.

Todo vino, después, por sus pasos contados, junto con los peces que llegaban abundantes del mar; la casa hízose hogar amable con las camas limpias y los cacharros relucientes; en la cocina y la despensa hay todo lo necesario y la mujer de Severiano, es allí reina y señora, andando y moviéndose como una ráfaga suave y fresca de viento marino. Los chiquillos, rubios, graciosos y traviesos, son bellos como dioses infantiles; el uno ya va a la escuela con grande aprovechamiento, y el otro se sabe, de pe a pa, todo el silabario de corrido, que la madre le enseña por las noches en la casa, antes de la edad escolar, junto con otras sabidurías populares de su país natal: la cortesanía, la buena crianza, el respeto a los mayores y la ciencia, dificilísima, de mantener limpia su ropa, e intactos sus zapatos.

Ayer fuimos a la Caleta Membrillo, de Playa Ancha, en las proximidades de Valparaíso, donde vive y trabaja el pescador de nuestro comentario; a su hogar, llegaron, al mediodía, dos diputados republicanos españoles, un alto funcionario de la República y un paisano y amigo, que lleva en Chile sus buenos treinta años de trabajo. Fue, por lo tanto, fiesta mayor, con mesa blandida y blancos manteles. Como quien dice, “la casa por la ventana”; los peces más exquisitos preparados con mano maestra, y, como remembranza, la suculenta y popular “fabada” de la tierra remota, querida y añorada. Los muchachos, se van enseguida a corretear y darse tremendos chapuzones en la ribera, con otros amiguitos españoles y chilenos, muy preocupados por cierto juego de mar y de rocas que se traen entre manos. Los mayores, inician la conversación sobre graves temas políticos de la patria lejana; sobre lo perdido, lo que habrá de recuperarse, lo que es ahora, lo que fue antes, y lo que nunca más volverá a ser. Añoranzas, recuerdos, ilusiones, y, después, el silencio saudoso, consigo mismo. Quiebra el sortilegio la señora Rodríguez, con unas frases, dichas mientras levanta los manteles de la mesa y sirve el café:

-Demos gracias a Dios y a Chile; aquí comemos, vivimos y pensamos con libertad; trabajamos duro y firme, pero los chiquillos están robustos, van a la escuela y tienen amigos con quienes jugar en la playa. Pensemos en los que no tienen nada de eso, dentro y fuera de España. A mí, cuando pienso en ellos, se me queda la comida en la garganta. Ellos, los “propines” no pudieron llegar a Chile.

¿Cuántos pescadores españoles hay a lo larago de todo el Litoral chileno, disputándole a su mar el pan de los suyos? Muchos. Aquí mismo, en esta misma Caleta, hay otro grupo de Santanderinos que dan su nota original al popular barrio pescantín. En San Vicente, en San Antonio, en Antofagasta, en Iquique y en otros muchos lugares, los hombres del Norte y del Noroeste de España, están realizando una magnífica labor en pro de la pesca chilena. Tienen sus problemas, sus angustias, sus dificultades, sus defectos y sus virtudes; pero, de todos modos, quedará en Chile un buen recuerdo de su paso y de su estada, y quizá sean, colectivamente el grupo más útil y mejor perfilado de toda la inmigración republicana española, llegada después de la guerra peninsular.

En este hogar, modesto, ejemplar, limpio física y espiritualmente del pescador asturiano Severiano Rodríguez, queremos ver a todos los de sus demás compatriotas establecidos a todo lo largo de la costa chilena, con los ojos, el alma y el corazón extendidos sobre el mar. Y desde aquí los saludamos a todos cordial y fraternalmente.

Bajamos del barrio a la ribera, conmovidos y emocionados. Debruzados sobre la pequeña playa cubierta de gentes y de barquichuelas, descubrimos, sobre la roca, la efigie de San Pedro, el viejo pescador de Tiberíades, elegido por el Maestro para que lo sucediese y extendiese por el mundo el apostolado de su doctrina de amor a los sufridos y a los humildes.

Pedro, el pescador, peregrino y mártir de tierra extraña a la suya, es un buen símbolo y un excelente patrono de estas sencillas criaturas, que le disputan su pan al mar, en todas las riberas del mundo, contentos, por ser libres y por trabajar en un predio donde aún no existe la idea perturbadora de lo tuyo y lo mío.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 23 de febreiro de ... 1944)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda República Española - Publicado o 23-02-2010 01:06
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