A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MAHATMA GANDHI
O asasinato de Mohandas Karamchand Gandhi -un dos máis respetados líderes espirituais e políticos do século XX- a mans dun fanático hinduista, o 30 de xaneiro de 1948 provocou unha conmoción mundial.Tódolos medios de comunicación difundiron de inmediato tal magnicidio. RSP deixa ver no artigo o respeto e admiración que sentía polo Mahatma.
A pesares que Gandhi nunca recibiu o Premio Nobel da Paz, aínda que estivo nominado cinco veces entre 1937 y 1948. Dende 1964, o día 30 de xaneiro se celebra en España o Día Escolar da Non Violencia e da Paz (DENIP) en conmemoración do día da morte de Mahatma Gandhi,que despois tivo o resplado definitivo cando en 1993 a UNESCO recoñeceu a festa e a converteu no Día Internacional pola Non Violencia e a Paz.
Engadimos dous artigos máis: Un publicado uns días despois do magnicidio, onde RSP critica aos que se poñen a falar ou escribir de Gandhi sen ter os coñecementos axeitados e outro, un ano despois, cando se xuzga a morte aos causantes do mesmo e no que RSP opina que Gandhi non aprobaría esa decisión.


31 de enero de 1948

UNA BELLA VIDA Y UNA MALA MUERTE


Por Ramón Suárez Picallo

Pocas veces la pluma del periodista, por muchos que sean los años de su vida profesional, trazó líneas más cargadas de emoción y de angustia, que las que, en estos mismos instantes, están escribiéndose en las redacciones de todos los diarios del mundo, en torno a la bella vida y a la mala muerte del Mahatma Gandhi con ocasión de su alevoso asesinato, ocurrido hace unas horas en Nueva Delhi, la capital del Reino de su alto Espíritu y de su noble Apostolado.

Porque el venerable anciano, inmolado por la ira de un fanático, o por el delirio de un loco, o quizá por la trágica ola de violencia ciega y turbia que, en estos instantes, estremece a toda la humanidad con fuerza de huracán apocalíptico, era una de las más nobles, bellas y grandes figuras de la Historia de todos los tiempos. Si hubiese que hacer paralelismos, sólo Budha, Moisés, Jesús y Mahoma, serían par iguales suyos, como conductores, fundadores, apóstoles y santos. Con una diferencia de tiempo y de lugar, que enaltece aún más la jerarquía del Mahatma. Él enfrentó solo con plegarias y ayunos, a la más grande potencia de su siglo, hasta lograr de ella la Independencia de la India y sus pueblos bien amados; presenció dos guerras mundiales cuyas ideas y principios compartía por la razón y repudiaba por el sentimiento y en las que tuvieron que ser soldados, voluntarios o forzados sus compatriotas más queridos. Hijos de una cultura milenaria, madre de cien otras culturas filosóficas y religiosas, tuvo que acercarse a un mundo que le era espiritual y físicamente extraño, y tomar de él para su Patria, lo que había de bueno y de nuevo, por creador y por progresista; y, muchas veces, abanderado y jefe de una empresa tan ingente y fabulosa como era la de darle la Independencia a trescientos millones de almas y de cuerpos, pensó seguramente en la intimidad de su conciencia vivísima si por los beneficiados por su magno y generoso empeño, sabrían hacer buen uso del inestimable bien de la libertad que él quería darles como legado y como herencia, para siempre inalienable.

Más, todos estos hondos problemas, de sobrado volumen, fuerza y peso, como para apabullar y aplanar a otras gentes -físicamente más fuertes que Gandhi-, no hicieron mella en el gran espíritu del líder hindú, que los venció con la tenacidad bondadosa y optimista de su fe en la inmortalidad del hombre, y en la virtualidad milagrosa y taumatúrgica de sus ideas y de sus pensamientos, cuando se orientan hacia el bien del prójimo, leal y desinteresadamente.

Quédese para los cronistas, comentaristas y observadores políticos y diplomáticos, el hacer resaltar las posibles consecuencias de todo orden que pueda sobrevenir por la muerte del Mahatma, agravando la ya grave situación existente en la India, incendiada en iras, remota y misteriosa. A nosotros, que lo hemos admirado y reverenciado, nos cabe hoy sólo el deber de rendir nuestro espíritu, nuestra emoción y nuestro pensamiento, ante el cuerpo muerto del gran líder. Y recordar de él, la simbólica rueca casera, conque tejía, pacientemente, una bandera gloriosa que ahora le sirve de mortaja y de sudario; su figura física esmirriada, cativa y escuálida, como cárcel material de un grande y luminoso Espíritu, pugnando por elevarse a los planos inaccesibles de la bondad y de la belleza más puras. Y destacar el trágico contraste, entre su vida consagrada a la no violencia, a la armonía racial y religiosa entre sus conciudadanos, a la extraña maravilla de paz y de mansedumbre que significaba combatir la fuerza material con plegarias y ayunos, y su muerte violenta a manos de un pistolero. No sabemos las palabras justas con que estaba compuesta la oración por la paz –por la paz de todos, incluso por la de sus enemigos– que el santo hindú iba a pronunciar cuando fue asesinado: pero las presentimos en todo su hondo y trascendental significado: Eran el verbo de un Hombre lindando con la grandeza de un Dios y la verdad de un Dios, trocado en Hombre para redimir a un mundo.

¡Que de ambas las dos supremas jerarquías, tenía parte el mártir de Nueva Delhi, que acaba de entrar por la puerta grande y para siempre en el Reino de la Inmortalidad.

Por su bella vida, representativa del bien, y por su mala muerte, síntesis de la más triste etapa de la Historia del género humano, en la que se cumple agravado el dicho pavoroso: “En este caso, peor el hombre que el lobo”, porque se hizo a la vez y de un solo golpe parricida, fratricida, magnicida y deicida: Mató al padre, al hermano, al jefe y al santo.


(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile o 31 de xaneiro de ... 1948)

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5 de febrero de 1948

DE LO MUCHO QUE NO SABEMOS.



Por Ramón Suárez Picallo

Acabamos de leer, con interés vivísimo el erudito y muy documentado comentario de Don Arturo Ossandón de la Peña, sobre “Motivos indostánicos y exégesis y rituales de sus cultos” publicados en estas mismas páginas de “La Hora”.

Y la lectura nos ha recordado lo que se cuenta que contestó Sócrates, cuando uno de sus discípulos le preguntó, en que consistía su gran saber: “En saber que no sé nada”, dícese que dijo como respuesta, el gran filosofo griego.

Porque efectivamente a la vista del trabajo del señor Ossandón, todas las agencias informativas del mundo y la mayoría de los comentaristas, que, hablando de la vida y de la muerte de Gandhi, quisieron meter baza en la leyenda, la historia, la religión, la filosofía y hasta el lenguaje esotérico que forman la espiritualidad –para nosotros inaccesible- de la India, quedan poco menos que a pan pedir por su petulante y enciclopédica ignorancia acerca del tema que quisieron tratar, algunos incluso con pretensiones exhaustivas.

Y lo peor del caso es que quienes de tal manera entraron a saco en el campo, para ellos vedado y desconocido del espíritu y del pensamiento hindú que sintetizaba en su vida, en sus gestos y en sus oraciones, en sus dichos y en sus consejos, ese gran Apóstol asesinado en Nueva Delhi, creerán que con sus errores, mistificaciones y erudición trabucada han “ilustrado a la opinión pública”.
¡Así anda ella de ilustrada! No reza con ellos la sapiente y modesta respuesta socrática consistente en saber que nada sabía.

Por nuestra parte felicitamos por su bello trabajo al señor Ossandón de la Peña, y le aseguramos que al leerlo, quedamos maravillados y asombrados de las muchas cosas que no sabemos, y que de verdad nos gustaría saber.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 5 de febreiro de ... 1948)

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12 de febrero de 1949

¿QUÉ DIRÍA GHANDI?


Por Ramón Suárez Picallo

Un tribunal hindú reunido en Nueva Delhi ha condenado a muerte en horca vil, a los asesinos de Mahatma Gandhi. Otros acusados de pertenecer al partido político que organizó y dirigió el alevoso asesinato del apóstol y del santo de la India nueva, fueron a su vez, condenados a otras penas menores, pero todas ellas graves.

No es del caso evocar aquí la excelsa figura del gran líder; ni su vida ejemplar dada por entero, en pensamiento y en acción a su patria y a su pueblo; ni las circunstancias que rodearon su muerte impresionante, a manos de un fanático y magnicida; ni tampoco la consternación universal causada entre todas las gentes de bien, por el hecho tan repugnante como estúpido de matar a un santo mientras estaba orando.

Pero es muy del caso preguntar: ¿Qué opinaría, si pudiese saberse su opinión, el propio Gandhi de la sentencia que condena a morir en la horca a sus asesinos? Estamos seguros de que reprobaría el fallo, como contrario a su doctrina de amor universal, incompatible con toda clase de violencia, destinada a corregir un mal con otro mal. “El criminal muere y se repite el crimen”, decía un ilustre poeta en alegato inmortal contra la pena de muerte. Y eso mismo diría Gandhi si pudiese hablarles a los magistrados de Nueva Delhi, antes de emitir su tremenda sentencia.

Y además, es una lástima y un error hacer un mártir político –y lo harán- del asesino que mató a mansalva a una de las más grandes figuras humanas de todos los tiempos históricos, sólo comparable a la de los grandes maestros Fundadores y Libertadores de pueblos: Moisés, Buda, Jesús, Mahoma y Abraham Lincoln.


(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile o 12 de febreiro de ... 1949)
Asasinato de Gandhi na Vanguardia
Biografía de Gandhi
Asasinato de Gandhi no ABC
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 31-01-2010 10:19
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