A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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XUBILACIÓNS NOS ANOS VINTE. Suárez Picallo, sindicalista na Arxentina (6)

RS(Picallo) levaba uns dez anos como emigrante na Arxentina desenrolando os mais duros traballos entre os mariñeiros pero era xa un lider sindical que loitaba contra o reximen capitalista que estaba para expoliar aos obreiros.Así afirma: "Para los marxistas, para los que sabemos el valor de la democracia burguesa, para los que afirmamos que sólo la Revolución destructora de todo el sistema capitalista puede sacarnos de nuestra condición de desposeídos del producto de nuestro trabajo, estas comprobaciones son viejas. está para explotar e expoliar ao mundo obreiro..." para rematar dicindo : " No queremos limosnas, no señor. Queremos, exigimos justicia. El producto íntegro de nuestro trabajo es la única recompensa que aceptamos. Y esto no han de dárnoslo ni el Estado burgués ni sus instituciones anexas, cancerberos del capitalismo, nuestro enemigo. Esto lo hemos de exigir y obtener nosotros con nuestro esfuerzo, cuyos efectos revolucionarios quieren aplastar con una adormidera, como la ley de jubilaciones, como cualquier otra ley que los filántropos de la burguesía nos otorguen..." Todo un desafío.



¿UNA LEY DE JUBILACIÓN?
(1)

Según insistentes rumores, los obreros marítimos tendremos jubilación. Y según impresiones recogidas en el campo de los interesados, aún hay quien cree que un proyecto o una ley en ese sentido puede favorecer a la numerosa familia marinera.
Quienquiera que sea el autor o los autores del proyecto o de la ley de marras, no lograrán convencernos de los beneficios que pueda reportarnos a los que dentro del actual sistema social estamos condenados a ser parias, por más leyes que las instituciones típicas de la democracia burguesa –parlamento– quieran endilgarnos.
Hemos estudiado lo bastante para saber que mientras no sea transformado en su esencia misma el régimen capitalista de propiedad privada en un régimen de propiedad colectiva, nuestra condición de expoliados del producto de nuestro trabajo no cambiará fundamentalmente. La experiencia nos convenció de que cualquier reforma, cualquier ley o cualquier proyecto, por obrerista que parezca, en su fondo, no es más que un medio de mantenernos maniatados al armatoste capitalista, tratando de endulzar la amarguísima píldora de una explotación ilimitada. Mas esos proyectos y esas leyes sirven a las mil maravillas para matar en nosotros el espíritu de lucha que nos permita mantener encendida la tea de la lucha de clases, a la vez que convierte a muchísimos trabajadores en conservadores del actual estado de cosas, creyendo, los muy ingenuos, que por el hecho de que a los 20 o más años de trabajos, tengamos una jubilación problemática capaz de salvarnos de la muerte, después de haber dado vida a las arcas de los amos.
La burguesía comprende que su reinado toca a su término por la acción tesonera de la clase productora que con todo ahínco brega por conquistar el mundo. Y esta convicción de la burguesía la lleva a practicar aquella máxima de que, antes de perder todo el cuerpo, es preferible perder un brazo. Tal es el significado de las pretendidas leyes obreras, cuyo resultado es mantener al proletariado esperanzado en las instituciones capitalistas.
Por algo el canciller Bismart [sic: Bismarck], el más hábil político burgués del siglo XIX, cuando comprobó que el socialismo progresaba en Alemania ideó su famoso “Seguro Social” –del que el diputado Bunge copió su proyecto–, convencido que con ello pegaba a la nueva doctrina y a su poderío el más certero de los golpes. En efecto, la legislación obrera alemana fue la más eficaz adormidera del proletariado de ese país, hasta el punto de que todas sus instituciones obreras –a excepción de la fracción comunista– han servido de auxiliares valiosos a la burguesía para no desaparecer, y fueron a la vez los más sólidos puntales de la república burguesa frente a los vigorosos empujes de los verdaderos revolucionarios, que querían no sólo cambiar la forma política de gobierno sino cambiar completamente todo el sistema económico-social, suprimiendo la propiedad e implantando en su lugar la propiedad comunista. Fueron los sindicatos obreros reformistas y los social-patriotas imbuidos de ese concepto de las reformas-adormideras los que salvaron a la burguesía del imperio germánico de su inevitable caída.
Para los marxistas, para los que sabemos el valor de la democracia burguesa, para los que afirmamos que sólo la Revolución destructora de todo el sistema capitalista puede sacarnos de nuestra condición de desposeídos del producto de nuestro trabajo, estas comprobaciones son viejas. Sabemos que el Estado es una institución surgida para defender los intereses de la clase privilegiada en contra de los intereses de la clase desposeída y que, por lo tanto, toda actuación de ese Estado –mientras subsistan los intereses que le dieron vida– no puede ser otra que la de defender los intereses de nuestros enemigos. Atribuir al Estado y a sus instituciones otra función, por ejemplo la función de árbitro componedor entre los intereses de ambas clases en pugna, es pecar de ingenuidad y de tontería suma.
¿Armonía entre obreros y patrones? Brava armonía la que puede haber entre la víctima y el victimario, entre el lobo y el cordero.
Pueden hacerse, con referencia a la ley de jubilaciones, argumentos de carácter sentimental. Hablar de la vejez, de una casita, de una pensión, etc. Valiente cosa. Después de estrujarnos durante treinta años, después de convertir en oro nuestros pulmones, después de aplicarnos la ley social, después de explotarnos escandalosamente, nos prometen una desgraciada limosna que nos permite un entierro relativamente decente. Nos importa el mundo antes del entierro. Esto nos hace recordar la filantropía de Robles, “que hizo un hermoso hospital, pero antes hizo los pobres”.
No queremos limosnas, no señor. Queremos, exigimos justicia. El producto íntegro de nuestro trabajo es la única recompensa que aceptamos. Y esto no han de dárnoslo ni el Estado burgués ni sus instituciones anexas, cancerberos del capitalismo, nuestro enemigo. Esto lo hemos de exigir y obtener nosotros con nuestro esfuerzo, cuyos efectos revolucionarios quieren aplastar con una adormidera, como la ley de jubilaciones, como cualquier otra ley que los filántropos de la burguesía nos otorguen. No imploramos caridad, exigimos justicia. Y la justicia no se mendiga, se exige.

(Artigo recompilado por Hernán Díaz e publicado no Boletín Oficial do Sindicato "Unión de Cocineros, Mozos y Anexos de a Bordo" o 30 de outubro de... 1922 en Buenos Aires e publicado no seu libro editado en Buenos Aires no ano 2008 "Ramón Suárez Picallo. Años de formación política".)


(1) Boletín Oficial del Sindicato Unión de Cocineros, Mozos y Anexos de a Bordo, nº 5, 30 de octubre de 1922, pp. 10-11. El artículo no está firmado, pero sabemos por los debates de 1924 que fue escrito por Ramón Suárez (véase la Introducción). Fuera del problema jubilatorio, el hecho de que alguien que pregona su ideología marxista, como se observa en el texto, pueda escribir en este boletín sin firmar da cuenta del papel central que le cabía al grupo comunista en esta organización.(Anotacións realizadas por Hernán Díaz)

A Unión Sindical Arxentina e as xubliacións
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 26-01-2010 02:42
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