A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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A CALOR E O FRÍO
Nesta época do ano, no hemisferio sur, están no verán, e RSP nos días asfixiantes ou agobiantes lembra que, a ola de calor que están a pasar en Santiago de Chile, ocurre tamén noutros lugares e aínda peor e consólase pensando nelo e que ao xantar, en lugar sopa e mellor comer ensaladas... E pola contra, no hemisferio norte, nestas datas están a pasar polo frío do inverno, asi que cada un que aguante co seu e sen enfadarse que hai cousas peores...


8 de enero de 1949

DIATRIBA CONTRA EL CALOR


El tema es de los que en la jerga del oficio se llama “de pie forzado”. Nos lo da el jefe con su tanto y cuanto de chunga, “al respetive” –como diría un castizo- de la invencible flojera física y mental, que el calor produce en las gentes de clima templado. Sí. Una diatriba contra el calor está muy bien en estos días de ahogo. Y no estaría mal tampoco enmendarle algo la plana al señor Don Pedro de Valdivia y a la descripción muy optimista del clima de Chile en su magnífica epístola al Emperador, que ayer hemos leído por centésima vez en la estribación del Cerro Santa Lucía con Alameda. Porque estamos seguros de que si la hubiese escrito en el estado de ánimo en que nosotros pergeñamos esta gacetilla, otro y muy otro sería su texto. Pero, en fin, dejemos de lado rectificaciones históricas, y a lo que íbamos.


MAL DE MUCHOS

“Esta terrible ola de calor” –porque sin duda alguna se trata de una ola de La Misma que nos envuelve todos los años por esta época- no es el patrimonio sólo de aquí; en Río de Janeiro marcaron ya los 38 grados a la sombra y se informa que en el pavimento de la hermosa Rúa do Auvidor pueden freírse huevos como en una sartén puesta a la lumbre. Y de Buenos Aires no digamos; los “porteños” de la otra banda están bramando de puro calor –un calor húmedo pegajoso con vaho del Río de La Plata, capaz de poner neurasténico a un elefante- y, ellos no tienen el consuelo nuestro de esperar la noche fresca. Allí la noche es peor que el día. Las azoteas se cubren de colchones y los colchones de gente abafada y sin ropa que no puede dormir de ninguna manera por falta de una brisa fresca. Y en los otros países de la América del Sur –salvo el Uruguay- todo es para peor, tanto en esto de la canícula como en otras muchas cosas… ¿Y los de Haití, Santo Domingo y demás? ¡Dios los tenga de su mano, con sus 42 grados! Total: que nos proponíamos escribir una diatriba contra el calor y no nos sale. No tenemos ninguna gana de desacreditar el clima chileno ni en verano, ni en invierno ni en ninguna otra estación, pese a la orden del jefe. Al fin y al cabo, con calor y todo, aquí no la pasamos tan mal. Casi lo pasaríamos bien si en los vehículos de locomoción no viajásemos apretujados por exceso de pasajeros: si los ciudadanos peatones no se aglomerasen en las aceras con sombra, dándose de narices unos con otros; y, sobre todo, si en el restaurante donde a veces nos echan de comer, en vez de ponernos con imperturbable regularidad un plato de hirviente sopa, nos pusiesen una abundante fuente de ensalada y otras de frutas de la sazón.

Conformémonos pues, en lo que tenemos, pensando en que otros están mucho peor. Y ya se sabe aquello de “mal de muchos más llevadero es” según un refrán vizcaíno absolutamente inédito, o inaudito, que para el caso es más o menos igual.


CONTRASTE

En cambio y por estar, como lo están, trabucados en los climas según los hemisferios he aquí algunos párrafos de una carta proveniente de una ciudad del “otro” –del otro hemisferio se entiende- “La ciudad ofrece el mismo aspecto de todos los otros inviernos. En las esquinas de las calles más frecuentadas, muchos días y muchas noches cubiertas de nieve y cruzadas por el viento de la próxima sierra, las viejas vendedoras de castañas, ofrecen las ricas pilongas calentitas, cocidas con ramos de anís y de yerba buena, en la ventruda olla de barro, que invita al transeúnte a calentarse las manos en su humillo perfumado. Y junto a las castañeras –y a veces ellas mismas- las que pregonan otra golosina popular en los anocheceres invernales de la urbe: las clásicas “chuletas de huerta” –de las otras de animal comestible hay muy pocas y las que hay cuestan un ojo de la cara- que tienen siempre abundante clientela”.

(Aclaración del copista: En la ciudad de que se trata se les llama “chuletas de huerta” a las papas grandes partidas en dos a lo largo, y asadas en los rescoldos del horno o de la llar La misma operación suele hacerse con las berenjenas, que así preparadas se llaman también “chuletas vegetales”).

Y prosigue la carta: “El invierno es aquí la estación ideal para los señorones y señoronas que tienen en sus casas buena calefacción, ropa abundante y pueden ir por las noches al teatro, bien arrebujados con abrigos, tapados, capas y bufandas, después o antes de una buena cena. En cambio, para los pobres es la estación temida y prefieren los calores del verano por sofocantes que sean. Porque hambre con frío, es tener hambre dos veces y lo único que el pobre tiene aún de balde es el calor que le ofrece el sol”.

Como verá el paciente lector, nada hay escrito sobre esto del calor y del frío, en lo tocante a preferencias por lo uno o por lo otro y no es el caso hacerle diatribas a las estaciones sobre cuál de ellas es mejor o peor.

Mientras tanto, apechuguemos con lo que venga, plácidamente, sin enfadarnos mucho con el clima que bastantes otros motivos de enfado tenemos ya, creados por nosotros mismos, para buscar otros en los “fenómenos de la Naturaleza”, o como diría mi amigo el doctor naturista, que se zampa un baño de sol diario, como si fuera un refresco frutal. Y ahí queda la gacetilla que debía ser una diatriba contra el calor. Y que se fastidie el jefe. Si tiene calor, que lo aguante, que es al fin y al cabo lo que hacemos todos, gústenos o no la estación canicular.
Sensación de calor ou frío
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 08-01-2010 10:45
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