A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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GRAN BRETAÑA E A SUA POLÍTICA
RSP foi sempre un defensor da política desenrolada por Gran Bretaña..." Inglaterra foi baluarte da liberdade e exemplo de convivencia civil, de bo orde político e xurídico e de pureza democrática na sua vida interna..” aínda que -as veces- manifeste disconformidade coa liña imprecisa que está a tomar.


28 de diciembre de 1946

(SIN TÍTULO)


Por Ramón Suárez Picallo

Mister V., joven, ágil e inteligente periodista chileno, nos ha salido al paso, acusándonos de “emprenderla contra la Gran Bretaña y todo lo que ella representa”, tomando pie para su afirmación en un comentario nuestro, referente a la proyectada supresión de la renta que el Gobierno inglés viene pagando a los lejanos herederos de Lord Nelson, héroe de Trafalgar.

Mister V. se equivoca de medio a medio. Nosotros no combatimos ahora, ni hemos combatido nunca, a la gran nación inglesa, ni a lo que ella representa. Por el contrario, en la penúltima guerra mundial -¡y ya llovió desde entonces!- fuimos detenidos, por primera vez, por defenderla a voz en cuello. Y durante la guerra última, nuestra palabra y nuestra pluma, en distintas latitudes del mundo, y en esta misma columna de “La Hora” durante cerca de tres años, estuvieron, fervorosa, cordial y desinteresadamente, al servicio de la causa que Inglaterra defendía. En las horas de su magnífica soledad combatiente, frente al nazismo, cuando muchos de sus amigos de hoy, les bailaban el agua a los que arrasaban Londres, Liverpool y Coventry, nosotros reafirmábamos nuestra fe en el triunfo de su causa, mientras muchas gentes, que eran carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre y alma del alma nuestra, morían por Inglaterra, en Narvick, en Dunkerque y en El Alamein.

Habíamos olvidado el engaño infame de la “No Intervención”; habíamos echado tierra sobre el pacto Hoare-Laval; habíamos dado por no existente el chalaneo de Chamberlain con Mussolini, en enero de 1939, sacrificando la República Española; y pasábamos por encima, incluso, del galimatías diplomático que significaba, desde el punto de vista de la democracia y de la decencia internacionales, el defender de las iras de Hitler a la Polonia reaccionaria, fascista y xenófoba del Coronel Beck, después de haberle entregado, maniatadas, a la ejemplar Checoslovaquia de Masarik y de Benes y a la gloriosa España de Azaña y de García Lorca.

Todo eso lo habíamos olvidado. Sólo teníamos en cuenta que Inglaterra luchaba entonces contra nazifascismo, hasta exterminarlo a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, combatiéndolo “en la tierra y en los mares, en los aires y en las playas” hasta su total extinción de la faz de la tierra. Gran Bretaña triunfó y nosotros batimos palmas con su triunfo hasta rompernos las manos. Y triunfó el Laborismo, el día de cuyo triunfo, tuvimos otra grande alegría, de las pocas que nos fue dado tener en los últimos años. Triunfaba, a nuestro ingenuo juicio, la nueva Inglaterra, la que no estaba implicada en Münich; la que combatiera a Hitler y a Mussolini; la que protestara por el bombardeo de Guernica; la que, personificada en Mister Clement Attlee, estuviera en Madrid, animando a sus defensores, bajo las bombas de los Junkers, de los Savoias y de los Capronis, en una memorable jornada de espanto y destrucción.

¡Rule Britania!, gritamos entonces a pulmón lleno. Inglaterra volvería a ser rectora, por derecho propio, de una Europa democrática, disfrutando de las premisas de la Carta del Atlántico y de las cuatro Libertades, con el nazifascismo abolido. Hasta que... ¡nuestro gozo al pozo!...

La nueva Inglaterra se entendía con la vieja, hasta merecer el aplauso de los apaciguadores de Münich, y ser el ama de cría de todos los retoños, viejos y neofascistas de Europa, no vencidos en el campo de batalla, ni sentenciados en el Tribunal de Nürenberg. Perdimos nuestra ilusión y nuestra fe en todas las Inglaterras, habidas y por haber, en orden a considerarla baluarte de la Democracia europea. Y la vemos ahora a través de Chamberlain, con o sin su paraguas.

Por lo demás, repetimos lo que afirmábamos en nuestro comentario, que tan mal le pareció a Mister V: “Inglaterra fue baluarte de la libertad y ejemplo do convivencia civil, de buen orden político y jurídico y de pureza democrática en su vida interna”. Y dejémosla ahí.

Posiblemente seamos, aún en esto, “más papistas que el Papa”. Porque es seguro que no opinan lo mismo los cincuenta y tantos diputados laboristas, inconformistas o discrepantes, que están enfrentándose con la política de Mister Attlee y de Mister Bevin; ni los cien abstenidos del propio partido, que no dieron su voto de confianza en la Cámara de los Comunes a su Primer Ministro ni el Reciente Congreso de los Sindicatos (Trade Unions) que le enmendó la plana al Canciller sobre las relaciones con Franco.

Todo lo cual –dirá Mister V– no tiene nada que ver con Nelson, con Disraeli, ni con el Imperio y su decadencia; puede que no y puede que sí. Lo mismo que el jabón y el hilo negro: son cosas distintas entre sí, pero las dos son para la ropa.

Concretando; no combatimos a Inglaterra ni a lo que ella representa. Comentamos una línea política, confusa, vaga e imprecisa, que no es Nelson, ni Churchill ni Desraeli, ni Attlee, ni socialista ni conservadora, ni siquiera imperialista. Que es una especie de nada entre dos platos, o un guiso de liebre sin liebre.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, o 28 de decembro de ... 1946)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 28-12-2009 00:41
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