A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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NOITEBOA
Publicamos tres artigos relacionados coa Noiteboa nos que RSP toma como referencia ao Velliño Pascuero (como se lle chama a Santa Clauss en Chile) nesta data; nun segundo artigo fala do significado no mundo cristián do nacemento de Xesús, e no último comenta o epitafio dun camposanto e fai referencia aos agasallos que se fan nesta noite...


24 de diciembre de 1946

CARTA PARA EL VIEJO PASCUAL


Por Ramón Suárez Picallo

Querido y Venerable Abuelo: Hoy, al filo de la Medianoche recorrerás el mundo de punta a cabo, repartiendo dones y bienes entre tus nietos, biznietos, tataranietos y choznos, en cumplimiento de la dulce misión que le asigna Nuestra Señora la Leyenda. Tu presencia, en recuerdo del nacimiento de un niño –que había de ser más tarde, Fundador, Redentor, Maestro y Mártir– trae a los espíritus y a los corazones, la tierna visión de un pesebre, rodeado de gentes humildes y de buenas bestias de Dios, aureolado de milagro y de misterio.

Eres el más bondadoso y simpático de los viejos, porque traes al mundo puro de los niños, la alegría de tu Mensaje, y truecas por un instante, la triste choza en jocundo paraíso de ilusión y alegría. Tus luengas barbas, florecidas de albura, “orballadas ” con el rocío de la noche, son más reconocidas que las mismísimas de Carlo Magno y las de mi amigo Don Ramón del Valle Inclán. Y tu bondad tolerante, pacífica y cachazuda, es tan proverbial que hasta los que ya somos viejos queremos volver al reino de los tuyos en un saudoso viaje al pasado.

Y tenemos varios pedidos que hacerte, para nosotros y para los nuestros. En primer lugar, te rogamos que este año no les traigas a nuestros niños, soldados, carros de asalto, ametralladoras, cañones, barcos de guerra, ni otros artefactos de matar. Tráeles arados, martillos, naves mercantes y barcas pesqueras; azadas, picos y palas y máquinas de tejer, de segar el trigo y de amasar el pan... ¡Qué buena falta nos hace!, motores eléctricos, ferrocarriles y autobuses, que nos lleven de un lado para otro ¡Qué también nos hacen mucha falta!, instrumentos de paz y de trabajo, de polo a polo y de mar a mar, a manera de consejo y de buenaventuranza de salud y de hartura.

Esto para nuestros niños. Porque para nosotros los mayores, querido viejo, te pedimos mucho más: tráenos la paz civil, la libertad y la tolerancia, el derecho a vivir una vida decorosa, afincando los pies sobre la tierra donde descansan nuestros mayores, tráenos la visión lejana del hogar paterno, donde te hemos esperado muchas noches como la de hoy, cantando villancicos, alrededor de la llar encendida, toda llena de castañas y de ollas de compota y de limpios manjares, olorosos de caseros aliños; el romero y el laurel, la albahaca y el tomillo, la menta y la yerbabuena.

Envuelto en manto de esperanza, tráenos el recuerdo claro de la casita humilde, rodeada por el valle verde, en la falda de la montaña azul, a la vera del río con abedules, donde cantan el jilguero y el ruiseñor, el mirlo y la cotovía. No es propiamente la casa lo que te pedimos: es su visión y su recuerdo, y la esperanza de volver a ella, para que nuestros ojos –los del cuerpo y los del alma– se empapen de su imagen, antes de que se cierren para siempre.

¿Es mucho pedir? Sí que lo es; pero en los últimos años, viejo Pascual, nos trajiste muy pocas y malas cosas; penas, tristezas, desesperanzas y amarguras, fueron tu dolorido regalo de Pascua. Por eso, para este año de paz, de alboradas, de justicias, de ilusiones de porvenir, queremos que nos compenses en forma y cuantía justicieras. Te pedimos un mensaje de optimismo y de esperanza. Nada más ni nada menos.

Pero, si a pesar de la inmaterialidad de este pedido, no cabe en tus alforjas su contenido, no nos enfadaremos contigo, con tal que visites a todos los niños del mundo, y dejes en las ventanas de sus almas, la ilusión de que serán más felices que lo que fuimos nosotros, en un mundo nuevo, alumbrado de soles. Visitarás a los pobres y a los ricos, a los que tienen a sus padres muertos o presos, o desterrados, o en lugares desconocidos, o esperando el cumplimiento de una sentencia de muerte.

Querido Viejo Pascual: tú eres amable, comprensivo, bondadoso y cordial, y cumplirás nuestro pedido, hoy, al filo de la Medianoche, en recuerdo del Pesebre de Belén y del Niño que nació allí, hace ahora mil novecientos y cuarenta y seis años, cuyo recuerdo sigue siendo estrella polipétala y señera del género humano en su largo y doloroso camino.











24 de diciembre de 1947

VILLANCICOS DE NOCHE BUENA


Por Ramón Suárez Picallo

“Esta noche es Noche Buena;
Noche de mucha alegría;
Para Belén va José,
Para Belén va María”.

La más hermosa, plácida y simbólica fiesta de la Cristiandad, es, sin duda la que celebran hoy al filo de la medianoche, todas las naciones y los pueblos civilizados. Fiesta del hogar y de la familia, bajo la evocación de la paz y del amor a un niño, que nació en un pesebre calentado por el aliento tibio de dos mansas bestias de labranza.

El Niño, nacido de tan humilde abolengo, será más tarde proclamado Redentor, Dios y Rey de mares y tierras; pero sobre su vida fugaz, de 33 años, gravitará siempre el proletario origen; por eso, cuando fue Fundador de una gran Religión, elegido como apóstoles y misioneros de ella a doce pescadores pobres del Tiberíades. Y, olvidó un poco la rica ofrenda del oro, la mirra y el incienso que le hicieron al nacer los opulentos reyes orientales; y recordó siempre en cambio a los líricos pastorcillos que le dieran en prenda de primicia el más blanco de sus corderos recentales; tanto que las más hermosas de sus evocaciones es la del Buen Pastor, seguido de un obediente rebaño, incluso de la oveja que se le había perdido y descarriado por extraños campos y por torcidos senderos y que la hizo después de hallada, su predilecta.

Y cuéntase que tal noche como ésta en el frío portal de Belén, se escuchó por milagroso sortilegio, un coro extrahumano que cantaba: “Gloria a Dios en las alturas y Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”. ¡Si! ¡Paz! ¡Paz! Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad, que esta noche sean capaces de retornarse al portal de Belén, y ver y sentir la maravilla del nacimiento de un niño...






24 de diciembre de 1949

LO QUE TE QUEDARÁ DE ESTA NOCHE


Por Ramón Suárez Picallo

En el cementerio de una severa ciudad castellana, hay una tumba innominada. Nadie sabe quien es, o quien fue el que duerme en ella su último sueño. Hay quien asegura que un gran señor y quien afirma que un hombre de modesto origen. Lo cierto es que nadie pasa por la vieja villa sin visitarla. ¿Por qué? Sencillamente por el epitafio que se lee sobre ella, expresión breve, sencilla, cabal y perfecta de la generosidad y de la placidez espiritual ante la vida y ante la muerte. El epitafio dice:

“Cuanto gané, lo perdí;
lo que presté, no lo tengo.
¡Sólo tengo lo que di!”

¿Moraleja? Sí. Una moraleja para esta noche pascual, noche de dádivas y de regalos, conjugando cabalmente el verbo dar. ¿A quién? Al primer niño pobre que encuentres, dándole una pelota o unos pasteles, mientras tú le llevas a los tuyos el paquete de los regalos; al primer anciano, que no tiene niños con quien pasar la noche, dándole para la cena y para dormir bajo casa cubierta; al primer triste y desconsolado, sin familia y sin hogar, dándole el bien de unas palabras amistosas y optimistas que pueden ser también dádiva de gran valía en una efemérides de amor, de ternura y de fraternidad humana.

Y no preguntes el nombre ni la condición moral ni social, del que recibe tu regalo. Cualquiera que sea, te recordará siempre para bien. Y cuando te vayas, como el señor del epitafio, sólo llevarás como bien ese recuerdo amable de lo que hayas dado.


(Artigos publicados no xornal La Hora,de Santiago de Chile o 24 de decembro de ... 1946, 1947 e 1949 respectivamente)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Tal día como hoxe... - Publicado o 24-12-2009 16:07
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