A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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A ESPAÑOLA

A illa Española, ou illa de Santo Domingo, está situada no arquipélago das Antillas Maiores.Ten unha lonxitude de 650 qm e unha anchura máxima de 241 qm con unha superficie de 76.000 qm²; é a segunda illa maior do Caribe, despois de Cuba.
Políticamente está dividida en dous países: a República Dominicana que ocupa a maior parte da illa e a República de Haití, que ocupa un tercio restante al occidente
.



12 de noviembre de 1947

LA ESPAÑOLA


Por Ramón Suárez Picallo

1492-12 de noviembre - Cristóbal Colón arribó es este día a las costas de la Isla, a la que bautizó con el nombre de La Española y luego La Isabela. Jocunda y verdosa tierra que años después, habría de ser punto de tránsito para todos los grandes conquistadores y colonizadores españoles de nuestra América. El insigne navegante se enamoró de ella como un colegial. La amó con amor casi carnal y le dedicó los mejores elogios salidos de su pluma: Estaba poblada por gentes pacíficas y amables, que vivían de los frutos que ofrecían los árboles vírgenes. Los mancebos y las doncellas se amaban a la sombra de los mangales y de los tamarindos, y bajo la gloria esbelta de las palmeras reales. Eran tipos humanos de portentosa belleza física, de los que hoy sólo quedan rarísimos ejemplares, mixturados con el negro africano y con el blanco español.

Colón, deslumbrado por la luz y la hermosura de la Gran Antilla, quiso establecer en ella la sede primaria de la civilización cristiana, bajo la advocación de España y de sus Reyes. Levantó el ?Fuerte Navidad?, destruido por los indígenas, y allí, en el lugar del desembarco, pueden contemplarse, aún hoy, las ruinas de la humilde iglesia donde se ofreció la primera misa en el Nuevo Mundo; en otro lugar de la Isla, en la vieja Santo Domingo de Guzmán, hoy Ciudad Trujillo, están asimismo las ruinas del primer hospital, ?San Nicolás de Bari?, la primera escuela, el primer monasterio y el primer Palacio Virreynal de purísimo estilo español, dechado de gracia y de grandeza. Por allí pasaron Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, los Ojeda y los Grijalba, antes de emprender sus famosas hazañas en la América continental. Y allí inició su gloriosa campaña a favor del indio, Fray Bartolomé de las Casas, protegiendo, defendiendo y cristianizando a Enriquillo, el joven príncipe caribe y el más simpático y romántico personaje aborigen de la época, junto con Caonabo y Anacaona, representativos los tres del hondo drama que aniquiló a la vieja Quiqueya; Tirso de Molina, estuvo también allí y se asegura que planeó y comenzó a escribir, en una celda que se conserva intacta entre las ruinas del templo de San Francisco, su famoso drama teológico ?El condenado por desconfiado?.

La Isla que Colón amó con preferencia, no le fue favorable. De ella salió encadenado, procesado y vilipendiado, después de sus varios viajes en sus afanes descubridores. No obstante la amó hasta el último instante de su vida, a tal punto que sus restos, según los mejores testimonios, descansan en la Iglesia Catedral de Santo Domingo. Pese a haber sido una especie de ?estación de tránsito?, donde muy pocos quisieron residir definitivamente, florecieron sobre su tierra jocunda, hermosas villas y ricas ciudades, cuyos nombres toponímicos proclaman aún hoy su noble estirpe cristiana, hispánica y latina: Santiago de los Treinta Caballeros, La Vega Real, San Pedro y San Francisco de Macorís, Monte Cristo; San Juan de Lemaguana, Sabana de la Mar, Azúa de Compostela y otras muchas, aparte de su capital, Santo Domingo de Guzmán.

La historia de La Española, desde el día en que arribó a sus costas el Descubridor, hasta la fecha de hoy, ha sido muy accidentada: la instauración en uno de sus recantos costeros, de los piratas, corsarios y bucaneros, dio origen a la división de su soberanía política entre Francia y España. Después de la guerra española de sucesión, España le cedió a Francia por dos veces -los tratados de Rinswik y de Basilea- la totalidad de la Isla, que ocupó a través de sus colonos morenos haitianos, hasta 1844, fecha en la que nace la actual República Dominicana sobre la base del espíritu español original, y Haití ocupa su tercera parte, heredera, a su vez, de la lengua y de la cultura francesa.

En orden a la política interna de la Isla, no fue tampoco pacífica. Haití estuvo dividida en dos, disputándose su poder político un extraño rey morenito y un Presidente de la República, protector de Bolívar. Por su parte las cosas no anduvieron mejor en la República Dominicana. En 1860, si la memoria no nos es infiel, las autoridades legítimas del país, ante el caos interior, y las perspectivas de una nueva invasión haitiana, acordaron renunciar a su propia soberanía y reincorporarse como colonia a la Corona de España: La soberanía fue recuperada por la acción heroica del General Luperón.

En 1916, los norteamericanos ocuparon íntegramente la Isla hasta 1924. Desde entonces, la República Dominicana y Haití, viven en régimen más o menos constitucional.

Detengámonos aquí en este comentario sobre una tierra que nos es muy querida. Porque si siguiésemos, tendríamos que recordar los versos de Manrique: ?Cualquier tiempo pasado fue mejor?.


(Artigo publicado no xornal, La Hora en Chile o 12 de novembro de ... 1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 12-11-2009 00:10
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