A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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HISTÓRICO. DE NUESTRAS COSTAS, por Manuel L. Freire-Calvelo
Manuel L. Freire Calvelo, nado en Sada no 1902 e practicante de oficio, foi como xornalista, un incansable defensor de causas xustas para o seu pobo(o porto de refuxio, a ponte do Pedrido...) e un verdadeiro propagandista das Mariñas.
Na revista sadense MARIÑANA publicou en 1925 este texto e moitos maís artigos.
O relato que se conta, recolle realmente un suceso acontecido tres anos antes. A traíña "Palmita",de Sada, naufragou en augas de Cedeira en decembro de 1922.



DE NUESTRAS COSTAS


Era una época de miseria. La siega del año precedente faltó, el invierno era más riguroso que de ordinario.

Se despidió de Sada con una tramontana fría y tempestuosa y una lluvia incesante, tenaz, que convirtió el poblado en lodazal inmenso; voló después el viento hacia el gregal y fué recorriendo el cuadrante, desencadenando violentes ponentadas y mestrales de los duros.

Durante el día los pescadores, con las manos en los bolsillos, el cuello al aire y la gorra hasta las orejas, iban y venían de sus casas a la de la “Trenla” –su taberna predilecta– y de la “Trenla” a sus casas. Bajaban poco a la ribera, a dar un vistazo al bote, un refuerzo a las amarras... y nada: aquello llevaba camino de no acabar en un mes.

–Queréis saber vosotros cuál fué uno de los apuros más terribles en que jamás me he visto? –preguntaba un fornido marinero, mirando a todos los que le rodeaban en la taberna–. Pues bien –añadió– voy a decíroslo y si hay entre vosotros alguno que pueda jactarse de haber corrido un peligro análogo, me comprometeré a oírlo sin chistar y a pagarle un “pucheiro” de caña.

–Lo que voy a contaros sucedió siendo yo marinero de la buceta de pesca “Palmita”, cuya tripulación la componían cinco hombres y un rapaz de 13 años.

El vendaval barría los nubarrones y dejaba el cielo limpio y despejado; pero el mar continuaba tan encrespado y rugiente. Salimos una mañana muy temprano, hasta la altura del cabo Prior, donde encontramos al falucho de Periquete. Hasta nosotros llegaba el formidable rugir del oleaje al romper en los peñascos de la costa; la marejada tenía un movimiento desigual, que se oía junto con el temeroso mugir de aquel vendaval que llevaba en sus alas voces dispersas de gentes que hablaban desde el cercano pueblecito pesquero, al aullido de los perros y alguna que otra campanada de la solitaria iglesia.

Pescábamos al palangre, a una milla de la costa de Ortegal y frente a la punta Agudela y peña Fouciña, y los cogió lo más fuerte del temporal. Cuando quisimos escapar ya no había tiempo: luchamos más de dos horas, y yo, cada vez que una ola reventaba encima de nosotros, ni siquiera me agachaba. Más ligero y mejor nadador que el resto de mis compañeros y porque Dios lo quiso pude agarrarme como una lapa a la quilla del bote; el patrón se quedó debajo y tuve que hacer un esfuerzo para desengancharlo y quitarlo a flote sobre la quilla. Idéntica operación tuve que realizar con el rapaz; así permanecimos dos horas, que nos parecieron siglos, pues es difícil de contaros la lucha que sostuvimos con las indómitas olas. Las doce de la noche eran cuando salía la luna. Aconsejé a mis compañeros que hiciesen un esfuerzo para aferrarnos a una gran peña cercana a nosotros, mientras yo conseguía, a nado, llegar a tierra, sin dejar antes de animarlos, diciéndoles que intentaría la salvación de ellos.

Más de 1.500 metros tuve que nadar hasta el pie del monte Candeira, combatiendo los calambres y el peligro de estrellarme en aquel sinnúmero de acantilados peñascos.

–Qué manera de nadar! Y estaría aquello... –dijo un oyente.

–Como un infierno. Como toda la costa. Pero había que subir a Candeira; sube que sube por aquella altura cortada a pico. He visto la cara de la muerte porque llevaba la misión de salvar a mis compañeros, que ya pedían a gritos socorro y tenía que mirar donde ponía los pies y las uñas... Total, que he estado suspendido un buen rato sobre... el infierno... Por último, al llegar arriba, me sangraban los dedos de los pies y varias partes del cuerpo y saqué un vestuario de sangre empapado en tierra.

–Cojeando, camina que caminarás, saltando cercas y pisando tojos, había recorrido media legua. La noche era clara, el viento fresco y el lejano mar había calmado su furor. A pesar de todo, mi ansiedad iba en aumento. La situación crítica de mis compañeros me angustiaba. Unos carreteros que acertaron a pasar me tomaron por loco, y gracias al estado de desesperación en que estaba consintieron en oírme, después de lo cual me proporcionaron una capa de paja con que cubrir mis desnudeces. Me indicaron un poblado de media docena de pescadores y corrí en aquella dirección.

Llegué. Desde las cumbres del monte los carreteros que me habían auxiliado encendían haces de tojos para indicarnos el sitio en que estaban los infelices hijos del mar.

La situación de éstos era angustiosa. Agarrados a la peña en que los había dejado, daban desgarradores gritos pidiendo auxilio:

“¡Virgen Santísima del Carmen, sálvame!... ¡Adiós mis padres, mis hermanos, mi pueblo, mi aldea querida!...”

–Con esto concluye mi cuento; después de dos días, y por tierra, regresamos a la villa de Sada, donde alguien intentó, sin resultado, pedir para mi, al Gobierno, una cruz de... no me acuerdo qué cruz era. Yo ya tenía bastante con la del naufragio...

Y el narrador dirigió una mirada a su auditorio, y al apurar su “pucheiro” de caña se puso a recitar:

Busquemos las espigas
que brillan como el oro
y al soplo de la brisa
se agitan como el mar.
Guardemos esos granos,
que son nuestro tesoro,
mientras el sol de Julio
nos tuesta sin cesar.



Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 19-10-2009 09:52
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