A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


Visitas (desde o 05/08/2010)





Únete a nós!
comisionsuarezpicallo@gmail.com
 CATEGORÍAS
 GALERÍAS FOTOGRÁFICAS
 RECOMENDADOS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGUES GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES
 DESTACADOS

MARCOS ANA, EL POETA GUERRERO

MARCOS ANA, EL POETA GUERRERO

Prisionero durante veintisiete años en las mazmorras franquistas, condenado a muerte en dos oportunidades, quizá porque cuando se conjugan en un individuo las virtudes del luchador y del poeta, éste posee varias vidas... Hoy ha muerto, en forma definitiva para su ente corporal, Marcos Ana.

A lo largo de esa interminable existencia carcelaria, semejante a la de Nelson Mandela, Marcos Ana fue capaz de vivir en plenitud su pasión por la literatura, unida a la vocación política, haciendo realidad lo cantado por otro poeta de su generación, Gabriel Celaya:


Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.


Esta actitud hecha versos como saetas, que suele escandalizar a los puristas que olvidan el aserto de Vicente Huidobro: “Cantar a la rosa es también un acto político”. Así, Marcos Ana se entregó a una causa que se cobijaba en sus entrañas. Sin arredrarse ni claudicar, víctima de una de las más feroces dictaduras -¡vaya que las hubo!- del siglo XX, tuvo la fuerza y la capacidad para crear, dentro de la cárcel, un periódico clandestino de combate, para desarrollar un taller literario para los presos, entendiendo que la palabra es una arcilla indispensable para construir la casa de la esperanza.


Sus poemas trasuntan una suerte de “lírica carcelaria” que nos conmueve, más allá de cualquier sensiblería dramática, y nos recuerda a otro ilustre poeta prisionero que murió con los ojos desmesuradamente abiertos, en la cárcel de Alicante, Miguel Hernández, el pastor de Orihuela, aunque en él se cebaron la enfermedad y los apremios para matarle, luego de tres años tras las rejas.


Decidme cómo es un árbol

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.
Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.
¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.
No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.


Fernando Macarro Castillo, conocido universalmente como Marcos Ana, fue y seguirá siendo un poeta hispano, oriundo del ayuntamiento de San Vicente, Salamanca. Hijo de campesinos pobres, pasó la infancia en su localidad natal hasta que se trasladó con su familia a Alcalá de Henares, en 1929. Marchó al frente al estallar la guerra civil, en julio de 1936, afiliándose a las Juventudes Socialistas Unificadas. Debido a su corta edad, no pudo incorporarse a las tropas combatientes de la República hasta 1938.
Luchó en la batalla de Madrid, al tiempo que trabajaba como comisario político del Partido Comunista. Antes de la caída de la capital de España, logró refugiarse en Alicante, en espera de un navío que le rescatase a él y a otros compañeros. Fue apresado por soldados italianos que servían a Franco y luego compartió la prisión con Miguel Hernández. Su carácter rebelde y contumaz le acarreó una brutal represión que incluía apremios físicos, torturas y extensos periodos de incomunicación. Pero nada quebró su entereza moral, fortalecida por constantes lecturas de obras “clásicas” que el régimen autorizaba circular en sus mazmorras. Aquellos funcionarios de la brutalidad católica-corporativa rendían tributo, talvez sin advertirlo, al ilustrísimo preso bajo las garras inquisitoriales, Miguel de Cervantes y Saavedra, aunque la lectura de El Quijote estuviese restringida. Pero el espíritu combativo también anidaba en aquellos autores como Quevedo, Lope de Vega, Calderón. Gracias a una red interna de libros clandestinos, leyó a Rafael Alberti, a Federico García Lorca, a León Felipe y a Grabriel Celaya.
En 1956 comienza a escribir sus primeros poemas bajo el seudónimo de Marcos Ana, textos que salieron de la prisión, llevados por manos anónimas, escondidos entre los senos propiciatorios de las mujeres españolas, nutriendo la esperanza y la rebeldía de numerosos opositores al tirano. Estos versos desgarrados y valerosos, alentaron a organizaciones como Amnistía Internacional para procurar su liberación, la que tuvo lugar en 1961, cuando logró refugiarse en Francia, donde se integraría al Centro de Información y Solidaridad con España, dirigido por Pablo Picasso. Recorrió Europa y Sudamérica, donde su poesía combatiente influyera de manera significativa, en especial entre los jóvenes que padecían las dictaduras de Videla, en Argentina, y de Pinochet, en Chile.
En un mundo al parecer entregado solo al hedonismo cerril, donde se reniega sin mayor análisis de los procesos revolucionarios, dando por sentado el fracaso de las llamadas “utopías sociales”, la figura de Marcos Ana crece y se proyecta como un paradigma para las nuevas generaciones, para aquellos que lograrán, pese a todo, alzarse sobre la ceniza artera de un egoísmo que pugna por ahogarnos en una atmósfera de claudicación y derrotismo.

Abrimos, en esta mañana de noviembre que nos trae la mala nueva de su partida, las páginas del Canto General, y cantamos, en homenaje a Marcos Ana, la vibrante exhortación de Pablo Neruda:

No me siento solo en la noche,
en la oscuridad de la tierra.
Soy pueblo, pueblo innumerable.
Tengo en mi voz la fuerza pura
para atravesar el silencio
y germinar en las tinieblas.

Muerte, martirio, sombra, hielo,
cubren de pronto la semilla.
Y parece enterrado el pueblo.
Pero el maíz vuelve a la tierra.
Atravesaron el silencio
sus implacables manos rojas.
Desde la muerte renacemos.

¡Larga vida al poeta Marcos Ana!

& & &


Edmundo Moure
Noviembre 26, 2016
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-11-2016 22:59
# Ligazón permanente a este artigo
Chuza! Meneame
Deixa o teu comentario
Nome:
Correo electrónico: (Non aparecerá publicado)
URL: (Debe comezar por http://)
Comentario:
© by Abertal