A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


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Japón y los prisioneros en la 2ª Guerra
7 de octubre de 1943

LOS JAPONESES A FLOR DE PIEL

Por Ramón Suárez Picallo

El Cuartel General de Mr. Mac Arthur, Jefe Militar Aliado, contra los japoneses en el Pacífico, ha revelado un nuevo hecho, indicador de la cultura, la civilización y el respeto al Derecho, que caracteriza a los hijos del Imperio del Sol Naciente, en relación con el trato que suelen conferir a sus adversarios en la guerra.

Según las informaciones a que hacemos referencia, un piloto aviador norteamericano, con el grado de capitán, que cayó en poder de ellos, en Salamaua, Islas de Salomón, fue monda y lirondamente, degollado, ante la guarnición formada, por orden del jefe japonés de la plaza.

El propio comandante nipón, con su espada favorita, destinada a hacerse el Hara-Kiri según el código Samurai llevó a cabo la bárbara faena de decapitar a su prisionero de guerra, como en los tiempos de Atila de Genghis Khan y de Tamerlán en rabiosa contradicción con las normas jurídicas y las costumbres civilizadas de la guerra contemporánea. El asesinato salvaje e incivil viene como suele decirse, “llover sobre mojado”, después de la matanza a mansalva de otros aviadores, también norteamericanos, caídos prisioneros, a raíz del bombardeo de Tokio. Y, como era natural el crimen, ha producido vivísima impresión en el pueblo norteamericano, que hace la guerra de acuerdo con un alto y noble sentido, deportivo, dentro de las normas universales del Derecho, que distinguen la lucha entre los hombres, de aquellas otras que las fieras realizan entre sí, con el afán de devorarse las unas a la otras.

Dando cuenta del hecho, Mr. Franklin Délano Roosevelt, en conferencia de prensa, ha definido, muy claramente la mentalidad y la cultura del enemigo número uno de su país, afirmando que el degüello de prisioneros de guerra por los jefes militares japoneses, demuestra como la pseudo cultura y la pseudo civilización niponas no pasan de ser meras manifestaciones a flor de piel. Por debajo, está lo otro, lo que les es, espiritualmente, sustancial: la barbarie, en sus más crueles manifestaciones, conservada, cuidadosamente, a lo largo de dos mil y tantos cientos de años de vida del extraño Imperio japonés, que intenta dominar el Asia, la Oceanía y parte de la América.

De todo lo cual se deduce una conclusión: El Imperio de Hirohito es un “cuerpo extraño” y agresivo y agresor en el conjunto de los países civilizados: tanto más peligroso, cuanto que ha logrado cierta personería política, en el concierto internacional de las naciones serias, fuertes y civilizadas, al amparo y conjuro de unas manifestaciones exteriores, má o menos cultas, pero que no pasan de estar a flor de piel, a manera de “camouflage” exterior de su barbarie interior ancestral y medular.

Desde Washington se asegura que los autores de éste y de otros parecidos crímenes de guerra, comparecerán en su día individualmente, ante tribunales sancionados. En el caso especial del Japón, nos permitimos dudar de la ejemplaridad y eficacia que puedan tener los castigos individuales, para modificar la línea colectiva e históricamente bárbara y cruel de la Nación japonesa. Las causas de su barbarie y de su crueldad no son individuales, sino que constituyen una modalidad nacional, arraigada, por siglos, en la existencia misma de esa comunidad geográfica y nacional. Es, por lo tanto, al Japón mismo al que hay que destruir como potencia capaz de imponer a los otros sus bárbaras modalidades. Lo contrario sería igual que dedicarse a limpiar la baba de las fauces de un perro rabioso, por saberse que la baba contagia la rabia, en vez de matar al perro, que es la fuente de la enfermedad misma.


“NO ES RAZONABLE”

Lin Yutang, el glorioso escritor chino, uno de los más profundos conocedores y glosadores del Japón por la vecindad y el contacto con su país, en una bellísima crónica de su libro “Amor e Ironía”, señala al Japón como al pueblo asiático de menos “espíritu razonable”, y, por lo tanto, menos culto de aquella inmensa comunidad de pueblos. Y explica: la frase “espíritu razonable”, es la síntesis de toda madurez intelectual y cultural y ella no tiene traducción ni significado en la lengua japonesa. “Los japoneses –agrega– han copiado de la cultura china sus menudos detalles exteriores y, de las culturas occidentales los aspectos guerreros y materialistas capaces de convertir a su país en una potencia militarista y agresiva”.

“Se vanaglorian, por ejemplo, de que a pesar de los cambios políticos sucedidos en el mundo a lo largo de más de dos mil años de Historia, ellos conservan su primitiva dinastía imperial de origen mitológico, en línea directa continua e ininterrumpida. El Emperador es semidivino e intocable y la misión de todos y cada uno de súbditos, es la de servirlo personalmente. Los ministros de su gobierno y hasta los maestros de sus escuelas, cuando hablan de negocios públicos, deben comenzar sus discursos declarando su asombro y su acatamiento absoluto a la gran sabiduría del Emperador”, ya se trate de cirugía o de astronomía, de ciencias físico-químicas, o de hacienda pública o de filología greco-latina y aunque de todo lo cual no tenga ni noticias el sabio coronado, o sea, idiota y sordomudo de nacimiento.

País fanático, tan feudal como hace quince siglos tan serio como en los tiempos milenarios de Maricastaña, dominado políticamente por el militarismo samurai y por la teocracia imperial, su supuesto progreso científico, viene a ser una civilización máquina, inhumana y sin espíritu, marcando el paso de ganar por encima de todo matiz esencial de cultura y de espíritu su única creencia original es la adoración al poder de la fuerza bruta quizá como expresión de un complejo de inferioridad de una raza de tipos pequeños, serviles, febles y desmedrados. ¡Y líbrenos Dios de un tullido dando palos!

“La ascensión meteórica del Japón –asegura Lin Yutang– hasta llegar a creerse el dueño, señor y director del Asia, fue debida a la falta de ideas, de pensamientos y de “espíritu razonable”. ¿Puede alguien, que sea razonable ser sistemáticamente amigo de la guerra? ¿Puede una persona, con sentido razonable del honor, atacar al huésped por al espalda, sin aviso previo, después de haberle prometido y jurado su amistad? ¿Puede un Almirante, hacer el oficio de rufián o de mendigo para llevar a cabo una misión de traición y espionaje, en contra de un transeúnte, misericordioso, que le ofrece su limosna? ¿Puede razonablemente, un ser civilizado, arrumbar sus libros, sus cuadros y sus estatutos de jaspe, dejar de cuidar sus rosales y sus cerezos, para dedicarse a matar a sus vecinos, en servicio personal del Emperador que, desciende de una vieja y enjuta diosa sin belleza y sin gracia? No. nada de eso puede hacerse, porque esto no es razonable –afirma Lin Yutang-. Pues, todo eso además de degollar a los prisioneros de guerra, lo hacen los japoneses porque eso, es lo que está en ellos, un poco más adentro de flor de su piel, según la frase feliz del Presidente Roosevelt.

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile tal día como hoxe pero de... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda Guerra Mundial - Publicado o 07-10-2015 14:24
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