A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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MORRE A DUQUESA CAYETANA DE ALBA

María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva (Palacio de Liria, Madrid, España, 28 de marzo de 1926) unha aristócrata española, XVIII Duquesa de Alba, actual xefa da Casa de Alba é coñecida habitualmente como Cayetana de Alba, Cayetana II de Alba, a Duquesa de Alba ademais de XI duquesa de Berwick e catorce veces Grande de España, finou este mércores no Palacio de las Dueñas, a sua residencia en Sevilla a idade de 88 anos polo que é noticia de portada en todos os medios de comunicación.
Cando casou por primeira vez, no ano 1947, Ramón Suárez Picallo no exilio en Chile, escribiu o seguinte artigo que xa repoducimos neste blogue en outubro do ano 2009.




14 de octubre de 1947

BODAS DUCALES QUE PODRÍAN SER REALES



Por Ramón Suárez Picallo

En la maravillosa Catedral de Sevilla, una de las más hermosas del mundo, a la sombra de la famosa torre de la Giralda, se ha celebrado el matrimonio de la Duquesa Cayetana do Montoro, hija del Duque de Alba y de Berwick, don Jacobo María Stuardo Fitz James y Portocarrero, con don Luis Martínez de Orujo, hijo del Duque de Sotomayor.

Entre ambos consortes reúnen alrededor de cincuenta títulos nobiliarios más y son entre los dos veinte veces Grandes de España, según lo que en los cánones de la Heráldica, se entiende por grande y por noble. La novia, personaje principal del acontecimiento, tiene 21 primaveras y se dice que es bellísima; agrega a sus blasones y a su belleza, una especial circunstancia: es descendiente directa y lleva el mismo nombre de pila de aquella otra famosa Cayetana de Alba que según decires le sirviera de modelo a don Francisco de Goya y Lucientes para el maravilloso cuadro “La Maja desnuda”.

En cuanto al novio no le va en zaga en lo de nobleza y abolengo. La casa de Sotomayor, original de Galicia, entronca con la primera aristocracia real sueva de los tiempos de don Frucia, que tenía por sedes de las villas de Tuy, Allariz y Betanzos y se enlaza después con las más linajudas familias de España y de Portugal. La boda ducal, según informaciones que tenemos a la vista, ha superado en fastuosidad y pompa a cuantas se hayan celebrado en España y en Europa en el último siglo, incluyendo a las más renombradas bodas reales y principescas.

Las bellas naves de la espléndida Catedral gótica estaban materialmente ocupadas por más de tres mil personas pertenecientes a la aristocracia de toda España y a las tres tradicionales Órdenes Españolas de Caballería – Santiago, Alcántara y Calatrava – con sus vistosos hábitos y uniformes; y además altos jefes militares con sus mejores atuendos de gala, y más de mil damas, luciendo peinetones y mantillas cuajadas de alhajas y de claveles reventones y de albos jazmines. Sin contar con la presencia del “brazo eclesiástico” que debió también echar lo suyo, puesto que el Sacramento fue consagrado por Monseñor el Arzobispo de la Diócesis, doctor Marcelino Olaechea y Loizaga con todos los miembros del Cabildo sevillano, y con una especialísima bendición papal “ad hoc” concedida por el Sumo Pontífice romano, contraviniendo los cánones que obligan para consagrar matrimonio la presencia del párroco.

Como podría observar el curioso lector, una ceremonia deslumbrante digna de un buen libretista italiano y de la inspiración musical de Verdi para lograr una ópera muy superior a la “Aída” en olor, color y sabor.

En cuanto al yantar subsiguiente a la ceremonia religiosa, palidecieron ante él Trimalción, Lúculo, Gargantúa, Pantagruel y aún el españolísimo Camacho a quien alude Don Quijote y aplaude el gran comilón de Sancho Panza, por sus memorables bodas. Las mesas fueron colocadas en los jardines encantados del Palacio de las Dueñas, cubiertas de claveles y de jazmines. El opulento condumio fue aderezado y aliñado por los catorce mejores maestros cocineros de España que responden geográficamente a las catorce regiones en que se divide el incomparable mapa gastronómico peninsular ibérico y que en su día elogiara fervorosamente Francisco I de Francia, como el más suculento del mundo conocido. ¡Y eso que él tenía por súbdito al insigne Rabelais! El pote gallego, el lacón y las empanadas de lampreas y de anguilas del Miño, del Sar y del Sarela; la fabada asturiana; la caldereta montañesa y el bacalao a la vizcaína, del País Vasco; la sin par paella valenciana con el gazpacho andaluz y murciano; el incomparable cocido castellano y extremeño y el jabalí en adobo de los manchegos; la buyavesa de Mallorca y Cataluña y el sancocho semitropical de Las Canarias. Y después la maravillosa repostería española que va desde las tartas de Monforte, las mantecadas de Astorga, las yemas de Santa Teresa hasta los insuperables brazos de gitano que tienen su capitalidad en la prócer Granada. Rociado y regado todo ello con los vinos rojos y dorados que sintetizan la luz del sol de Andalucía, y la agilidad mental de sus tierras anacreónticas.

Por esta vez –¡la cosa no era para menos tratándose de quien se trataba!- se olvidó que 28 millones de españoles tiene rigurosamente racionados los artículos esenciales de su comer y de su vivir diario: el pan, el aceite, el pescado, la carne, las patatas, la mantequilla, y las cebollas, entre otros, que, quien quiera tenerlos, ha de comprarlos a precios fabulosos en el Mercado Negro que allí se llama straperlo , dirigido y usufructuado por los jefes militares si los funcionarios falangistas del movimiento “salvador”.

De todos modos, el Generalísimo y sus adláteres no deben estar muy satisfechos del suceso social de Sevilla después de haberlo autorizado. Porque la boda de la Duquesa de Alba y del Duque de Sotomayor apadrinada por el pretendiente a la corona fue un gran mitin político y una manera de poner en ridículo las pretensiones del Generalísimo y su inaudito título de “Jefe del Reino de España, por la gracia de Dios”. Él, pese a su plebeyez espiritual y heráldica de milite afortunado, de muy humilde y turbio origen, tenía sus reales pretensiones. Pensaba, según fuentes de información fidedignas, casar a su hija Carmen, tontita, fea y gazmoña, con algunos de los príncipes tronados de Europa vinculados a viejas casas reinantes, para proclamarla reina de España en uso de las facultades que le concedieron unos cuantos señores – muy señores nuestros- llamados procuradores en Cortes.

Pues señor, ahí es nada lo de Sevilla. Cualesquiera de los asistentes de la comentada boda ducal le da vuelta y raya al Caudillísimo en lo de poder ser jefe del reino sin llaves que él había inventado, quizá con el remoto afán de ser rey suegro. En pureza de sangre, en opulencia, en blasones heráldicos y hasta en saber hacer bodas rumbosas, don Francisco Franco Bahamonde a pesar de ser propietario de las Torres de Meiras, que un día ilustrarán el talento esclarecido de la Condesa de Pardo Bazán, no pasa de ser un mediocre escudero o camarero mayor.

¿Y España? Eso ya es harina de otro costal. España contempla estos espectáculos diciendo para sí: “Ni contigo ni sin migo; ya vendrá la mía – que no es la vuestra- por sus pasos contados, con tiempo, con humor y con vagar”.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 14 de outubro ...de 1947)

A DUQUESA CAYETANA DE ALBA
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 21-11-2014 00:40
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