A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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La Feria Internacional del libro en Santiago de Chile en 2014
SACERDOTES Y BENEFICIARIOS DEL LUCRO


En publicitada arenga televisiva, que apunta a su futura campaña a la presidencia, Sebastián Piñera descalificó la reforma educacional, hoy en trámite legislativo. Sus razones son clarísimas: la iniciativa proscribe el lucro, es decir el alma misma del sistema capitalista, que funciona y se manifiesta a través de dos ángeles tutelares, la ambición y la codicia. Sin éstas, nada funciona, no puede haber “emprendimiento”, sustantivo clave que se aplica sólo a empresas de carácter comercial y utilitario; quedan fuera de su concepto aquellos cometidos humanos ajenos al beneficio pecuniario inmediato y a la usura, vale decir creaciones artísticas y de índole diversa que no se nutren de la “filosofía” mercantil al uso.

Piñera llama a los suyos a cerrar filas en torno a la defensa de la “libertad de empresa”; poco importa el rubro, trátese de educación, salud, sistema carcelario, extracción de basura o ahorro previsional. Donde exista la posibilidad de un beneficio pecuniario a costa de la inmensa mayoría, allí apuntarán los dardos de los “emprendedores”. Curiosamente, Sebastián Piñera no es creador de empresas, como creen o suponen muchos de sus feligreses. Se trata de un sagaz e implacable especulador, sacerdote de Mamón que supo aprovechar las oportunidades de sus contactos exteriores para montar el pingüe negocio de las tarjetas de crédito, base de su enorme fortuna personal. El resto se va concatenando por sí solo, porque, como bien afirma el vulgo, “la plata llama a la plata”.

El lucro, como incentivo y paradigma, según realidad estadística, sólo beneficiará a una minoría de la población; no podría ser de otra manera, porque la sustentación del sistema así lo requiere. De lo contrario, ocurriría la catástrofe, el desplome de sus estructuras. Como paliativo intermitente, advienen las crisis periódicas del capitalismo salvaje, cuyos remezones suelen favorecer a los propios sacerdotes, de acuerdo a otra verdad popular: “tener la sartén asida por el mango”. (De esto sí que sabe Piñera).

Un joven trabajador, personaje de una comedia de Bernard Shaw, afirma que prefiere la incertidumbre capitalista, la posibilidad de alcanzar estadios superiores del orden socioeconómico, a la certeza de una seguridad laborista que vuelva su vida, en el plano de las expectativas hedonísticas, tan mediocre como igualitaria. Y es que todo apunta, en el sistema hoy imperante en casi todo el orbe, a exacerbar los espejismos de una felicidad exhibida en las vitrinas de las tiendas y en los pasillos del supermercado, teniendo, como ejemplos a emular, a los cantantes exitosos, a los actores de masiva fama o a los futbolistas de elite. También caben aquí los escritores best seller, si saben adecuarse a la oferta y a la demanda del mercado, sin discursos críticos.

El sábado 25 de octubre me correspondió presentar, en la Feria Internacional del Libro de Santiago, el libro “Zurita, Arquitectura del Escritor”, de mi amigo y notable ensayista chileno, Hernán Ortega. Como se sabe, este año, la Cámara Chilena del Libro, gremio que reúne a editores y libreros –empresarios y comerciantes del rubro- negó a los escritores chilenos el ingreso a la feria sin previo pago de entrada. Como alternativa, quedaba la de ingresar al recinto con invitaciones puntuales a determinados actos, pero con la limitación de acceder sólo algunos minutos antes de esos eventos.

Pues bien, llegué a la FILSA veinte minutos antes del acto de presentación. Exhibí a una boletera la cartulina de convocatoria. La miró, devolviéndomela con una especie de mohín de triunfo: -“No le sirve, señor, porque ya llegaron todos los invitados”. Me recuperé del riesgo de pasmo, respondiéndole: -“Señorita, yo soy quien va a presentar el libro; allí está escrito mi nombre, y, para mayor abundamiento y por si le sirve el dato, soy escritor…” No hubo respuesta. Se produjo un momento de silencio, como esas pausas dramáticas entre diálogos de suspenso. Un fulano que hacía de cabeza del grupo de controladores de acceso, se volvió, alargando a la moza un ticket, con ademán displicente, diciéndole: -“Dásela no más, y que entre…”

Alejo Lavquén recordaba que la feria del libro fue creada por miembros de la Sociedad de Escritores de Chile, como una instancia libertaria e independiente, que permitiera al preterido escritor chileno mostrar sus producciones y poder ofrecerlas al público lector, sin pasar por las consabidas humillaciones y despojos de libreros y editores venales. En los albores de los 80’, fui designado por el directorio de la SECH para articular la feria en el parque Forestal, a un costado del Museo de Arte Contemporáneo. Lo hice, con la colaboración de Manuel Melero, entonces presidente de la Cámara Chilena del Libro. La entrada era gratuita y la SECH contó con un stand igual al de los otros expositores.

Hoy, la FILSA es un gigantesco supermercado del libro, apto para grandes editoriales y cadenas de libreros. Un negocio más, con lucro incluido, donde todo se cobra a precio de mercado. La única presencia “destacable” para los creadores literarios es la de ciertos escribas súper ventas, más o menos regalones del sistema, como es el caso del tránsfuga ideológico, diplomático piñerista de circunstancia, Raúl Ampuero… La caseta de la SECH se alza, como contrapartida, menesterosa y ausente, en un pasillo lateral.

Pero los escritores somos pocos para organizar un desfile, y nuestros intereses no concuerdan –salvo casos señalados- con los sacerdotes del lucro ni con sus beneficiarios. Y no hay políticos ni empresarios que nos defiendan, salvo quizá aquellos que emprenden la aventura de publicar un libro, aunque no se les dé la gramática ni les sonría otra metáfora que la de “In God we trust”.

Para quienes no lo saben, Don Francisco es también socio de la SECH (no sé si continúa pagando las cuotas sociales). Hace dos décadas o algo más, publicó un libro con sus “memorias”, e ingresó al gremio. El popular animador, al igual que Sebastián Piñera, no posee cabal dominio del lenguaje (está a la vista), pero recurrió a un gran escritor chileno, Alfonso Alcalde, por esos días sumido en la miseria, para que le escribiera sus “vivencias”, a cambio de una considerable soldada como retribución. Bueno, esa es otra posibilidad real de emprendimiento, diría el ex mandatario Piñera, hacer de “negro” para los ignaros de la farándula que quieren salir de la agrafía y publicar un libro.

Puede ser, amigo lector… Ojalá a ti se te diera bien eso del lucro. En mi caso, prefiero no abundar en ello.


Edmundo Moure
Emprendedor literario
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-10-2014 23:36
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