A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


Visitas (desde o 05/08/2010)





Únete a nós!
comisionsuarezpicallo@gmail.com
 CATEGORÍAS
 GALERÍAS FOTOGRÁFICAS
 RECOMENDADOS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGUES GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES
 DESTACADOS

Reforma Tributaria en Chile...

EL PODER DE LOS PODERES


Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.



Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.



Se me viene al magín otro poema, de uno de los grandes de la Generación Española del 27’, Miguel Hernández:


Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.

El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos...




Pero ni los políticos ni los empresarios ni los economistas suelen leer a los poBasten la primera y la última estrofa del célebre poema de Francisco de Quevedo, para abrir los fuegos de esta crónica, paciente lector.

Bastaron los esbozos de una tímida reforma tributaria, y los tartamudeos falaces de una confusa reforma educacional, para que los escasos numerarios del poder financiero y económico, desde las atalayas fortificadas de sus conocidos “gremios empresariales”, hayan rasgado vestiduras y puesto a buen recaudo sus faltriqueras, ante la amenaza a la estabilidad económica, consolidada bajo el (buen) gobierno de Piñera, (fiel) sucesor del modelo heredado de Pinochet y sus rapaces correligionarios de la escuela chicaguense (chicaguina), junto a los no menos eficientes gobiernos concertacionistas, sobre todo el de Ricardo Lagos, el mejor presidente de “izquierda” que ha tenido en nuestro país la derecha.

Para quienes dan fe del modelo neoliberal que sustenta el capitalismo salvaje, en versión chilena, las cifras corroboran y demuestran las prevenciones de aquellos iluminados personeros que, con patriotismo y lealtad sin tacha, advirtieran en su momento de los peligros que las políticas demagógicas y socializantes de la “izquierda” cernían sobre la salud de una economía sana y pujante, que se empinaba por sobre el seis por ciento de crecimiento anual… Durante el segundo trimestre de este año, no hemos alcanzado ni siquiera el dos por ciento… Un desastre, una vergüenza, un despilfarro incalificable del erario público, para favorecer a sectores pasivos, sin tener como norte la productividad.


Las consecuencias se dejan sentir, según los mandamases de la SOFOFA y de otras no tan “fofas” dirigencias empresariales, incluyendo el brazo político UDI-RN y grupos fácticos al acecho de cualquier traspié que ponga en entredicho la sacrosanta libertad del mercado, que es como decir el libre albedrío de la nación, el mismo que recuperaron los militares de la garra marxista de Allende y compañía… Los hechos hablan, a través de las cifras, mejor que las palabras: disminuye la inversión, sube la tasa de desempleo, se desacelera la economía, se resiente el sector de la construcción y su socia, la piraña inmobiliaria, caen las exportaciones, descienden las ventas del comercio… Ya no escuchamos en los medios de comunicación frases alusivas al paraíso terrenal: “los comerciantes sacan cuentas alegres”, “el consumo crece más allá de lo esperado”, “los chilenos son los más endeudados de Latinoamérica en sus economías privadas”, y otras halagüeñas noticias que opacan negativos guarismos que clasifican a nuestra juventud como “la más ebria del mundo”, “la más tabaquera y marihuanera del continente” y “la de menor índice de comprensión de lectura”. Pero debemos quedarnos con lo positivo y propender al fortalecimiento, a todo trance, de los indicadores del auténtico progreso (no confundir con esos “progresistas” que quieren reverdecer los marchitos árboles del marxismo y sus dudosos frutos).

No es necesario ser doctor en economía por las universidades estadounidenses, ni siquiera licenciado en academias de estudio chilenas, para entender que una economía que goce de buena salud debe atenerse a preceptos y muy claros, fáciles de ser asimilados, incluso por pequeños empresarios, profesionales, trabajadores especializados y no tanto, proletarios de manufactura, y aun por las mismísimas dueñas de casa de esta bendita nación. A saber:

- Contar con un Estado que no participe jamás como ente empresarial en la economía del país, aun cuando deba intervenir –siempre- a favor de los empresarios (emprendedores), en el caso que advengan catástrofes naturales o financieras (véase, año 1983, cuando el Banco Central asumió las colosales deudas de la banca privada);
- Tener libre disponibilidad para explotar (comercialmente hablando) las áreas de Salud, Educación, Transporte, y otras consideradas estratégicas;
- Creer, como artículo de fe indiscutible, en la regulación natural del Mercado y en la infalibilidad de sus leyes dinámicas;
- Reducir la carga tributaria a su mínima expresión, para incentivar las inversiones de capital. La minimización del gasto público (Estado) es directamente proporcional al fomento de la riqueza y al bienestar de las naciones;
- Fijar el salario mínimo cada diez años, con el objeto de abaratar la mano de obra y menguar, de pasada, el desempleo;
- Fomentar (aún en mayor grado que el actual) las políticas de entretenimiento popular, a través de la televisión y otros medios, dando preeminencia a los programas de imitación farandulera, y al fútbol, deporte nacional por antonomasia (“la pelota une a los pueblos”; Carcuro dixit).


Hay, sin duda, muchas otras medidas de importancia, pero eso es tarea de científicos y especialistas y no de un simple escriba ignaro como yo. A propósito, se me ocurre que, a la luz de las premisas anteriores, el fenómeno de concentración de la riqueza también puede ser benéfico y natural. Hace poco escuché a un economista de derecha decir que, así como fue preciso, en la década de los 90’, que surgieran multimillonarios rusos, “para que pudiesen interactuar en igualdad de condiciones con sus pares occidentales”, del mismo modo está ocurriendo hoy con algunos jerarcas o ex jerarcas del partido comunista chino, que han amasado fortunas “top ten” a costa de la esclavitud de sus connacionales, proveedores de mano de obra por algo más que un plato de arroz al día, utilizados con “espíritu internacionalista” para ayudar a grandes empresarios del primer mundo (¿colegas?), con manufactura multitudinaria de costo irrisorio.

¿Y los llamados artistas, y los productores de la Cultura? El libre mercado sabrá qué hacer con ellos. Los ejemplos huelgan, desde Van Gogh en adelante -sólo para partir de un hito-, hasta la colosal Violeta.

Se podrá argumentar que los poetas poco saben de política y aún menos de economía. Platón los expurgó de su República ideal, aunque también descartara a los comerciantes como sujetos de dirigencia del Estado. En todo caso, la sociedad que nos ha tocado vivir está regida, casi sin contrapeso, por la filosofía mostrenca de los mercaderes, sustentada en la diosa de la codicia. Y así estamos, saltando de crisis en catástrofe, mientras los dueños incólumes del “poder de los poderes” lucran con la desgracia de los expoliados, que pagan el descalabro y jamás se benefician de la bonanza.
etas… Ni falta que les hace y es mejor que se abstengan; no vayan a escribir, en sonetos o en décimas, las causas aleves de la crisis venidera.

Por ahora, y para terminar este análisis esperpéntico, saltemos de Quevedo y aterricemos en Nicanor Parra:


Un movimiento socio-económico
Basado en la idea de armonía
Del ser humano con la naturaleza

Que lucha por una vida lúdica
Creativa pluralista Igualitaria
Libre de explotación

Muchos los problemas
Una la solución
Economía mapuche de subsistencia



El mes que viene, Parra Nicanor cumplirá cien fructíferos años, un siglo de riqueza poética y de irreverencia ideológica, y aunque no lo haya escrito expresamente, él sabe que seguirá siendo “muy poderoso caballero, Don Dinero”.


Amén.


Edmundo Moure
Agosto 21, 2014

Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 22-08-2014 16:49
# Ligazón permanente a este artigo
Chuza! Meneame
Deixa o teu comentario
Nome:
Correo electrónico: (Non aparecerá publicado)
URL: (Debe comezar por http://)
Comentario:
© by Abertal