A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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Centros Culturales (en 1950)
O que fora o Teatro Municipal da capital de Colchagua, convertido nun moderno Centro Cultural.


RSP comenta a importancia dos Centros Culturais no desenrolo cultural no mundo rural.


28 de julio de 1950

EL EJEMPLO DE SAN FERNANDO


Por Ramón Suárez Picallo

La señora Irma Astorga, esposa de un gran escritor chileno, publicó ayer, en esta misma página de “La Hora”, un bello artículo, refiriéndose a su pueblo nativo –Llay-Llay- al que considera como un páramo espiritual, con referencia a los problemas del arte y de la cultura. Habla de una vida semi colonial, aburrida y tristona, sin más atractivos para su juventud que el “cacho”, las películas de gansters, las danzas exóticas, los tangos llorones y decadentes y alguno que otro partido de fútbol; además del recreo letal que les ofrecen las cantinas, donde mueren, de mala muerte, los mejores años de una muchachada buena, cordial y curiosa, con el alma cargada de anhelos, de inquietudes y de esperanzas, proyectadas sobre un mundo mejor.

La señora Irma habló con la juventud de su región; y dice de ella que se siente desplazada, olvidada y dejada de la mano de Dios y de la de los rectores de la vida pública de su país. Unos muchachos inquietos y bondadosos, puros de cuerpo y de espíritu, que piden como preciado regalo una biblioteca circulante, espectáculos artísticos, charlas culturales y cursos de iniciación en los aspectos y problemas más interesantes de la cultura general.

El problema –la extensión y el goce del arte y de la cultura en los pueblos rurales- tiene grandes proyecciones; y no afecta sólo a Llay-Llay ni a otros lugares de Chile, sino que es común a millones de seres humanos, diseminados a lo ancho y a lo largo de todo el mundo. Las grandes ciudades, especialmente las que ostentan la jerarquía de la capitalidad, ahogan a las viejas villas y provocan un desastroso problema social y espiritual: la fuga del hombre del rus hacia la urbe en busca de horizontes que supone le están vedados en su comarca natal.

Por eso los Gobiernos más inteligentes de los países más democráticos, civilizados y progresistas del mundo –y sus Ministerios de Instrucción Pública- han adoptado en los últimos tiempos planes perfectos para llevar a las villas, a los lugares y a las parroquias más remotas el hálito del arte y de la cultura.

Las escuelas del lugar, después de las horas de clases, se convierten en una especie de tertulia, donde el maestro, el veterinario, el juez, el cura, el que fue navegante y el que manda crónicas a los periódicos, forman Ateneo y Academia; y ante los jóvenes vecinos tratan temas de alto interés cultural. Un radio receptor capta conferencias, conciertos, charlas y otro género de audiciones cuyos temas son después comentados y glosados por los “intelectuales” de la localidad. Y como corolario, una biblioteca, muy modesta, pero muy escogida, ofrece sus volúmenes que no pasan del número de cien, para organizar lecturas comentadas.

Y en todas las partes donde existen estas “células” de cultura popular fueron organizadas por los propios vecinos, desde el sacerdote y el comerciante, hasta el médico, más o menos herético. Los partidos políticos, los diputados del distrito y los altos funcionarios públicos las protegieron y las ampararon, mientras no llegó allí la Extensión Cultural, la Universidad y el Colegio secundario, con una inspiración más pedagógica y apostólica que burocrática y gubernamental.

En los países escandinavos, en Suiza, en Bélgica y Holanda, en Alemania e Inglaterra y en la España de 1931 a 1936, así como en el Canadá y en los Estados Unidos, florecieron y florecen estos centros populares de cultura rural donde se forman los principales valores de la democracia jerarquizada y dirigida por una “élite” superior, sin demagogias sucias, fomentadas en locales infectos, sin limpiar y sin barrer, donde no hay una biblioteca, pero donde hay invariablemente una cantina…

Y aquí en Chile, hay sobre esto una ciudad ejemplar: San Fernando, la blanca y hermosa capital de Colchagua, situada en el fecundo y jocundo centro de la República. Médicos, abogados, comerciantes e industriales y funcionarios públicos de alta jerarquía, han fundado allí un Centro Cultural, que lleva el nombre de don Urcisinio Peña, médico ilustre y profesor insigne. Organiza con absoluta regularidad, conciertos, conferencias, fiestas autóctonas y charlas culturales. Y fueron allí el gran chileno Augusto d’Halmar y el español Eduardo Blanco-Amor, junto con otros grandes intelectuales, que guardan de San Fernando cálidos y amables recuerdos.

Incluso quien escribe estas líneas, que quedó maravillado cuando tuvo el honor de hablar allí ante más de mil muchachas y muchachos de escuelas y liceos, que seguían su charla sobre voces y colores de España, poniéndole notas y puntos al mapa peninsular. Y que en una conferencia sobre “El mar de Chile”, vio a un grupo de jóvenes huasos, alelados y conmovidos, con una curiosidad, corrección e interés que ya quisieran para sí lo pitucos capitalinos de todas las capitales.

Pero esta magnífica obra no se debe más que al esfuerzo privado de un núcleo de vecinos de buena voluntad; lo oficial no entra ni sale allí. Participan con ella el gran señor, que le ofrece mesa y casa cubierta al conferenciante; el que llama a sus amigos para reunir unos pesos que le cubran los gastos del viaje, y los que, amables y cordiales, le ofrecen mesa blandida con pan y manteles. Y todos, guiados por el noble afán de darle a su pueblo de nacimiento o de residencia, el aire que lleva y que trae una inquietud ética, estética y cultural.

Y quizás el ejemplo de San Fernando pueda servirle a Llay-Llay, y a todos los otros pueblos del mundo, como modelo para hacer cultura a base de una buena y generosa vecindad, sin pedirles nada a los otros, sino que practicando el viejo dicho: “Ayúdate, que después yo te ayudaré”.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1950)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Institucións e Sociedades - Publicado o 28-07-2014 02:48
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