A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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ANTE EL MUNDIAL DE FÚTBOL DE BRASIL

EL MUNDO VUELTO PELOTA


Mi primer registro memorioso de un campeonato mundial de fútbol data de 1954, cuando tuvo lugar en Suiza. Escuchamos algunos partidos por la radio, en nuestra casa de Ñuñoa. El equipo favorito era el de Hungría, donde destacaban Ferenc Puskás, Zoltán Czibor, Sandor Kocsis, lamado “el team de oro”, que caería derrotado en la final, de manera sorpresiva, por Alemania, con el estrecho resultado de 2-3… (Los germanos son así; cuando menos se espera, se apoderan del mundo)… Nos costaba mucho pronunciar aquellos nombres que los relatores deportivos descifraban, como de costumbre, a su manera, pero tratábamos de hacerlos nuestros en las pichangas del Manzanal, en calle Exequiel Fernández, comandados por Toño, dueño entonces tanto de las cachañas como de la pelota de cuero, que solía quitarnos –como se ha contado- cuando contradecíamos sus formaciones, estrategias o jugadas... Como buen derechista, desde pequeño defendió a brazo partido la propiedad privada y su concepción esférica.

Cuatro años más tarde, celebramos con júbilo el triunfo de Brasil en el mundial de Suecia. Entonces, la imaginación sustituía con creces la invisibilidad de los encuentros transmitidos por la radio, hasta que pudimos ver en el cine, a través del famoso noticiero “El Mundo al Instante”, las maravillosas filigranas de aquella delantera donde destacara un muchacho de diecisiete años, Pelé, secundado por Didí, Zagallo, Garrincha y Vavá… La emulación, ahora con acento portugués, se desarrollaba en la cancha de baby fútbol, casa-quinta de La Cisterna. Yo tenía la misma edad de Edson Arantes do Nascimento, pero ni una millonésima de su talento, lo que no fue óbice para jugar con mucho entusiasmo, escasa técnica y derroche de vigor físico hasta los treinta.

El Mundial del 62, con mayúsculas, fue una fiesta colectiva con los mejores ingredientes, comenzando por la televisión, recién inaugurada en el “patio trasero” de nuestro sur tercermundista. En casa no contábamos con un aparato, por aquellos días raro lujo, pero sí lo tenía don Arturo Cañas, cordial vecino, propietario de modesta bomba bencinera, quien nos abrió las puertas de su casa a un grupo de muchachos “serios”, como parecíamos en aquellos días.

Sería absurdo pretender hoy que los jóvenes entendiesen el auténtico pasmo que significó para nosotros ver, en blanco y negro, aquellas veintidós figuras atléticas que se movían sobre el césped grisáceo, detrás de la oscura bola de cuero, más pesada que la de ahora, provista de una cámara de goma inflable en su interior, que al perder aire se transformaba en una especie de animal fofo y torpe que se negaba a obedecer las órdenes transmitidas de cerebro a pie... Pese a todo, la selección de Chile obtuvo un honroso tercer puesto.

En el concierto deportivo mundial –no sólo en el fútbol- nos alegramos muchísimo con las menciones honrosas, como esos poetas de provincia que cuelgan el diploma de algún certamen nacional junto a las fotografías de sus seres queridos, para admiración de los amigos íntimos y reforzamiento de la autoestima. Desde 1962 han transcurrido doce campeonatos mundiales de balompié… Este de 2014 sería el número trece después de aquella actuación extraordinaria de nuestros empeñosos mestizos. Pudiera ser un número agorero, una “cábala” –como dicen los periodistas deportivos- a la que aferrarnos en espera de un milagro, que algunos ilusos compatriotas ya anuncian: el primer Campeonato Mundial de Fútbol para Chile… Mi escepticismo, acentuado bajo las alas inmisericordes de Cronos, me dice que la selección chilena no aprobará ni siquiera la etapa clasificatoria de tres partidos. Quisiera equivocarme.

De los mundiales vistos ya con tecnología confiable, los que recuerdo con nostalgia son: el de 1970, con el triunfo apabullante de Brasil; y el de 1986, con la hazaña futbolera de Maradona y los suyos, aunque haya habido un gol argentino con la mano, en contra de los muchachos de la “pérfida Albión”. Ambos los presenciamos en compañía de nuestro padre Cándido, cuya afición al fútbol nunca fue la de hincha furibundo, como ahora se estila, sino de quien disfrutaba las buenas jugadas y era capaz de aplaudir incluso las habilidades de los rivales. El gallego no había perdido el espíritu laureado de Píndaro…

Con el próximo mundial en Brasil, quizá más que antes, el mundo entero de ha vuelto una pelota que gira y se desplaza, sin rumbo, de manera caótica y asaz controvertida. Por un lado, la prensa deportiva internacional, jugando su propio certamen de intereses económicos, junto a los agentes publicitarios y a los poderosos estamentos de ese desaforado negocio que es el fútbol internacional, procura encantarnos con la mal llamada “fiesta deportiva planetaria”, que va pareciendo más una tragicomedia que un jolgorio de los pueblos, cuyo espíritu deportivo –si es que alguna vez lo tuvo- no es más que pugna sorda y oscura entre quienes especulan y se benefician con el dinero dispendiado a raudales, exhibiendo hechos vergonzosos e injustificables ante la miseria del prójimo, como el de un jugador argentino –sin duda habilísimo en la cancha- que percibe un salario mensual superior a los mil millones de pesos chilenos. Es la otra cara de la moneda del dios Creso.

Las protestas sociales en Brasil serán conjuradas por la anuencia tácita de dos poderes: el de las fuerzas armadas, brazo utilitario de un gobierno ineficaz, y el del narcotráfico, que ve en peligro un formidable negocio servido por quienes debieran ser sus enemigos. Si “el fútbol une a los pueblos”, como afirmara cierto periodista colorín y bobalicón, también es capaz de coludir voluntades perversas.

Tales aberraciones se muestran como la proyección legítima de un posible logro similar para millares de niños y jóvenes, que sueñan con pertenecer a la elite de los grandes peloteros privilegiados, sea en América del Sur, en África, en Asia, en Oceanía o en Europa… Es como el “sueño americano” vuelto esfera giratoria y botante para los innumerables emprendedores pedestres… Ya no es necesario aspirar a que los hijos o nietos vayan a titularse de abogados, ingenieros o médicos prósperos… ¿Para qué? Se ha revertido la negatividad del concepto de “hacer las cosas con los pies” o “meter la pata”.

Por el contrario, hay que emprenderlas con las extremidades que nos sostienen como androides de pie, y no con las manos, como se nos enseñara en épocas remotas… La manu-factura será sustituida por la pata-factura, con resultados espectaculares, a la vista de todo el mundo empelotizado… Podemos regodearnos con cifras quiméricas, mientras contamos las monedas para comprar el pan. Sucede también cuando jugamos a la lotería… Algo así expresaba un personaje de Bernard Shaw, sencillo trabajador que repudiaba la ideología laborista, prefiriendo la quimera gozosa del capitalismo a cualquier certeza de medianidad económica.

Una voz crítica me advierte: -¿De qué te sirve tanta lectura y tanto ejercicio crítico, si en diez días más vas a terminar gritando como energúmeno frente al televisor?

Carezco de respuesta, apreciado lector, pero sé a ciencia cierta que el viernes 13 de junio estaré frente a la pantalla azulada, mirando con atención las evoluciones de nuestros once valientes paladines en el campo de juego, alentándolos y sintiendo en cada jugada las palpitaciones del corazón, el ardor en las mejillas y el resuello agitado del asma después de perder el balón en la puerta del arco… También escucharé la reprimenda cordial de mi buen hermano Toño: -“Concéntrate en los pases, huevón…”-

Es que el mundo se ha vuelto pelota… Si hasta el mismísimo Papa es hincha declarado de “San Lorenzo de Almagro”… Quizá yo también me esté redondeando, como ese balón colorido que llaman “brazuca”, y que muchos temen se vuelva una granada de mano en las rúas brasileñas donde antes solía estallar la alegría de la samba.



Edmundo Moure
Junio 2014
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 03-06-2014 00:29
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