A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


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GOYA, LOS VASCOS Y LOS ARAGONESES
O xornal chileno El Mercurio publicou un artigo o 2 de maio de 1950 evocando a defensa do pobo madrileño ante a invasión napoleónica e o articulista, facendo referencia ao cadro de Goya Los fusilamientos de la Moncloa, indica que Goya era vasco... o que permite a RSP subliñar a ignorancia do articulista e poñer as cousas no seu sitio.


3 de mayo de 1950

GOYA, LOS VASCOS Y LOS ARAGONESES


Por Ramón Suárez Picallo

Hace unos instantes, se acercó a nosotros un aragonés, baturro de pies a cabeza, cantador y bailador de jotas, natural de lugar de Fuendetodos, perteneciente al Partido Judicial de Belchite, provincia, Episcopado y Audiencia Territorial de Zaragoza. Es decir, el corazón mismo del cerne y del meollo del mejor Aragón, de donde era natural don Francisco de Goya y Lucientes.

El hombre venía indignado, enfurecido, hecho un huracán, contra todos los periodistas escritores –“escribidores”, decía él- y críticos de Historia del Arte, habidos y por haber.

Y nosotros, que conocemos al maño de marras, como a persona ecuánime, ponderada y algo dada a las lecturas y “escribiduras”, quedamos asombrados frente a su iracundia, y le preguntamos:

¿Pero que ocurrió? ¿Se ha hundido acaso el Pilar de Zaragoza? ¿Se ha puesto en duda el heroísmo de la gran Agustina de Aragón? ¿O algún “blasfemo” masón o herejote se metió con la Pilarica o con la jota?

¡Rediós! clamó; algo “pior” que todo eso. Toma y lee. Y nos mostró un ejemplar de “El Mercurio”, el docto, sesudo y documentado decano de la prensa chilena, edición del 2 de mayo, con un artículo en el primer término de la primera página del primer cuerpo, evocando el episodio de la defensa del pueblo de Madrid, frente a la solapada invasión napoleónica; uno de los más bellos capítulos de la historia del pueblo español con héroes y mártires gloriosos inmortalizados por el genial pintor español de todos los tiempos, don Francisco de Goya y Lucientes, en un cuadro maravilloso que se titula “Los fusilamientos de la Moncloa”. El artículo, lleva como única firma unas iniciales de “B” de burro, detalle que nos hizo notar muy finamente el indignado aragonés. El cual escritor que firma con “B” de burro, dice: “Don Francisco de Goya y Lucientes, una de esas personalidades vascas, que a veces han constituido el alcaloide de lo español, como don Miguel de Unamuno”, etc., etc.

Mira que llamarle vasco a Goya. Si es de mi pueblo, de Fuendetodos, donde lo veneramos como a una de las más ilustres glorias aragonesas. Su casa natal, y los primeros “monos” que pintó cuando era un niño travieso y pinta paredes, ese conservan allí, en un Museo dedicado a su memoria ¡Si es una de nuestras glorias, con Lanuza, con Costa, con Agustina y con Baltasar Gracián! Y en cuanto a eso de llamarle “alcaloide de lo español”, es como para caerse de narices, por no decir otra cosa.

“La familia de Carlos Cuarto”, cuadro en que se pinta la degeneración total de la casa reinante; “Los caprichos”, en que aparece la vida española en tonos dramáticos de insuperable realismo, y las “majas” –la vestida y la desnuda– son no un alcaloide que hace dormir, sino que un revulsivo que incita a un pueblo a recuperar su decoro y su decencia, perdidos desde arriba, por sus clases altas y dirigentes.

Por algo, el gran pintor, que anatematizó en su famoso cuadro de la Moncloa, a los invasores franceses, fue como todos los hombres cultos de su épica, un afrancesado. Y antes que someterse al despotismo criminal, ridículo y analfabeto de Fernando VII, prefirió morir en Burdeos, lejos de la Patria, por no querer soportar la atroz vergüenza de la invasión borbónica de “Los cien mil hijos de San Luis”, el fusilamiento del Torrijos y el romance granadino de heroico sacrificio de Marianita Pineda, que adornaron el reinado del más vil, del más traidor, del más felón y del más villano monarca español de todos los tiempos: Fernando VII, el que había mandado ahorcar a Bolívar, a O’Higgins y a San Martín, si los topase a mano, como mando ahorcar a otros ilustres patriotas y liberales españoles, por haberse negado a venir a la América a combatir a los patricios de su independencia, que eran a la vez apóstoles de su naciente vida republicana y democrática.

Y volvemos ahora otra vez al artículo de “El Mercurio”, en el que se dice que, además de Goya, fue don Miguel de Unamuno– éste si que era vasco– “alcaloide de lo español”.

¿Con que alcaloide, eh? Estáte por ahí que xor te chamarie.

La “Vida de don Quijote y Sancho”, “El sentimiento trágico de la vida” y “Agonía del cristianismo” –esta última obra, escrita por el ilustre Rector de la Universidad de Salamanca, siendo en París exiliado político de una dictadura– no son alcaloides de lo español, si no que son precisamente todo lo contrario: revulsivo eterno y permanente de su inquietud creadora, y de aquella fuerza dramática que le hizo decir a Waldo Frank, que sólo los griegos y los españoles, son capaces de convertir en tragedia de alta categoría artística, su diario vivir, su diario pensar y su luchar eterno. Todo lo cual –según rezan los mejores tratados de Química-, es exactamente lo contrario de cuanto se conoce en esa ciencia, como alcaloide, que viene a ser sinónimo de inconsciente adormidera y calmante artificial de dolores y de inquietudes.

Y, por último, nuestro amigo el baturro, nos sugiere este pensamiento profundo y trascendental: Hablar de alcaloides en ciertos órganos de publicidad –por ejemplo “El Mercurio”– es como mentar la soga en la casa del ahorcado.


(Artigo publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1950)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (artistas) - Publicado o 03-05-2014 11:05
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