A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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NICOMEDES GUZMÁN, escritor chileno
RSP, comenta como coñeceu ao escritor e poeta chileno no ano 1940 cando a sua chegada ao país como exiliado e destaca tamén as señas de identidade literarias do célebre autor...



2 de abril de 1954
LA FERIA DEL MUNDO
“EL SUR”, DE CONCEPCIÓN

Ante un gran escritor chileno NICOMEDES GUZMÁN


Por Ramón Suárez Picallo

Hemos conocido a Nicomedes Guzmán, a los pocos días de llegar a Chile, allá por el año 1940, después de haber actuado en la guerra civil española y de haber estado en Francia, en los EEUU y en la república Dominicana. Veníamos fatigados de recorrer áridos caminos y anhelábamos reposar, física y espiritualmente, en algún oasis del mundo. Chile, este Chile de Dios, nos ofreció remanso y reposo. Todo Chile, pero muy especialmente sus intelectuales: periodistas, poetas, escritores y artistas de todas las artes, que nos acogieron, a los republicanos españoles, con el corazón y los brazos abiertos de par en par, ofreciéndonos bienes y dones de valor imponderable; su fraternal hospitalidad, su libertad y su paz espiritual, de las que mucho habíamos menester. Y otro bien más, el de dialogar con nosotros de igual a igual y el de admitirnos, como hermanos, en la participación de su cotidiano trabajo.

El encuentro con Nicomedes Guzmán fue en un famoso bar de la calle Estado, ya desaparecido, donde se comía, se bebía y se discutía sobre lo humano y lo divino, cada cual a su gusto. Entre los intelectuales chilenos que nos hacían el honor de escucharnos, había maestros consagrados –D´Halmar y Edwards Bello, entre otros- y jóvenes que estaban iniciando su carrera literaria. Entre estos últimos, estaba un escritor de aire amuchachado, o, como quien dice, el Benjamín de la tertulia. Sencillo y modesto, escuchaba atentamente lo que se decía. De cuando en cuando aparecía una frase o una palabra que le sonaba bien; preguntaba sobre ellas y luego las anotaba cuidadosamente. Después de la charla en comunidad, Nicomedes Guzmán -que así se llamaba el muchacho- quiso hablar con nosotros en amable diálogo de tú para tú. Los nombres de García Lorca, de Antonio Machado, de Don Miguel de Unamuno, de Valle Inclán y de Juan Ramón Jiménez, fueron el hilo de oro para el nacimiento de una fraternal amistad, tan sólida y tan cordial, que se mantuvo y se mantiene a través de quince años, con intervalos de tres o de cuatro, sin vernos ni hablarnos, y cada reencuentro es siempre para nosotros, una verdadera fiesta; mismamente como si nos viésemos ayer en la tarde.

Días pasados nos dimos de manos a boca con el amigo escritor en una calle santiaguina. Él nos había obsequiado antes con amable dedicatoria, todas sus obras, menos dos que nos dio ahora: “Antología de Cuentos de Baldomero Lillo” y “Una Moneda al Río”, colección de ocho narraciones en forma de cuento o de novela corta, editada recientemente con los máximos honores por “Monticello College”, de los Estados Unidos de Norteamérica; y que a nuestro juicio, resume la vocación y la maestría de uno de los más distinguidos escritores de cuentos, estampas y leyendas populares de toda nuestra América. Sin contar sus obras maestras: “La Sangre y la Esperanza”, galardonada con un Primer Premio Municipal y “La Luz Viene del Mar”, novelas de plenitud literaria, en técnica, en estilo y en emoción. “La Ceniza y el Sueño”, (poema), “Los Hombres Obscuros”, “La Carne Iluminada” y “Por esta luz que me alumbra”, completan la obra de Nicomedes Guzmán, como escritor popular de primerísima jerarquía en la historia de la literatura chilena y aún de la hispanoamericana. Dentro de poco, según nos dijo, saldrán a luz nuevos títulos.

Leyendo y releyendo cronológicamente los libros de Nicomedes Guzmán, se aprecia, a simple vista, el ahincado afán del escritor, por perfeccionar su técnica, su estilo y su lenguaje. Y, además, por humanizar, con ternura y con emoción creciente, sus temas predilectos, de la más limpia estirpe popular. Si la frase no estuviese gastada y desgastada, por demagogos irresponsables e indoctos, diríamos que es un “escritor proletario”. Pero recordamos, con cierta repugnancia, a muchos escritores que, sin haber conocido al proletariado más que a través de mitines, libros y asambleas, concentraciones y demás virguerías tontas de remate, se califican como tales, no queremos colgarle tal Sambenito a Nicomedes Guzmán.

Preferimos llamarle escritor popular, categoría que, según explicaba a sus discípulos Juan de Mairena, de la inexistente Universidad de Chipiona, creada por Antonio Machado, es la más alta jerarquía a que puede aspirar un hombre de letras. Escritor que es, en carne, hueso, sangre y palabra, el pueblo mismo, sufriendo, protestando, soñando y esperando.

La maravilla de consubstanciación entre el escritor y su tema, la explica el propio Nicomedes hablando de su infancia y de su adolescencia física y literaria:

“Trabajé desde pequeño. Y me alegro de ello. La vida en el trabajo precoz comúnmente para hombres mayores, me fué una escuela dura, pero maravillosa. Los urgentes menesteres hogareños obligáronme a enfrentarme a la visión de un mundo en mucho espantable, desconcertarte y sin embargo, ejemplarizador. Fuí acarreador de cajas en una fábrica de artículos de cartón, ayudante de chófer, mandadero, ayudante de tipógrafo y encuadernador y otros menesteres, hasta que pasé a ocupar el más humilde puesto en una modesta oficina de corretaje de propiedades. Aquí comienza tal vez mi formación intelectual. Y en este lugar conquisté algunos de mis más caros afectos ajenos al hogar. Entre estos afectos se destacaban dos máquinas de escribir, dos aparatos, el uno viejo como una locomotora derrengada, y el otro más joven, brioso, si así puede decirse; pero, ambos materia siempre dispuesta a mi curiosidad y a mis afanes de echar a perder carillas.

-Antes, y sin que yo discerniera acerca de ello, había escrito algunas viñetas literarias que enviaba, muy esperanzado, a una revista infantil. Deben de haber sido terriblemente malas, puesto que no eran publicadas. Mi buena y heroica madre, observándome, me aconsejaba tierna y piadosamente: “Déjate de cosas, mi hijo. Si no te toman en cuenta. Eso de escribir es cosa para gente adinerada”.

-Por esta época ya no enceraba el piso de la oficina ni salía a pegar carteles de alquiler a las calles. El negocio había prosperado. Y era el flamante secretario de la brillante empresa comercial. Asuntos bursátiles, loteos de sitios, compraventa de propiedades, parcelaciones rurales, cobranzas de arriendos, correspondencias varias, y depósitos en el banco, no eran obstáculos para que mis aficiones literarias y deportivas, se sintieran en plena libertad...

Así nació el escritor y así se formó el hombre, con quien acabamos de tener un nuevo diálogo y un nuevo encuentro, mientras pocas horas después, lo seguíamos leyendo en un vespertino de la capital en una de sus nuevas y cada vez más bellas estampas de color, sabor y emoción populares.


(Artigo publicado no diario "El Sur" da cidade chilena de Concepción tal día como hoxe pero de ...1954)
Para saber máis de Nicomedes Guzmán
Nicomedes Guzmán en wikipedia
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 02-04-2014 00:18
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