A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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LA FELICIDAD
La felicidad es algo subjetivo, quién podría dudarlo, aunque a través de la Historia, gobernantes de orientaciones disímiles y orígenes diversos han proclamado dudosas dichas colectivas. Hace poco, recordamos a José Stalin, en 1930, cuando afirmó que “los rusos nunca habían sido tan felices como ahora”. Hitler aseguraba que, una vez obtenida la supremacía aria, los alemanes iban a gozar de una felicidad de mil años, ininterrumpida y sin sobresaltos.

En los albores de los 80’, en nuestro país, los Chicago Boys y sus acólitos chilenos no entendían por qué los chilenos –la masa desheredada y mayoritaria, se entiende- no mostraba signos de plena felicidad… Quizá eramos necios; estábamos viviendo en el paraíso terrenal y no lo apreciábamos. ¿Quién sería capaz de desentrañar las veleidades del humano corazón?

Buda enseñó que el desprendimiento absoluto conducía al Nirvana… Con perdón de los budistas, su rozagante estampa da más la impresión de un conspicuo sibarita que la de un asceta, pero la mía puede ser considerada una opinión irreverente o sesgada, no lo discuto. Cristo nos dice, en sus maravillosos Evangelios, que no debemos buscar la efímera dicha en el reino de este mundo. ¿Quién se inquieta hoy por el más allá?

Al parecer, los humanos estamos extraviados en la busca de una felicidad material y pedestre, sin vislumbres de elevación espiritual ni trascendencia. Es una suerte de dicha homóloga al entretenimiento, a estar contentos, enajenados con sucesivas y pequeñas diversiones que nos hagan olvidar las dos condiciones y servidumbres esenciales de la existencia: la decrepitud y la muerte. Para la primera, hay toda clase de pócimas y recetas de segura aceptación y consiguiente consumo; para la segunda, sólo el disfraz, la omisión, el ocultamiento.

Tampoco yo iba a caer en cuestiones metafísicas que están fuera del interés de la mayoría democrática y de la llamada opinión pública. Lo cierto es que intentaba comentar las múltiples reacciones de felicidad y de triunfo de los diversos candidatos, en la contienda electoral de este domingo 17 de noviembre de 2013.

La Derecha chilena celebra con júbilo una de sus más bajas votaciones históricas: apenas un veinticinco por ciento de los sufragios… Sus prohombres y adherentes están felices y así lo manifiestan a viva voz… Uno de los candidatos anodinos, que pugna por obtener el tercer puesto en la primera vuelta, como un corcel hípico que buscara el consolador placé, manifiesta su júbilo y dice que “arrasamos en tal o cual circunscripción”.

La antigua Concertación de “socialistas liberales”, llamada Nueva Mayoría se manifiesta “amplia ganadora”. Y lo es en las cifras y en los porcentajes, siendo muy poco probable que no gane en la segunda vuelta… Todo parece indicar que su triunfo resultará aplastante. Lo que está en entredicho es su capacidad real para ejercer un gobierno que satisfaga el cúmulo de grandes expectativas ciudadanas, desatadas como nunca en estos cuatro años del gobierno de los empresarios, cuyo discurso de felices resultados “macro” no se tradujo en un sentimiento de bienestar colectivo “micro”, como dicen los sesudos economistas. La experiencia de veinte años confirma nuestra mirada escéptica y poco feliz de aquel consorcio que subió al poder bajo el curioso eslogan “La alegría ya viene”… Quién sabe si el optimismo falaz de la Derecha no provendrá, en el fondo, de la certeza de seguir dominando a través de sus poderes fácticos y, sobre todo, debido al control de la economía, ayudada por el sistema planetario imperante... El Gatopardo, una de sus deidades preferidas, así lo consagra: “Que algo cambie para que todo siga igual”.

Mientras escribo estas líneas, el cuarto candidato celebra su “notable victoria”, con amplia sonrisa feliz… No seguiré escuchando al resto de los candidatos, aunque quizá el noveno y último de ellos recomiende girar la lista en ciento ochenta grados, para verse así en primer lugar. Y los que practican creencias de felicidad interior oriental y ritos gimnásticos de levitación, que se pongan de cabeza para obtener la misma perspectiva halagüeña.

Por ahora, me inclino por mi propia y subjetiva felicidad… Me sumerjo en las páginas delirantes de “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, de T. E. Lawrence… Sí, el galés de Arabia, el que llevó a los desarrapados guerreros del desierto a derrotar al imperio turco. Su empresa fue calificada de “utopía demente”, pero se vio coronada por el triunfo real, aunque éste no trajera la felicidad al excéntrico paladín inglés.

Bernard Shaw calificó este libro de Lawrence como una de las mejores creaciones literarias del siglo XX. Un respaldo hermenéutico más que honorable. Yo lo comparto con el gran irlandés y me siento feliz, desde mi modestia sudamericana, aunque mi felicidad no vaya a ser tan perdurable como quisiera.



Edmundo Moure
17 de noviembre, 2013
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 18-11-2013 16:00
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