A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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SUPLEMENTEROS O CANILLISTAS por Edmundo Moure

Recibimos esta colaboración de Edmundo Moure e curiosamente RSP escribiu un artigo no que falaba sobre os Canillitas ou suplementeros en novembro de 1943 -que xa publicamos hai tempo- pero que agora se pode consultar de novo ao pé.


SUPLEMENTEROS o CANILLITAS, VÍCTIMAS DEL SISTEMA

Se considera que esta denominación surge debido a la repercusión del sainete "Canillita" de Florencio Sánchez, dramaturgo y periodista uruguayo. La obra recrea la situación de un niño quinceañero que trabaja vendiendo periódicos en la calle para mantener a sus padres, y que es tal su pobreza que exhibe unos pantalones viejos que le han quedado cortos, al crecer el personaje en su adolescencia, mostrando así las "canillas".

A partir de 1879 –hace ciento treinta y cuatro años- se inicia en Chile el oficio del suplementero, que designa a quien distribuye y vende entre la población diarios y revistas. Esta función está asociada, desde sus comienzos, a democratizar el país, difundiendo las ideas a través del periódico que suele –o solía- acompañar el desayuno, para abrir desde sus páginas, aún olorosas a tinta, el abanico impredecible del día.

En los albores de la Guerra del Pacífico, nació el oficio de Suplementero, cuando un grupo de jóvenes canillitas vocean la noticia de los últimos acontecimientos del conflicto, y la llevan rápidamente a la población del Norte de Chile, mediante una hoja de Suplemento. Durante nuestra larga existencia laboral hemos sobrevivido a los distintos períodos de nuestra vida republicana.

Somos un gremio longevo y hoy día nos encontramos en vías de extinción como Trabajadores Suplementeros. Desde el año 1980, cuando entraron en vigencia los Decretos Leyes N° 211 y N° 3500, cambió radicalmente nuestra condición laboral y comercial, quedando sujetos a las reglas del Libre Mercado. La ley 17.393, que regía nuestro Sistema Previsional y Comercial quedó obsoleta…

En Argentina y en Uruguay, se conoce al suplementero, que va de casa en casa enarbolando el amable objeto hecho de frescas palabras, como “canillita”. Su labor, allá y aquí, es parte entrañable de la cultura urbana. Los nuevos medios tecnológicos no lo han desplazado por completo, porque para muchos ciudadanos nada se compara al disfrute de estas hojas volanderas que traen la noticia y el comentario cotidiano que aguardamos.

No es simple coincidencia que, junto al oficio de linotipista, en las antiguas imprentas, los trabajadores con conciencia de clase se agruparan también en el gremio de suplementeros. Eran ambos, quizá, la praxis metafórica de la vieja frase: “la cultura os hará libres”. A partir de las palabras hechas lenguaje de conocimiento, los desposeídos adquirirían la certeza de obtener los medios para su propia liberación. El poder establecido les miraba con odio y recelo. Comunistas, socialistas y anarquistas ideológicos, eran mayoritarios en aquellas labores donde no sólo escapaban al control de patrones esclavizantes, sino que podían organizarse para enfrentar la expoliación y la desigualdad de un sistema inicuo. Muchos aprendieron a leer y escribir bajo el amparo de aquellas agrupaciones, transformándose en líderes políticos dispuestos a la lucha revolucionaria.

Pero hoy ha surgido un virtual y potentísimo enemigo, hidra devoradora y silenciosa que se apodera de la hegemonía de casi todos los servicios de venta y entrega en la economía social de mercado, imponiendo sus leyes tácitas, no escritas, pero sí incontrarrestables. Son las grandes tiendas o mercados totalizadores, que comercializan hoy la amplia gama de objetos de consumo, en todas las áreas, desde los comestibles hasta los medicamentos, pasando por la ropa, los electrodomésticos, artículos de librería y aseo, vinos y licores, suntuarios y baratijas de variada especie. Entre ellos, los diarios y revistas, con la segregación propia de sus mandantes ideológicos: los grandes capitalistas, vástagos aprovechados de las veinte familias que son dueñas de este país o patria poco soberana, pues en los supermercados encontrarás los periódicos de los amos: El Mercurio, La Tercera, Las Últimas Noticias y La Segunda, más todos sus hijastros regionales que acatan y sirven a los mismos patrones. En ninguno de estos grandes almacenes de clientes “cautivos” hallarás El Siglo, El Ciudadano, El Irreverente, Punto Final o The Clinic. La democracia controlada que heredamos de la dictadura posee su filtro “natural” para los detentadores del poder. La supuesta libertad de prensa se transforma así en un mito más de la plutocracia dominante, que maneja y controla de igual manera hegemónica los medios audiovisuales y busca subterfugios para apoderarse de las redes cibernéticas de información.

Mi amigo Julio Donoso, que tiene su kiosco frente a mi departamento, izó la semana pasada una bandera negra junto a nuestro pabellón patrio. Le pregunté qué significaba ese símbolo funerario junto a los colores que alentamos cada vez que nuestros peloteros logran vencer a rivales externos. Me respondió que se trata de una movilización reivindicativa; dicho en sus propias palabras:

-“Nosotros estamos solicitando que se regule el mercado de la prensa escrita. Los suplementeros queremos ser el factor principal de venta y distribución en este país, tal y como lo éramos antes de la promulgación del Decreto 211, con el cual en Chile se instauró el ‘libre mercado’. Ese decreto –que bien pudiéramos catalogar como ‘ley maldita’ desreguló todo lo que estaba regulado en la economía. Con esa mal entendida liberalización pasamos de mandantes de nuestro oficio a último eslabón en la distribución de la prensa escrita, con un competidor abusivo e incontrarrestable”.

-“Estamos luchando como un grupo organizado. Nos hemos entrevistado con la mayor parte de los políticos de este país, con personeros eclesiásticos, con las escuelas de periodismo… Pensar que antiguamente, a quienes repartíamos los periódicos, nos llamaban ‘periodistas’… Algunos políticos, los de la derecha, han reculado, después que ofrecieran apoyarnos. Y es claro, no van a ir en contra de sus intereses de clase ni menos se atreverán a enfrentar a los grupos económicos que los alimentan… Mire usted, El Mercurio y La Tercera controlan todo. No sólo distribuyen, sino que manejan las pautas noticiosas, manipulan con un dedo a sus periodistas y reporteros a sueldo. Son dueños del 95% de la prensa metropolitana y regional…”

El diagnóstico es claro. Así se lo digo a Julio, quien me cuenta que el 24 de mayo, un grupo de dirigentes de su gremio, concurrieron a La Moneda para entregar al Presidente de la República una carta en la que le dan a conocer su desmedrada situación económica y laboral, manifestándole la urgente necesidad de regular y proteger el noble oficio, a lo largo y ancho del país. ¿Qué habrá pensado al respecto nuestro acaudalado Presidente?

Hablamos de la imprescindible unidad de los trabajadores, estudiantes y pequeños empresarios de este Chile campeón de la inequidad, para articular un frente común que sea capaz de contrarrestar los abusos del poder absoluto que ejerce un sistema económico brutal, disfrazado de falsa democracia, al que venimos sirviendo desde los tiempos de la tiranía militar, cuya base de sustentación y premisas ideológicas no han cambiado en cuarenta años, aun cuando resulte penoso reconocer que, en dos décadas de tímidos y tambaleantes gobiernos de la llamada “centro-izquierda”, no logramos modificar un ápice las aberrantes relaciones de producción establecidas por los “bastard boys” de Chicago; por el contrario, Lagos y Compañía se dieron maña para elaborar un doble discurso y una política única que favoreció a los grandes consorcios económicos, nacionales e internacionales.

Seguimos pagando las consecuencias, amigo Julio. Lo de entregar cartas a La Moneda me parece, cuando menos, una parodia teatral extemporánea, pues los políticos de hoy son en su mayoría ágrafos y renuentes a cualquier lectura que no venga expresada en la jerga que conocen y dominan: la del negocio a ultranza y la prevaricación permanente. No es que haya o no políticos deshonestos, Julio, es que el sistema tiene a la deshonestidad como basamento ideológico.



Edmundo Moure
Junio 9, 2013
Canillitas
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 22-06-2013 08:38
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