A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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A REPÚBLICA ITALIANA en 1947
RSP analiza a situación da fráxil república italiana e trata de ver as causas delo...

(Foto publicada na revista italiana 30GIORNO en 2006)

19 de junio de 1947

ITALIA EN CRISIS


Por Ramón Suárez Picallo

Porque conocemos a Italia de punta a cabo y hemos convivido meses inolvidables con su pueblo, de Milán a Venecia, de Bolonia a Florencia y de Roma a Nápoles; porque hemos leído su historia espléndida y hemos actuado, codo a codo, con muchos de sus mejores hijos en el trabajo pacífico y en la lucha ardida y dura por la Libertad y por la Democracia en jornadas históricas, seguimos hoy, paso a paso y con el interés con que se siguen las cosas propias, los incidentes, los avatares y las angustias de su vivir colectivo actual.

Italia está en crisis. En una de las más intrincadas y dramáticas crisis políticas y sociales de toda la Europa de nuestros días, incubada a nuestro juicio, a todo lo largo del último siglo de su historia, iniciado con la monarquía de la Casa de Saboya y rematado con el régimen fascista que la llevó a una ingente catástrofe. Italia no había sido nunca, antes de su Unidad consagrada en 1870, ni una Nación ni un Estado, ni espiritual ni orgánicamente. Había sido un maremágnum de reinos, repúblicas y señoríos, cada uno de los cuales vivía su propia vida en concordancia con una peculiar manera de ser y de pensar, unido tan sólo por el vínculo idiomático y por un común emocionado amor al Arte. La Unidad política –la última realizada en Europa– no contempló estos antecedentes y resultó por ello, un artificio intelectual y jurídico. La casa reinante y los políticos que la sirvieron, trataron de compensar esta falta de nexo espiritual entre los pueblos itálicos, con un renacimiento cultural y un sistema político de apariencia democrática, que muy pocas veces tuvo realidad viva en su conjunto, fuera de los libros convenientemente amañados para que sirviesen el pensamiento de las clases dirigentes. Pero entre un napolitano o un siciliano, añorante de sus viejas historias monárquicas, y un genovés o un valenciano, orgullosos de la grandeza de sus viejas repúblicas, seguía habiendo muy largas distancias. Y un romano, súbdito milenario del Poder temporal de los Papas, no se entendía con un florentino que evocaba a su vez todos los días la grandeza artística e intelectual de Lorenzo, el Magnífico. Mussolini y su régimen fascista, fueron la última etapa de esta especie de imposibilidad política, agravada por un sistema de gobierno dictatorial y tiránico, contrario al más vivo espíritu de la colectividad sobre la cual actuaba; y reagravaba, después, al uncir el carro de la barbarie germánica –nacida y criada, según Tácito, al conjuro de la rapiña militarista– al pueblo más fino, más sutil y más artista de todo el conjunto de la Civilización Grecolatina, en una guerra abominable por su materialismo.


LA REPÚBLICA EN PELIGRO

Demasiado tarde y como única salida al pavoroso caos que dejó la guerra, catastróficamente perdida, surgió en Italia la República. Recuérdese que fue el propio Mussolini quien proclamó primero, cuando el Rey y sus adláteres le dieron la zancadilla, que inició su catástrofe final, rematada en Milán con un asesinato y colgamiento de cabeza para abajo. La República que vino después, no traía mejor signo. Los monárquicos de vieja alcurnia, los restos vergonzantes del fascismo que no se atreven a dar su nombre verdadero, y los tibios que sirvieron a la vez a Dios y al Diablo, se cobijaron bajo su alero mientras pasaba la tormenta. Y el nuevo régimen, ni en el orden nacional ni en el internacional, logró diferenciarse, fundamentalmente, del anterior. Levantó la liebre fascista sin atreverse a matarla; la liebre sigue corriendo y, a lo mejor, es ella la que mata al confiado cazador que le dio largas para que corra. El hecho real es que la República Italiana está en peligro. Su crisis política actual no es imputable a éste o a aquel partido político. Tiene todas las apariencias de ser la crisis de un régimen que nadie está dispuesto a defender allí, frente a los poderosos enemigos, descubiertos y ocultos, internos y externos, empeñados en desprestigiarlo primero, para derribarlo después.

No es éste, en verdad, el caso de Italia, porque no puede serlo. Porque mientras en París, en Lyon, en Marsella y en Burdeos inmensas multitudes aclamaban, en 1934, a la República y a la Democracia francesas; y en esas mismas fechas, en Asturias, en Galicia y en Euzkadi, en Cataluña y en Andalucía, se luchaba contra viento y marea por la República Española, en la explanada de la plaza de Venecia, de Roma, multitudes mucho mayores, se desgañitaban gritando: ¡Duce! ¡Duce! ¡Duce! ¡Imperio! ¡Imperio! ¡Imperio! Pues bien, sobre esa multitud vociferante de la plaza de Venecia, quiso echar sus bases la indecisa, vacilante y acobardada República Italiana de los De Nicola y de los De Gasperi. Y, según reza el adagio, sólo puede haber cabritos donde antes hubo cabras; o sea, que no puede haber República democrática donde antes no hubo demócratas y republicanos decididos a implantarla primero y a defenderla después. Y lo decimos, salvando naturalmente, a una magnífica “elite” de italianos, republicanos y valerosos en todos los órdenes que, desgraciadamente, influyen muy poco en la vida de la república; el nuevo régimen fue para ellos una especie de sacramento de la Extrema unción, cuando ya estaban en la agonía. ¿Que pueden vivir aún? ¡Ojalá! Nosotros lo deseamos fervorosamente.


(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile tal día como hoxe pero de...1947)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda Guerra Mundial (Italia) - Publicado o 20-06-2013 00:06
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