A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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NACIONALISMO GALEGO EN BOS AIRES (2º MANIFESTO 1930)
En 1930, galegos residentes en Buenos Aires (entre eles RSP) lembrando ao degolado Mariscal Pedro Pardo de Cela, tal día como hoxe -en Mondoñedo- un 17 de decembro de 1483- suscriben este manifesto dirixido aos galegos da terra nai, difundido no xornal bonaerense Galicia en abril de 1931 e que publicou Hernán M. Díaz no seu libro Ramón Suárez Picallo. Años de formación política (1916-1931) editorial Alborada.Buenos Aires.2008
Ao pé pódese ver o Primeiro Manifesto do nacionalismo galego en Bos Aires, subscrito en setembro de 1930 por parte de varios firmantes do Segundo Manifesto e editado xa neste blogue.


SEGUNDO MANIFIESTO DE LOS
NACIONALISTAS GALLEGOS(1)


Los que suscriben, reunidos en Buenos Aires el día 17 de diciembre de 1930, para recordar la tragedia de Mondoñedo, de tal día como hoy de 1483, en la que el Mariscal Pardo de Cela, héroe legendario de nuestra Patria Gallega, ofrendara su vida en holocausto a la libertad; con los ojos, el corazón y el espíritu puestos en Galicia, acordamos dirigir este mensaje fraternal a los hombres e instituciones que en nuestra tierra y en los campos de la política, la cultura, el arte y el trabajo, bregan denodadamente por resucitarla del letargo cuatrisecular iniciado en la triste fecha que hoy conmemoramos. Y queremos que él sea mensaje de fe y de esperanza en un próximo porvenir, de libertad y de justicia, a la par que llamamiento fervoroso para que todos los esfuerzos coincidan en el propósito de hacer efectiva esa fe y esa esperanza.
Avaladas por la sinceridad, por el desinterés y por la fe de quienes se hallan alejados, por la distancia de leguas y años, de las pequeñas pasiones y los pequeños intereses de la lucha diaria en Galicia, y por encima de toda limitación de grupo, nuestras palabras –lo esperamos– han de ser escuchadas en nuestra tierra con la atención de cuanto lleva eco de lejanía y hálito de emoción patriótica. Si de ellas surgiera alguna idea aplicable para el mayor bien de Galicia, si a su conjuro algunas manos gallegas se estrechasen en pacto sagrado, nos sentiríamos satisfechos y felices, afirmando que la memoria de Pardo de Cela fue bien honrada este año.

Una mirada panorámica al pasado y al presente gallego

Desde este inmenso mirador, con sus ventanales abiertos al panorama de todas las inquietudes universales, nuestros ojos van a Galicia, queriendo llevar a su seno vibraciones de esas inquietudes, aplicadas a su realidad económica, social, política y espiritual. La hora es propicia. Hora de profundas renovaciones. Hora en que los pueblos, después de una conmoción sin par en la historia, tratan de encontrarse a sí mismos, dando formas nuevas al viejo espíritu autóctono menospreciado en los últimos siglos por los directores ciegos de materialismo y de ambiciones imperialistas.
Galicia, afortunadamente, vive esta hora después de haber sido víctima de todos los escarnios y de todas las vejaciones, agravadas por la inconciencia de muchos de sus hijos que, entregados a lo extraño, habíanse dado la espalda. Cuando la voz heroica de Antolín Faraldo inició el ciclo precursor que fecundó la sangre de Carral y que glorificaron Brañas, Pondal, Curros y Rosalía, Galicia era un cuerpo triturado por todos los dolores físicos, sin el bálsamo de una fuerza espiritual que le diera fe en su porvenir y en su resurrección.
De entonces acá, una pléyade de hombres generosos, poetas, escritores, artistas, profesores, etc., que merecerán siempre bien de la Patria, han iniciado la gran tarea redentora. Nuestro pueblo escuchó las primeras palabras de la gran prédica, como ecos lejanos que, intuitivamente, le eran familiares, para reconocer más tarde en ellas el verbo suyo, la voz de la Raza que, con mandato imperativo, le ordenaba: ser.
Hoy las voces casi solitarias de ayer son clamoreo multitudinario, himno de esperanza, afirmación de fe, cuyas resonancias llegan hasta nosotros llenándonos de júbilo, porque Galicia ha encontrado su camino de Damasco. De las montañas erguidas de Fonsagrada a los valles paradisíacos de Pontevedra, desde el Ortegal señero al Miño fecundo, el verbo vernáculo, arrumbado durante siglos, repite en labios temblorosos profecías bárdicas, sobre un pueblo en marcha hacia la conquista de sus destinos como tal.

La meta

¿Tiene nuestro pueblo en marcha una meta fijada? La tiene insinuada, por lo menos, en lo que se refiere a sus aspiraciones inmediatas. Se intenta por el momento la solución de un conjunto de problemas vitales de orden espiritual, político, social y económico, olvidados hasta hoy por quienes en mala hora han regido desde Madrid nuestros destinos. Galleguización de la Universidad, el instituto y la escuela, para que las futuras generaciones vivan identificadas con el espíritu secular de su tierra y de su raza. Cooficialidad del idioma gallego, expresión de nuestro ser diferente, vehículo supremo de nuestra espiritualidad y de nuestros sentimientos. Autonomía, política, cultural y administrativa que nos permita vivir de acuerdo con nuestras características, administrar nuestros bienes comunes y regular racionalmente nuestra economía, desquiciada y desorientada en beneficio de intereses extraños. Renovación de nuestro agro y elevación de sus trabajadores de los medios técnicos y prácticos para obtener en nuestra tierra el máximo de beneficios con el mínimo de esfuerzos, ofreciendo a nuestras gentes un nivel más humano de vida que evite la horrible sangría de la emigración, vía crucis, cada día más dolorosa, de nuestros hombres más emprendedores y más fuertes. Guerra sin cuartel, hasta su total exterminio, al caciquismo opresor e indigno, que, en lo político, nos rebajó al nivel despreciable de factoría y que tuvo el gobierno de la cosa pública en manos de aventureros y de deshonestos que trataron a Galicia como a país conquistado.
Tales los propósitos inmediatos en pos de los cuales Galicia toda, la del agro y la ciudad, la de la montaña y la de la costa.(2) Cada uno de ellos implica una necesidad vital, hondamente sentida en todos los espíritus gallegos.

Una política gallega

Condensan esos problemas y esos propósitos, como se ve, un plan de acción político de urgente realización; un plan que puede, en su rededor, sumar todas las fuerzas vivas de nuestro país y que debe ser la base de un gran partido político de esencia gallega, elemento indispensable para toda actuación fecunda; un partido de Galicia y para Galicia, capaz de aunar los esfuerzos de nuestros hombres de más viva emoción cívica, muchos de ellos agrupados hoy en torno a viejas agrupaciones de origen centralista, extrañas en absoluto a Galicia y a sus problemas.
Dos fuerzas poderosas y liberales ambas deben ser la base de este gran partido político, del que Galicia tiene mucho que esperar. Los republicanos y los nacionalistas, bifurcados actualmente entre sí, en diversas corrientes, bifurcación que puede esterilizar los más generosos esfuerzos, son las dos fuerzas a que nos referimos. El pacto de Barrantes significa un gran paso dado en este sentido, pero no es el paso definitivo. Así es como, después de la firma de aquel documento, suscripto por nacionalistas bien probados, por republicanos de vieja tradición y por hombres que, hasta el presente, no habían actuado en política y que representan los más altos valores de nuestras artes, nuestras letras y nuestras ciencias, otros republicanos y nacionalistas, altamente colocados en nuestro movimiento renacentista, siguen al margen del movimiento surgido de aquella reunión que reputamos trascendental en nuestra historia política.

Lo indispensable

Débese ello, a nuestro entender, a la circunstancia de no haberse allí abordado, resueltamente, un punto que, actualmente, es previo a todo para lograr una comunidad de acción y de pensamiento capaz de asegurar una actuación política fecunda. Este punto es la forma de gobierno. Bien sabemos nosotros que los problemas de Galicia, especialmente la reconstrucción de su personalidad como pueblo peninsular, es anterior y posterior a la monarquía y república. Bien sabemos también que aun proclamada la república, del tipo común de todas las repúblicas, los galleguistas seguiríamos actuando y luchando para la solución de todos nuestros problemas; pero no tendríamos frente a nosotros el enorme obstáculo de una monarquía absolutamente externa a nuestra historia auténtica y a nuestro espíritu, cuya tradición más destacada es haber sido el rasero de las viejas nacionalidades ibéricas, sometiéndolas a un centralismo esterilizador de pura médula borbónica. Aquellos galleguistas –que los hay– que crean útil la forma monárquica de gobierno han de reconocer que su galleguismo nada puede esperar de una monarquía en decadencia, sin la menor posibilidad de reforma en el sentido de abrir un espíritu a la comprensión de los problemas de esta hora especial de los pueblos. Esta monarquía fomentó el caciquismo, cuya fuerza opresora principal estriba en el favor que le presta el poder; amparó en Galicia la obra de todos los desgalleguizantes, buscó extraños a nuestra manera de ser, desde la iglesia regida por forasteros –salvo el caso excepcional de Monseñor Lago–, hasta la justicia y la escuela. Resulta, pues, incompatible toda aspiración galleguista, medular y entrañable, con la actual monarquía. Por lo demás, Galicia no tiene ningún problema dinástico, afortunadamente, y eso allana el camino enormemente. De ello se deduce que no puede coexistir, lógicamente, nacionalismo gallego y monárquico borbónico.
Señala[da] así la falsa posición de los galleguistas no republicanos, corresponde ahora señalar la igualmente falsa de los republicanos no galleguistas. El viejo republicanismo español, nutrido ideológicamente en cuatro conceptos abstractos de la revolución francesa, es absolutamente extraño a nuestra mentalidad. Para lo que fundamentalmente interesa a Galicia –autonomía, idioma, problemas del agro, cuestiones universitarias y arancelarias, etc. –, los conceptos enciclopedistas de un republicano español, aunque haya nacido en Galicia, suenan igualmente a hueco que las declamaciones de los más recalcitrantes monárquicos. Es por ello que todo movimiento republicano que no esté dotado de una fuerte dosis de galleguidad y que no mire a Galicia antes que todo, resultará absolutamente estéril y artificioso. Como lo fueron hasta hoy los movimientos republicanos y socialistas “traídos de Madrid”.
Para nosotros, igual que para todo espíritu que viva en hoy, todos los otros matices y submatices de la política española no resisten ningún interés.

La solución: un partido gallego

La solución en que estriba todo el porvenir político de Galicia sólo puede hallarse en la creación de un partido político gallego, republicano y galleguista. En lo espiritual y cultural nadie puede negar que se va de la periferia al centro. En lo político, en cambio, aun se actúa del centro a la periferia. Dentro de poco tiempo –ahora ya– resultará ridículo que un republicano de Cataluña industrial, de Andalucía latifundista y del minifundio gallego hablen en el parlamento un mismo lenguaje principista e ideológico, de igual origen exótico. Se va, indiscutiblemente, a que cada tendencia política posea su respectivo acento regional o nacional. Cataluña y Vasconia dieron ya su paso en este sentido. Galicia, no. Y Galicia debe darlo cuanto antes, creando su propio partido, terminando de una vez con esas hijuelas sin savia de los partidos tradicionales españoles, así de la derecha como de la izquierda.
Un partido absolutamente nuevo en su estructura y en su espíritu. Un partido del que nunca deba decirse “el partido de don fulano” sino “don fulano del partido”. Un partido democrático, con una carta orgánica reguladora de derechos y deberes iguales para todos, cuya soberanía resida en el voto libre de sus adherentes, tanto para la elección de sus autoridades como para la discusión de su programa mínimo y máximo y de sus puntos de vista políticos, sociales y económicos, y cuyos representantes en los organismos públicos, ayuntamientos, diputaciones y parlamento, deberán dar cuenta de su gestión anualmente. Un partido que no limite su actuación a los períodos electorales, sino que realice una permanente acción de cátedra cívica y de galleguidad en la tribuna y en el periódico y en cuyo lenguaje serán suprimidas las palabras “situación de don fulano”. En fin, una entidad orgánica y disciplinada capaz de recoger en su seno todos los latidos del alma gallega.
Este partido desde ya contaría con el apoyo moral y económico –le prometemos– de los gallegos de América, así como del causal espiritual que pudiéramos aportarle. Este apoyo es imposible hoy pues –de acuerdo con nuestra visión totalista de pan-galleguismo, alejada de los pequeños grupos y subgrupos– no queremos brindarla a unos en detrimento de otros que nos son igualmente estimados.

Hermanos de Galicia

En esta noche en que conmemoramos doloridos la pérdida de nuestra personalidad de país libre, a los 447 años del sacrificio de Pardo de Cela, invocamos su memoria sagrada ante vosotros concitando vuestras voluntades para que se unan en rededor de la Patria Gallega, ansiosa de vivir su propia vida, después de cerca de cinco siglos de cautiverio, atada a los extraños y a los espurios.
Por una Galicia nueva, rica y democrática, culta, espiritual y libre, todos los esfuerzos serán pocos. A ellos sumamos fervorosamente los nuestros brindados leal y emocionadamente, con el corazón y el espíritu temblando de fraternidad.

FRANCISCO REGUEIRA, RAMÓN SUÁREZ PICALLO, PEDRO CAMPOS COUCEIRO, FERNANDO LORENZO RICO, AVELINO DÍAZ, EMILIA PITA, XOSÉ BARRIL, ANTONIO ALONSO RÍOS, JOSÉ MUÑIZ, JOSÉ B. ABRAIRA, MANUEL SERANTES, ANTONIO IGLESIAS, JOSÉ E. ENRÍQUEZ, EMILIO RIAL, JUAN MOSQUERA, MANUEL LANDEIRA, A. PRIETO, MANUEL CAMPOS COUCEIRO,
ENRIQUE IGLESIAS, SEVERINO GARCÍA, E. BLANCO-AMOR, M. CAO TURNES, JOSÉ GÓMEZ, JOSÉ DOMÍNGUEZ (SIGUEN LAS FIRMAS)


Notas de Hernán Díaz
1. Reproducido en Galicia, 26 de abril de 1931.
2. Frase incompleta en el original.
Ver Primer manifesto do nacionalismo galego en Bos Aires
Comentarios (0) - Categoría: Textos históricos - Publicado o 17-12-2012 02:13
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