A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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AS OBRAS DE ARTE, BOTÍN DE GUERRA
É de todos coñecido o afán expoliador dos nazis durante a II Guerra Mundial.
RSP no ano 1943, escribe ao respecto e confirma neste artigo dita cobiza. Entre os cadros roubados polos nazis, destacan algúns de gran valor, como 'Xardín de inverno', de Manet.




9 de octubre de 1943


LAS OBRAS DE ARTE COMO BOTÍN DE GUERRA


Por Ramón Suárez Picallo

Efectivamente, en los últimos tiempos, como consecuencia de un superior grado de cultura de las naciones civilizadas, se establecieron normas jurídicas internacionales tendientes a preservar, de los avatares de la guerra, las grandes obras de Arte.

Napoleón fue el último gran saqueador del patrimonio artístico de los pueblos y naciones que cayeron bajo su dominio; el gran corso soñó con hacer de la ciudad de París la capital del mundo, y a ella llevó cuanto de artísticamente valioso pudo arramplar en sus correrías de conquistador. No lo movía ningún impulso codicioso individual, por los bienes del ingenio humano y sabía admirar las grandes obras maestras de los demás; no quiso nunca hacer propiedad individual los frutos de sus “confiscaciones” artísticas. El Louvre de París fue enriquecido, con ellas hasta la opulencia que ostentaba hasta su ocupación en 1941.

Más, aún así, fueron reprobados sus actos y, sobre la base de su experiencia, se han dictado las leyes internacionales que declaran intangible, inalienable e inamovible, el patrimonio artístico de cada nación y de cada raza. Tuvo que ser el totalitarismo –especialmente el nacismo alemán– el que quebrase esas normas e hiciese de las obras de Artes de los países conquistados, botín de guerra, al igual que los rebaños de ganado de los campos y el trigo de los graneros. ¿Para exponerlas a la admiración del mundo, en los museos del Tercer Reich? No. para algo más deleznable y vil. Para adornar los palacios, cerrados a cal y canto, de sus capitostes; con la esperanza de ganar la guerra y vender después los tesoros preciosos, a chamarileros de tres al cuarto, compradores de bienes robados; en el mejor de los casos, para enriquecer, con el robo, museos y pinacotecas que el exiguo, genio alemán no pudo surtir ni aún en sus mejores tiempos.


ANTECEDENTES

A este respecto se han hecho, últimamente, extraordinarias comprobaciones y muy enérgicas protestas. Empezaron ellas durante la guerra civil española. Porque, mientras las autoridades republicanas, en medio del fragor de la batalla, salvaban los tesoros de Toledo y las ingentes riquezas de El Prado, enviándolos, en depósito y salvaguardia a la Sociedad de las Naciones, para que al final de la guerra le fuesen devuelto al bando vencedor, aparecían en París, en Ámsterdam y en Londres, puestos a la venta, procedentes de la zona “nacionalista”, cuadros y reliquias, incunables preciosos, y miniaturas de maravilla, sacados de España por los alemanes.

Alguien asegura que muchos de los objetos de Arte, que estaban en Francia, en custodia de la Institución ginebrina no volvieron a España, porque Hitler –después de la caída de Francia– se los apropió y llevó a su residencia de Betchtesgaden y el Mariscal Goering adorna los salones de su Palacio con hermosos tapices de Goya, procedentes de las magníficas colecciones del Escorial y de Compostela.

Posteriormente, después de las invasiones de Checoeslovaquia, de Polonia, de Bélgica y de Holanda, se informó que entre las fuerzas de ocupación del Tercer Reich se habían formado escuadrones de “requisadores”, bajo la dirección directa y personal de Goering, encargadas de hacerse con los tesoros artísticos y objetos preciosos del culto y de llevárselos a Berlín. El gobierno soviético, hizo al respecto, una muy concreta y documentado denuncia, no hace mucho tiempo. Todos los templos y monumentos históricos rusos han sido saqueados por los nazis, pero aún hay más. Poco después de terminada la guerra civil española. Hitler mandó a España, como regalo, algunos objetos de culto católico, para reemplazar, según él, a los que habían destruido los “rojos”. Con toda discreción, intervino Roma para establecer el origen de los regalos de Hitler. El clero español quedó espantado, cuando se enteró de que tales objetos, habían sido robados por los nazis en los templos de la catolicísima Polonia, invadida y saqueada por ellos.

EL SAQUEO DE ITALIA

Ahora le toca el turno a Italia, particularmente a Roma, a la que ha de seguirle Florencia, sin duda alguna. Allí están haciendo los nazis su agosto, su gran cosecha en tesoros de Arte, representativos de la espiritualidad y del genio de una comunidad de pueblos, con los cuales nada tiene que ver la germanía que no pudo latinizar Julio César. No es que ellos admiren tales obras con delectación estética y las codicien para su recreamiento espiritual, lo cual vendrían a ser circunstancias atenuantes; no, no es eso. Su emoción es la del ratero de Iglesia o de Museo, que al robar un objeto está pensando sólo en cuánto le darán por él, en el empeño o en la casa de compra-venta. El trigo y el petróleo de Rusia, los productos industriales de Checoeslovaquia los alimentos lácteos de Holanda y de Dinamarca, es lo más que pudieron sacar de esos países. Italia tiene poco de eso, pero tiene, en cambio, cuadros y estatuas, libros famosos y joyas de maravilla, que llenarán sus trenes de “evacuación” a falta de quintales de queso y de arrobas de mantequilla. De cada sitio se lleva los que haya y lo que pueda llevarse. Los de Berlín ya clasificarán, después, las cosas del botín poniendo cada una en su sitio. Mientras tanto, ¿por qué un soldado nazi, aterido de frío, no ha de encender lumbre y calentarse con un “Codex” medieval, o con los originales manuscritos de la “Divina Comedia” o de la “Jerusalén Libertada”? ¿O extender un maravilloso tapiz frente a su camastro, para preservar los pies de un resfriado alpino?


ÉTICA Y ESTÉTICA NAZI

Claro que para un ser culto y civilizado –y, por lo tanto, débil y decadente”, según los cánones de la “fortaleza aria”– dedicar una obra de arte o una reliquia bibliográfica a semejante bajo uso, sería una herejía horrible. Pero, buenos le van ni le vienen esos escrúpulos éticos y estéticos, a las turbas nazis, que hicieron de un mal pintor de brocha gorda, un amo, un jefe y un Dios.

No se le pueden pedir peras a un olmo, ni castañas a un roble, ni sensibilidad a quienes no la tuvieron, no la tienen ni la tendrán nunca. De ahí que resulte natural –para la naturaleza nazi– el saqueo artístico de Nápoles, de Roma, de Florencia, de París y de Viena. Como es natural que un caballo loco y desbocado haga estragos en una cacharrería.

De tales estragos se pedirán en su día –además de la devolución de lo robado– adecuadas responsabilidades a los autores, cómplices y encubridores, que abrieron las puertas del mundo civilizado, a los nietos de Atila. Y lo que se salve de la actual rapiña, retornará a su lugar y a la posesión de sus dueños legítimos, porque será restaurada la justicia, la moral y el orden sobre la faz de la tierra.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal dia como hoxe pero de ... 1943)
As obras de arte víctimas do saqueo
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Libros, prensa, cultura, arte. - Publicado o 09-10-2012 11:09
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