A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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OS LIBROS E A LECTURA NAS ÉPOCAS DE GUERRA-ou crise-(1943)
Hoxe non é novidade falar de intercambio de libros ou BookCrossing; pois desto nos fala xa RSP neste artigo escrito en 1943 e tamén que, nos períodos de guerra, dase un incremento na lectura e aumenta a demanda e venda de libros...


5 de octubre de 1943

LOS LIBROS Y LA GUERRA


Por Ramón Suárez Picallo

Tenemos a la vista una noticia de Francia, en la que se expresa la queja de los editores franceses, por la escasez de papel con que tropiezan para editar nuevos libros. Cualquier libro nuevo que ahora se publique, está ya vendido o suscripto de antemano y las viejas ediciones baratas de Montaigne, Verlaine, Balzac y Diderot, alcanzan fácilmente el precio de 800 a 1.000 francos cada volumen. Hay, incluso, una “bolsa negra” para su venta. Los autores noveles, aún los más desconocidos, que pueden publicar algo, venden sus producciones veinte veces más rápidamente que antes de la guerra. Se ha establecido en París, a través de sus famosos libreros de viejo, una nueva modalidad comercial con el libro: la permuta de libros entre los lectores, con una especie de pago –en libros también– de la diferencia entre el volumen que se entrega y el que se desea adquirir. La guerra ha despertado, pues la afición a la lectura, de tal modo, que hoy, en Francia, el negocio más floreciente, sería el editorial en el caso de que pudiera disponerse de papel para editar, y reeditar libros de cualquier clase, que serían vendidos, inmediatamente, y a cualquier precio.


EL HECHO NO ES NUEVO

Para no citar antecedentes lejanos, demostrativos de cómo la guerra despierta, efectivamente, el afecto por los libros, queremos recordar que durante la guerra civil española, la venta y lectura de libros, en la zona republicana, aumentó en cerca de un 60 por ciento. Todo valía, desde la novela policíaca y la de aventuras y viajes, hasta las obras clásicas del siglo de oro. En Barcelona se hicieron ediciones de Valle Inclán, Pérez Galdós, Cervantes y Lope de Vega, que quedaron agotadas inmediatamente. Casi todas las grandes unidades combatientes, tenían anejas a sus Estados Mayores, sus imprentas que además del diario de operaciones publicaban libros. El Ejército del Este, que operaba en Cataluña y Aragón, publicó a pocos metros de la línea de fuego, una primorosa Antología de versos de Pablo Neruda. A pocos días de romperse aquel frente –en marzo de 1938– se celebró en Barcelona una Feria del libro, que ocupaba la Plaza de Cataluña, parte del Paseo de Gracia. A los tres días de iniciada –a pesar de los bombardeos aéreos que por entonces eran feroces sobre la gran ciudad Condal– habían quedado limpios casi todos los “stands”

Y hace muy poco, se nos informaba, en una curiosa crónica de Londres, que desde que comenzó la guerra, los lectores de su famosa Biblioteca Municipal, habían aumentado en más de un 53 por ciento. Se observaba en ella que los autores más leídos eran Shakespeare, Walter Scott y Rudyard Kipling; y se agregaba, además que los regalos que más agradecen los marinos y los soldados, son el envío de libros que les hacen sus amigos y sus madrinas de guerra.

Algo parecido ocurre en los Estados Unidos, donde la venta de libros está ahora adquiriendo cifras verdaderamente fantásticas, aparte de los tirajes fabulosos de sus grandes revistas de las cuales es ejemplo magnífico. “En Guardia”, una de la más preciosas joyas gráficas y bibliográficas de esta guerra. Cierto es que los Estados Unidos, además de haber acogido en su territorio, a un gran grupo de escritores europeos, que escriben y editan allí, como refugiados políticos, cuenta con el mayor plantel de escritores nacionales –novelistas, especialmente, y autores de libros–reportajes– de todos los países del mundo y cuyas ediciones alcanzan tirajes que se cuentan por millones.

Y no hablemos ya de la Unión Soviética, donde la industria editorial, y los intelectuales y escritores, gozan de especiales estímulos del Estado. Días pasados nos hemos referido aquí a las traducciones de obras españolas de Lope de Vega, Cervantes y Quevedo, editadas por millones de ejemplares y a todo lujo, mientras el gobierno de Stalín condecoraba, con el más algo galardón de su país a un hijo de León Tolstoy, por la edición, selección y comentario a la obras de su padre.

Claro que tales casos suceden en el campo de las Democracias; del otro no tenemos mayores noticias. Sólo de cuando en cuando, solemos saber que se hizo tal o cual auto de fe, con libros famosos, reemplazados por el tabarrotes oratorios o “literarios” de los dictadores, y de sus amanuenses intelectuales, de los que es “padre y maestro mágico” el desmedrado doctor Goebbles de Berlín.


¿POR QUÉ SE LEE MÁS?

Muchas son las causas por las cuales se lee más en tiempos y países en guerra en los de paz. Entre otras, la restricción en las fiestas y recreos populares y las “quedas” y oscurecimientos nocturnos, que llevan a las gentes al placer de la lectura, a falta de otros placeres. El libro es cada vez más, refugio y efugio, oasis y descanso, en los grandes dolores y en los grandes esfuerzos individuales y colectivos y compañero, además en las largas soledades. ¡Cómo que hay muchísima gente que adquiere, en tiempos de guerra o de otra calamidad parecida, el vicio hermoso de leer!

Otra causa –quizá la principal– dimana de una pregunta: ¿Por qué y para qué está el mundo en guerra? Los combatientes de hoy –los que hacen su aporte a la victoria en la línea de fuego, en el aire, en el mar, en el taller, en la mina o en el campo de pan dar y llevar– no son los viejos soldados mercenarios cuya única obligación y preocupación, era obedecer al mando. Los ejércitos de esta guerra de nuestros días son las naciones enteras en armas y los soldados son ciudadanos con el derecho de preguntar y de pensar, y el deber de saber por qué y para qué luchan. Y buscan la respuesta, directa o indirecta, nacida hoy o intuida ayer en el libro que habla de las luchas de las pasiones y de los esfuerzos de los hombres y de los pueblos, a través de la historia, para perfeccionarse y engrandece o para destruirse los unos a los otros.

Sea ello lo que fuere, el hecho cierto es que la guerra acucia la curiosidad intelectual, y provoca una notoria afición a la lectura de toda clase de libros, revistas y periódicos. Quienes escribimos para el prójimo, y deseamos que el prójimo nos lea, quedamos, así en parte, compensados de otra amarguras y sinsabores que la guerra nos causa. Es una compensación dura y dramática; pero, como suele decirse “peor es nada”.

Por lo demás, ella viene a demostrar que la clásica reyerta entre las letras y las armas, ha declinado mucho desde el famoso y pacífico discurso de Don Quijote hasta el gran poema de Pablo Neruda a la heroica ciudad de Stalingrado.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe, pero de ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Libros, prensa, cultura, arte. - Publicado o 05-10-2012 01:15
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