A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MUSSOLINI E AS MULLERES

Mussolini e unha das suas amantes, a raíña María José. | Foto: CEDOC


Cando en xullo de 1943 o Rei de Italia destitue a Mussolini e o arresta, dándose en principio por desparecido, comezaron a difundirse todo tipo de novas sobre as variadas relacións sentimentais das que se seguiría falando aínda na década dos 70 e se siguen a publicar datos na actualidade.
RSP, naqueles intres, tamén aporta a sua visión ao respecto...


19 de agosto de 1943

ONCE MUJERES EN LA VIDA DE MUSSOLINI


Por Ramón Suárez Picallo

Benito Mussolini, como todos los hombres y mujeres que “hicieron historia”, no podrá librarse de que las gentes, unas bien, y otras mal intencionadas, se metan a hurgar en los recovecos de su vida privada, amorosa y afectiva. Hay en la literatura moderna un tipo verdaderamente temible, popular y acreditado, especie de “buscón” intelectual, que se llama biógrafo o biografista, y que viene a ser la mala sombra de los hombres públicos, que no perdona detalles ni secretos. Mientras el Duce estuvo física y políticamente vivo, su suerte frente a los biógrafos, fue muy variada; tan variada y tan cambiante como sus posturas políticas. Lo trataron bien y mal, según lo vieron a través de sus prismas. Pero ahora que se da por muerto, en ambos aspectos, ha comenzado el ensañamiento. Tiene escasa suerte, especialmente, con las mujeres que escribieron sobre él, que lo ponen poco menos que a pan pedir. Son ellas Angélica Balabanoff, escritora socialista rusa, su amiga y compañera en los tiempos revolucionarios del exilio, y en la redacción del “Avanti” de Milán.

Esta mujer que actualmente reside en EE. UU., lo perfila como cobarde, indeciso e histrión; es la otra, Margarita Scarfatti, hija del Decano de una Universidad y esposa de un abogado de Milán, que fue su amiga intelectual y biógrafa en pleno régimen fascista y que ahora se halla en Buenos Aires. La primera, socialista, fue sacrificada por el Duce, en holocausto al fascismo; y la segunda fascista, declarada “infecta” de sangre judía, tuvo que emigrar a París, cuando Mussolini adoptó en Italia la política antisemita del nazismo alemán; al conocer su caída, Margarita expresó satisfacción vivísima. ¿Ingratitud? Al hablar de Mussolini y de las mujeres que intervinieron en su vida –once en total– se destaca como el Duce merece de ellas ese trato. No fue leal ni consecuente con ellas; de una u otra manera, las sacrificó, a todas, a sus intereses y ambiciones políticas, especialmente después de ocupar el pináculo más alto de la vida pública de su país. No tuvo la gallardía de cierto personaje español, a quien, cuando ascendió, se le recomendaba abandonar a la compañera de los días oscuros, de las persecuciones y de los hombres. Ante el mal consejo el español contestó: “El triunfo no autoriza a ser canalla”.


NI CASTO NI CAUTO

Se asegura que cierta congregación religiosa, célebre en todo el mundo, que adoctrinó a muchos hombres públicos, al salir de sus centros de enseñanza sus discípulos, les daba ciertas instrucciones reservadas, a manera de aforismos y máximas morales. Entre ellas se recalcaba, especialmente, esta: “Si no puedes ser casto, sé cauto”. El ex Duce italiano no practicó ni la castidad ni la cautela, en sus negocios íntimos. Se cuenta que al advenir el fascismo, su jefe tenía varias amigas simultáneas. Al entrar al servicio militar, varias de ellas, reclamaron del Ministerio de la Guerra, la “pensión marital”. Sólo dos –las dos con hijos– fueron tomadas en consideración: Irene Desler, declarada loca y recluida en 1927, y Rachele Guido, más tarde su esposa legítima y madre de cinco de sus hijos. Se cuenta, también, que la boda con Raquel –hija de una camarera de la taberna de su padre– le fue impuesta a Mussolini por el Rey Víctor Manuel, cuando se hizo el amo de Italia.

-Las bodas y ayuntamientos “casuales” –habríale dicho el Rey– no son convenientes para un socialista, que se hizo conservador. Cásese. Y el Duce se casó tardíamente. Y de aquí la falta de cautela, o, como dice el adagio, “El Diablo metido a predicador del Evangelio”. Mussolini, quiso que el fascismo fuera la resurrección de todas las virtudes, de recato, castidad, templanza y honesto Gobierno, que los historiadores –con razón o sin ella– suelen atribuir a las matronas y a los senadores y cónsules romanos. Se metió en las vidas de los demás y tiró piedras a tejados ajenos, olvidando que el suyo era de vidrio. Y se hizo de enemigos que no le perdonaron a la hora de la caída.

Tenemos a la vista, sobre el particular, una circunstanciada y escabrosa información, publicada en algunos periódicos del Continente, de la que –quitándole saña y color subido– tomamos algunos datos; tan sólo aquellos que confirman hechos ya conocidos. En ella aparecen las once mujeres que tuvieron algo que ver en la vida de Mussolini. ¡De ninguna de ellas sale bien parado! Su vida “donjuanesca”, no lo acredita mejor que su obra de dictador omnímodo, provocador de guerras para perderlas luego. ¡Fue ingrato con las once!


LA ÚLTIMA AVENTURA

En esa misma información a que aludimos, se cuenta la última aventura. Fue ella con una hermosa muchacha de 16 años, de Brescia, hija de un profesor de música.

Mussolini había ido a Brescia a imponer una medalla de premio a la Maternidad, que llevaba su nombre, a seis madres que tenían, cada una de ellas, 20 hijos. Fue una ceremonia solemne, a la que asistió mucho público femenino. Vio entre las concurrentes, a dos preciosas hermanas, Francisca y María Ferroni, de 24 y 16 años, respectivamente. Mandó sentar a las dos, a su lado en un almuerzo campesino y las festejó a ambas. A la semana siguiente estaban instaladas en el Hotel Sibelli, en Tivoli, en las afueras de Roma. Allí las visitó el Duce y fue con ellas muy amable. Cuando se retiró, Francisca, la mayor, dijo a su hermana más pequeña:

-Él no sabe con cual de las dos quedarse; pero yo, sí lo sé. Tú eres la que él quiere.

Días después –sigue diciendo la información– la signorina María fue instalada en una Villa del Monte Mario, donde en mayo de 1942, nació un niño, a quien se impusieron los nombres de Arnaldo, Adolfo, Benito y Hermann…

Parece que el escándalo fue mayúsculo –hasta los nombres eran escandalosos– y las murmuraciones “sotto vocce”, tajantes y crueles; tanto que hubo de intervenir la hija predilecta del Ducce, Edda, Condesa de Ciano, para decirle a su padre calavera, éstas, o parecidas palabras:

-“Papá, manda afuera de Roma a la muchacha. Aquí te están vedadas las “distracciones” de esa índole; tú eres el defensor de la civilización cristiana, con su moral, su hogar y su familia –cosas todas sagradas– y no puedes aparecer ante tu pueblo como un frívolo seductor de jovencitas”. Con lo cual, Edda, volvía a recordarle la máxima ya aludida: “Si no puedes ser casto, sé cauto”.

Por no haber sido ni una cosa ni otra, “anda en lenguas del mundo”, el ex Duce de Italia; no sólo como Dictador de nefando recuerdo, sino que, también, como Don Juan empedernido, ingrato y poco leal, con las mujeres que pasaron por el íntimo rincón de sus afectos amorosos e intelectuales.

¡Una especie de Enrique VIII, sin Catalina de Aragón, sin Ana Bolena y sin el triunfo de su Reforma fascista!


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1943)
Romance secreto de Mussolini
La amante judía de Mussolini
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (políticos) - Publicado o 19-08-2012 00:17
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