A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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EUGENIO SUÉ
10 de diciembre de 1947

¿QUIÉN RECUERDA A EUGENIO SUÉ?


Por Ramón Suárez Picallo

Nosotros queremos recordarlo hoy con motivo de cumplirse en estos días el 143ª aniversario de su nacimiento ocurrido en la ciudad de París (10 de diciembre de 1804), cuando comenzaba a brillar en el firmamento europeo la estrella de Napoleón Bonaparte. Del fulgor imperial recibió Sué los reflejos iniciales, pues fue ahijado de pila de la Emperatriz Josefina y de su hijo, el Príncipe Eugenio. Era hijo, nieto y biznieto de médicos de gran renombre, a pesar de lo cual, y después de haber cursado estudios en esa ciencia, no pasó de ser “cirujano menor” (practicante) en una unidad militar primero, y después en algunas naves de la marina francesa. Amante del lujo, viajero por temperamento, galante y arriscado, estuvo en Grecia y en España (invasión de los “cien mil hijos de San Luis”), como Lord Byron, a quien devotamente admiraba. Navegó los mares antillanos y escribió historias de piratas, corsarios y bucaneros, así como dramas, comedias y vaudevilles que le dieron poca fama y menos provecho.

En 1830, murió su padre, el doctor Juan José Sué, heredando de él una fortuna de le rendía 40 mil francos de renta. Dejó entonces de lado el Ejército, la navegación y la Medicina, para emprender el camino de la literatura, que habría de conducirlo a la gloria. Luis Felipe de Orleans –el Príncipe Igualdad- ocupaba la Corona de Francia, perdida para los Borbones y en perspectiva de recuperación para los Bonaparte. Lamartine era un apuesto oficial y ya popular escritor y nacía Emilio Zola, Víctor Hugo abría con “Hernani” el ciclo romántico y Honorato de Balzac cumplía a la sazón 31 años. Se abría, con un pórtico de oro, el siglo XIX de las letras francesas, y las ideas socialistas, confundidas aún con el liberalismo y el humanismo, ya antes esbozadas por algunos líderes de la Gran Revolución, iban a servir de tema a las mejores novelas de aquel glorioso período. “Los Miserables” y “El hombre que ríe”, de Hugo; “Los Evangelios”, “Fecundidad”; “Trabajo”, “Verdad” y justicia”, de Zola; y, más tarde “La Rebelión de los Angeles”, “Los Dioses tienen Sed” y “Las Isla de los Pingüinos”, de Anatole France, habrían de formar la gran obra de arte que embellecería las nobles utopías de Saint Simón y de Luis Blanc.

Pero antes, en medio y con todo eso, Eugenio Sué, despertaba la sensibilidad francesa y europea de su época a favor de los nuevos ideales, con dos libros difíciles de olvidar por cuantos los hemos leído: “Los misterios de París” y “El judío errante” en los que la realidad social y la fantasía del escritor logran el milagro de una simbiosis perfecta, cargada de emoción y de patetismo, aún no igualada en ninguna otra literatura del mundo.

Por lo demás, el glorioso escritor rubricó el contenido ideológico de su obra, con actos patentes de su vida; y siendo como era por su origen, su educación, sus padrinazgos y sus gustos juveniles, un aristócrata de su tiempo, se encerró en la torre de marfil de la pura obra de arte. Se acercó al bajo pueblo, entendió sus dolores, interpretó su lenguaje y actuó a su lado, incluso políticamente. En efecto, el trato económico de varios libros suyos fue a parar íntegramente a instituciones cooperativistas, gremiales y culturales de signo proletario. Fue un propulsor de la Revolución de 1848 y en 1850 elegido diputado a la Asamblea Legislativa, en la que ocupó un escaño de la extrema Izquierda. Triunfante el “coup de man” de Napoleón el Pequeño, fue deportado a la vieja ciudad saboyana de Annecy, donde siguió escribiendo. Allí murió el 3 de julio de 1857. Eugenio Sué tuvo muchos y muy enconados enemigos, que lo atacaron con inaudita saña. Le reprochaban su amor a los pobres y a los tristes, siendo él un hombre rico; no le perdonaban el que hubiese combatido a los jesuitas y el que fuese republicano y socialista, en una época en que ser eso era un delito penado con la muerte. De todos modos, su actuación política está hoy bastante olvidada. La Francia republicana y socialista que él defendió con pasión de apóstol, atraviesa ahora momentos muy difíciles, inclinada al borde de un abismo de fondo desconocido por inmensurable. Mas su obra literaria, aún no está olvidada del todo. La recordamos, con devota emoción, los que hemos entrado –hace ya muchos años– en el frondoso jardín de las letras francesas, de las páginas estremecidas de belleza, de inquietud, de dolor y de esperanza de “Los Misterios de París” y de “El Judío Errante”.

Es casi seguro que se nos tilde de anticuados, de sentimentaloides y de pequeños burgueses, por esta amable evocación de Eugenio Sué. Pero nosotros no renunciamos, por censura más o por censura menos, a rendirle un tributo de admiración y justicia a uno de los hombres más representativos de la mejor Francia que conocemos; la Francia del siglo XIX fuente de ideas generosas, centro de cultura ecuménica y faro de luz humanística, con destellos, proyectados sobre todo el globo terráqueo.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 10-12-2011 02:07
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