A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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SOBRE ROMAN ROLLAN E EDUARDO HERRIOT
Ante o asasinato en 1943 dos intelectuais franceses Roman Rollan e Eduardo Herriot,pola Gestapo, e que se suman a multitude de casos similares RSP escribe este artigo denunciando tal infamia...


21 de octubre de 1943
SIN TÍTULO


Por Ramón Suárez Picallo

“En esta propicia oportunidad me es grato expresar a VV. EE. la fe que el pueblo chileno tiene en la obra de ese Comité, y su certidumbre de que no está lejano el día en que el suelo francés sea liberado, y la paz y la justicia, reinen nuevamente en ese noble país, al que tanto debe la civilización universal y la conciencia democrática del mundo”.

(Del mensaje del Excelentísimo señor don Juan Antonio Ríos, Presidente de Chile, a los generales Giraud y De Gaulle, líderes del Comité Francés de Liberación Nacional).

Las nobles y auspiciosas palabras de S.E. el Presidente de Chile, se cruzaron en el espacio, con mensajes procedentes de Vichy y de Londres, dando cuenta de una nueva e irreparable pérdida para Francia: Romain Rolland, su más glorioso escritor contemporáneo, y Eduardo Herriot, el más austero, culto e inteligente de sus políticos democráticos, han muerto de mala manera, martirizados por los fieros enemigos de la gran nación latina. Francia y el resto de las naciones democráticas, los pueblos y los hombres de buena voluntad, que hemos amado, reverenciado y admirado, como a cosa propia, a los valores esclarecidos del inmortal espíritu francés, tenemos hoy el alma enlutada, compartiendo fraternalmente el pesar del pueblo hermano, oprimido, escarnecido y desventurado.

Rolland y Herriot, han muerto martirizados; quizá por el martirio físico que les infirió la crueldad de los enemigos de la civilización y de la Humanidad, adueñados de la nación francesa; o, sino atenaceados por el martirio moral –mil veces peor– de ver derrumbados y pisoteados los principios eternos que iluminaron sus vidas magníficas y excepcionales. De todos modos, el siniestro huracán de barbarie, de traición y de muerte, que tiene asolada la dulce tierra francesa, ha derribado dos árboles señeros de su rica umbría espiritual e intelectual.

Juan Cristóbal, el artista adolescente, alado y amable, agitado por bellos sueños de gloria, anheloso de paz por sobre la fronteras, que fue nuestro amigo dilecto a través de las páginas, de sortilegio y de magia, de Romain Rolland, está llorando amargamente por su padre, creador, preceptor y maestro, que le dio su gracia, su alma y su inquietud.

Y las tejedoras de sedas de Lion, moverán hoy sus bolillos entre los dedos finos y tensos, como cuerdas de arpa, para tejer las notas de una canción de muerte, por su viejo, patriarcal y bondadoso alcalde, que les dio en las horas de sosiego que a él le dejaba el maremagno de la política, las páginas más bellas de la historia de su noble artesanía.

Oscurecida la estrella de Francia, en la espesa noche de Compiegne, hollado su suelo, perseguidos, encarcelados y llevados al patíbulo sus mejores hijos; mancillado con la mancha infame de los traidores y de los vendepatrias su gobierno, apagadas las luces de Paris, convertidos sus claros caminos en encrucijadas de muerte; yermos sin flores y sin frutos, sus campos otrora jocundos; puesto al servicio del enemigo el trajín de sus fábricas y de sus industrias; profanados sus templos y ultrajados sus venerables prelados y sacerdotes; cerradas sus academias de arte y de sabiduría: muerta, a la vera de su misma cuna, la Libertad; ocurrido todo eso, nos quedaba a sus amigos, la esperanza que significaban, como reserva moral y humana para la reconstrucción, algunos de sus hombres inmaculados, que no quisieron manchar sus vidas ni sus almas con el fango que lo ensució todo.

Entre esos hombres, que eran antorcha y símbolo de la resurrección esperada de la Francia, estaban Romain Rolland, el glorioso escritor, y Eduardo Herriot, el austero político democrático. Los enemigos sabían bien de lo que se trataba, y, por eso, les hicieron la vida amarga e imposible, hasta quitársela, directa o indirectamente.

En efecto, todos los indicios hacen suponer que Eduardo Herriot y Romain Rolland, si no fueron materialmente asesinados a manos de los sicarios de la Gestapo, operantes en Francia, con pasaporte y visto bueno del gobierno de Vichy, cayeron ahogados por el ambiente de asfixia espiritual, de crueldad y de escarnio, de ultraje y de menosprecio, con que los nazis alemanes alimentan, dondequiera que dominan, sus siniestros presidios y campos de concentración.

Sacerdotes, profesores, obreros y estudiantes, comerciantes y escritores, músicos, campesinos y sabios, de Polonia, de Checoeslovaquia, de Bélgica y de Holanda, de Noruega y de Grecia, pagaron igual tributo a la fuerzas del mal; desencadenadas sobre sus patrias respectivas; la lista de sus nombres forma ya enciclopedia, santoral y corona de martirio de la Humanidad civilizada. A ella se suman hoy los nombres gloriosos de Romain Rolland y Eduardo Herriot, en nombre de Francia como aporte de su carne, de su corazón y de su espíritu al ingente sacrificio. Bien sabemos que Francia resucitará, y que por cada uno de los caídos, nacerán cien, dispuestos a ocupar su sitio; pero, ello no nos basta para compensar, de momento, la pérdida irreparable de hombres como Rolland y Herriot, cuya serena claridad y amplitud de espíritu, ha de ser tan necesaria en la hora de las cuentas, de los reajustes y de los juicios implacables.

Acompañamos, devotamente, a Francia en el duelo por la pérdida de sus dos hijos excelsos; y refugiamos nuestra angustia tras las palabras esperanzadas, dirigidas a sus jefes máximos, por Su Excelencia el Presidente de Chile. Tenemos, como él, “la certidumbre de que no está lejano el día en que el suelo francés sea liberado y la paz y la justicia reinen, nuevamente, en aquel noble país al que tanto debe la civilización y la conciencia democrática del mundo”.

Sea esta esperanza la sentida oración por el alma de sus muertos; y sea también, la seguridad de que, sus nombres vivirán en la Historia, mientras los de sus verdugos y cómplices caerán en las profundidades oscuras de la ignominia y del desprecio.

(Artigo publicado no xornal La Hora, tal dia como hoxe do ano ... 1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 21-10-2011 10:08
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