A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


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GREGORIO MARTINEZ SIERRA,escritor

Ao ter coñecemento do pasamento de Martínez Sierra, RSP -dende Chile- escribe este obituario sobre o escritor español...

3 de octubre de 1947

GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA


Por Ramón Suárez Picallo

Acaba de fallecer en Madrid, a la edad de 66 años, el escritor, dramaturgo y novelista don Gregorio Martínez Sierra . La noticia, breve y escueta, publicada en Santiago hace pocas horas, debió tener doloridas resonancias entre los amigos de las buenas letras españolas; especialmente del teatro, del ensayo y de la novela; porque Martínez Sierra fue en las últimas generaciones literarias de españa una especie de niño mimado y bien querido en América por la ternura, la gracia y el calor humano que pusiera.

Más joven que Benavente y más viejo que Federico García Lorca, amigo y coetáneo de los Machado y de Juan Ramón Jiménez, representó en las letras peninsulares, una especie de simbiosis amable entre las diversas escuelas que los ilustran y representan durante los últimos 30 años. Fue ardientemente combatido y aplaudido en el mismo grado, oscilante entre la diatriba y la admiración y el fervor de grandes públicos, que buscaban en el teatro y en la novela un remanso plácido. Fue acusado de cursi, de amerengado y de escritor color de rosa, apto tan sólo para satisfacer el gusto de una clase media y de una burguesía incipientes y poco doctas en la literatura ácida, picuda, pesimista y esquinada, que tuvo por apóstoles a los Dostoievski, a los Andreiev y a otros muchos pontífices de la amargura envenenada y enfermiza, que hicieron de la lectura de sus obras una especie de cilicio espiritual.

En este ambiente de polémica por una iconoclastia de jabalíes que, después de amansados se volvieron cerdos, al servicio de la tiranía, fue don Gregorio Martínez Sierra un verde oasis de limpia espiritualidad. Y sus obras capitales “Canción de cuna”, “Tú eres la paz” y “Esperanza nuestra” – entre muchas otras- marcan un tono cordial, sencillo y puro como el agua clara de los claros manantiales sin olvidar el problema social –“la tierra para quien la trabaja”- que por ejemplo, en “Esperanza nuestra”, adquiere contornos de fuerza y de belleza difíciles de alcanzar en la dramaturgia contemporánea.

No queremos entrar ni salir en la accidentada y un poco triste vida familiar e íntima del escritor ; ni tampoco en sus ideas políticas. Sabemos que en los comienzos de la Guerra Civil se vino a Buenos Aires, donde vivió hasta mediados de septiembre del año en curso, fecha en que, al sentir en su rededor la fría ronda de la muerte volvió a España, para devolverle, con el último aliento, el polvo de sus huesos.

Los literatos exigentes con el prójimo, pero muy complacientes consigo mismos, y los críticos “espiojadores” traperos de ajenos defectos, no estimaban a Martínez Sierra; pero, en cambio, le tenían devoción en España y en América, públicos numerosos que leían sus libros y presenciaban la representación de sus obras teatrales, con íntimo y plácido regocijo: y los sencillos campesinos de las Castillas, de la Andalucía, de la Mancha y de la Extremadura, abocados al problema de las tierras sin hombres y de los hombres sin tierras, tienen aún hoy en “Esperanza nuestra” una ruta que seguir y un evangelio que defender.

Tuvo, además, otra virtud don Gregorio Martínez Sierra: la de cultivar con encendido amor y con mística de catecúmeno la lengua castellana. Heredero directo de los grandes hablistas del siglo xix –Pereda, Valera, Alarcón, el padre Coloma y Galdós- deja en las letras hispánicas trozos de antología, de clara, limpia y noble prosa, quizá sólo comparables a los mejores de Gabriel Miró y de Azorín. Fue en este sentido un verdadero maestro en el arte del bien decir, y son muchos, aún entre sus más enconados enemigos, los que le deben tributo de diezmos y primicias.

Entre las irreparables pérdidas que España sufrió en los últimos tiempos, en su carne y en su espíritu, no es de las más pequeñas, la muerte de Gregorio Martínez Sierra, escritor, novelista y dramaturgo, favorito de las gentes sencillas que aún, se emocionan, gracias a Dios, con el poeta de “Canción de cuna”.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal dia como hoxe de... 1947)
Sobre Canción de cuna
Sobre Gregorio Martínez Sierra
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (intelectuais) - Publicado o 03-10-2011 00:45
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