A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


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PORTUGAL EN TEMPOS DE SALAZAR
17 de junio de 1947

COMPLOTS EN PORTUGAL


Por Ramón Suárez Picallo

Al doctor Antonio Oliveira Salazar, Primer Ministro de Portugal, se le están volviendo huéspedes los dedos, su policía política y la Legión Portuguesa, organizada con el espíritu y la técnica del más puro corte fascista, están descubriendo, diariamente en un tiempo a esta parte complots en todas partes; y muy especialmente en las “cuncas ” de la aguachenta sopa de berzas que constituye el triste menú diario de las clases más humildes del pueblo lusitano; en los núcleos más vivos de la clase media y en muy vastos sectores de las profesiones liberales, del Ejército y de la Armada.

Porque Portugal está atravesando ahora por una gravísima crisis económica que, a juicio de los opositores el régimen imperante, solo se justifica en los desaciertos del Gobierno, que protege el enriquecimiento de los menos, a costa de la depauperación de los más. Pese a las notorias simpatías del Gobierno de Lisboa por los regímenes totalitarios europeos -apoyo a Franco en la guerra civil, apoyo cerrado a los delegados italianos y alemanes en el Comité de “no intervención”, fobia declarada a todos los sistemas democráticos representativos– pudo conservar su neutralidad durante la última guerra, después de entregar las Islas Azores a los aliados.

Lisboa, Valenza do Minho, Cintra y Estoril, entre otros, fueron centros donde corría el dinero a chorro abierto llevado allí por espías, fugitivos y millonarios desertores de todas las patrias europeas, enzarzadas en la guerra, anhelosos de salvar sus patrimonios. Pero todo ese dinero fue a engrosar las arcas de los agiotistas, de los especuladores y de los que, en la gran guerra –por ser neutrales– luchan con Dios y con el Diablo. El “standard” de la vida popular de los campos, de las pequeñas villas y de las ciudades de primero y de segundo orden, siguió siendo el más bajo de Europa, sólo comparable al de la Polonia de anteguerra. Y eso que cuando se declaró la guerra, Portugal sufría desde hace ya varios años un régimen político dictatorial, corporativo y totalitario, privativo de todas las libertades ciudadanas, cuyo programa expresaba, en su primer punto la “nivelación cristiana” de la riqueza colectiva, mediante una profunda reorganización de la Economía Nacional. Tenía, además, Portugal en su favor entonces, como incalculable fuente de riqueza el más extenso y rico imperio colonial de la Europa, en relación con la pequeñez físico-geográfica de su metrópoli.

Para lograr tan benéfico programa, fue derribada mediante un golpe de mano militar, la República democrática portuguesa, que presidía a la sazón el venerable demócrata doctor Bernardino Machado, rodeado por un grupo selecto de políticos e intelectuales de primer plano. Se prestó a dar el golpe el General Fragoso Carmona en calidad de figura decorativa; pero detrás estaban otras dos figuras dirigiéndolo todo; el doctor Antonio Oliveira, profesor de la Universidad de Coimbra, y el jefe de la Iglesia lusa, Monseñor el Cardenal Cereixeira.

Se prohibió el funcionamiento de todos los partidos políticos; fue oficializada como única, la religión católica apostólica y romana; fue derogada la constitución republicana y substituida por una especie de “Carta otorgada” por el nuevo Gobierno, que instauró la más dura censura de prensa, de palabra y de pensamiento conocida en la Nación desde los tiempos de Joao Franco.

Pero, a pesar de todo Portugal no progresó. La riqueza total de la nación siguió siendo patrimonio de unos pocos y la miseria y la pobreza, el patrimonio de los demás. Fracasó ruidosamente el régimen y tuvo que hacerle frente a varias conspiraciones, reales o supuestas. Y como en Portugal no existe la pena de muerte, muchos de los conspiradores salvaron la pelleja, languideciendo y agonizando en las varias Islas de que dispone el Gobierno para que sus adversarios hagan turismo forzado en ellas. Todas esas conspiraciones en las que participaron marinos y militares de alta graduación, magistrados, escritores, poetas, sacerdotes, comerciantes, industriales, periodistas, obreros, técnicos, ingenieros navales, médicos, abogados, ex gobernantes y ex ministros de la república, fueron calificadas de “complots comunistas” pese a que, en algunas de ellas, participaron abiertamente los monárquicos, amigos del Capitán Paiva Couceiro, empeñados en colocar en el viejo trono de Don Dionisio al Príncipe don Duarte de Braganza. Pues bien, de todas ellas resultó como la más pavorosa la descubierta hace pocos días en la casa de un Coronel del Ejército, ex Cónsul en Boston y presidente el agraz de un “Gabinete revolucionario”. No se dice en la información de qué clase de “Gabinete” se trata, pero es de suponer que era un “Gabinete” dispuesto a comerse los niños crudos o estofados; una especie de “terror dos mundos” capaz de hacer temblar las esferas y los planetas de todo nuestro sistema.

El “descubrimiento” de este nuevo complot le viene al doctor Oliveira como un bien caído del cielo. Su régimen es repudiado por su pueblo y está en tela de juicio en las Naciones Unidas, y en otros muchos medios democráticos mundiales, por considerársele justa o injustamente totalitario. Pero si ahora resulta que los comunistas se meten con él, lleva mucho camino andado para mantenerse al frente de los destinos de la ilustre y pobre patria de Camoens y de Guerra Junqueiro, porque el mundo de nuestros días se divide en “antis” y “pros”.

Y el Portugal de Oliveira, de Carmona y de Cereixeira, es naturalmente vaticanista y cristiano rotundo, mientras no se demuestre lo contrario, y según convenga a los intereses de la Compañía (A. M. D. G.) que le dirige y gobierna desde arriba, quizá al margen de la voluntad del pueblo lusitano.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile o día 17 de xuño de... 1947)

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Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 17-06-2011 08:49
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