A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
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GOLPE DE ESTADO EN NICARAGUA EN 1947
Neste artigo RSP critica e censura ao "dictadozuelo" nicaraguense Anastasio Somoza García; conta tamén un sucedido que lle ocurriu en 1945, e por último comenta as argalladas das que se valeu Somoza para sacar adiante as eleccions de febrerio de 1947,nas que o dictador apoia como presidente a Leonardo Argüello frente a Enoch Aguado pero que posteriormente, en maio,nun golpe militar Somoza derroca ao propio Argüello que non estaba disposto a continuar coa política do dictador...


28 de mayo de 1947

GOLPE DE ESTADO EN NICARAGUA

Por Ramón Suárez Picallo

Mal, muy mal, andan las cosas políticas en la patria de Rubén Darío. En efecto, la Guardia Nacional –el ejército de Nicaragua- en uno de los clásicos “golpes” que allí quitan y ponen Presidentes, hizo prisionero al Primer Mandatario de la Nación recientemente elegido, y asumió todo el poder público con el general Anastasio Somoza a la cabeza.

Anastasio Somoza, general del trópico centroamericano, de idéntica estirpe a la de Trujillo y a la de Guatemala, respectivamente, es el típico dictadorzuelo de aquellas cálidas latitudes, personaje híbrido e indefinido entre la opereta, el sainete y el grotesco tragicómico. Fue Presidente durante varios años con poderes omnímodos. Hipotecó para gobernar él, la soberanía de su país y trató a sus adversarios políticos –profesores, médicos, abogados, sacerdotes, poetas, escritores y periodistas, pertenecientes a los partidos conservador y liberal muchos de ellos– con befa, injuria y escarnio.

Su última hazaña en este sentido la realizó a fines del año 1945. Estábamos a nosotros entonces, en el Puerto de Corinto, a unos 50 kilómetros de Managua, la capital de la República, de regreso de un viaje a México, y tuvimos allí minuciosas noticias del suceso. Somoza, una mañana, envió agentes de su Guardia Nacional a los domicilios de sus opositores que dormían plácidamente, con el encargo de despertarlos y ponerlos fuera del país sin pérdida de minuto. En pijama, en pantuflas, sin permitírseles ni siquiera hacer su equipaje, “tal como estaban”, fueron sacados de sus hogares, colocados en un avión del Gobierno y mandados a Panamá. Allí los vimos y hablamos con algunos de ellos, 17 días después confirmándonos, de pe a pa, las noticias que teníamos sobre el particular. Eran, en su mayoría médicos, abogados, profesores y periodistas, jóvenes unos, y otros ya ancianos venerables.


ELECCIONES

Nicaragua estaba en pleno periodo preelectoral. Somoza quería cubrir las apariencias de un Gobierno democrático y patrocinaba, “desde arriba”, un candidato a la presidencia de la república. Que lo sustituyese “de jure” pero que “de facto” fuese un títere suyo y de sus guardias nacionales. “Su” candidato para este menester político, era el doctor Leonardo Argüello, ex magistrado de corte, jurista notable y muy querido profesor de Derecho. Las elecciones se realizaron efectivamente. El día 2 de febrero del presente año. El doctor Argüello fue a ellas apoyado por los partidos liberal nacionalista, conservador nacionalista, y, además, por todo el armatoste estatal dirigido por Somoza que, por aquellas tierras, es “el caballo del comisario” ganando elecciones.

Frente a esta candidatura “oficial” se presentó la del doctor Enoch Aguado, apoyado por todos los grupos de oposición a la candidatura de Somoza, y que la formaban los partidos democráticos, liberal independiente, conservador tradicionalista, socialista, unionista centroamericano, la federación universitaria y los muy pocos sindicatos obreros de la República.

Ganó la batalla el candidato oficial, patrocinado por el General Somoza. Los opositores derrotados, abrieron inmediatamente una campaña impugnadora del acto electoral, tachándola de viciada por la escandalosa presión gubernamental que –según ellos– en él se había ejercitado. Pero, frente a las objeciones de la oposición, el entonces aún presidente, Anastasio Somoza, declaró textualmente: “El acto electoral que consagró presidente de la República de Nicaragua al doctor Leonardo Argüello, ha constituido un hermoso espectáculo cívico que me llena de inmenso orgullo”.

Y agregó, luego: “Las elecciones han sido absolutamente libres; tan libres, como las efectuadas en 1928 y 1932, bajo la supervisión de la Infantería de Marina norteamericana”.

(Nota: Las elecciones a que aludía como ejemplares el General Somoza, se habían hecho cuando Nicaragua lloraba lágrimas de angustia, sobre la tumba recién abierta de su gran patriota y guerrillero; el General César Augusto Sandino, asesinado con ametralladoras “último modelo”, cuando bajaba la gran escalinata del Palacio de Gobierno de Managua, en el momento en que rendía sus armas en pro de la paz civil de su patria.


“MUTATIS MUTANDI”

¿Qué ha pasado pues, en Nicaragua para que el General Somoza, con un golpe militar haya derribado del poder al Presidente legítimo, constitucional y favorito suyo, elegido en unos comicios que él mismo declaró impecables?

La respuesta no es difícil de dar: El doctor Leonardo Argüero, que tiene ahora 76 años de edad, aún siendo como lo era, protegido por el dictador, es hombre de Derecho; político liberal y viejo magistrado, de gran cultura y sin el menor deseo de continuar la dictadura castrense y tropical de su “protector” Somoza. De ahí que, el comparecer ante el Congreso Pleno, a prestar el juramento constitucional de rigor, haya esbozado un programa de gobierno propio, en el cual figuraban dos puntos esenciales:

1º Reconciliación nacional, llamando a colaborar con él a los hombres honestos y competentes de todos los partidos, incluso de aquellos que combatieron su candidatura.

2º Separación del Ejército de la política y del gobierno dejándolo dedicado a su estricta función profesional y específica, defensor de la integridad y de la soberanía nacional, y de sostén de las instituciones jurídicas y constitucionales que la representan.

¡Nunca tal dijera el doctor Argüello! Él creía que en el Cuartel se aprende a defender la patria, pero que no se aprende allí a ofenderla. Lo cual fue un tremendo error político, tan grave, que le cuesta ser hoy prisionero de los mismos que lo elevaron a la primera magistratura de su patria.

Y menos mal, si no lo fletan una mañana cualquiera, en pijama y con pantuflas, a cualquier país vecino para que viva en él como un nuevo Presidente en exilio, pese a su origen legal, constitucional y democrático. Que eso y mucho más, es frecuente por aquellas tierras calientes y soleadas.
Sobre Anastasio Somoza García
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Pobos, cidades e lugares - Publicado o 28-05-2011 01:13
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