A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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Japón y los prisioneros en la 2ª Guerra
7 de octubre de 1943

LOS JAPONESES A FLOR DE PIEL

Por Ramón Suárez Picallo

El Cuartel General de Mr. Mac Arthur, Jefe Militar Aliado, contra los japoneses en el Pacífico, ha revelado un nuevo hecho, indicador de la cultura, la civilización y el respeto al Derecho, que caracteriza a los hijos del Imperio del Sol Naciente, en relación con el trato que suelen conferir a sus adversarios en la guerra.

Según las informaciones a que hacemos referencia, un piloto aviador norteamericano, con el grado de capitán, que cayó en poder de ellos, en Salamaua, Islas de Salomón, fue monda y lirondamente, degollado, ante la guarnición formada, por orden del jefe japonés de la plaza.

El propio comandante nipón, con su espada favorita, destinada a hacerse el Hara-Kiri según el código Samurai llevó a cabo la bárbara faena de decapitar a su prisionero de guerra, como en los tiempos de Atila de Genghis Khan y de Tamerlán en rabiosa contradicción con las normas jurídicas y las costumbres civilizadas de la guerra contemporánea. El asesinato salvaje e incivil viene como suele decirse, “llover sobre mojado”, después de la matanza a mansalva de otros aviadores, también norteamericanos, caídos prisioneros, a raíz del bombardeo de Tokio. Y, como era natural el crimen, ha producido vivísima impresión en el pueblo norteamericano, que hace la guerra de acuerdo con un alto y noble sentido, deportivo, dentro de las normas universales del Derecho, que distinguen la lucha entre los hombres, de aquellas otras que las fieras realizan entre sí, con el afán de devorarse las unas a la otras.

Dando cuenta del hecho, Mr. Franklin Délano Roosevelt, en conferencia de prensa, ha definido, muy claramente la mentalidad y la cultura del enemigo número uno de su país, afirmando que el degüello de prisioneros de guerra por los jefes militares japoneses, demuestra como la pseudo cultura y la pseudo civilización niponas no pasan de ser meras manifestaciones a flor de piel. Por debajo, está lo otro, lo que les es, espiritualmente, sustancial: la barbarie, en sus más crueles manifestaciones, conservada, cuidadosamente, a lo largo de dos mil y tantos cientos de años de vida del extraño Imperio japonés, que intenta dominar el Asia, la Oceanía y parte de la América.

De todo lo cual se deduce una conclusión: El Imperio de Hirohito es un “cuerpo extraño” y agresivo y agresor en el conjunto de los países civilizados: tanto más peligroso, cuanto que ha logrado cierta personería política, en el concierto internacional de las naciones serias, fuertes y civilizadas, al amparo y conjuro de unas manifestaciones exteriores, má o menos cultas, pero que no pasan de estar a flor de piel, a manera de “camouflage” exterior de su barbarie interior ancestral y medular.

Desde Washington se asegura que los autores de éste y de otros parecidos crímenes de guerra, comparecerán en su día individualmente, ante tribunales sancionados. En el caso especial del Japón, nos permitimos dudar de la ejemplaridad y eficacia que puedan tener los castigos individuales, para modificar la línea colectiva e históricamente bárbara y cruel de la Nación japonesa. Las causas de su barbarie y de su crueldad no son individuales, sino que constituyen una modalidad nacional, arraigada, por siglos, en la existencia misma de esa comunidad geográfica y nacional. Es, por lo tanto, al Japón mismo al que hay que destruir como potencia capaz de imponer a los otros sus bárbaras modalidades. Lo contrario sería igual que dedicarse a limpiar la baba de las fauces de un perro rabioso, por saberse que la baba contagia la rabia, en vez de matar al perro, que es la fuente de la enfermedad misma.


“NO ES RAZONABLE”

Lin Yutang, el glorioso escritor chino, uno de los más profundos conocedores y glosadores del Japón por la vecindad y el contacto con su país, en una bellísima crónica de su libro “Amor e Ironía”, señala al Japón como al pueblo asiático de menos “espíritu razonable”, y, por lo tanto, menos culto de aquella inmensa comunidad de pueblos. Y explica: la frase “espíritu razonable”, es la síntesis de toda madurez intelectual y cultural y ella no tiene traducción ni significado en la lengua japonesa. “Los japoneses –agrega– han copiado de la cultura china sus menudos detalles exteriores y, de las culturas occidentales los aspectos guerreros y materialistas capaces de convertir a su país en una potencia militarista y agresiva”.

“Se vanaglorian, por ejemplo, de que a pesar de los cambios políticos sucedidos en el mundo a lo largo de más de dos mil años de Historia, ellos conservan su primitiva dinastía imperial de origen mitológico, en línea directa continua e ininterrumpida. El Emperador es semidivino e intocable y la misión de todos y cada uno de súbditos, es la de servirlo personalmente. Los ministros de su gobierno y hasta los maestros de sus escuelas, cuando hablan de negocios públicos, deben comenzar sus discursos declarando su asombro y su acatamiento absoluto a la gran sabiduría del Emperador”, ya se trate de cirugía o de astronomía, de ciencias físico-químicas, o de hacienda pública o de filología greco-latina y aunque de todo lo cual no tenga ni noticias el sabio coronado, o sea, idiota y sordomudo de nacimiento.

País fanático, tan feudal como hace quince siglos tan serio como en los tiempos milenarios de Maricastaña, dominado políticamente por el militarismo samurai y por la teocracia imperial, su supuesto progreso científico, viene a ser una civilización máquina, inhumana y sin espíritu, marcando el paso de ganar por encima de todo matiz esencial de cultura y de espíritu su única creencia original es la adoración al poder de la fuerza bruta quizá como expresión de un complejo de inferioridad de una raza de tipos pequeños, serviles, febles y desmedrados. ¡Y líbrenos Dios de un tullido dando palos!

“La ascensión meteórica del Japón –asegura Lin Yutang– hasta llegar a creerse el dueño, señor y director del Asia, fue debida a la falta de ideas, de pensamientos y de “espíritu razonable”. ¿Puede alguien, que sea razonable ser sistemáticamente amigo de la guerra? ¿Puede una persona, con sentido razonable del honor, atacar al huésped por al espalda, sin aviso previo, después de haberle prometido y jurado su amistad? ¿Puede un Almirante, hacer el oficio de rufián o de mendigo para llevar a cabo una misión de traición y espionaje, en contra de un transeúnte, misericordioso, que le ofrece su limosna? ¿Puede razonablemente, un ser civilizado, arrumbar sus libros, sus cuadros y sus estatutos de jaspe, dejar de cuidar sus rosales y sus cerezos, para dedicarse a matar a sus vecinos, en servicio personal del Emperador que, desciende de una vieja y enjuta diosa sin belleza y sin gracia? No. nada de eso puede hacerse, porque esto no es razonable –afirma Lin Yutang-. Pues, todo eso además de degollar a los prisioneros de guerra, lo hacen los japoneses porque eso, es lo que está en ellos, un poco más adentro de flor de su piel, según la frase feliz del Presidente Roosevelt.

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile tal día como hoxe pero de... 1943)
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Barbarie nipona en 1944
Hoxe se celebra o día Escolar da Non Violencia e da Paz. Hai setenta e un anos RSP escribiu este artigo lembrando as atrocidades cometidas polos xaponeses aos seus prisioneiros de guerra...


30 de enero de 1944

EL ESPANTO AMARILLO


Por Ramón Suárez Picallo

Las denuncias, hechas oficial y simultáneamente en Londres y en Washington, sobre las atrocidades cometidas por los japoneses con decenas de miles de prisioneros de guerra, ingleses, norteamericanos y filipinos, superan en horror y en barbarie todo lo concebible a lo largo de todos los tiempos conocidos entre gentes inicialmente civilizados.

La matanza a tiros y bayonetazos en masa y en frío, de miles de ellos; el ultraje cruel con heridos y enfermos sin auxilio alguno; el abandono de cientos de agonizantes en caminos y selvas, bajo los rayos ardidos del sol, negándoles agua; el enterramiento de vivos, después de marchas forzadas llamadas “marchas de la muerte”, son hechos rigurosamente comprobados y denunciados anteayer, imputables a jefes, oficiales y funcionarios, de un Gobierno y de un país que el mundo tenía por civilizado. No lo era, en verdad; no lo fue nunca, ni lo es, ni lo será jamás este siniestro imperio japonés que, o mucho nos equivocamos, o va a resultar la mayor plaga y pesadilla de la Humanidad civilizada, si no se logra su total y absoluto exterminio, o su absoluta reducción en sus islas, como lo estuvo, a lo largo de veinte y tantos siglos, a la espera de que algún providencial maremoto, las haga desaparecer, sin dejar rastro de ellas ni de las gentes que las pueblan.

A estas horas, y a la vista de los horrores denunciados, no puede ser otra la reacción de las gentes honestas más que este deseo vehemente, de que sus autores, cómplices y encubridores, individual y colectivamente, sean barridos de la faz de la tierra, como lo fueron, por la ira de Dios, las ciudades malditas de las Escrituras.

No basta, para borrar el agravio inferido a la cultura y a la Humanidad, ni siquiera la promesa, hecha en firme, de someter a la justicia, después de la guerra, éstos o aquellos responsables superiores e indirectos de los actos denunciados. En el caso de barbarie nipona, apenas hay responsables individuales. Son la resultante de una manera colectiva y milenaria de ser, de vivir, de creer, de pensar y de actuar, rigurosamente incompatible con todo el resto del género humano. En ella no son diferentes los de arriba de los de abajo, ni de los del medio ni de los de la orilla. Es la esencia única del alma colectiva japonesa: la crueldad, el menosprecio a la vida humana, la insensibilidad fría y el desconocimiento de las leyes del honor y de la misericordia; agravado, todo, por una xenofobia delirante que lo hace ver en todo ser no japonés, un enemigo al que hay que exterminar y aniquilar, cuanto más cruelmente mejor, a traición mejor que cara a cara.

Es el “espanto amarillo”, de que habló un ilustre diplomático colombiano, después de estudiarlo en sus más horribles aspectos y manifestaciones. Es el perro rabioso, cuyo mal no se ataja limpiándole las babas, sino que matando el perro, y enterrándolo después a mucha profundidad.

Es el Japón, así genéricamente, que hay que suprimir, para que los pueblos y las naciones, no tengan que avergonzarse de contarlo como a un igual en su comunidad universal; y, para que las gentes de bien no tenga que horripilarse nunca más ante crímenes colectivos como el que acaba de denunciarse en Londres y en Washington, ante la indignación y la protesta de la Humanidad, injuriada y afrentada en su sensibilidad y en su patrimonio físico y moral.

(Artigo publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1944)
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Brasil na 2ª Guerra Mundial en 1943
14 de diciembre de 1943

BRASIL EN GUERRA


Por Ramón Suárez Picallo

En su día, cuando el Brasil, agredido en su soberanía, en sus vidas y en sus bienes, se declaró en estado de guerra, con el Eje totalitarismo –que entonces era aún tripartito y sin partir– hemos destacado, en este mismo lugar, la enorme importancia estratégica, política y diplomática, que tenía para todo el Continente Americano, la viril decisión de la gran República Atlántica.

Eran en los tiempos, aún indecisos acerca del cual habría de ser el escenario en el que las Naciones Unidas, iniciarían su ofensiva. El Mariscal Rommel, su famoso “Afrika Korps” y sus segundones italianos, campaban por sus respetos en casi toda la cuenca Mediterránea, teniendo como estribo y trampolín el Continente Negro. Dakar, y todo el resto del África francesa, eran un angustioso enigma, debruzado sobre el Atlántico, pendiente sobre el Brasil, que le es fronterizo, mar por medio. Soñábamos despiertos con África, y hubimos de señalarlo, ya entonces, pese a todo, como punto de partida y arranque, para las penúltimas jornadas de esta guerra, acerca de cuya victoria final, nunca hemos dudado, ni siquiera antes, ni después, de Dunkerque. La declaración de guerra del Brasil a las potencias del Eje, vino a cerrar de este lado del Atlántico el portillo más peligroso que el Hemisferio Occidental podía ofrecerle al nazifascismo para que penetrase por él en nuestro mundo americano. Posteriormente la victoriosa invasión norteamericana de África, con la expulsión total de las fuerzas militares nazis y fascistas de allí, interceptó el otro extremo del peligroso camino, y, ambos acontecimientos –fundados en el mandato imperativo de la Geografía– variaron la trayectoria total de la guerra y de sus operaciones, hacia objetivos y metas opuestas y antípodas.


COOPERACIÓN

Cuando se escriba, libre y ampliamente, sin las limitaciones que impone el secreto militar, la Historia de esta guerra, la cooperación brasilera a la causa de las Democracias, como consecuencia de su actitud, firme y resuelta, tendrá que ocupar muchas y muy nutridas páginas en ella. Cooperación en cosas, cooperación en puntos estratégicos, cooperación, como vigía y atalaya, en la costa sur occidental del gran mar padre, y ahora, cooperación en pertrechos y en hombres; sin contar con la aportación diplomática, ciertamente, cuantiosísima de la Cancillería Carioca, desde la histórica Conferencia de Río de Janeiro hasta el día de hoy.

De todo ello se habla ahora en toda la América, a raíz de la llegada de unidades avanzadas de choque del Ejército brasilero, al Norte de África, a donde debemos suponer que no van para hacer turismo, sino que van a hacer cosas de mayor importancia y trascendencia. La noticia procede de altas fuentes de Washington, donde ha sido cumplidamente elogiada en todo su valor y significado, teniendo en cuenta que el Brasil puede aportar un valioso contingente humano, del cual las unidades enviadas, serían un mero anticipo.


RECONOCIMIENTO

El reconocimiento en los medios oficiales de la capital de los Estados Unidos hacia la cooperación brasilera es amplio, explícito y generoso.

Efectivamente, en el Departamento de Guerra –a la hora en que escribimos estas línea – se espera un comentario de Mr. Simson sobre el asunto, mientras en otros círculos parlamentarios y políticos se manifiestan muy complacidos. Así, por ejemplo, el diputado Mr. Overton Brooks, miembro de la Comisión de Asuntos Militares de la Cámara de Representantes, que recién regresa de un viaje por el Brasil, después de subrayar la importancia de la aportación brasilera en caucho, metales y otros materiales esenciales para la victoria de la guerra, refiriéndose a la llegada de tropas brasileras al África, hace la siguiente afirmación:

“Recibimos bien esta noticia, especialmente, porque lo que en ella se indica, se hizo voluntariamente y, porque expresa, por ende la perfecta cooperación del Brasil, y su deseo de compartir el peso de la guerra”.

La declaración es justa, está muy puesta en razón, y viene muy oportunamente; por muchas cosas, pero, muy especialmente, por constituir un decoroso y autorizado desmentido, a otras, declaraciones menos leales, menos circunspectas, y menos honestas, hechas por otros parlamentarios norteamericanos, con vistas -¡lo sabemos perfectamente! – a ciertos aspectos de política interna de oposición a Roosevelt, en las que, torpe e injustamente, se infiere inmerecido agravio a las Naciones democráticas latinoamericanas, para elogiar, de refilón, sistemas no democráticos y filototalitarios. Nos referimos, naturalmente a los Butler y a los Summer, que siguen pensando que con “libros de cheques” se arregla todo, como cuando sus compinches de Wall Street, fomentaban dictaduras y corrompían dictadores para hipotecar soberanía y torcer los designios democráticos de varias naciones.

La viril actitud del Brasil en guerra, y la de otras muchas naciones que aportan cuanto les es dado aportar a la causa común, así como los comentarios que tales actitudes suscitan en los medios democráticos autorizados, son una alta satisfacción moral, y valen por una enérgica protesta.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1943)
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LAS BALEARES EN LA 2ª GUERRA

22 de noviembre de 1942

POR EL SÍ O POR EL NO


Por Ramón Suárez Picallo

El Almirantazgo Británico anuncia que la Flota Aliada minó las aguas que rodean las Islas Baleares. La medida tiende al aislamiento de aquellas zonas de España de la vecindad de las potencias del Eje, que estiman en mucho el valor estratégico de Mallorca, de Menorca, de Ibiza y de Cabrera.

Las Baleares son llave maestra en las rutas mediterráneas. Cuando la Italia Fascista ayudó con armas y bagajes, a la España insurrecta contra la Ley, estaban en su pensamiento las bellas y luminosas Islas de Jaime el Conquistador. Durante la guerra civil, Mallorca fue territorio de soberanía italiana, base y punto de tránsito de sus buques y aviones. Allí murió de muerte poco clara, Ramón Franco, hermano del Caudillo y capitán argonauta del “Plus Ultra”: y allí ejerció autoridad siniestra y suprema el Conde Rossi, retratado con trazos magistrales por el escritor católico George Bernanos en su libro impresionante “Los Grandes cementerios bajo la Luna”.

Los jefes de la flota aliada, empeñados en que el Mediterráneo no sea un lago privado de la Italia Fascista, saben todos estos antecedentes, y muchos más, de las Islas Baleares; y por el sí o por el no, minaron sus aguas para que los barcos pasen de largo y no hagan recalada en sus hermosos puertos, playas y caletas.

Todo ello sin perjuicio de las amables seguridades diplomáticas sobre la insegura neutralidad de España, proclamada a los cuatro vientos por tirios y troyanos. Y es que desde los tiempos de Isabel de Inglaterra y de Felipe de España, a éstos del Almirante Darlan, la gente de mar y la de Cancillería andan muy poco de acuerdo y tienen frecuentes desencuentros.

Así se explica que por el sí o por el no, el Almirantazgo Británico haya cuajado de aparatos explosivos las aguas azules y luminosas que rodean las Islas de Don Jaime I el Conquistador, pertenecientes “de jure”, por lo menos, a la España declarada neutral, pero amiga predilecta del Eje totalitario.
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DELINCUENTES DE GUERRA
8 de octubre de 1942

DELINCUENTES DE GUERRA


Por Ramón Suárez Picallo

En Londres y en Washington volvió a hablarse del problema de los delincuentes de guerra. De aquellos que, contra normas claras y universalmente consagradas por el Derecho y la Civilización, han causado bárbaros e inútiles sufrimientos a seres indefensos, ajenos por entero a la lucha armada en los campos de batalla. Los ejecutores de rehenes sin discernimiento de responsabilidades individuales; los que ultrajaron a mujeres, niños, ancianos, sacerdotes y profesores, inspirados en propósitos de odio y de venganza; los que incendiaron Lídice y segaron con ametralladoras las vidas de todos sus pacíficos habitantes; los masacradotes de miles de judíos en Ucrania, en Estonia y en Latvia, comparecerán ante un Tribunal Internacional, una vez terminada la guerra, para responder de sus delitos horribles y purgar la pena correspondiente.

Esta vez, no valdrá la frase impunista de “es la guerra”, ni alegar la obediencia debida a orden superior, ni el “borrón y cuenta nueva” que sigue a los armisticios y conferencias de paz.

Aunque no se crea, la guerra tiene una moral y unas normas jurídicas, universalmente admitidas entre los pueblos civilizados; ese sentido moral y esas normas han sido –y siguen siéndolo– violadas y escarnecidas sin justificación ni motivos admisibles desde el punto de vista militar. Quienes las violaron deben ser considerados delincuentes comunes y como tales castigados sin piedad ni misericordia. La impunidad de sus delitos contra el Derecho de gentes, sería terriblemente desmoralizadora porque llevaría al mundo a la falta de fe en la ley y en la justicia de la democracia.

Que eso no ocurrirá acaba de asegurarse en Washington y en Londres, al anunciar que al final de la contienda un tribunal Internacional juzgará a los delincuentes de guerra.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda Guerra Mundial - Publicado o 08-10-2014 00:39
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APÁTRIDAS EN 1943

Reflexións de RSP -en 1943- sobre o significado de "apátrida" e sobre os que entregan o seu país aos estranxeiros,como foi o caso do noruego Quisling (polo que a palabra quisling foi acuñada como sinónimo de traidor) ou os que defenden coa súa vida a independencia ou soberanía dos seus países...


7 de enero de 1943

APÁTRIDAS


Por Ramón Suárez Picallo

Apátrida quiere decir hombre sin Patria. Los regímenes totalitarios, que suelen llamarse también “nacionalistas”, son los creadores de la figura jurídica, como pena; ellos se la aplicaron, sin piedad, a sus enemigos políticos, cubriendo los caminos del mundo, las cárceles y los campos de concentración, de hombres sin protección jurídica, privándolos por decreto arbitrario de su nacionalidad: queriendo borrar, de vil plumazo, el hecho incuestionable de haber nacido sobre la tierra y bajo el sol de una Nación y de un Estado; condenando a miles de hombres a una muerte civil, a veces de más trágicas consecuencias que la misma muerte física. En la España actual, en la Alemania nazi y en la Francia de Vichy, la pena, bárbara, cruel, contraria a los principios universales del Derecho Natural y Divino, ha sido instituída en sus nuevas leyes, y está siendo aplicada a mansalva a todos los mal avenidos con los regímenes imperantes.

Por lo que tiene de cruel, de escarnecedora, de antinatural, de contraria a Derecho, la pena de apatricidio, tiene que repugnar íntimamente a todo espíritu culto y civilizado; pero resulta particularmente intolerable, cuando la aplican los vendepatrias, que entregaron su Nación al extranjero, a aquellos otros, que defendieron con alma y vida los derechos, la independencia y la soberania nacionales.

Tal fue el caso, por ejemplo, de la Francia de Vichy, entregada en cuerpo y alma al invasor, privando de la nacionalidad a los más esclarecidos patriotas franceses; y tal es hoy el caso de Noruega, cuyo traidor máximo, Quisling, que dio con el suyo, un nombre personal a la traición, acaba de declarar apatridas a 30.000 compatriotas suyos, por negarse a colaborar con el invasor que arrasó con la ejemplar nación noruega, y que hizo de ella una colonia del Tercer Reich… ¡Quisling o Laval, declarando traidores a otros hombres; equivale a que el Diablo se haya metido a predicador del Evangelio, y de las virtudes de la Santa Cruz!

Por fortuna, el mundo que importa a las naciones que no han renunciado a las leyes universales que rigen con fuerza moral imponderable las relaciones entre los hombres y sus comunidades nacionales, les reconocen muy poco valor humano y jurídico a los decretos de los vendepatrias; y aún haría falta que les reconociesen mucho menos, en defensa de una solidaridad democrática universal, cada día más necesaria, como defensa, frente a un enemigo organizado en el mundo entero.

Mientras tanto, el hecho, permanente e incuestionable de haber nacido, trabajado, sufrido y llorado, dentro de los linderos de una Patria, al amparo de una bandera y de un orden jurídico, con todos los derechos que le son inherentes no puede ser modificado por un régimen político transitorio, ni por los hombres que le sirven, en medio del odio, y de las maldiciones de sus conciudadanos que los soportan como se soporta una desgracia nacional.


(Arrtigo publicado no xornal La Hora -en Santiago de Chile- tal día como hoxe pero de... 1943)
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O principio do fin alemán (na 2ª guerra)

Na foto,a cidade de Stalingrado tras a victoria soviética sobre las tropas alemanas.

RSP comenta e intue o declive alemán en base aos acontecementos que se están a producir a finais de 1942 ...

5 de enero de 1943

POR AHÍ SE EMPIEZA


Por Ramón Suárez Picallo

Los hechos diarios, referentes a la marcha de la guerra confirman, plenamente, el sombrío pesimismo con que fue recibida en el Tercer Reich, la entrada del año de 1943, resumido en el mensaje de Goebbels, ya comentado en esta sección.

Los desastres militares en Rusia y en África, y los signos visibles de insurrección en varias zonas de la Europa ocupada, junto con el fracaso rotundo de la imposible colaboración de Francia con el Eje, repercuten hondamente en la política interna y externa de la Alemania nacional-socialista.

La diplomacia, tan audaz, tan ágil y tan optimista cuando los ejércitos avanzaban triunfalmente hacia todos los puntos cardinales, anda ahora de cabeza, desorientada y alicaída; desde Berlín son llamados a rendir cuentas y a informar, los Embajadores en Tokio y en Madrid, dos lados del cuadrilátero totalitario.

Por otra parte, acaba de aparecer un “Libro Blanco”, de la Cancillería de Washington, cuyo contenido ha descompuesto a la Wilhelmstrasse. Parece que el tal librito contiene en sus hojas revelaciones muy desagradables, fijando terribles responsabilidades en este conflicto, del cual saldrá muy maltrecho el pueblo alemán. Y, sin dar previamente a conocer su texto, toda la prensa del Reich arremete contra él, a grandes titulares, en primera página; lo cual es una manera de excitar en los alemanes el deseo de saber qué es lo que se dice, cuando tanto se le combate.

En orden a la política interior, no andan mejor las cosas. Los altos mandos militares están siendo reorganizados a rajatabla, con bajas y traslados, sustituciones o pases a la reserva, empezando por Halder, Jefe del Estado Mayor Central, destituido por Hitler, porque no se adaptó a los puntos de vista e ideas estratégicas del Fuehrer. Ocupó su puesto Seiltzer, un aprendiz de militar -muy adicto al Partido-, para quien Hitler, en circular especial, dirigida a todos los comandantes de las unidades combatientes, exige absoluto acatamiento, “sin tener en cuenta su graduación, ni las circunstancias que concurren en su carrera militar”.

Como complemento de todo esto, se informa que en la retaguardia se han formado tres divisiones selectas tituladas “Adolf Hitler”, “Herman Goering” y “Heinrich Himmler” -los tres capitostes máximos-, entre cuyas misiones figura la de protección personal de los jefes, cuyos nombres ostentan. ¿Protección de qué? ¿Protección contra quién?

Mientras tanto, en los frentes de batalla, las derrrotas caen una tras otra con regularidad matemática.

Sobre las fugas veloces de Rommel en Áfrlca, vino con el peso de una apisonadora y la rapidez de un rayo, la incontenible ofensiva soviética, en pleno progreso hacia puntos neurálgicos y vitales del Frente del Este.

¿Está o no justificado el pesimismo sombrío con que fue recibida la entrada del año 1943?

Lo está, ciertamente. Porque por ahí empieza “el principio del fin”. Por ahí se empezó, y se terminó, en 1918. Por ahí se empieza y por ahí terminará en 1943.


(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile, tal día como hoxe 5 de xaneiro de ...1942)
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LEMBRANDO A BATALLA DE STALINGRADO
En agosto de 1942 iniciouse o asedio a cidade rusa de Stalingrado por parte do exército alemán. Foi unha das grandes batallas que se recordan desa guerra. O asedio rematou seis meses despois coa retirada do exercito nazi.
RSP comenta en dous artigos seguidos o seu apoio a que se levante un monumento aos heroicos defensores da cidade e lembra que se cumplen os cen días do comenzo da citada loita...


29 de octubre de 1942

LA TORRE DE STALINGRADO


Por Ramón Suárez Picallo

Pedro Antón Olave, bilbaíno residente en Buenos Aires desde hace muchos años, hombre de fortuna y entusiasta socialista, ha lanzado por todo el Continente Americano y allí donde es posible, del europeo, una peregrina iniciativa para que el mundo rinda un bien merecido homenaje a la heroica ciudad de Stalingrado.

Consiste en levantar, cuando llegue la paz con la consiguiente victoria de las Democracias, en el corazón de la gran urbe soviética, una torre de mil metros de altura con un faro perpetuamente encendido que ilumine miles de kilómetros a la redonda. Dentro de la torre, museos de arte, bibliotecas, laboratorios científicos y un gran observatorio astronómico.

Conocemos muy pocas torres –la Eiffel en París, la de Hércules en A Coruña y la muy famosa de Pisa– y no tenemos la menor idea sobre ingeniería; pero reconocemos que una torre de mil metros, debe ser mucha torre y muchos metros. El lector puede tener una idea aproximada, pensando en un kilómetro de Alameda, mucho más ancho que la Alameda, puesto de pie. ¿Qué eso cuesta un platal? Así lo reconoce el autor de la iniciativa. Y en una cuartilla, impresa en papel de avión, de la cual repartió mundo adelante varios millones lo explica así: “Las pirámides de Egipto, la torre de Babel y la torre Eiffel, costaron también muchos millones y su significado para la Humanidad no tiene punto de comparación con el que tiene la epopeya de Stalingrado”.

Efectivamente, de la torre de Babel no queda más rastro que la multitud de idiomas para castigo de estudiantes de Humanidades; las pirámides tienen cada vez menos visitantes desde que hay guerra por allí, y de la torre Eiffel, ni hablar. Apenas sirve hoy para despertar la codicia de las fuerzas alemanas de ocupación que quieren derribarla para llevarse el hierro. En cambio, en Stalingrado quedará recuerdo indeleble en la historia de los siglos.

¡Es mucha torre la que propone Antón y Olave! Pero Stalingrado merece eso y mucho más.


1 de noviembre de 1942

LOS CIEN DÍAS DE STALINGRADO


Por Ramón Suárez Picallo


El mismo día en que comienza el pavoroso invierno ruso, cúmplense los cien días del comienzo de la batalla de Stalingrado. Cien días con sus cien noches de lucha fragorosa, apoyada por el más poderoso aparato bélico que registran los siglos, con la muerte de cientos de miles de hombres, por una ciudad cuya conquista estaba planeada para el plazo de dos semanas por un ejército considerado invencible, hasta que llegó a sus puertas, es hazaña pocas veces registrada en la historia.

Pues ahí está la gran ciudad del Volga, ferozmente hostil a quienes quieren conquistarla desde hace cien días. Sus heroicos defensores no ceden de ella un palmo, sin regarlo primero con torrentes de sangre de los suyos y de los otros, en un alarde de valor y de fe que los hará inmortales por cien siglos.

En su ayuda están avanzando fuerzas de auxilio próximas ya al fraternal abrazo a la sombra de los escombros gloriosos de sus fábricas y factorías; de sus barriadas obreras llenas de luz y cristalerías, y de sus opulentas bibliotecas repletas de libros. Mientras tanto, ha llegado el invierno ruso, con su siniestro augurio de muerte para quienes no le vieron nunca el rostro. El augurio, silencioso y triste, que trae consigo un ejército de auxilio tan poderoso como el de Timoshenko.

Stalingrado saluda su llegada con una cifra: 100 días, la misma cifra que apagó para siempre la estrella del más grande y afortunado guerrero de nuestro tiempo.

¡Cien días que durarán por cien siglos!

(Artigos publicados no xornal La Hora en Santiago de Chile a finais de outubro e primeiro de novembro de... 1942)
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PREPARANDO O FIN DA 2ª GUERRA MUNDIAL

A finais de 1943 se constata que o Tercer Reich está a perder a guerra e que os mandatarios Winston Churchill, Franklin Delano Roosevelt, Xosé Stalin e outros se reunirán en secreto para organizar e decidir o futuro.
Na foto os asistentes á Conferencia de El Cairo en novembro de 1943.

RSP, adianta neste artigo cales poden ser os puntos a tratar nesa conferencia...


1 de diciembre de 1943

“EN ALGÚN PUNTO"


Por Ramón Suárez Picallo

Parece indudable, a juzgar por indicios, detalles y circunstancias muy significativos, que a estas horas, “en algún punto del mundo” –Persia o el Egipto, quizá– están reunidos, tres, cuatro, o cinco hombres, sobre cuyos hombros pesa la mayor responsabilidad, nacional e internacional, que hayan tenido nunca, ningunos otros gobernantes de la Historia de la Humanidad.

Se supone, efectivamente, que Winston Churchill, Franklin Delano Roosevelt y José Stalin –en la presencia posible de Chiang Kai Shek de China y el doctor Eduardo Benes de Checoeslovaquia– están celebrando una conferencia, por todas razones decisivas, en el presente y en el próximo porvenir del mundo. Los tres primeros, representan al mayor grupo internacional, en poder material, político, humano y geográfico, en hombres y cosas, en decisión y en voluntad de triunfo de todos los tiempos; Chiang Kai Shek, representa el viejo y fabuloso mundo asiático en guerra, incorporado a la comunidad de los pueblos occidentales por los caminos de la Democracia, de la libertad, del entendimiento y de la humana comprensión; el otro, Eduardo Benes, no tiene representación material considerable, es el gobernante de un pueblo ocupado, peregrino por el mundo, sin tierra propia y suya donde asentar sus pies.

Ello no obstante, el doctor Benes, Presidente de Checoeslovakia, Mandatario de un pueblo tan ejemplar como infortunado, tiene o tendría en la histórica reunión, si estuviese en ella, un altísimo significado: la tolerancia democrática, el equilibrio espiritual, la simbiosis admirable de todo lo bueno del mundo que se va, con lo inquieto, dinámico y renovador del mundo que se viene, sintetizada en la República que fundara Massryk y que Benes quiso sostener. ¡Por eso su ausencia o su presencia, en cualquier parte es siempre conmovedora!

Tres, cuatro o cinco los reunidos a estas horas “en algún sitio del mundo”, es lo cierto que encima de la mesa, en torno a la cual ellos discurren, están colocados los destinos del género humano trascendental sobre el mañana y sobre el pasado mañana.

Todos juntos y cada uno de por sí, gozan de un margen de universal confianza sin parigual, por su sabiduría, su honestidad y su devoción a la causa de los suyos y de los demás pueblos del planeta. Ellos lo saben; y a esa conciencia de su alta representación y de la consiguiente responsabilidad, habrán de acomodarse las históricas decisiones que adopten, dondequiera que se hallen.

Al resto del género humano, le queda el deber de acompañarlos con la fe; y con los mejores votos: ¡Qué Dios los guíe y los ilumine y los proteja y ampare! ¡A ellos y a lo que ellos representan!


DE QUÉ TRATAN

Una zarabanda de rumores, suposiciones y conjeturas, está llenando el mundo acerca de lo que estarían tratando los tres, los cuatro o los cinco, reunidos en algún punto del mundo.

Desde unas ciertas o supuestas gestiones de paz atribuidas al Tercer Reich a través de la Santa Sede Romana, hasta una invasión europea por gigantescos contingentes democráticos pasando por la destrucción aérea de toda Alemania, hay rumores para todos los gustos y para satisfacer todas las fantasías. Pero, todos ellos, arrancan de una premisa previa: El Tercer Reich ha perdido ya la guerra de manera irremediable. De ahí para adelante, ya todo lo demás; la posible intervención de sectores económicos, militares, y hasta religiosos, alemanes, para lograr un armisticio; la agitación de los elementos monárquicos, austríacos, españoles e italianos, para no caer con el nazifascismo; crisis política en Finlandia, en Rumania y en Hungría, en evitación de correr la suerte del amo y del socio; vaticinio de la derrota totalitaria hecha por generales franceses al servicio de Vichy, dispuestos a bienquistarse con los vencedores; discurso triste, angustiado y pesimista de Hitler a sus cadetes militares diciéndoles: “Las cosas van muy mal, pero tendremos que morir matando, por qué de ningún otro modo podremos vivir”, es la zarabanda de verdades o de infundios, precursora de la gran catástrofe totalitaria, parecida como lo son dos gotas de agua entre sí, a la otra que en su día preludió el fin de la guerra de 1914-1918 con la derrota alemana.

Con tal panorama y perspectivas a la vista no es difícil señalar los puntos esenciales de la discusión y diálogo en que están ocupados los líderes democráticos. Podrían ser perfectamente los siguientes:

PRIMERO: Llamamiento, a modo de ultimátum, a las potencias totalitarias, para que se rindan inmediatamente y pongan fin a una guerra que tienen irremediablemente perdida, para evitar un inútil derramamiento de sangre y la destrucción de bienes cuantiosos, cuya conservación importa a todos.

SEGUNDO: En previsión de una negativa a aquel llamamiento, planear, preparar y llevar a cabo, simultáneamente, la gran ofensiva final, con todas las fuerzas disponibles, sincronizadas y ordenadas por distintos puntos, con vistas a una meta común: llegar a Berlín para proclamar desde allí la victoria democrática.

TERCERO: En un caso como en el otro, la rendición de los totalitarios y de sus secuaces y satélites, plantea a las Democracias el problema de la reorganización política, geográfica y social del mundo, sobre bases justas y equitativas explicadas, globalmente, en la Carta del Atlántico, pero que deberán ser estudiadas, particular y específicamente –con nombres y apellidos, como quien dice– en la reunión actual o próxima de los grandes dirigentes.

CUATRO: Ganada la guerra, las cuatro grandes potencias combatientes –el Imperio Británico, la Unión Soviética, los Estados Unidos de Norteamérica y la China de Chiang Kai Shek– deberán conservar y aún estrechar más, su actual alianza para hacer fecunda y justa la paz, garantizar la seguridad individual y colectiva de todas las naciones y hacer imposible una nueva guerra mundial.

Tales, a nuestro juicio –y salvando otros mejores– los puntos capitales en diálogo entre Churchill, Roosevelt y Stalin, con la posible presencia de Chiang Kai Shek y del doctor Benes.

¿Las soluciones halladas? Serán sin duda las más justas, las mejores y las más convenientes, para afianzar la fe y la esperanza y para rematar venturosamente, lo que aún falte de la grande y dura jornada.

Dentro de días, de horas quizá, el mundo habrá de conocerlas en su letra y en su texto. Después las conocerá por su espíritu y por sus frutos. ¡Esperémoslas con confianza!

(Artigo publicado no xornal La Hora de Santiago de Chile,tal día como hoxe pero de...1943)
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Segunda Guerra Mundial - Publicado o 01-12-2012 13:14
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