A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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¿DESAPARECERÁ GALICIA?

¿DESAPARECERÁ GALICIA?


Hoy hablamos de los celtas y de los visigodos, etnias que desaparecieron hace siglos, cuyos vestigios genéticos se hallarían entre los gallegos y españoles de hoy, más como hipótesis que certeza científica, más como imaginería mítica que como rasgos étnicos sujetos a comprobación. ¿En cuántos años o décadas más se hablará de los gallegos como etnia extinguida, de su lengua como remoto medio de comunicación y de imaginería para nominar el mundo?
No lo sabemos a ciencia cierta, aunque las predicciones, basadas en demoledora estadística actual, no resultan halagüeñas.
Hace quince años, con ocasión del Curso de Lingua e Cultura Galega para Extranxeiros, del ILGA, en Santiago de Compostela, hablamos de este delicado y controvertido tema con nuestros profesores y amigos, Maricarme Pazos y Xesús Domínguez, en las encendidas tertulias después de clases. El ambiente de aquellas reuniones no era pesimista, como las conclusiones de hoy. Nos apoyábamos en escritores como Álvaro Cunqueiro, en su célebre exhortación: “Mil primaveras máis para a lingua galega”, y en ese optimismo equívoco que surge del amor ultramarino por las raíces de la estirpe.
Ayer leí, con verdadera desazón, un artículo de El País, “La España terminal”, notable crónica de Luis Gómez, del que extraemos lo siguiente:

Lugo, Teruel, Zamora, Ourense y Asturias, las provincias que más pierden
Todos los estudios señalan a Lugo y Ourense como las más afectadas. Y numerosos autores se preguntan cuántos gallegos habrá dentro de varios decenios. “Haría falta una inmigración neta anual de 20.000 mujeres para mantener estable el número de nacimientos hasta 2050”, ha llegado a calcular Xoaquín Fernández Leiceaga, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Santiago y diputado autonómico socialista. Fernández establece una dura previsión para el futuro de Galicia en uno de sus trabajos: “Galicia gira alrededor de la autopista atlántica: el resto será paisaje”. “Puede parecer una frase excesiva”, dice, “pero lo que es evidente es que la población se concentrará en esa franja atlántica y en un periodo de 10 a 15 años su peso será superior. No tendrá unos efectos dramáticos porque la población de las zonas rurales ya está inactiva. Habrá una mayor actividad forestal, que tirará poco del empleo, algunas cabeceras de comarca que serán más dinámicas, pero, sí, se consolidará el paisaje”.
El paisaje gallego que describen los expertos es preocupante: el 85% de los municipios (que agrupan varios pueblos y aldeas cada uno) tiene problemas, tal y como lo describe Julio Hernández Borge, coordinador de la cátedra Unesco de Migraciones, quien en su obra “Galicia, unha poboación aventellada”, señala 211 municipios con más del 20% de personas de 65 años en adelante, 168 con más del 30%, 54 con más del 40% y tres, con más del 50%. Cuando escribió el libro, fechado en 2010, solo había un municipio con más del 50% de población mayor. Al revisar sus datos para 2011, aumentaron a tres. Están en Ourense. Son A Teixeira, San Xoan de Rio y Lobeira.
Harían falta 20.000 mujeres más al año para mantener la población gallega.
La prensa local se ha hecho eco de la vida en estas poblaciones, señaladas con el dedo del demógrafo. Así el diario La Voz de Galicia glosaba el pasado junio la mejor noticia sucedida en mucho tiempo en Teixeira: el nacimiento de Tomasina, hija de una inglesa y un catalán, dos artesanos que emigraron a esta zona de la Ribeira Sacra. El alcalde, el popular Miguel Antonio Cid Álvarez, era capaz de decirle a los periodistas, uno por uno, los niños —“rapazones”— que hay en A Texeira y alrededores. El censo refleja una población de 406 habitantes, 219 de los cuales (el 54%) han alcanzado la edad de jubilación.
La Xunta de Galicia emprendió hace un año un Plan de Dinamización Geográfica sin consenso, cuyos resultados no podrán evaluarse, según la Consejería de Bienestar, hasta 2016. Entre las 69 medidas está la divulgación de anuncios en prensa y televisión animando a la población a fecundar hijos, una estrategia que los demógrafos consultados consideran inútil. Castilla y León propone medidas para cuando el PIB de la región crezca a un ritmo superior al 2,5%, un hecho improbable en estos años. (Hasta aquí la cita).

En los cursos de lengua y literatura gallega, que impartimos, durante once años (1998-2009), en el Centro de Estudios Gallegos de la Universidad de Santiago de Chile, escuchábamos a los jóvenes alumnos que soñaban con insertarse en Galicia, sobre todo luego de asistir a los cursos de verano en Compostela. Volvían encantados con la tierra de nuestros devanceiros, aun cuando en su mayoría no tenían ascendencia gallega. En contraste, fueron muy escasos los estudiantes hijos, nietos o biznietos de gallegos que se inscribieron en nuestro programa –gratuito, por cierto-, mostrando ya el alejamiento de sus raíces lingüísticas y culturales que exhiben los descendientes “españolizados” de algunas colectividades galaicas en Hispanoamérica. Pero esos discípulos chilenos, con algunos de los cuales todavía suelo reunirme, creían posible transformar aquella fascinación que lográbamos traspasarles, en móvil para cruzar el charco y asentarse en las viejas comarcas de Breogán, para vivificarlas con nutrida prole, tal como hicieran, en un pasado no tan remoto, durante dos siglos, nuestros antergos, que prodigaron en la América del Sur sus fundaciones, que nos trajeron la magia del idioma rumoroso y el calor perdurable de su lareira.
Se hablaba entonces de planes de inserción, de programas de ayuda para establecerse al otro lado del mar; una suerte de proyecto de proliferación de savia joven en el cuerpo añoso de la anciana Galicia. Aquello resultó, como tantas iniciativas de sello político circunstancial, letra muerta sobre folios amarillos…
Uno de mis más entusiastas alumnos, Cristián Loyola Carvallo, administrador público titulado en la USACH (Universidad de Santiago de Chile), lleva varios años intentando materializar su propósito de asentarse en Galicia. Lo que comenzara como apasionada iniciativa, hoy se ve tal si fuese un sueño utópico, alejado de cualquier realidad tangible, porque las oportunidades allá se ven cada día más remotas.
Frente a este grave drama poblacional que viven Galicia y otras regiones rurales de España, cabe preguntarse por qué la clase política –tirios y troyanos- no ha sido capaz de articular estrategias de presente y futuro con miras a evitar una tragedia terminal, cuando parecen preocupados y sumidos en el inmediatismo económico y en esas falsas cifras o porcentajes de supuesto “crecimiento anual”, que sólo nutren los intereses bastardos del “capitalismo salvaje global”.
Carecemos de respuesta, y esa inquietante pregunta sigue resonando en nosotros, como las campanas de Bastabales que repicaban a muerte en el corazón de Rosalía:
¿Desaparecerá Galicia?

Edmundo Moure
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 22-10-2014 00:07
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NICANOR PARRA cumple 100 anos
Nicanor Parra

(Centenario: 5 de Septiembre 1914 - 2014 )


Un siglo de vida ha cumplido Nicanor Parra, uno de los grandes de la poesía chilena, hispanoamericana y universal. Sus aportes a la creación poética son extraordinarios e indiscutibles, desde la clásica rigurosidad semántica del metro castellano, hasta la más desenfadada poesía, esa que a ratos no parece poseer estatus lírico, y a menudo ni siquiera rango poético, como buena parte de sus “artefactos”, que sus más entusiastas discípulos corean y citan como artículos de fe.
Como bien se ha escrito:
Un Antipoema no es, por supuesto, otra cosa que un poema: debe eliminarse cualquier mitología al respecto, Antipoemas han existido siempre en la historia de la poesía. Y también antiantipoemas, etcétera. La vida interna de la poesía está hecha de tales posiciones. Marcial es antipoeta de Ovidio, Quevedo lo es de Garcilaso; Heine de Goethe, Michaux, de Valéry; Pound, de Tennyson... Así se trenzan en la historia poética lo dionisíaco y lo apolíneo, lo románico y lo clásico, la ironía y el lirismo, el evento existencial y la perfección esencial. Hay una mecánica del proceso antipoético: las formas expresivas que llamamos clásicas, y que consagran el equilibrio, entre la experiencia y el lenguaje, por el camino de la perfección estética tienden a alejarse de la existencia, de la historia, del sentimiento, y a endurecerse en retóricas, su cansancio engendra antipoetas de fortuna varia, poetas de crisis, cuyo verbo irónico y corrosivo quisiera devolvernos el contacto con la experiencia real del hombre en situación.
Puede que la antipoesía sea una reacción más o menos circunstancial frente a la fatiga de lo solemne y adocenado de los poetas “tradicionales” que agobiaban las viejas tertulias con sus declamaciones lloronas, un grito del desenfado verbal contra el tontogravismo (en el caso nuestro, enfermedad transversal de la patria chilena). Cierto es que la obra de Parra vivificó los ambientes enrarecidos de nuestros vates soturnos y atormentados en exceso, es decir, en cuerpo, alma y modales, estableciendo valores lúdicos en el ejercicio de la palabra poética. Es su mérito mayor, amén de una capacidad histriónica –propia de los Parra que conocemos- que le ha permitido estar en primer plano, dentro de nuestra república (o aldea) de las letras, y también en los ámbitos universales del quehacer literario, al punto que su nombre suena y resuena en Estocolmo, cada vez que va a discernirse el galardón universal de las letras.

Pero a mí no me gusta mucho la poesía de Nicanor el Grande –salvo la Obra Gruesa-, por más premios y reconocimientos públicos e internacionales que se den a su creación. Me parece agotadora su pertinacia en el facilismo en que cayó la antipoesía, de su pluma y de la de sus discípulos e imitadores. Y tiene tantos; más incluso que Neruda, que los tuvo por centenares, quizá por miles; que aún los tiene, en Chile y en el extranjero mundo… Ignacio Valente –José Miguel Ibáñez Langlois- sacerdote Opus Dei, sagaz crítico literario, contribuyó con sus exégesis, a través del mausoleo cultural de El Mercurio, a sacralizar la antipoesía, cuyos numerosos cultores recibían premios por doquier en los modestos concursos nacionales, hasta que transformaron el subgénero en una suerte de moda pueblerina, que hoy está agotándose de manera irremediable.

Nicanor tiene cien años de edad y está vigente, activo y creador. Es un genio indiscutible, que suma al amor vitalicio por las palabras su talento de matemático y de físico, cumpliendo, quizá, el antiguo precepto griego de que todo poeta debe ser, primero, un buen matemático, asunto que pareciera contradictorio en nuestro mundo de especializaciones aberrantes y de educación orientada a producir tecnócratas zafios e insensibles, estéticamente hablando, claro está.

La noticia del Premio Cervantes hace tres años, tuvo clamorosa resonancia en nuestro país, como si Nicanor fuese un entrenador de fútbol exitoso o una figura del balompié mundial. También esto es motivo de alegría para nosotros, sus modestos pares de oficio, porque al menos la Antipoesía (con mayúscula) ocupa el primer plano del acontecer chileno. Si hasta el Presidente Piñera elogió entonces su obra, apostillando, casi como una novedad, que es hermano de la gran Violeta y que “todos los Parra llevan el talento en la sangre”, asunto dudoso, porque pareciera tratarse de los genes, y aun las ecuaciones químico-matemáticas de éstos no garantizan la genialidad hereditaria, tal vez menos en las artes que en otros menesteres de la inquietud humana.

Tenemos ahora tres premiados al alero de Miguel de Cervantes y Saavedra: Jorge Edwards, Gonzalo Rojas y Nicanor Parra. Gana la poesía en la estadística y ratifica nuestra proclividad a la lírica, desde nuestros dos Premios Nobel, Pablo y Gabriela, en desmedro de narradores y cronistas.

País de imitadores es éste, como que hoy se mide el talento por la perfección de la copia. Seguro que van a surgir muchos que afirmarán: “Yo soy Nicanor Parra”, y nos infligirán sus antipoemas o artefactos al más puro estilo del original. Pero los buenos lectores no van a confundirse. Seguro.

Me alegro por el venerable y genial Nicanor. Después de todo, que a mí me guste o no su poesía, no agrega ni quita a sus méritos ganados en buena lid, como los mejores de esta patria mezquina con los genios que de tarde en tarde pergeña.

El día de su centenario, a lo largo y ancho de Chile, en teatros, plazas y bibliotecas, se recita su famoso poema “El Hombre Imaginario”, que me he permitido traducir en lengua gallega. Lo he recitado hoy, en la soledad silenciosa de la madrugada, y creo que suena bien, como si el poeta, en vez de haber nacido en la bucólica aldea de San Fabián de Alico, en el campesino centro-sur de Chile, lo hubiese hecho en el casal de A Touza, en la Galicia profunda.


EL HOMBRE IMAGINARIO


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

&

O HOME IMAXINARIO


O home imaxinario
vive nunha mansión imaxinaria
rodeada de árbores imaxinarias
á beira dun río imaxinario

Dos muros que son imaxinarios
penduran antigos cadros imaxinarios
irreparabeis gretas imaxinarias
que representan feitos imaxinarios
ocorridos en mundos imaxinarios
en lugares e tempos imaxinarios

Todas as tardes imaxinarias
sobe as escaleiras imaxinarias
e asómase ao balcón imaxinario
a mirar a paisaxe imaxinaria
que consiste nun val imaxinario
arrodeado de cerros imaxinarios

Sombras imaxinarias
veñen polo camiño imaxinario
entoando cancións imaxinarias
á morte do sol imaxinario

E nas noites de lúa imaxinaria
soña coa muller imaxinaria
que lle brindou o seu amor imaxinario
volve sentir ese mesma dor
ese mesmo pracer imaxinario
e volve a latexar
o corazón do home imaxinario.


Brindemos por Nicanor Parra en su centenario, con tinto chileno o con orujo gallego. Ambos le vienen bien a la poesía y renuevan la inmortalidad en el Parnaso.

Edmundo Moure
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 05-09-2014 11:06
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De Josep Plá y Rafael Cansinos
LA DICHA DE LAS PALABRAS


A Gregorio Dobao, cordobés universal.


Las palabras literarias te ofrecen su dicha paradojal, pues si ellas a menudo están construidas en un ámbito de tristeza, angustia, desolación, fracaso, comedia o tragedia, traen consigo el raro júbilo de su estética. Así, puedes leer a Rimbaud, a Kafka, a Borges o a Cioran, y recibir del lenguaje un extraño contentamiento, que es como fuego propiciatorio, el cual jamás termina por confortarnos, pero cuyos leños ardientes hemos de alimentar de manera incesante, atrapados como estamos en el hambre de sus primicias.

Estas palabras de que te hablo, amigo lector, suelen venir en los libros, en esos cofres llenos de páginas escritas con “tinta sangre”, que abrimos en busca de viciosa delectación, abiertas como abanico interminable de renovadas incitaciones.

Hace poco, tuve el agrado de conocer a un librero “de viejo”, el que posee la mayor casa de libros usados de Latinoamérica, que se empina por sobre los trescientos mil volúmenes; una suerte de “biblioteca infinita” en la que se hubiera extraviado el mismísimo Borges. Decía Héctor -feliz dueño-, que su mayor placer advenía luego de comprar partidas de libros, cuando examinaba, como un goloso, aquella mercancía siempre misteriosa, indagando títulos, autores, ediciones, traductores y demás detalles propios de cada publicación… Me invitó a conocer su librería, que está ubicada en calle San Diego, una cuadra al sur de Avenida Matta. No sé si iré a visitarla; me da miedo, no de perderme en el laberinto de sus anaqueles, sino de morir víctima de un síncope de dicha torrencial.

Mi amigo Gregorio, ingeniero de prolífico ingenio y literaria devoción, me trajo desde Barcelona, hace cuatro meses, el dietario de Josep Plá, “El Cuaderno Gris”, escrito originalmente en lengua catalana, por fortuna traducido al castellano del imperio, pues de las tres lenguas vernáculas peninsulares, preteridas por la derecha hegemónica de todos los tiempos, sólo puedo leer el gallego. Hice breve comentario de este libro en crónica anterior(1) , pero me referiré al fenómeno de la censura soterrada que afectara al notable prosista catalán, durante más de una década, luego de la muerte del dictador Franco, ejercida por editoriales y círculos literarios hispanos “progresistas”, que vetaban a Plá por sus simpatías con el régimen del sátrapa gallego, y por su repudio, más estético que político, a la República.

Se ejerció contra él una suerte de revancha, no oficializada, por sus pecados de “incorrección ideológica” y supuesto desprecio a la democracia, aunque después de la lectura de su “Cuadern Gris”, nuestra visión es distinta.

En efecto, se trata más bien de una actitud aristocrática -desde el punto de vista estético-, del oficio de escribir y de la vocación de leer, entendiéndolos como ejercicio unívoco disfrutado por minorías más o menos diletantes. Posición parecida a la de Borges y a la de Celine, con la que no concordamos, aunque aceptemos aquella premisa de que el arte, en sus varias expresiones, no ha sido ni será jamás afinidad masiva; ni siquiera el arte folclórico popular lo es, salvo sus derivaciones costumbristas y vulgares, carentes de la creatividad originaria.

Otro autor que padeció semejante discriminación, fue Rafael Cansinos Assens (1882-1964), sevillano de origen, y ascendencia sefardita, que vivió la mayor parte de su vida en Madrid, donde compartiera con grandes escritores, intelectuales y bohemios de su generación, durante más de medio siglo, de cuya obra llegué a interesarme por recomendación expresa de Jorge Luis Borges, quien nos habla de él con entusiasmo literario y lirismo epopéyico, e incluso llegó a componerle un breve poema de exaltación hebrea:



La imagen de aquel pueblo lapidado
Y execrado, inmortal en su agonía,
En las negras vigilias lo atraía
Con una suerte de terror sagrado.
Bebió como quien bebe un hondo vino
Los Psalmos y el Cantar de la Escritura
Y sintió que era suya esa dulzura
Y sintió que era suyo aquel destino.
Lo llamaba Israel. Íntimamente
La oyó Cansinos como oyó el profeta
En la secreta cumbre la secreta
Voz del Señor desde la zarza ardiente.
Acompáñame siempre su memoria;
Las otras cosas las
dirá la gloria


A Gregorio –cómo si no- le encargué que me trajese de Barcelona la “Novela de un Literato”, en tres tomos, obra extraordinaria en la que Cansinos Assens reconstruye la riquísima vida literaria y bohemia de la ciudad mesetaria, llamada “Corte”, entre el final del siglo XIX y el estallido de la Guerra Civil (1936).

Como apunta el prologuista: “Sobre el trasfondo de los principales acontecimientos históricos del período, desfilan las figuras de Alejandro Sawa, Villaespesa, Rubén Darío, Valle-Inclán, Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Colombine, Santos Chocano, Blasco Ibáñez, y otros…” Mediante ágil y fino estilo, pleno de humor e ironía sutil, Cansinos Assens nos ofrece una auténtica fiesta del lenguaje y, a la vez, desarrolla con maestría una cátedra de humanismo, en el incomparable mundo de las letras que le tocó vivir en aquella época turbulenta, pródiga y desenfrenada.

Cedo a la tentación de citar palabras del autor, que hago mías, desde parecida dicha y común pasión:

“Yo era un joven raro y soñador, que apenas hablaba en casa y reservaba su efusión para las reuniones literarias en casa de Villaespesa, en el sanatorio de Juan Ramón Jiménez o en los cafés. Salía de casa en la tarde, ya oscurecido –como los murciélagos, comentaba mi tío-. Y vagaba sin rumbo, entre la muchedumbre de individuos vulgares, con el íntimo orgullo de ser un literato, un elegido, captando sensaciones o tipos para argumentos de futuras novelas. El mundo era mío y la humanidad se había creado para que yo escribiese sus vidas oscuras y las iluminase con mi genio…”

Estas y parecidas ilusiones, amigo lector, serán contrastadas o deshechas por la realidad brutal, a medida que el escritor penetra en los intrincados recovecos del mundo cotidiano, sujeto a sus afanes, servidumbres y contradicciones. Pero el amor por las palabras, cuando ha nacido de un apremio irremediable, de una exigencia vocacional, es para toda la vida, y ningún descalabro, por penoso que fuere, hará que abandonemos a esta amante subyugadora.

Nosotros, los tertulianos de los jueves a la hora vespertina, hacemos lo posible por mantener y acrecentar esta mesa de las verbas compartidas, dando espacio en ella a distintos manjares literarios, aun a riesgo de ser censurados por tirios y troyanos, es decir, por aquellos que propugnan la torre de marfil del “arte por el arte”, o por quienes se aferran a los presupuestos del “realismo socialista”. Para nosotros, la dicha de las palabras es un pan tibio y oloroso, que debe gustarse en toda su variedad de sabores, sin mesianismos de ninguna especie.

A propósito, quisiera leer, después de Cansinos Assens, las crónicas periodísticas del gallego Julio Camba, ese maestro del humor, contemporáneo de aquél, que pasara del anarquismo juvenil a la repulsa de los ideales republicanos, y a su adhesión tácita al régimen franquista… No obstante, se trata de un notable escritor, testigo privilegiado de su tiempo y merecedor de nuestra lectura.

Mi duda es si me atreveré o no a encomendarle este nuevo encargo a Gregorio Dobao, porque nuestro buen amigo sufre de súbitas lagunas en su memoria y extravía las facturas de compra, amén de olvidar su valor de coste…

Yo trato de compensarle, con el obsequio esporádico de libros chilenos y otros agasajos menores. Él acepta, con su fina cordialidad de “hombre de mundo”… Y entonces, mi pudor se desdibuja, y toda vergüenza queda relegada cuando siento que podemos compartir, junto a otros hermanos como él, la rara dicha de las palabras.

(1) Ver “Viaje en autobús”, crónica de E.Moure

Edmundo Moure
Agosto 2014
Ver artigo Viaje en autobús
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-08-2014 00:01
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Reforma Tributaria en Chile...

EL PODER DE LOS PODERES


Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.



Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.



Se me viene al magín otro poema, de uno de los grandes de la Generación Española del 27’, Miguel Hernández:


Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.

El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos...




Pero ni los políticos ni los empresarios ni los economistas suelen leer a los poBasten la primera y la última estrofa del célebre poema de Francisco de Quevedo, para abrir los fuegos de esta crónica, paciente lector.

Bastaron los esbozos de una tímida reforma tributaria, y los tartamudeos falaces de una confusa reforma educacional, para que los escasos numerarios del poder financiero y económico, desde las atalayas fortificadas de sus conocidos “gremios empresariales”, hayan rasgado vestiduras y puesto a buen recaudo sus faltriqueras, ante la amenaza a la estabilidad económica, consolidada bajo el (buen) gobierno de Piñera, (fiel) sucesor del modelo heredado de Pinochet y sus rapaces correligionarios de la escuela chicaguense (chicaguina), junto a los no menos eficientes gobiernos concertacionistas, sobre todo el de Ricardo Lagos, el mejor presidente de “izquierda” que ha tenido en nuestro país la derecha.

Para quienes dan fe del modelo neoliberal que sustenta el capitalismo salvaje, en versión chilena, las cifras corroboran y demuestran las prevenciones de aquellos iluminados personeros que, con patriotismo y lealtad sin tacha, advirtieran en su momento de los peligros que las políticas demagógicas y socializantes de la “izquierda” cernían sobre la salud de una economía sana y pujante, que se empinaba por sobre el seis por ciento de crecimiento anual… Durante el segundo trimestre de este año, no hemos alcanzado ni siquiera el dos por ciento… Un desastre, una vergüenza, un despilfarro incalificable del erario público, para favorecer a sectores pasivos, sin tener como norte la productividad.


Las consecuencias se dejan sentir, según los mandamases de la SOFOFA y de otras no tan “fofas” dirigencias empresariales, incluyendo el brazo político UDI-RN y grupos fácticos al acecho de cualquier traspié que ponga en entredicho la sacrosanta libertad del mercado, que es como decir el libre albedrío de la nación, el mismo que recuperaron los militares de la garra marxista de Allende y compañía… Los hechos hablan, a través de las cifras, mejor que las palabras: disminuye la inversión, sube la tasa de desempleo, se desacelera la economía, se resiente el sector de la construcción y su socia, la piraña inmobiliaria, caen las exportaciones, descienden las ventas del comercio… Ya no escuchamos en los medios de comunicación frases alusivas al paraíso terrenal: “los comerciantes sacan cuentas alegres”, “el consumo crece más allá de lo esperado”, “los chilenos son los más endeudados de Latinoamérica en sus economías privadas”, y otras halagüeñas noticias que opacan negativos guarismos que clasifican a nuestra juventud como “la más ebria del mundo”, “la más tabaquera y marihuanera del continente” y “la de menor índice de comprensión de lectura”. Pero debemos quedarnos con lo positivo y propender al fortalecimiento, a todo trance, de los indicadores del auténtico progreso (no confundir con esos “progresistas” que quieren reverdecer los marchitos árboles del marxismo y sus dudosos frutos).

No es necesario ser doctor en economía por las universidades estadounidenses, ni siquiera licenciado en academias de estudio chilenas, para entender que una economía que goce de buena salud debe atenerse a preceptos y muy claros, fáciles de ser asimilados, incluso por pequeños empresarios, profesionales, trabajadores especializados y no tanto, proletarios de manufactura, y aun por las mismísimas dueñas de casa de esta bendita nación. A saber:

- Contar con un Estado que no participe jamás como ente empresarial en la economía del país, aun cuando deba intervenir –siempre- a favor de los empresarios (emprendedores), en el caso que advengan catástrofes naturales o financieras (véase, año 1983, cuando el Banco Central asumió las colosales deudas de la banca privada);
- Tener libre disponibilidad para explotar (comercialmente hablando) las áreas de Salud, Educación, Transporte, y otras consideradas estratégicas;
- Creer, como artículo de fe indiscutible, en la regulación natural del Mercado y en la infalibilidad de sus leyes dinámicas;
- Reducir la carga tributaria a su mínima expresión, para incentivar las inversiones de capital. La minimización del gasto público (Estado) es directamente proporcional al fomento de la riqueza y al bienestar de las naciones;
- Fijar el salario mínimo cada diez años, con el objeto de abaratar la mano de obra y menguar, de pasada, el desempleo;
- Fomentar (aún en mayor grado que el actual) las políticas de entretenimiento popular, a través de la televisión y otros medios, dando preeminencia a los programas de imitación farandulera, y al fútbol, deporte nacional por antonomasia (“la pelota une a los pueblos”; Carcuro dixit).


Hay, sin duda, muchas otras medidas de importancia, pero eso es tarea de científicos y especialistas y no de un simple escriba ignaro como yo. A propósito, se me ocurre que, a la luz de las premisas anteriores, el fenómeno de concentración de la riqueza también puede ser benéfico y natural. Hace poco escuché a un economista de derecha decir que, así como fue preciso, en la década de los 90’, que surgieran multimillonarios rusos, “para que pudiesen interactuar en igualdad de condiciones con sus pares occidentales”, del mismo modo está ocurriendo hoy con algunos jerarcas o ex jerarcas del partido comunista chino, que han amasado fortunas “top ten” a costa de la esclavitud de sus connacionales, proveedores de mano de obra por algo más que un plato de arroz al día, utilizados con “espíritu internacionalista” para ayudar a grandes empresarios del primer mundo (¿colegas?), con manufactura multitudinaria de costo irrisorio.

¿Y los llamados artistas, y los productores de la Cultura? El libre mercado sabrá qué hacer con ellos. Los ejemplos huelgan, desde Van Gogh en adelante -sólo para partir de un hito-, hasta la colosal Violeta.

Se podrá argumentar que los poetas poco saben de política y aún menos de economía. Platón los expurgó de su República ideal, aunque también descartara a los comerciantes como sujetos de dirigencia del Estado. En todo caso, la sociedad que nos ha tocado vivir está regida, casi sin contrapeso, por la filosofía mostrenca de los mercaderes, sustentada en la diosa de la codicia. Y así estamos, saltando de crisis en catástrofe, mientras los dueños incólumes del “poder de los poderes” lucran con la desgracia de los expoliados, que pagan el descalabro y jamás se benefician de la bonanza.
etas… Ni falta que les hace y es mejor que se abstengan; no vayan a escribir, en sonetos o en décimas, las causas aleves de la crisis venidera.

Por ahora, y para terminar este análisis esperpéntico, saltemos de Quevedo y aterricemos en Nicanor Parra:


Un movimiento socio-económico
Basado en la idea de armonía
Del ser humano con la naturaleza

Que lucha por una vida lúdica
Creativa pluralista Igualitaria
Libre de explotación

Muchos los problemas
Una la solución
Economía mapuche de subsistencia



El mes que viene, Parra Nicanor cumplirá cien fructíferos años, un siglo de riqueza poética y de irreverencia ideológica, y aunque no lo haya escrito expresamente, él sabe que seguirá siendo “muy poderoso caballero, Don Dinero”.


Amén.


Edmundo Moure
Agosto 21, 2014

Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 22-08-2014 16:49
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LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS
ROBIN WILLIAMS Y LOS POETAS MUERTOS

Muchos viven en una muda desesperación.
R.Williams


A comienzos de los 90’ se estrenó en Chile el film “La Sociedad de los Poetas Muertos”, cuyo protagonista era el entonces joven actor, Robin Williams, en el papel de un profesor de literatura que enseña en la prestigiosa y tradicionalista Academia Welton, a un curso de alumnos adolescentes, siguiendo más su propia intuición libertaria que ciñéndose a normas pedagógicas estrictas. El propósito, de quien llega a ser un auténtico maestro para los discípulos, es conducirles al encantamiento de la palabra poética, no como simple ejercicio didáctico, sino como llave maestra para mirar el mundo y verse a sí mismo, a partir de esa frase latina de exhortación, Carpe Diem, “aprovecha el día”, porque la única eternidad que se nos ha dado es este tiempo, paradójicamente efímero, que pugnamos por hacer trascendente, sobre todo a través de las manifestaciones artísticas, cuyo meollo estético, en todas las disciplinas, es el élan poético, esa condición inefable y necesaria para que la creatividad humana adquiera el fulgor perdurable. Así, hablará a estos jóvenes -ávidos de conocer algunos, escépticos o indiferentes otros-:

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color, pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida, pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Sus clases se inician con el poema que Walt Whitman dedicara a Abraham Lincoln:
¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;/ Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines;/ Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas;/ Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven…
Elegía y réquiem, a la vez, estas palabras resonarán en el oído de algunos de los discípulos, y luego miembros de esta secreta sociedad que va a reunirse, por las noches, en un refugio cercano al colegio, donde leerán a los grandes poetas, muertos sólo para la vida civil, vivos en su voz imperecedera… Y las seguimos escuchando, al concluir la película, en la emotiva escena de la defenestración del maestro, cuando los muchachos trepan a sus pupitres y entonan los versos de Whitman, como simbólica protesta en contra del poder que coarta la libertad esencial y peligrosa de vivir poéticamente. Peligrosa, porque uno de los alumnos se ha suicidado, ante la rotunda negativa de su padre para que continúe participando como actor estudiantil en la representación de Sueño de una Noche de Verano, de Shakespeare, a instancias del maestro. Ambos desenlaces eran previsibles: el del profesor expulsado y el del joven muerto por una ilusión tronchada, que su padre, pragmático calvinista, no pudo aceptar, según los cánones sociales que marginan al arte y a sus cultores, si no acatan las rígidas normas de una convivencia que privilegia lo utilitario por sobre la imaginación y los sueños.

Aquel film tuvo positivas repercusiones en Chile, al punto de organizarse discusiones públicas en torno a su problemática, y aun foros académicos. Vieja disyuntiva, presente desde los remotos inicios de la expresión artística, que reflota cuando se producen hechos de conmoción mediática, y que vuelven a sepultarse en la amnesia pública. Dicotomía y pugna constante entre el poder, representado por el pragmatismo en sus variadas formas, y el arte como camino de insubordinación. Porque la poesía, como toda manifestación estética, nace del desasosiego frente a la existencia, desde la inconformidad esencial que constituye la búsqueda de la belleza y de la verdad. Por eso el arte no es oficio para satisfechos ni detentadores a todo trance del reino de este mundo.

Tuve la peregrina idea, amigo lector, de fundar en nuestro país la “Sociedad Chilena de los Poetas Muertos”. Envié una nota a los periódicos de mayor tiraje en Chile. Para mi sorpresa, en la Revista de Libros del diario El Mercurio, de manera gratuita, apareció un sábado la convocatoria a esta peculiar entidad, con mi nombre y mis señas… Quince días más tarde, comenzamos a funcionar, los jueves, a la hora vespertina, en el Instituto Cultural de Las Condes, donde se nos facilitó una sala apropiada. La idea era reunirnos en torno a un autor o a un tema específico, dentro del ámbito de la literatura, con prevalencia de la poesía. La primera cita contó con una veintena de entusiastas, en su mayoría jóvenes. Hice de moderador, procurando no asumir excesivo protagonismo, y estableciendo un diálogo entre los participantes, lo más libre y distendido que fuese posible.

Nuestro grupo duró seis meses. Muchos de los concurrentes comenzaron a llevar textos de su autoría, para leerlos y comentarlos, asunto positivo en sus inicios, pero que luego se fue complicando, al punto que no dedicábamos tiempo a los “poetas muertos”, sino a estos escribas vivos, ninguno de los cuales alcanzaba el rango de auténtico poeta. Me vi forzado a hacerles entender que la escritura versificada no constituye, per se, poesía; que ésta es una condición difícil de alcanzar, máxime si no se cuenta con su don específico, o “duende”, como dijera Federico; o “ángel”, como dicen los poetas populares del flamenco… Nada, ellos pugnaban por ser vates de oficio y querían que nuestra incipiente sociedad patrocinase una suerte de antología, con las mejores producciones leídas en sesiones y un prólogo del cronista.

La cofradía fue deshaciéndose, hasta que fuimos tres escritores supervivientes. Optamos por recogernos en la tertulia íntima del bar, donde las pretensiones de figuración pública y el prurito del éxito se han ido diluyendo, sana y filosóficamente, en el escanciar del vino y la cerveza. No fui defenestrado y nadie me llamó “mi capitán”, lo que resulta un alivio para mí, por cualquier analogía con lo castrense, aunque el capitán de Whitman es un guía espiritual y civil, como lo fuera el incomparable Lincoln, en cuya memoria escribiera Neruda ese hermoso poema titulado “Que despierte el leñador”, versos que cerrarán esta crónica en homenaje al actor y a su personaje más querido, el maestro de literatura, que finalizó sus días en esta tierra al igual que su discípulo, y aunque no lo sabemos con certeza, intuimos que fue por haber extraviado la rosa de la esperanza.




Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
a empapar el pan, los frijoles,
la música: quiero que venga
conmigo el minero,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos
a beber el vino más rojo.



¡Salud por la poesía, Robin Williams!


Edmundo Moure
12 de agosto 2014
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 12-08-2014 23:01
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EL ZOO ILÓGICO
EL ZOO ILÓGICO Y OTRAS ABERRACIONES

¿Existe algún recinto de exhibición más aberrante que un zoológico?, ¿más inhumano, aunque de animales se trate?

Es probable que no… Cuando muy niños nos llevaron al zoo del cerro San Cristóbal, a donde se llegaba en funicular. La primera impresión era olfativa. Nos golpeaba una mezcla espesa de diversos hedores excrementicios y de efluvios pestilentes que provenían –mucho más tarde íbamos a saberlo- del encierro de fieras y animales diversos en reducidos cubículos, donde la falta de espacio y movimiento provocan la concentración mefítica de los humores que secreta cualquier organismo vivo… Andrés Walker, hace medio siglo, me llevó hasta el fondo de una bodega portuaria, donde dormía el cuidador de la misma, sobre jergones harapientos en los cuales solía recibir esporádicas visitas femeninas -hembras de seguro inmunes a toda fetidez-; asimismo, amigos varones con quienes bebía o se drogaba. Allí pude apreciar que el simio de pie logra superar, en su nauseabundo clímax, incluso al chingue y al zorrillo...

La segunda impresión, en ese parque de creaturas desoladas, fue percatarme de la tristeza irremediable de aquellos seres encerrados en contra de su voluntad, evidenciada a través de actitudes pasivas y casi sonámbulas, como era el caso de los grandes felinos, leones, tigres, leopardos, panteras, y hasta un gato montés, cuyos ojos habían perdido toda vivacidad… El oso polar, náufrago del Ártico, de color amarillento sucio, como los dedos alquitranados de un empedernido fumador, parecía gigantesco perro doliente, bajo la canícula de 35º, mientras alguien le lanzaba, en atroz paliativo, barras de hielo sucio al interior de su inmunda charca.

Las diversas especies de monos, con su ominoso parecido a los seres humanos, de anchos culos lacerados, mostraban también las flagrantes contradicciones de su cautiverio, limitados a breves evoluciones entre arbustos cubiertos de mallas de alambre, recibiendo de los visitantes el maní y otros productos sucedáneos, acechando cualquier descuido para morder la mano del incauto que confiara en su equívoca simpatía, quizá suponiendo amabilidades propias de la mona Chita, tierna amiga del rubio Tarzán…

Pero quizá lo más penoso resultara una pareja de cóndores recluidos en estrecho gallinero… Después de haberlos visto volar, majestuosos, sobre las azules cumbres de Los Andes, y apreciar el contraste grotesco de aquellos dos pajarracos con aspecto de buitres en completo desaliño, condenados a yacer prisioneros, como en aquellos campos donde los humanos suelen confinar, época tras época, a sus ocasionales enemigos, yo no podía entender que su airosa figura, recogida en el emblema patrio, se asociara a proezas imperecederas de la nación… Mi padre nos recordaba, a propósito de la heroicidad emplumada, que el mejor cuerpo aéreo de los alemanes, el que bombardeó con ferocidad genocida a los civiles de Madrid y Guernica, fue la División Cóndor.
Son de antigua data estos campos de concentración de animales, concebidos para exhibir, ante niños, jóvenes, adultos y viejos, las diversas especies animales, sobre todo las exóticas, las provenientes de África, por ejemplo, comarcas en las cuales habitaban las fieras más temibles; también de la India, desde donde procede el incomparable tigre de Bengala, que en cautiverio empieza a semejarse a una ridícula alfombra de nuevo rico… Quizá el propósito de estos recintos fuese también alentar las cacerías en el África remota, y el emprendimiento de safaris para turistas con dólares y espíritu de aventura… Es probable que el infante Juan Carlos de España hubiese visto elefantes en el zoo de Madrid, y haya creído que eran fáciles de ultimar.
Abriendo el gigantesco zoológico virtual de Internet, leemos:
Desde la antigüedad, gobernantes de países tan diversos como Egipto y China han tenido colecciones de animales cautivos, pero el concepto de parque o jardín zoológico, en el que los animales cuentan con una cierta libertad de movimientos, es más reciente. (Nótese la falacia del concepto de “libertad reducida”)
En el siglo XVI, el conquistador español, Hernán Cortés, a su llegada a Tenochtitlán, se quedó maravillado ante el gran jardín que el emperador azteca, Moctezuma, había creado con animales traídos de todos los rincones de su imperio. (También arrasó estos recintos el civilizado conquistador, y debe haber devorado, en monumentales cazuelas, sus aves multicolores). Los primeros parques zoológicos modernos fueron la Casa Imperial de Fieras, establecida en Viena en 1752 e inaugurada al público en 1765, y el zoo creado en 1793 en conexión con el Jardín Botánico de París. El parque zoológico de Regent's Park, en Londres, fue creado en 1828 por la Sociedad Zoológica de Londres. En 1931 la sociedad inauguró Whipsnade Park (condado de Bedfordshire), con un área aproximada de 230 hectáreas, que se ha convertido en uno de los zoos más famosos del mundo. El zoo más antiguo de los Estados Unidos fue inaugurado en el Central Park de Nueva York, en 1864. (Coincide con el término de la esclavitud para los que luego iban a ser “afroamericanos”, venidos también en jaulas de hierro, desde las “tierras salvajes” del otro lado del mar).
El Parque para la Conservación de la Vida Salvaje Internacional, situado en el Bronx Park de Nueva York y más conocido como zoo del Bronx, abrió sus puertas en 1899. Fundado por la Sociedad Zoológica de Nueva York (hoy Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje), el zoo cuenta con una de las mayores colecciones de animales del mundo. En Estados Unidos está también el zoo de San Diego, que cuenta con la colección de animales más completa de las dos Américas. Lugares como Missouri, Bombay, Calcuta, El Cairo, Tokio, Berlín, Munich, Madrid, Barcelona y Roma albergan grandes colecciones de especial importancia. En Latinoamérica se multiplicaron estos recintos, entre los que destacan los de Buenos Aires y Mendoza en Argentina, el de Pará en Brasil. (Mientras muchas especies se extinguen en su otrora “hábitat natural”, otras agonizan en los parques zoológicos de las grandes urbes).
El capo universal de la coca, Pablo Escobar, también “benefactor de la vida salvaje”, articuló un gigantesco parque zoológico en sus dominios de la selva colombiana, en una extensión de tres mil hectáreas, incorporando especies de África, tales como hipopótamos y cocodrilos... Sin el debido control, estas bestias colosales franquearon los límites del recinto e infestan hoy ríos y lagunas, acabando con especies autóctonas que carecen de medios defensivos para enfrentarlos.
Yo reemplazaría los zoológicos por recintos acotados, con sus correspondientes jaulas, para exhibir a los distintos tipos humanos… Pues si se trata de un fin didáctico, nada mejor que enseñar las miserias y grandezas de nuestra propia especie, la más autodestructiva que se haya creado -quizá la única que se aniquila a sí misma de manera consciente y pertinaz, y de paso, arrastra a las otras en el despeñadero de la muerte-, para alertar a los más jóvenes de los riesgos que les aguardan, aun cuando entre los homo sapiens sea inevitable experimentarlos en carne propia, una y otra vez.

-Pero si eso ya existe. Veo que usted está atrasado de noticias… ¿Acaso no vio al poeta Hernán Miranda, hace diez años, encerrado en una jaula del Zoológico de Santiago? Los niños preguntaban a sus padres: -¿Cómo se llama ese mono que lee? (Hernán recitaba tras la reja, imperturbable, su bello poemario “Arte de Vaticinar”).

-No se confíe… En este mismo momento hay millones de ojos escrutándole. Haga lo suyo, lo que le corresponde, muévase en su ámbito, sin aspavientos de animal enjaulado. Y recibirá el justo premio de su diaria comida… Es posible también que alguien le lance un cacahuete o alguna golosina menor; considérelo el postre, es decir, lo postrero.


Edmundo Moure
Agosto 2014
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 08-08-2014 03:01
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GALICIA, UNA PALABRA EXTRAÑA

LA PRIMERA PALABRA


Galicia era una palabra extraña, llena de misterio en los días de la infancia… Un lugar remoto desde donde había venido mi padre, con su acento extranjero de sonoridades bonaerenses... En el salón de nuestra casa colgaba un enorme mapa de la Península Ibérica, enmarcado en madera y protegido por un cristal. A la izquierda, en el extremo superior que hacía vértice con el océano Atlántico y el mar Cantábrico, como una especie de bonete que le quedase estrecho a Portugal, se delineaba un territorio sinuoso, ornado de diminutas figuras que semejaban pinos; hacia la derecha, se desplegaba la inmensa España con su Madrid céntrico y mesetario, empinándose con porfía hacia el noreste, como si buscara acercarse a la esquiva Europa.

Mi primera asociación con esa palabra era la imagen de unos segadores que cargaban sus fardeles y herramientas, inclinados sobre la era, mientras regresaban a sus moradas de piedra… No sé de dónde nació en mí aquella visión peregrina; quizá de los versos de Rosalía que escuché a mi padre: “Casteláns, tratade ben aos galegos…”

¿Esos gallegos, entonces, eran como mi padre? No me lo parecía, porque a él le veía llegar de su labor de oficinista contable, en la hora vespertina, vestido con traje atildado, de camisa blanca y corbata, con sombrero alón, luciendo su porte imponente… Y cuando trabajaba en el jardín o en la huerta, su rostro claro parecía disfrutar de un placer conocido. ¿Acaso los gallegos de allá no eran felices? ¿Por qué se marchaban a América, si después iban a vivir añorando su tierra?

La palabra Galicia adquiría otras connotaciones cuando la escuchaba en boca de la abuela Elena o de las tres tías gallegas. Se dulcificaba, se impregnaba de nostalgia, de una sensación agridulce y contradictoria, que yo sólo iba a comprender cuando descifrara la palabra “morriña”, mucho más tarde, en el instante en que Galicia se abriera para mí como abanico interminable de incitaciones y asombros, a partir de la prosodia de su lengua que comenzaba a desgranar, sobre la rústica mesa de mis conocimientos, el alimento incomparable de sus sílabas e inflexiones secretas.

Esa palabra era una fuente de la que iban a surgir regueros de un amor perdurable, a medida que me acercaba a sus entrañas secretas.

Viajé por primera vez en 1983, buscando la casa donde había nacido mi padre, en A Touza, Santa María de Vilaquinte, al sur de Chantada. Dos años más tarde, en julio de 1985, repetí el viaje, esta vez como ponente del Congreso “Rosalía de Castro e o seu Tempo”, que tuvo lugar en Santiago de Compostela.

Al regreso, integré el directorio de Lar Gallego de Chile, como “director cultural”. Nos reuníamos en la sede de calle Carmen, recinto hoy desaparecido de la Unión Deportiva Española. En la sala principal había una biblioteca, cerrada con llave. De vez en cuando llegaban cajas y paquetes desde Galicia, con libros, revistas y folletos, un material heterogéneo en el que yo podía encontrar obras de interés, publicaciones en lengua gallega que aquí nadie leía, salvo Pepe Bouzo y el profesor Eduardo Benítez, también Edgardo Gallegos, mi compañero de sueños galleguistas… Clasificamos los materiales y les dimos su respectiva numeración. Pero los libros no tenían más usuarios que los ya nombrados.

La palabra Galicia y su sentido más profundo no se conjugaban aquí desde la lengua vernácula, olvidada por sus emigrantes, salvo algunas reminiscencias aldeanas en que la nostalgia se hacía presente con notas de costumbrismo remoto y formas que adquirían, de pronto, un tono de auto desprecio, como si fuesen resabios primitivos que la “modernidad” de una buena posición económica desechaba. Advertíamos que esto no era privativo de los hijos de Galicia; era un patrón común a otras colectividades, asentadas en un “españolismo” de cuño franquista que pervivía más allá de la muerte física del pequeño ferrolano. Como patético símbolo, en la pared, tras la testera de la mesa de reuniones del Lar, colgaba una fotografía de Franco, autografiada por él en 1964, que los directivos exhibían con orgullo…

Aquellos hijos del noroeste atlántico, en su inmensa mayoría, no habían estado ligados a los libros ni a la cultura en un sentido de refinamiento intelectual, sino apenas vinculados a expresiones populares y folclóricas consagradas a lo largo de los siglos, como la música a través de la gaita, el tamboril y la pandereta; asimismo, los bailes regionales, ensayados para las festividades propias del calendario religioso, cuya pertinacia de uso constituía las raíces esenciales del ser galaico en la emigración, junto a las manifestaciones culinarias típicas, como la empanada gallega, el caldo con unto y el lacón con grelos, que aparecían en fiestas y conmemoraciones anuales, “día de la raza” incluido, con los saludos y discursos de rigor, pergeñados por funcionarios diplomáticos y dirigentes locales. Para ello no se precisaba de una patria distintiva, ni siquiera de un concepto de nación al modo de los antiguos galeguistas que parecían haber muerto con Castelao, en los albores de 1950, en el exilio de Buenos Aires. Bastaba la bandera roja y gualda y el viejo himno imperial… Y es que en España nada parece cambiar, si hasta las izquierdas se han vuelto monárquicas y clericales…

¡Bendito sea el Señor Santiago!

Nosotros aspirábamos a otra cosa. Queríamos fundar un centro de estudios gallegos en Santiago de Chile, para enseñar aunque fuese los rudimentos de la lengua de Rosalía y dar a conocer lo más granado de su literatura a las nuevas generaciones de gallegos, hijos y nietos de esa especie en extinción que constituían los viejos emigrantes.

Transcurrieron trece años, y en 1998, a instancias del amigo poeta, Luis González Tosar, contando con el apoyo irrestricto de Fernando Amarelo de Castro, logramos nuestro propósito, y en julio de ese año, bajo el alero del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, con el patrocinio de la Secretaría de Educación y Ordenación Universitaria de la Xunta de Galicia, se dio inicio al Programa de Estudios Gallegos, con una cátedra de Lingua e Cultura Galega, como “crédito cultural” para alumnos de la USACH, además de cursos abiertos para descendientes de gallegos en Chile y público general. Asimismo, talleres de literatura gallega impartidos en la Sociedad de Escritores de Chile.

Doce años de constante labor y de cooperación recíproca. Una veintena de alumnos concurrieron a los cursos de verano del Instituto de Lengua Gallega en Santiago de Compostela; además, organizamos intercambios de docentes y escritores, viajes anuales a la Terra Nai, publicaciones, libros que atravesaron las fronteras con el nombre de Galicia como airosa credencial para el ejercicio del “júbilo de comprender”.

La gran mayoría de nuestros alumnos fueron chilenos, sin ascendencia gallega conocida. De la colectividad residente, hubo escasa receptividad para nuestros afanes, que se limitaron a colaboraciones solicitadas para el Día de las Letras Gallegas o para la efemérides de Santiago Apóstol... Nunca pudimos implementar algún curso regular en la sede de Lar Gallego de Chile, ubicada en Estadio Español de Las Condes; un taller, que inauguramos en el 2004, fracasó por falta de asistentes. Es posible que hayamos fallado en nuestras estrategias de difusión y acercamiento, pero el desinterés por el aprendizaje del idioma de Rosalía resultó evidente, exacerbado quizá por ciertas sospechas políticas de “separatismo izquierdista”, en el seno de esa institucionalidad asociativa hispana que sigue ligada a los añejos presupuestos del franquismo, y que segrega a sus miembros según el rasero de la solvencia económica, condición que suele identificarse con la ideología conservadora, que se fortalece en el olvido pertinaz de los orígenes humildes...

Pasaron los años y nos volvimos viejos para ejercer la docencia oficial. Pero aquella palabra propiciatoria no había declinado bajo el imperio de Cronos; por el contrario, se fortaleció en el pulso inquieto de nuestro camino.

Otras vías se abrieron a la inquietud amorosa por la difusión de la cultura gallega, resaltada en sus relaciones históricas y anímicas con la América austral, donde las huellas perdurables de los devanceiros han logrado notables simbiosis, como la ocurrida en Chiloé, la Nueva Galicia fundada en 1567, a través del imaginario popular (1), investigaciones que fueron publicadas por la Xunta de Galicia, en 1997 y 2001. Asimismo, el ejercicio permanente de la crónica semanal, publicada en diversos medios de Galicia y en periódicos y revistas de Chile, tarea que ha superado el millar de artículos, quizá emulando –me atrevo a decir, con orgullo exento de vanidad- el logro de nuestro querido gallego republicano, sadense de las mariñas, Ramón Suárez Picallo, quien prodigara sus mil crónicas en Chile, entre los años 1942 y 1956, bajo el título de “La Feria del Mundo”(2).

Entre los ecos de esa palabra que resuena en nosotros, y que venimos conjugando, con entusiasmo y fervor, cabe destacar las actividades de grupos que han “descubierto” Galicia y sus atractivos por otras vías, como el Centro Cultural Amigos de Galicia, de la ciudad de Valparaíso. En este caso, tuvo capital incidencia la amistad de sus fundadores con el sacerdote gallego, académico de la Universidad Católica de Valparaíso, Francisco Sampedro, quien les revelara, a través de afectuoso testimonio, los encantos de la Terra Nai, a estos porteños que, sin contar con la marca genética de la ascendencia gallega, procuraban un sólido acercamiento a la patria de Rosalía.

Así, durante este frío invierno austral, llevamos a cabo encuentros en torno a la cultura gallega, entre los que destacamos el homenaje a Rosalía de Castro, el lunes 14 de julio, en el Mesón Nerudiano, con la participación del cantautor Eduardo Peralta, del músico José María Moure y de este cronista… Rememoramos a la gran poeta, cuando se cumplen ciento veintinueve años de su pasamento… Y el martes 22 de julio, participamos en la “semana cultural de Galicia”, patrocinada por el Centro Cultural Amigos de Galicia, en el teatro municipal de Viña del Mar, con la conferencia “Chiloé y Galicia, Confines Mágicos” que hemos ofrecido a lo largo y ancho de estas comarcas del finisterre austral, donde muchos gallegos han fundado sus lares entrañables.

Hacemos nuestra esta palabra, como hallazgo definitivo, y ella nos acompañará hasta el fin de nuestros días. Sus tres sílabas rumorosas penden en el firmamento de los mejores sueños: Galicia.


(1) Ver “Chiloé y Galicia, Confines Mágicos”; versión gratuita en Internet.
(2) “La Feria del Mundo”; Crónicas desde Chile; Consello da Cultura Galega; 2008.


Edmundo Moure
Julio de 2014



Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 26-07-2014 00:03
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LAS ABEJAS
DULCE REINA MORIBUNDA


Dijo la abeja al zángano: jamás equivaldrá vuestro zumbido
a una gota de miel que yo fabrique.


Hace poco, escribí una crónica en la que me declaraba -una vez más-, desde el espíritu republicano, opositor a las monarquías; asimismo, enemigo de las dictaduras y de todo tipo de tiranías, lleven cualquier apellido. Pero en tal manifiesto de principios existía una excepción, no advertida entonces, que rectifico aquí, con desolado empeño. Admiro, defiendo y comienzo a llorar la inexorable muerte de una Reina y de su maravillosa monarquía. Me refiero a la soberana de las abejas, hoy en alarmante peligro de extinción, como bien sabemos, por informaciones que recibimos desde diversos puntos del planeta, en los que cientos de miles de colmenas son abandonadas por sus habitantes, laboriosas abejas, para no regresar ni menos fundar nuevas colonias, como era, hasta hace poco, el móvil de su benéfico ciclo vital.

Muchos opinan que es éste uno de los signos del fin de los tiempos, entre ellos, Albert Einstein, quien advirtió: “Si las abejas desaparecieran del planeta, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida”. No lo sabemos, a ciencia cierta, como tampoco se explica la causa de masiva mortandad planetaria de este maravilloso insecto que renueva la vida de la naturaleza con el insustituible trabajo de la polinización. Sin este amoroso afán de extraer el dulzor de las flores y depositar el polen en millones de árboles y plantas, se hace en extremo difícil la fertilización de los frutos. Hay otros agentes menores, pero irrelevantes por su número y concurso, como la mariposa y el colibrí. También los vientos cumplen parte de esta función.

Hemos visto cómo en China, miles de hombres, provistos de una extraña herramienta de madera y plumas, intentan reemplazar a la diligente abeja, polinizando de manera burda, lenta e ineficaz. Mientras contemplamos el espectáculo de los hombres-abeja, encaramados en los árboles como torpes simios, surgen las más diversas teorías sobre el terrible fenómeno de aniquilación de la apis mellifera, la obrera de la aromática miel, sea por insectos depredadores, bacterias asesinas o por los pesticidas humanos con que la industria química ha inundado el planeta. Existen hipótesis y sospechas, pero ninguna certeza. Entretanto, ya ha desaparecido más de un cuarenta por ciento de las abejas, en los cinco continentes.

Por cierto, no es el único ciclo o proceso ecológico que se ha visto alterado por el factor humano en las últimas décadas, pero tal vez su quebrantamiento, en el caso de la abeja, sea el más aciago de todos, por la importancia de su equilibrio en la regeneración de la vida vegetal y animal. Se supone que el pequeño insecto se ha estado alimentando, desde hace veinte años, de productos transgénicos que contienen toxinas venenosas, a base de sustancias letales que se incorporan en los procesos genéticos, para aumentar la productividad de las semillas. En el caso de las abejas, la acción humana, al parecer, no previó las desastrosas consecuencias ni posee la capacidad técnica de sustitución del complicado proceso.

Hace más de medio siglo, Alfredo Piola, antiguo caballero de historias y de libros que peregrinan por los caminos para ser leídos con deleite, me regaló “La Vida de las Abejas”, del escritor belga, en lengua francesa, Maurice Maeterlinck, que leí con apasionado interés, sorprendiéndome por muchas de sus reflexiones, en especial aquellas que apuntan a cuestionar el pretendido antropocentrismo del universo que los seres humanos nos hemos arrogado, sintiéndonos dueños y depositarios de la creación, hechos como estaríamos, “a imagen y semejanza de Dios”. Esto lo pone en duda el sagaz escritor, tomando como ejemplo de refutación, precisamente, la vida de las abejas y lo extraordinario –misterioso en muchos aspectos- de su ordenamiento existencial y la precisión de su constante labor regeneradora.

Quizá no sea necesario leer a Maeterlinck para apreciar esta tragedia ecológica que estamos viviendo, pero su libro nos conmueve, gracias a una visión profunda y poética de una realidad que está bajo nuestras narices, pero que no somos capaces de entrever, sumidos en falsos abalorios y pueriles vías de escape.

“Las abejas han sacudido el entorpecimiento del invierno. La Reina (no está con mayúscula en el original, pero ya no podré escribirla de otro modo) ha vuelto a poner sus huevos desde los primeros días de febrero. Las obreras han visitado las anémonas, las aliagas, las pulmonarias, las violetas, los sauces, los avellanos… Luego, la primavera ha invadido la tierra; los graneros y las cuevas del panal rebosan de miel y de polen, millares de abejas nacen cada día. El hacinamiento, no obstante, se hace insoportable".

“Una inquietud conmueve a todo el pueblo. Y la vieja Reina se agita. Comprende que se prepara para ella un nuevo destino. Ha cumplido religiosamente su deber de buena creadora. Y del deber cumplido surgen la tristeza y la tribulación. Una fuerza invencible amenaza su reposo; pronto tendrá que abandonar la ciudad donde reina… Ella ha sido allí la madre y el órgano único del amor”.

¿Cuál es la potencia que rige su destino de soberana y el de todos sus miles de súbditos? Maeterlinck lo define con precisión no exenta de poesía y certera metáfora de la naturaleza:

“El ‘espíritu de la colmena’ es el móvil, secreto y misterioso, de un ordenamiento perfecto. Él dispone, implacablemente, pero con discreción y como si estuviese sometido a un gran deber, de las riquezas, la libertad y la vida de todo un pueblo alado. Regula día por día el número de los nacimientos y lo pone en estricta relación con el de las flores que iluminan la campiña. Anuncia a la Reina su destronamiento o la necesidad de que parta con un nuevo séquito fundacional”

Al parecer, sólo el hombre ha sido capaz de perturbar ese espíritu y de alterar ese orden, introduciendo el caos de una muerte desbocada, producto de comportamiento homicida e irracional: la razón de su sinrazón en aras de la codicia desmesurada.

“El hombre tiene la facultad de no someterse a las leyes de la Naturaleza; saber si hace mal o bien en usar esa facultad, es el punto más grave y menos aclarado de la moral. Por ello, es interesante sorprender la voluntad de la Naturaleza en un mundo distinto al humano. Pues, en la evolución de los himenópteros, que, inmediatamente después del hombre, son los habitantes del globo más favorecidos desde el punto de vista de la inteligencia, dicha voluntad parece muy clara”.

Del arquetipo de estas Reinas, que vuelan hoy hacia el exterminio, disociadas del “espíritu de la colmena”, escoltadas por las abejas enloquecidas y sin rumbo, por obra del mal proclamado “rey de la creación”, me declaro enamorado, ferviente súbdito, y, cuando la muerte nos separe, viudo inconsolable.


Edmundo Moure
Julio 2014
Un pesticida común , culpable de matar a las abejas
Los plaguicidas tóxicos y las abejas
Precaución: Abejas a la baja
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PALESTINA
LOGROS DEL PUEBLO ELEGIDO


Israel es el Pueblo Elegido que deambuló por el mundo, durante milenios, en busca de la Tierra Prometida que iba a devolverles el Mesías. Pero este salvador no advino para ellos en la figura de Cristo, a quien desecharon por loco, sino en la forma de un general moderno, un guerrero dotado con las mejores armas para la aniquilación, un adalid imperialista e implacable, como el mismísimo Jehová de los Ejércitos.

Desde 1948, el Estado Israelí se asentó en Palestina, sobre territorios usurpados a más de un millón de palestinos, a quienes no quedó otro camino que el éxodo, aunque no fuese hacia una tierra de promisión, sino hacia el atroz albur de la rosa de los vientos. Los que permanecieron, aferrados a una patria inhóspita y desmembrada, según el trazado equívoco de sus amos, iban a conocer, en carne y espíritu, de manos de los hijos de Israel, tres logros apocalípticos:

- El Ghetto más extenso jamás conocido: Palestina.
- El Campo de Concentración más eficaz y duradero de todos los tiempos: Palestina.
- El Infierno en la Tierra, émulo perfecto de la gejena con que Jahvé amenaza a sus enemigos y a los pecadores hebreos, peor que el inferno de Dante o el yahim musulmán: Palestina.

El Pueblo Elegido, o Israel, ha podido alcanzar estos logros notables de su historia, porque no está solo. Cuenta con el apoyo irrestricto del imperialismo estadounidense y de sus aliados occidentales, más la complicidad de algunos países musulmanes que son los proveedores del petróleo para la industria del primer mundo.

El conservador y monárquico, Lawrence de Arabia, advirtió, hace un siglo, del peligro que un enclave militar israelí en Medio Oriente iba a significar para la estabilidad de la región y la integridad del mundo árabe.

No se equivocó: el muro israelita –émulo aventajado del muro de Berlín- crece y se extiende, como demencial laberinto, ahogando los aislados territorios palestinos que aún subsisten bajo una de las guerras de ocupación más criminales y devastadoras de que se tenga memoria.

Mientras el Hijo Pródigo aplasta al pueblo palestino: -ancianos, mujeres, niños y hombres-, sus corifeos publicitarios siguen pasándonos la cuenta de los horrores del Holocausto y del genocidio de Auchswitz y de Treblinka… Pero no es necesario para ello remitirse al pasado, porque el nuevo holocausto lleva hoy el nombre martirizado de Palestina, la tierra cien veces avasallada de Canaán.


Edmundo Moure
Julio 13, 2014
Comentarios (1) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 13-07-2014 22:03
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70 aniversario de SEMPRE EN GALIZA

“SEMPRE EN GALIZA”
ALFONSO CASTELAO

(70 anos da publicación en Bós Aires: 1944)

Con ocasión del aniversario 70 de la publicación de esta obra imperecedera de Alfonso Castelao, se dará curso, en Santiago de Compostela, bajo el patrocinio del Consello da Cultura Galega, a la lectura de libro por gallegos de la diáspora y de la Galicia atlántica, a través de grabaciones de textos escogidos.
Me tocó en suerte ser elegido para leer el párrafo siguiente, en lengua gallega:

(En Libro Segundo, XX)

Ainda que os factores económicos fosen d-abondo para esplicar o fenómeno migratorio de Galiza é o certo que nós sabemos andar pol-o mundo a cata de benestar, e que os demáis hespañoes morren de fame con tal de non enfiaren camiños descoñecidos. Os galegos sabemos arranxar os papeis e pedir un pasaxe de terceira; sabemos agacharnos nas bodegas d-un trasatlántico cando non temos diñeiro; sabemos pillar estradas c-un fatelo ao lombo ou empurrando a roda de amolar; sabemos abrir fronteiras pechadas e pedir traballo en todal-as língoas; sabemos, en fin, canto debe saber un bó camiñante, ainda que o viaxe sexa o primeiro da nosa vida.




Les ofrezco mi traducción... En breves palabras, Castelao sintetiza en este párrafo el espíritu migratorio de los hijos de Galiza.

Respecto al empleo por Castelao del topónimo Galiza, debemos decir que es la denominación originaria del Reino, posterior al nombre romano de Gallequia, y era de preferencia usado en el gallego medieval, junto con el topónimo Galicia. Sin embargo, la forma Galiza cayó en desuso durante los «Séculos Escuros» (desde el advenimiento de Isabel la Católica hasta 1863, año de publicación de Cantares Gallegos, de Rosalía de Castro, hito en la recuperación literaria de la lengua gallega), mientras que la forma Galicia fue la única que siguió empleándose, de forma ininterrumpida, a lo largo de cuatro siglos de historia en la lengua hablada. En el siglo XIX, durante el «Rexurdimento» de la lengua gallega, se recupera el uso de Galiza por parte de intelectuales y literatos.
Actualmente, las Normas ortográficas y morfológicas del idioma gallego también aceptan Galiza como forma legítima en gallego junto a la forma Galicia.
Edmundo Moure
Traducción al Castellano:

Aunque los factores económicos fuesen suficientes para explicar el fenómeno migratorio de Galicia, es cierto que nosotros sabemos andar por el mundo en busca de bienestar, y que los demás españoles mueren de hambre con tal de no aventurarse en caminos desconocidos. Los gallegos sabemos amañar los papeles y pedir un pasaje en tercera; sabemos escondernos en las bodegas de un transatlántico cuando no tenemos dinero; sabemos encontrar carreteras con un hato al hombro o empujando la rueda de afilar; sabemos abrir fronteras clausuradas y pedir trabajo en todos los idiomas; sabemos, en fin, cuanto debe saber un buen caminante, aunque el viaje sea el primero de nuestra vida.



Galicia es una comunidad autónoma española, situada al noroeste de la península ibérica y formada por las provincias de La Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra, las cuales se dividen en 314 municipios que se agrupan en 53 comarcas.
Superficie: 29.574 km²
Población: 2,781 millones (2012) Instituto Nacional de Estadística


Edmundo Moure
Junio 2014
Comentarios (0) - Categoría: Colaboración de Edmundo Moure Rojas - Publicado o 05-07-2014 20:08
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