A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


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MORRE A DUQUESA CAYETANA DE ALBA

María del Rosario Cayetana Alfonsa Victoria Eugenia Francisca Fitz-James Stuart y de Silva (Palacio de Liria, Madrid, España, 28 de marzo de 1926) unha aristócrata española, XVIII Duquesa de Alba, actual xefa da Casa de Alba é coñecida habitualmente como Cayetana de Alba, Cayetana II de Alba, a Duquesa de Alba ademais de XI duquesa de Berwick e catorce veces Grande de España, finou este mércores no Palacio de las Dueñas, a sua residencia en Sevilla a idade de 88 anos polo que é noticia de portada en todos os medios de comunicación.
Cando casou por primeira vez, no ano 1947, Ramón Suárez Picallo no exilio en Chile, escribiu o seguinte artigo que xa repoducimos neste blogue en outubro do ano 2009.




14 de octubre de 1947

BODAS DUCALES QUE PODRÍAN SER REALES



Por Ramón Suárez Picallo

En la maravillosa Catedral de Sevilla, una de las más hermosas del mundo, a la sombra de la famosa torre de la Giralda, se ha celebrado el matrimonio de la Duquesa Cayetana do Montoro, hija del Duque de Alba y de Berwick, don Jacobo María Stuardo Fitz James y Portocarrero, con don Luis Martínez de Orujo, hijo del Duque de Sotomayor.

Entre ambos consortes reúnen alrededor de cincuenta títulos nobiliarios más y son entre los dos veinte veces Grandes de España, según lo que en los cánones de la Heráldica, se entiende por grande y por noble. La novia, personaje principal del acontecimiento, tiene 21 primaveras y se dice que es bellísima; agrega a sus blasones y a su belleza, una especial circunstancia: es descendiente directa y lleva el mismo nombre de pila de aquella otra famosa Cayetana de Alba que según decires le sirviera de modelo a don Francisco de Goya y Lucientes para el maravilloso cuadro “La Maja desnuda”.

En cuanto al novio no le va en zaga en lo de nobleza y abolengo. La casa de Sotomayor, original de Galicia, entronca con la primera aristocracia real sueva de los tiempos de don Frucia, que tenía por sedes de las villas de Tuy, Allariz y Betanzos y se enlaza después con las más linajudas familias de España y de Portugal. La boda ducal, según informaciones que tenemos a la vista, ha superado en fastuosidad y pompa a cuantas se hayan celebrado en España y en Europa en el último siglo, incluyendo a las más renombradas bodas reales y principescas.

Las bellas naves de la espléndida Catedral gótica estaban materialmente ocupadas por más de tres mil personas pertenecientes a la aristocracia de toda España y a las tres tradicionales Órdenes Españolas de Caballería – Santiago, Alcántara y Calatrava – con sus vistosos hábitos y uniformes; y además altos jefes militares con sus mejores atuendos de gala, y más de mil damas, luciendo peinetones y mantillas cuajadas de alhajas y de claveles reventones y de albos jazmines. Sin contar con la presencia del “brazo eclesiástico” que debió también echar lo suyo, puesto que el Sacramento fue consagrado por Monseñor el Arzobispo de la Diócesis, doctor Marcelino Olaechea y Loizaga con todos los miembros del Cabildo sevillano, y con una especialísima bendición papal “ad hoc” concedida por el Sumo Pontífice romano, contraviniendo los cánones que obligan para consagrar matrimonio la presencia del párroco.

Como podría observar el curioso lector, una ceremonia deslumbrante digna de un buen libretista italiano y de la inspiración musical de Verdi para lograr una ópera muy superior a la “Aída” en olor, color y sabor.

En cuanto al yantar subsiguiente a la ceremonia religiosa, palidecieron ante él Trimalción, Lúculo, Gargantúa, Pantagruel y aún el españolísimo Camacho a quien alude Don Quijote y aplaude el gran comilón de Sancho Panza, por sus memorables bodas. Las mesas fueron colocadas en los jardines encantados del Palacio de las Dueñas, cubiertas de claveles y de jazmines. El opulento condumio fue aderezado y aliñado por los catorce mejores maestros cocineros de España que responden geográficamente a las catorce regiones en que se divide el incomparable mapa gastronómico peninsular ibérico y que en su día elogiara fervorosamente Francisco I de Francia, como el más suculento del mundo conocido. ¡Y eso que él tenía por súbdito al insigne Rabelais! El pote gallego, el lacón y las empanadas de lampreas y de anguilas del Miño, del Sar y del Sarela; la fabada asturiana; la caldereta montañesa y el bacalao a la vizcaína, del País Vasco; la sin par paella valenciana con el gazpacho andaluz y murciano; el incomparable cocido castellano y extremeño y el jabalí en adobo de los manchegos; la buyavesa de Mallorca y Cataluña y el sancocho semitropical de Las Canarias. Y después la maravillosa repostería española que va desde las tartas de Monforte, las mantecadas de Astorga, las yemas de Santa Teresa hasta los insuperables brazos de gitano que tienen su capitalidad en la prócer Granada. Rociado y regado todo ello con los vinos rojos y dorados que sintetizan la luz del sol de Andalucía, y la agilidad mental de sus tierras anacreónticas.

Por esta vez –¡la cosa no era para menos tratándose de quien se trataba!- se olvidó que 28 millones de españoles tiene rigurosamente racionados los artículos esenciales de su comer y de su vivir diario: el pan, el aceite, el pescado, la carne, las patatas, la mantequilla, y las cebollas, entre otros, que, quien quiera tenerlos, ha de comprarlos a precios fabulosos en el Mercado Negro que allí se llama straperlo , dirigido y usufructuado por los jefes militares si los funcionarios falangistas del movimiento “salvador”.

De todos modos, el Generalísimo y sus adláteres no deben estar muy satisfechos del suceso social de Sevilla después de haberlo autorizado. Porque la boda de la Duquesa de Alba y del Duque de Sotomayor apadrinada por el pretendiente a la corona fue un gran mitin político y una manera de poner en ridículo las pretensiones del Generalísimo y su inaudito título de “Jefe del Reino de España, por la gracia de Dios”. Él, pese a su plebeyez espiritual y heráldica de milite afortunado, de muy humilde y turbio origen, tenía sus reales pretensiones. Pensaba, según fuentes de información fidedignas, casar a su hija Carmen, tontita, fea y gazmoña, con algunos de los príncipes tronados de Europa vinculados a viejas casas reinantes, para proclamarla reina de España en uso de las facultades que le concedieron unos cuantos señores – muy señores nuestros- llamados procuradores en Cortes.

Pues señor, ahí es nada lo de Sevilla. Cualesquiera de los asistentes de la comentada boda ducal le da vuelta y raya al Caudillísimo en lo de poder ser jefe del reino sin llaves que él había inventado, quizá con el remoto afán de ser rey suegro. En pureza de sangre, en opulencia, en blasones heráldicos y hasta en saber hacer bodas rumbosas, don Francisco Franco Bahamonde a pesar de ser propietario de las Torres de Meiras, que un día ilustrarán el talento esclarecido de la Condesa de Pardo Bazán, no pasa de ser un mediocre escudero o camarero mayor.

¿Y España? Eso ya es harina de otro costal. España contempla estos espectáculos diciendo para sí: “Ni contigo ni sin migo; ya vendrá la mía – que no es la vuestra- por sus pasos contados, con tiempo, con humor y con vagar”.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Chile, o 14 de outubro ...de 1947)

A DUQUESA CAYETANA DE ALBA
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Un truhán que pasa por sacerdote


18 de noviembre de 1947

“EL HÁBITO NO HACE EL MONJE”


Por Ramón Suárez Picallo

¡Pues, qué ha de hacerlo! Ahí está, para reafirmar el viejo dicho, el caso de Manuel Johnson Flores, que amparado en el respeto que merece a las gentes piadosas, y aún a muchas impías, el hábito sacerdotal se apoderaba, impunemente y a mansalva, de los bienes ajenos contra la previa voluntad de su dueño.

Trátase de un avispado mozuelo de 22 años, de finas manos de seda, propias para desfoliar los textos del “Trivium” y del “Cuatrivium” en un severo Seminario Conciliar, o para acariciar los párrafos más conmovedores de las “Confesiones” y de “La Ciudad de Dios” de San Agustín, el gran pecador que después fue gran santo. Su aire juvenil y traza de Angelote, cubierto con hábitos talares prematuros, hacía suspirar místicamente a las beatas que lo miraban como un Ministro del Señor en ciernes, llamado a grandes designios religiosos.

Mas, hétenos aquí que el tal mozuelo resultó ser un truhán de tomo y lomo, doctísimo, no en sagrados cánones, sino que en violar el séptimo mandamiento del Decálogo; utilizando su aire y su atuendo, se metía en las iglesias haciéndose pasar por el curita provinciano y se arrodillaba, con muy edificante fervor, al lado de las señoras y de los caballeros mejor vestidos, especialmente si llevaban a la vista rosarios de oro, bolso incitante o cosa de aparente valor. Y, en el momento culminante del divino oficio, cuando sus devotos vecinos estaban entregados a la oración con los ojos fijos en el altar y en el oficiante, las manos pecadoras del falso curita hacían de las suyas, apropiándose de todo lo apropiable, incluso del devocionario. Después se levantaba y se iba, como si fuese a oficiar también él, después de signar y santiguar y hacer profunda reverencia al Santísimo Sacramento. Mas, no era sólo eso lo que el “padrecito” hacía en el ejercicio de su “profesión”; se captaba la confianza de los propios sacerdotes y se arrancaba, lego, llevándose toda clase de sagrados objetos, sobre todo los de metal precioso, fáciles de pignorar una vez desfigurados convenientemente.

Pero como en este escéptico mundo todo tiene su fin, lo tuvieron también las andanzas del tunante, que robaba en nombre de sus hábitos; cayó en poder de la policía y declaró allí que su disfraz le permitió “adquirir”, ilícitamente, claro está, bienes por valor de 200 mil pesos contantes y sonantes. Muchos sacerdotes verdaderos, encanecidos con el ejercicio de su ministerio, y pobres de solemnidad, se echarán a la cabeza pensando que el falso “hermano”, a los 22 años, ganó por la vía de las malas artes, mayor fortuna que la de ellos en varias décadas de oficiar y administrar los sacramentos. ¡Quiera Dios que el ejemplo no cunda, sobre todo en los que son sacerdotes de verdad! Y, mientras tanto, recuérdese el viejo dicho que reza: “El hábito no hace el monje...”

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
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Ladrones despistados
7 de noviembre de 1947

FUERON POR LANA Y SALIERON TRASQUILADOS


Por Ramón Suárez Picallo

A veces se equivocan, también los ladrones, aún siendo de los más audaces e inteligentes, en el logro de sus hábiles negocios. ¿Qué no? Pues, he aquí la demostración: en la Ciudad de México, unos cuantos cacos muy enterados y “habilidosos” se propusieron desvalijar un matadero. Entraron en él y se fueron derechito a la caja de caudales en procura de los cuartos que en ella podría haber. La descoyuntaron en menos que canta un gallo, y se llevaron mil cuatrocientos (1.400) dólares que había dentro de ella.
Mientras tanto, llevaban un maletín de mano con 10 mil dólares, y por llevarse lo menos se dejaron lo más: dejaron el maletín con diez mil dólares del ala por llevarse sólo los mil cuatrocientos. Un negocio de mala índole y a pura pérdida, impropio de ladrones que se estimen como tales y que sepan algo del oficio a que se dedican, como técnicos en eso de llevarse los bienes ajenos contra la voluntad de sus dueños.

Y ahora viene lo bueno: los propietarios del negocio robado declararon a la policía que no tienen ningún interés en que los ladrones sean descubiertos; por que, en el mejor de los casos, recuperarían los mil cuatrocientos dólares llevados de su caja, pero tendrían, en cambio, que devolver el maletín con los diez mil dólares que los ladrones dejaron en un imperdonable descuido por no saberse bien la profesión que ejercen. El problema moral les importa un pitacho ; el caso es no salir perdiendo en la aventura, esté dentro o fuera de la ley.

Ínterin los jueces deciden el pleito, es muy del caso recordarles a los ladrones aquello de “ir por lana y salir trasquilado”.


(Artigo publicado no xornal La Hora, de Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
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UN HIJO DE D. QUIJOTE
29 de octubre de 1943

UN HIJO DE DON QUIJOTE


Por Ramón Suárez Picallo

En estos días se ha producido un extraordinario y emocionante suceso en la colonia republicana española de Santiago de Chile. Un refugiado, relativamente joven, magnífico mecánico de máquinas de linotipia, ha perdido el juicio y se dio a hacer y hablar grandes despropósitos; tan grandes, que un grupo de compatriotas y correligionarios suyos, no tuvieron más remedio que recluirlo en un Sanatorio de enfermedades mentales, iniciándose una suscripción para costearle una estancia decorosa en la Casa de Salud. Trátase de un muchacho madrileño, alegre, jovial e ingenioso, muy querido por su verba pintoresca y su ingénita cordialidad; a poco de llegar a Chile, después de los trágicos avatares de la guerra civil, se dedicó por entero a perfeccionar dos inventos de su especialidad técnica; consiguió un crédito que le permitió trabajar con cierta holgura y logró registrar el fruto de su ingenio. Como pudo, y trabajando en otros menesteres, cumplió a cabalidad sus compromisos más urgentes, como cuadra a un caballero, de mucho honor y poca hacienda, de esos que suelen decir “mi palabra vale más que una escritura”. Se le ofreció casi una fortuna por sus inventos que él rechazó olímpicamente. ¡El talento no se vende!, decía iracundo.


DULCINEA DEL TOBOSO

Joven, de buena presencia, buen conversador y romántico por temperamento, no le faltó el aliciente de las simpatías femeninas en las que era singularmente afortunado. ¡Hasta que un día se enamoró! Se enamoró de verdad, perdidamente, irremediablemente, como un español de buena cepa. Con la cabeza llena de tuercas y tornillos, de cosas de precisión matemática, no supo o no quiso decir su tremenda aflicción. Sabía, o creía saber de antemano, que el objeto de su amor era, para él, un imposible. Dulcinea del Toboso, rubia, juvenil, de carne y hueso, se le aparecía como más allá de todas sus posibilidades. Y se lo calló, con sobriedad castellana, echándolo para dentro, el secreto alucinante. Se aisló de sus amigos, se hizo silencioso, y se envolvió, voluntariamente, en murrias y morriñas, ajeno por entero a todo problema de este prosaico vivir, luchar y morir. ¡Escribió versos! Leyó libros enrevesados, en busca de una salida para su atolladero sentimental. ¡Y fue para peor!

¡Vivía en la higuera!, como decían sus amigos, dando a entender que estaba fuera del mundo de las realidades tangibles. Alguien mencionó un día en su presencia un nombre de mujer. Como movido por un resorte, el hombre saltó: “Prohibo que se hable de eso. El que lo haga habrá de habérselas conmigo. ¡Quién quiera que sea, amigo, hermano o enemigo!...”

E inmediatamente, comenzó a hablar de política, de democracia y de República, en un tono inusitado. Habló de las injusticias sociales de la falta de misericordia humana, del desamparo de los niños y de los viejos, con razones tan profundas y elocuentes, que sus amigos, que jamás lo vieron tan elocuente, quedaron vivamente impresionados con sus dichos y razones.


LA LOCURA

Solía salir a pasear, completamente solo, por los barrios más pobres de la ciudad de Santiago; un día regresó sin su hermoso reloj de plata; otro, un anochecer muy frío, llegó a la pensión sin gabardina, hasta que, una mañana, no quiso desayunar, ni almorzar y se dispuso a mudarse. Sus amigos se “amoscaron”. Le preguntaron por el reloj, por la gabardina, y, sospechando que no quería comer, por no tener dinero para pagar, y sabiendo, además, que unos días antes disponía de cierta suma considerable, quisieron saber que había sido de sus bienes: el reloj, la gabardina, sus ropas y los pesos. El interpelado abrió los brazos y, mansa y suavemente, comenzó a hablar de esta extraña guisa:

-Lo di todo. La gabardina a un viejo muerto de frío, el reloj a una pobre mujer con tres niños, que me pidió limosna en el pedestal de la estatua de un héroe; los pesos –que eran poco más de mil– los repartí en una cuadra de conventillos entre niños sucios y famélicos.

-¿Qué me miráis?– dijo frente a la estupefacción de los interlocutores -¿De qué os asombráis? He sido feliz tres días, mitigando dolores ajenos, como hacía Jesucristo- ¡Tres días de dicha bien valen una vida de dolores!

Al invocar el nombre del Mártir del Gólgota, se exaltó más, dio a su voz entonación solemne, y afirmó después rotundamente: -Jesucristo volverá. El mundo está perdido por su ausencia. Volverá, porque si no vuelve, los hombres seguirán siendo verdugos de sus hermanos; se comen, se devoran y se matan unos a otros, mientras los niños y los viejos, que no pueden luchar, mueren de hambre y de frío.

-Volverá Jesucristo. Y mientras no vuelva, yo, asumo su representación. Y aquí, donde me véis y como me véis, yo soy su representante en la tierra. Y si me apuráis mucho os digo que por lo que he sufrido, yo mismo soy Jesucristo.


DIAGNÓSTICO

Pacificado el hombre, admitió la presencia de un médico alienista, que le fue presentado como amigo de un amigo suyo.

El galeno dictaminó algo así como una neuropsícosis de tipo místico, consecuencia de terribles convulsiones morales. Eso dijo el médico, mientras se dispusieron las cosas para internar al pobre delirante. Por algunas mejillas, que no sintieran el bien de una lágrima desde hace muchos años, rodaron las gotas salobres del agotado manantial. Las cabezas se descubrieron y alguien dijo:

-Acaba de pasar, loco de remate otra vez, nuestro señor don Quijote redivivo en un hijo suyo y de su raza.

Y por delante de todos los ojos desfilaron los campos resecos, polvorientos y tristes de la Mancha, todos llenos de follones y malandrines, y, en medio, la triste figura del caballero loco, invitándolos a detenerse en sus desaguisados, o a ser con él en épica y singular batalla.

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de...1943)
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Sobre los jueces

29 de agosto de 1942

EL MEJOR JUEZ


Por Ramón Suárez Picallo


De todos los funcionarios que sirven a la sociedad y al Estado, pocos son los que tienen mayores problemas de conciencia, cuando deciden sobre la suerte de las personas y el destino de las cosas. ¿Habré sido justo?, se pregunta. Y cuando la respuesta es satisfactoria de acuerdo con la Ley, surge otra: ¿Habré sido humano? Si las dos respuestas se compaginan, el juez descansará tranquilo, conforme consigo mismo, seguro de haber servido bien la altísima misión que le fue confiada, sin haber conflicto entre la Ley y la Conciencia. Por eso es muy difícil discernir cuál es el mejor Juez. Magraud, fue llamado, por antonomasía, “el buen juez”: si fuese preguntado si él era un buen juez, habría contestado: “No lo sé; trato de serlo cumpliendo con mi deber”.
Administrar justicia no es una profesión. Es un Ministerio con mucho de apostolado. De su cumplimiento no puede juzgarse por cosas y hechos objetivos. Porque el ideal de la justicia, como el del Bien y la Belleza, pertenece a lo subjetivo. Y esto lo saben, o lo deben saber, los miembros del Foro que acaban de reunirse en un banquete para discernir y festejar al mejor juez del año. Con todos los respetos para el digno magistrado en el cual recayó el honroso discernimiento, nos parece el acto un poco inadecuado y algo depresivo para los otros jueces chilenos que, en igual medida que el agasajado, cumplieron o trataron de cumplir con su deber. Por lo demás, en mayor grado que los miembros del Foro para discernir sobre el buen juez, están autorizados los ciudadanos sobre los cuales ejerció derecho de jurisdicción.
Conformémonos por esta vez, pensando –como es de nuestro deber hacerlo- que todos los jueces de Chile, merecen el alto galardón que recayó en uno de ellos; y que él “mejor Juez” los representa a todos.
Hagámoslo así por amor y en homenaje a la justicia chilena y a quienes la sirven con altas miras y sentido apostólico.

(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero... de 1942)
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GÁNSTERS EN LONDRES (en 1947)

Revólver Colt 38 "Police Positive" que perteneció al gánster estadounidense "Al" Capone.

A aparición de gánsters ao estilo Chicago en Londres e o seu acoso e ataques aos transeúntes londinenses dos que se fai eco a prensa levan a RSP a escribir este artigo no que acaba diferenciando contrabandistas de asesinos...


27 de julio de 1947

GÁNSTERS EN LONDRES


Por Ramón Suárez Picallo

Los ciudadanos de Londres están consternados. Han aparecido en su magnífica ciudad grupos de gangsters que actúan allí al estilo de Chicago; armados de pistolas, de ametralladoras y de fusiles recortados, interceptan a los pacíficos transeúntes, les quitan el dinero y las cosas que lo valgan, y los dejan después detenidos, sin dar ni fiar, en la vía pública, muertos las más de las veces.

Pero, además de todo eso, los gangsters que sentaron sus reales en la honesta, austera y puritana Inglaterra, cometen otros delitos y desafueros más o menos atroces. Negocian en el mercado negro, venden a cuarenta, cosas que valen cinco. Y lo hacen todo con las formas clásicas de los viejos piratas. Véase cómo:

En algún lugar de las cavernas que salpican la costa británica entre Dover y Cornwall, brillan señales, y en obscuridad parten ligeras lanchas a motor hacia una playa desierta. Allí cargan rápidamente barriles de vino, brandy, perfumes y medias de nylon, los ocultan después en cuevas o los transportan en camiones que ya esperan cerca de la costa para entregar los artículos en el mercado negro de Londres.

Se dice que este contrabando alcanza a los 16 millones de dólares anuales, pero el gobierno tiene confianza en que podrá aplastarlo. Los barcos de guerra que patrullan constantemente equipados con radar, atrapan a menudo las lanchas contrabandistas. Aunque los contrabandistas occidentales trabajan desde muchos puertos, desde Dinamarca hasta España, la ruta clásica hacia Inglaterra es Boulogne. La gente de Scotland Yard dice que esta ruta está supervisada por dos misteriosos personajes: uno un ex marino inglés llamado “El Capitán” y el otro un ex luchador de la resistencia francesa apodado “La mosca”.

Hay, además, implicados en estos negocios escasamente lícitos, 15.000 desertores polacos y más de doscientos españoles; es decir gentes bastantes como para protagonizar una de las mejores novelas policiacas de Wallace o de Simenon, que son, dicho sea de paso, de lo mejorcito que leemos los grandes eruditos.

Nosotros no tenemos prejuicios en cuanto se refiere a la “moral aduanera” que manda pagar religiosamente los tributos de importación y que prohíbe robar mercancías porque sobre esto, estamos todos curados de espanto. Lo que nos parece mal es que la policía inglesa confunda en forma lamentable a los honrados contrabandistas, con los vulgares asesinos que matan a tiro limpio a los transeúntes de Londres, para robarles todo lo que llevan encima.

Por fin, es extraordinario para la moral y las buenas costumbres inglesas, el hecho de que Chicago se haya trasladado a Londres. Parece cumplirse aquí el símbolo del arco que discurre entre el punto de partida y el punto terminal, siempre sobre su propia trayectoria.

Ya veremos si Scotland Yard resuelve la difícil papelota y pone a buen recaudo a estos truhanes, especialmente a los que matan a los transeúntes en la vía pública para quitarle lo que llevan encima.


(Artigo publicado no xornal La Hora, en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
Gansters en Londres en ABC de 1947
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Despedida a un periodista chileno en 1947
29 de mayo de 1947

UN AGASAJO FRATERNAL


Por Ramón Suárez Picallo

Ayer a mediodía, el personal de “La Hora”, pertenecientes a todas las secciones de la casa, tendió mesa, pan, vino y manteles blancos y largos, en honor y agasajo de un compañero muy querido: Humberto Espinoza, regente de nuestros talleres gráficos desde hace varios años. El fraternal convivio, tuvo lugar porque el amigo Espinoza se va a Antofagasta a desempeñar igual puesto en “El Mercurio” de allí, llamado por Tito Castillo, su actual director, también muy querido compañero, es jefe y amigo siempre de nuestra comunidad periodística.

La fiesta tuvo el tono, la gracia, los caracteres y el simpático fervor amical, que caracteriza a este gremio, arte, profesión o apostolado de los que administramos, diariamente, el santo sacramento de la palabra escrita, y que orientamos a veces, esa cosa vaga e imprecisa que se llama la opinión pública; el cuarto poder del Estado y las nociones más elementales de la cultura, a base de noticias, no siempre ciertas, provenientes de los cuatro puntos cardinales de nuestro mundo conocido.

Hubo los consabidos discursos, haciendo cada cual la apología del agasajado, según sus especiales puntos de vista. La Contabilidad, la Crónica, la Redacción, los Talleres, la Fotografía, la Expedición, la Propaganda, el Sindicato y todo lo otro que forma la estructura orgánica de un diario chileno y universal, sin olvidar la palabra grave y severa del director, dijeron o pensaron cosas muy interesantes acerca de lo que somos y de lo que debemos ser, para que se nos tenga en cuenta como elementos, más o menos importantes, en la vida colectiva de una nación y de una sociedad civil y civilizada.


ELOGIO DEL TALLER GRÁFICO

La imprenta es el cuerpo plástico del pensamiento hecho palabra. El tipógrafo más modesto, el linotipista que compone y el compaginador que cambian cuerpos y títulos, otorgan al periodismo el valor ornamental y sabroso que da el buen cocinero a los platos que entran por el sentido de la vista, antes de entrar por el sentido del gusto.

De ahí que la imprenta haya sido, en pleno Renacimiento, lo más eficiente y maravilloso, puesto al servicio de la cultura. Gutenberg, su inventor, es tanto o más grave que Erasmo de Rotterdam, Vives, Victoria, Tomás Moro, Copérnico, Shakespeare y Cervantes, que serían simples genios caseros, sin el noble arte de imprimir sus palabras, sus doctrinas y sus pensamientos, dándoles fijeza eterna y universal.

Y, en nuestros mismos tiempos, el periodismo, ágil, dinámico, estremecido de actualidad de minuto, de hora y de día, dándole al lector la noticia de los antípodas al instante de producirse, tiene en el taller del diario la usina que le da forma concreta y visible.

Por eso, en el movimiento político, espiritual y social de nuestro tiempo, figuran en el primer plano, los obreros de las artes gráficas, componiendo el libro, la revista, el panfleto y el diario, y dirigiendo en muchos casos, la vida pública de su país. Humberto Espinoza es en el periodismo chileno, figura señera en tan noble menester.


MENÚ CHILENO

Suele decirse de los banquetes y de los postbanquetes, que los comensales, después de comer, más o menos bien, hablaron mal del menú y a veces del mismo banqueteado. No ocurre esto en nuestro caso. Del banqueteado se dijo que es nervioso, áspero a veces, pero siempre leal y consciente de sus deberes. Del menú, el elogio fue abierto y franco. Un menú chileno puro, con mar, tierra, aire y color chilenos. Porque, en esta hora en la que el resto del mundo lucha a brazo partido por comer mal, en Chile aún se come bien. Sus platos tradicionales, pobres o ricos, tienen la vieja gracia que elogiara en su día el propio Lord Byron; no el poeta, sino que aquel otro, su tío, su tío abuelo, que hiciera aquí muchos almuerzos y muchas comidas, después de infortunadas andanzas marineras. Y de ellos, la cazuela clásica –hija directa y legítima del cocido castellano– “sabrosa de caldo, abundosa de ave o de carne, acompañada de grandes patatas, es el ingente regalo que la prodiga tierra chilena le hizo la Humanidad”. El rico tubérculo que consignan los viejos textos españoles de Historia Natural, como original del “antiguo Reino de Chile en tierras de la Araucanía”. La patata pura, limpia, amable, cocinada sin complicaciones, tal como la comiera él y se la hiciera comer a su Rey, el Caballero de Parmentier. El pan blanco de los pobres que no pueden comer pantrigo . El símbolo culinario de la hartura, que cultivan hoy, amorosamente, todos los campesinos del mundo, para espantar al hambre que ronda sus hogares.

Menú de Chile, en honor de un obrero que lleva a Chile en los tuétanos de los huesos y de la carne del corazón.
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VELLOS MOZOS E MOZOS VELLOS

22 de mayo de 1947

LOS VIEJOS SE VUELVEN NIÑOS


Por Ramón Suárez Picallo

Los médicos de Pesylvania, están estudiando el caso de la señorita Florencia Dolph, que a sus cien años de edad, se desliza por las barandillas, salta a la cuerda, juega con muñecas y hace otras muchas cosas pueriles propias de las niñas que viven su primera infancia.

Anotan los sapientes doctores de la tierra de Guillermo Penn que el fenómeno no se da sólo con la señorita Dolph, ni con otras ancianas de su sexo. Varones, también centenarios, ofrecen iguales o parecidas características; les da por bailar danzas del tiempo de Maricastaña, por coger frutas en el cercado ajeno, y por vestirse con trajes de la época de Abraham Lincoln, además de manejar pistolones que se cargan por la boca, con un fulminante a modo de “ceba”.

De todo lo cual, deducen que los viejos se vuelven niños a medida que avanzan en su vejez; o como se dice en un buen romance, que sufren de cochera infantil con alegría de los nietos que juega con ellos a la rayuela, al trompo y a las bolitas y echando volantines por primavera.

A nosotros, nos parece muy bien esa involución de la ancianidad hacía la infancia, porque ella viene a compensarnos del otro fenómeno muy común consistente en ver por aquí a una porción de muchachos, viejos caducos ya a los 20 años, con ideas más reaccionarias que la de sus bisabuelos y con el alma cargada de complejos y de rencores, de esquinamientos y acideces espirituales que cubren de feas arrugas sus almas y sus cuerpos.

(Artigo publicado no xornal La Hora en Santiago de Chile, tal día como hoxe pero de... 1947)
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MALA VECINDADE
RSP comenta neste artigo un caso de mala vecindade.

24 de febrero de 1949

QUE NO CUNDA EL EJEMPLO


Por Ramón Suárez Picallo

En Newport, Estado norteamericano de Kentucky, se está ventilando un curioso proceso: La señora Benlha Beck acusa a su vecina Dorothy Lowe de ser una mala vecina, a pesar de la muchísima propaganda que se le hizo en estos últimos tiempos a la buena vecindad, ya entre las personas como entre los Estados, especialmente en aquellas latitudes. Y le pide, por su mal comportamiento como vecina, cinco mil dólares de indemnización, aparte de la pena corporal que corresponda. La acusadora tiene razón. Véase. La acusada se dedica a llamar por teléfono a todas las postas de la Asistencia Pública, diciendo que su vecina se ha caído de un quinto piso y está hecha trizas. A los pocos minutos llegan a la puerta de la supuesta víctima diez ambulancias; otro día llegan veinte carros de bomberos con todo su estrépito, dispuestos a liquidar un pavoroso incendio y se encuentran con que no está encendido en la casa ni el mechero del gas; y así sucesivamente, camiones cargados de objetos para un banquete, taxis de alquiler y, una vez hasta un servicio completo de Pompas Fúnebres como para un muerto de primera: y así sucesivamente.

El juez que estudia la acusación está muy preocupado buscando en los textos legales una pena ejemplar y escarmentadora, aplicable a vecina de tan mala índole. Quiera Dios que la encuentre y la aplique con todas las circunstancias agravantes para que no cunda el ejemplo. Ahí es nada si se les da por imitarla a los dueños de casa de renta con los inquilinos que no quieren irse, o a los candidatos de un bando político con los del contrario o a los acreedores sin esperanzas de cobrar o a los comerciantes deshonestos con los funcionarios del Comisariato que les aprietan las clavijas.

El caos, el derrumbe y todos los desórdenes sociales previstos e imprevistos quedarán reducidos a un juego de niños frente a suceso de tal magnitud.

Y he aquí, desprevenido lector, lo que puede sobrevenir de una mala vecina, bajo la inofensiva y piadosa apariencia de prestar un buen servicio, llamando a los bomberos sin haber fuego, o a la Asistencia Pública a donde todo el mundo goza de excelente salud.



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Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 24-02-2014 23:48
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Sobre SANTIAGO URZÚA VICUÑA

RSP coñeceu e trabou amizade con Santiago Urzúa Vicuña que naceu en Talca(Chile) o 12 de xaneiro de 1883. Casou con Adriana Letelier Araya coa que tivo seis fillos. Morreu o 6 de xaneiro de 1949 e RSP ao ter coñecemento do seu pasamento adicoulle o seguinte obituario.

9 de enero de 1949

DON SANTIAGO URZÚA VICUÑA

Por Ramón Suárez Picallo

Erguido en pleno combate por ideas, principios e intereses que él consideraba lícitos, justos y honorables, cayó para no volver a levantarse más, afectado del corazón este magnífico ejemplar de caballero de raza que se llamaba en vida, don Santiago Urzúa y Vicuña. Sus apellidos están gritando su origen y fundamentando su tenacidad vasca y su sentido castellano de la justicia que él consideraba mal servida en pleito que absorbió todos los minutos, las horas y los días de sus últimos años de su vida.

No es el caso examinar en detalle el litigio en cuestión, sobre el cual, por lo demás, pesa la acritud lapidaria de lo que los juristas llaman, “cosa juzgada”. Una familia, muy allegada a la suya, dejó en su testamento una importante suma de dinero destinada a crear una Fundación benéfica encargándole a la Curia Eclesiástica todo lo referente al cumplimiento de las cláusulas testamentarias. Y…¡ahí es nada!, o como decía el otro: ¡Con la Iglesia hemos topado!.

Don Santiago, juraba por su honor, por Dios y por todos los Santos, que no se habían cumplido, poco ni mucho, a derechas ni a tuertas, los generosos y filantrópicos propósitos de su piadosa pariente. Y, siempre fiel a su estirpe, inició un pleito, que en su tiempo fue ruidoso, y que perdió en todas las instancias en el terreno jurídico. Pero el anciano combatiente no se conformó con el fallo de la justicia humana, e inició una campaña famosa, plantando sus razones en medio y medio del campo de la opinión pública, mediante millones de palabras, habladas en cien grupos y tertulias, y escritos en varias decenas de periódicos chilenos. No le importaba mucho –según nos dijo alguna vez- la parte material de la cuestión, o sea, los millones de pesos de que se trataba. Lo que, realmente, lo sacaba de quicio, era el ultraje, inferido –a su juicio- a la moral y a la buena fe, por miembros de una institución, encargada precisamente, de velar por esos principios y de defender las cosas del espíritu frente a las cuestiones materiales de la vida temporal y bajamente terrena.

Y hétenoslo aquí copiando, comentando –y publicando los comentarios- miles de textos, que él consideraba muy pertinentes y adecuados a su problemática. El Sermón de la Montaña, de los Evangelios, la Imitación de Cristo, de Kempis; los discursos de Churchill y de Roosevelt, las encíclicas y pastorales de varios pontífices, junto con citas de los más esclarecidos patriotas y estadistas chilenos de todos los tiempos, fueron de las razones y fundamentos de sus permanentes, tenaces –y en el fondo- cordiales alegatos. Porque, hay que decirlo, el viejo caballero, excelente cristiano y fervoroso patriota, a pesar de la pasión que ponía en la defensa del malhadado pleito, que amargó su ancianidad, no pronunció jamás, ni por escrito ni de viva voz, palabras ofensivas, descorteses e impías, ni aún, cuando, en privado, se refería a sus contrincantes. Cuando más, recurría a dichos, copias y refranes populares, un poco socarrones, pero sin nada de herético pecaminoso. Era enérgico, tozudo y cordial, como algunos paisanos de sus mayores, que hoy son venerados en los altares.

Nos brindó en vida su confianza y su amistad con horas duras y difíciles. A cambio le hemos alentado a él en sus contiendas, asegurándole la existencia de una justicia inmanente y eterna, más allá y por encima de la falible justicia humana. Por eso, cuando hace unas horas, vimos su cuerpo muerto conducido a la morada de la paz, donde no existe la pasión y todo pleito termina en su última instancia, hemos sentido una honda emoción y una vaga saudade por sus dichos y por sus escritos y por su simpática presencia personal. Porque fue un leal luchador de buena fe por una causa que creía justa. Y porque, nosotros, como él, sabemos lo que es luchar por causas juzgadas, y perdidas de antemano, en los estrados de la justicia humana.
Comentarios (0) - Categoría: RSP-Persoeiros (outros) - Publicado o 09-01-2014 00:16
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