A. C. Irmáns Suárez Picallo - Sada


Este blogue nace co obxecto de difundir a actividade da A. C. Irmáns Suárez Picallo, así como de recuperar e por a disposición do público diversos materiais de interese sobre o noso pasado,ao tempo que damos a coñecer os artigos escritos por Ramón Suárez Picallo e outros autores sadenses.
Estruturamos o blogue en varias seccións, nas que terán cabida noticias de actualidade sobre as nosas actuacións, artigos, textos históricos, fotografías...


Visitas (desde o 05/08/2010)





Únete a nós!
comisionsuarezpicallo@gmail.com
 CATEGORÍAS
 GALERÍAS FOTOGRÁFICAS
 RECOMENDADOS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGUES GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES
 DESTACADOS

POR EL BIEN DE LAS CLASES
Manuel L. Freire-Calvelo

Desearíamos llevar al convencimiento de todos los miembros de la sociedad, lo indispensable que es unirse en vigoroso conjunto para que, cada colectividad, pueda defender sus fueros y alcanzar el prestigio a que es acreedora, para consolidar los cimientos de su completa emancipación.

La unión es el sinónimo de hermandad, de trabajo, de igualdad, fraternidad, altruismo, sacrificio, abnegación.

En todo momento y en toda ocasión debemos dar inacabables pruebas de este aserto.

Sin la unión será muy difícil que se atienda y satisfagan las aspiraciones de una case: por ejemplo: la de los trabajadores del mar. Les será imposible lograrla sin la unión, como nos decía en uno de sus discursos el incansable propagandista de los “Pósitos de pescadores” D. Alfredo Saralegui, cuyo reglamento-tipo es uno de los medios de satisfacer los anhelos y necesidades de estos trabajadores.

Sus secciones de socorros mutuos, de embarcaciones, de venta de productos de la pesca, caja de crédito, cooperativa de venta de efectos pesqueros, ídem de consumo, cultural, montepío, exportación de los productos de la pesca y de manipulación de esos productos pesqueros, en las que se especifican las aspiraciones de la clase, es la única forma de asociación que les puede hacer prosperar.

Clase pescadora, obreros del mar: despertar de ese letargo en que os halláis sumidos; sacudid esa funesta mandorra que os domina, dejar a un lado esa pereza, esa negligencia y esa indiferencia que os denigran.

La unión es fuente de hermosas realidades futuras y de positivos beneficios.

La desunión es labor insidiosa, de desprestigio, de insociabilidad, de indisciplina por parte de personas poco escrupulosas: rencillas, pequeños odios, rencores, desconocimiento por nosotros, en muchos casos, de la altura de nuestra misión en el mundo, y como consecuencia, concesiones, debilidades y claudicaciones que nos arrebatan la autoridad y el crédito que debe campear en todo hombre civilizado.

Es necesario el destierro de ese aire de suficiencia, ese tono de protección que tan a menudo adopta cierto género de gentes.

Unámonos para desterrar esta costumbre ya inveterada y comencemos la obra de paz, progreso y concordia.

Desde el año 1922, por falta de unión entre la clase de los trabajadores del mar, dejó de encaminarse a su resolución el expediente de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada.

El espíritu práctico y el don de la oportunidad, aun en las personas suelen andar escasos como ha pasado en ese asunto del puerto de refugio.

Es sensible que hubieran caído en saco roto los trabajos y buena voluntad de aquel puñado de jóvenes cuya acción estaba supeditada a energías puras hacia un fin enaltecedor y provechoso.

El pueblo humilde, el verdadero pueblo, admiró la constancia y el trabajo de aquellos jóvenes de “acción sacrosanta” y el cariño y la esperanza que tenían por sus proyectos, prácticos y humanitarios.

Los “caciques”, el pueblo influyente en general, que es lo más bochornoso, no les ofreció ambiente, no les daba medios para desenvolverse y cayeron todos aquellos proyectos –algunos encarrilados por vías de realidad– en una indiferencia casi glacial u dolorosa. Unos cuantos del público “especial” de Sada no les ayudaron porque surgieron envidias y ello fue lo bastante para que, satánicamente, se opusiesen y ordenasen a sus secuaces que hiciesen en contra trabajos de zapa. ¡Qué crimen!...

Ante este desamparo, ante este injusto y fanático proceder, nadie ha clamado fuerte, alto, bien alto...

El pobre pescador, el pobre jornalero, cuyas rentas están mal representadas por el escaso producto de un trabajo mal retribuido, no piensa en los medios conducentes a su emancipación, a su redención económica. El ve que otros van al café y al teatro, son concejales y alcaldes, que visten con elegancia, que se divierten, que viven espléndidamente. ¿Por qué él no ha de vivir así? ¿No tiene derecho a ello? Es claro que tiene esos derechos y nadie puede negárselos; pero el mal está en que equivoca los medios para realizarlo. En lugar de apelar a los medios de emancipación, a la asociación, a la cooperación, a la ilustración de su inteligencia, busca la manera de tener todo lo que ambiciona proporcionándose dinero con el juego, con el fraude, quién sabe si hasta llegando a la miserable rapiña y el pequeño hurto.

No importa cómo, la cuestión es tener dinero de la manera que sea más cómoda y resulte más práctica.

Escasísimas serán las excepciones de esta regla desgraciadamente general.

Todos sabemos que el asunto de la construcción de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada es uno de los problemas (el “primero” de todos cuantos se pueden plantear a nuestra villa) que tiene tanta importancia como pocos alcanzan.

El club, el periódico y las manifestaciones públicas fueron, hace no muchos años, los medios más puestos en uso para jacer sensibles los latidos de la opinión pública.

Hoy toda la actividad se vacía en los moldes de la asociación.

Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 21-06-2011 09:57
# Ligazón permanente a este artigo
POR EL BIEN DE LAS CLASES , por M. L. FREIRE-CALVELO

Desearíamos llevar al convencimiento de todos los miembros de la sociedad, lo indispensable que es unirse en vigoroso conjunto para que, cada colectividad, pueda defender sus fueros y alcanzar el prestigio a que es acreedora, para consolidar los cimientos de su completa emancipación.
La unión es el sinónimo de hermandad, de trabajo, de igualdad, fraternidad, altruismo, sacrificio, abnegación.
En todo momento y en toda ocasión debemos dar inacabables pruebas de este aserto.
Sin la unión será muy difícil que se atienda y satisfagan las aspiraciones de una case: por ejemplo: la de los trabajadores del mar. Les será imposible lograrla sin la unión, como nos decía en uno de sus discursos el incansable propagandista de los “Pósitos de pescadores” D. Alfredo Saralegui, cuyo reglamento-tipo es uno de los medios de satisfacer los anhelos y necesidades de estos trabajadores.
Sus secciones de socorros mutuos, de embarcaciones, de venta de productos de la pesca, caja de crédito, cooperativa de venta de efectos pesqueros, ídem de consumo, cultural, montepío, exportación de los productos de la pesca y de manipulación de esos productos pesqueros, en las que se especifican las aspiraciones de la clase, es la única forma de asociación que les puede hacer prosperar.
Clase pescadora, obreros del mar: despertar de ese letargo en que os halláis sumidos; sacudid esa funesta mandorra que os domina, dejar a un lado esa pereza, esa negligencia y esa indiferencia que os denigran.
La unión es fuente de hermosas realidades futuras y de positivos beneficios.
La desunión es labor insidiosa, de desprestigio, de insociabilidad, de indisciplina por parte de personas poco escrupulosas: rencillas, pequeños odios, rencores, desconocimiento por nosotros, en muchos casos, de la altura de nuestra misión en el mundo, y como consecuencia, concesiones, debilidades y claudicaciones que nos arrebatan la autoridad y el crédito que debe campear en todo hombre civilizado.
Es necesario el destierro de ese aire de suficiencia, ese tono de protección que tan a menudo adopta cierto género de gentes.
Unámonos para desterrar esta costumbre ya inveterada y comencemos la obra de paz, progreso y concordia.
Desde el año 1922, por falta de unión entre la clase de los trabajadores del mar, dejó de encaminarse a su resolución el expediente de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada.
El espíritu práctico y el don de la oportunidad, aun en las personas suelen andar escasos como ha pasado en ese asunto del puerto de refugio.
Es sensible que hubieran caído en saco roto los trabajos y buena voluntad de aquel puñado de jóvenes cuya acción estaba supeditada a energías puras hacia un fin enaltecedor y provechoso.
El pueblo humilde, el verdadero pueblo, admiró la constancia y el trabajo de aquellos jóvenes de “acción sacrosanta” y el cariño y la esperanza que tenían por sus proyectos, prácticos y humanitarios.
Los “caciques”, el pueblo influyente en general, que es lo más bochornoso, no les ofreció ambiente, no les daba medios para desenvolverse y cayeron todos aquellos proyectos –algunos encarrilados por vías de realidad– en una indiferencia casi glacial u dolorosa. Unos cuantos del público “especial” de Sada no les ayudaron porque surgieron envidias y ello fue lo bastante para que, satánicamente, se opusiesen y ordenasen a sus secuaces que hiciesen en contra trabajos de zapa. ¡Qué crimen!...
Ante este desamparo, ante este injusto y fanático proceder, nadie ha clamado fuerte, alto, bien alto...
El pobre pescador, el pobre jornalero, cuyas rentas están mal representadas por el escaso producto de un trabajo mal retribuido, no piensa en los medios conducentes a su emancipación, a su redención económica. El ve que otros van al café y al teatro, son concejales y alcaldes, que visten con elegancia, que se divierten, que viven espléndidamente. ¿Por qué él no ha de vivir así? ¿No tiene derecho a ello? Es claro que tiene esos derechos y nadie puede negárselos; pero el mal está en que equivoca los medios para realizarlo. En lugar de apelar a los medios de emancipación, a la asociación, a la cooperación, a la ilustración de su inteligencia, busca la manera de tener todo lo que ambiciona proporcionándose dinero con el juego, con el fraude, quién sabe si hasta llegando a la miserable rapiña y el pequeño hurto.
No importa cómo, la cuestión es tener dinero de la manera que sea más cómoda y resulte más práctica.
Escasísimas serán las excepciones de esta regla desgraciadamente general.
Todos sabemos que el asunto de la construcción de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada es uno de los problemas (el “primero” de todos cuantos se pueden plantear a nuestra villa) que tiene tanta importancia como pocos alcanzan.
El club, el periódico y las manifestaciones públicas fueron, hace no muchos años, los medios más puestos en uso para jacer sensibles los latidos de la opinión pública.
Hoy toda la actividad se vacía en los moldes de la asociación.


Mariñana, nº 18, 15/09/1925.
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 08-03-2011 12:44
# Ligazón permanente a este artigo
POR EL BIEN DE LAS CLASES - Manuel L. Freire-Calvelo
Reproducimos un texto publicado por Freire-Calvelo na revista Mariñana, de Sada, hai 85 anos. O autor expón a importancia da actuación conxunta para acadar obxectivos para a comunidade.



Desearíamos llevar al convencimiento de todos los miembros de la sociedad, lo indispensable que es unirse en vigoroso conjunto para que, cada colectividad, pueda defender sus fueros y alcanzar el prestigio a que es acreedora, para consolidar los cimientos de su completa emancipación.
La unión es el sinónimo de hermandad, de trabajo, de igualdad, fraternidad, altruismo, sacrificio, abnegación.
En todo momento y en toda ocasión debemos dar inacabables pruebas de este aserto.
Sin la unión será muy difícil que se atienda y satisfagan las aspiraciones de una case: por ejemplo: la de los trabajadores del mar. Les será imposible lograrla sin la unión, como nos decía en uno de sus discursos el incansable propagandista de los “Pósitos de pescadores” D. Alfredo Saralegui, cuyo reglamento-tipo es uno de los medios de satisfacer los anhelos y necesidades de estos trabajadores.
Sus secciones de socorros mutuos, de embarcaciones, de venta de productos de la pesca, caja de crédito, cooperativa de venta de efectos pesqueros, ídem de consumo, cultural, montepío, exportación de los productos de la pesca y de manipulación de esos productos pesqueros, en las que se especifican las aspiraciones de la clase, es la única forma de asociación que les puede hacer prosperar.
Clase pescadora, obreros del mar: despertar de ese letargo en que os halláis sumidos; sacudid esa funesta mandorra que os domina, dejar a un lado esa pereza, esa negligencia y esa indiferencia que os denigran.
La unión es fuente de hermosas realidades futuras y de positivos beneficios.
La desunión es labor insidiosa, de desprestigio, de insociabilidad, de indisciplina por parte de personas poco escrupulosas: rencillas, pequeños odios, rencores, desconocimiento por nosotros, en muchos casos, de la altura de nuestra misión en el mundo, y como consecuencia, concesiones, debilidades y claudicaciones que nos arrebatan la autoridad y el crédito que debe campear en todo hombre civilizado.
Es necesario el destierro de ese aire de suficiencia, ese tono de protección que tan a menudo adopta cierto género de gentes.
Unámonos para desterrar esta costumbre ya inveterada y comencemos la obra de paz, progreso y concordia.
Desde el año 1922, por falta de unión entre la clase de los trabajadores del mar, dejó de encaminarse a su resolución el expediente de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada.
El espíritu práctico y el don de la oportunidad, aun en las personas suelen andar escasos como ha pasado en ese asunto del puerto de refugio.
Es sensible que hubieran caído en saco roto los trabajos y buena voluntad de aquel puñado de jóvenes cuya acción estaba supeditada a energías puras hacia un fin enaltecedor y provechoso.
El pueblo humilde, el verdadero pueblo, admiró la constancia y el trabajo de aquellos jóvenes de “acción sacrosanta” y el cariño y la esperanza que tenían por sus proyectos, prácticos y humanitarios.
Los “caciques”, el pueblo influyente en general, que es lo más bochornoso, no les ofreció ambiente, no les daba medios para desenvolverse y cayeron todos aquellos proyectos –algunos encarrilados por vías de realidad– en una indiferencia casi glacial u dolorosa. Unos cuantos del público “especial” de Sada no les ayudaron porque surgieron envidias y ello fue lo bastante para que, satánicamente, se opusiesen y ordenasen a sus secuaces que hiciesen en contra trabajos de zapa. ¡Qué crimen!...
Ante este desamparo, ante este injusto y fanático proceder, nadie ha clamado fuerte, alto, bien alto...
El pobre pescador, el pobre jornalero, cuyas rentas están mal representadas por el escaso producto de un trabajo mal retribuido, no piensa en los medios conducentes a su emancipación, a su redención económica. El ve que otros van al café y al teatro, son concejales y alcaldes, que visten con elegancia, que se divierten, que viven espléndidamente. ¿Por qué él no ha de vivir así? ¿No tiene derecho a ello? Es claro que tiene esos derechos y nadie puede negárselos; pero el mal está en que equivoca los medios para realizarlo. En lugar de apelar a los medios de emancipación, a la asociación, a la cooperación, a la ilustración de su inteligencia, busca la manera de tener todo lo que ambiciona proporcionándose dinero con el juego, con el fraude, quién sabe si hasta llegando a la miserable rapiña y el pequeño hurto.
No importa cómo, la cuestión es tener dinero de la manera que sea más cómoda y resulte más práctica.
Escasísimas serán las excepciones de esta regla desgraciadamente general.
Todos sabemos que el asunto de la construcción de un puerto de refugio para barcas de pesca en Sada es uno de los problemas (el “primero” de todos cuantos se pueden plantear a nuestra villa) que tiene tanta importancia como pocos alcanzan.
El club, el periódico y las manifestaciones públicas fueron, hace no muchos años, los medios más puestos en uso para jacer sensibles los latidos de la opinión pública.
Hoy toda la actividad se vacía en los moldes de la asociación.
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 08-10-2010 16:07
# Ligazón permanente a este artigo
SADA

Sada lugar de descanso e veraneo, acolle a moitos turistas nesta época do ano. É de vello. Hoxe presentamos este artigo de Manuel Freire Calvelo publicado no ano 1926, onde xa se fala delo. Unha mágoa ao ver que espacios, lugares e nomes xa non existen, e moita xente de hoxe, descoñece o pasado, a historia e, ata o os fillos ilustres da "Perla das Mariñas".
¡Benvidos, todos os que están a disfrutar en Sada do tempo de lecer! e que as festas patronais que imos celebrar estes días axuden a afianzar esa disposición de acollida e afecto que -dende sempre- o pobo de Sada ofrece aos que se lle achegan e, os que estades a ler os escritos que difundimos dende esta páxina poidades coñecer un pouco máis o noso pasado e a nosa historia.



VILLAS GALLEGAS

Manuel L. Freire-Calvelo


La villa de Sada es centro de gran importancia. Pertenece al municipio de Sada, al partido Judicial de Betanzos. Enclavada al este de la capital, conocida en ésta por ría de la “Plata”.

Con el nombre de Perla de las Mariñas e “Hija del Mar”, ha sido bautizada con tales “motes”. Respondiendo a ellos se nos muestra graciosamente sugestiva e inquieta.

Está ahora en verano, la estación del año que triunfa por excelencia...

Flores perfumadas, alegría, fiestas. Ricas exhuberancias por doquiera; revelación de todos los encantos de la campiña.

Al lado de los más hermosos y afamados parajes que nos brinda la naturaleza, puede colocarse, sin duda alguna, las encantadas inmediaciones de Sada, cuadros diversos donde parecen fundirse todas las cualidades del panorama gallego.

Las Mariñas son hermosas. ¡Para ellas la gracia y la coquetería, la dulzura de los hombres y de las cosas! ¡Los ojos y el corazón se regocijan de su holgura y alegría!

Cuadro armonioso y bien compuesto se nos presenta con la doble e imperecedera aureola que le han legado la Historia y la Belleza.

Sada es una villa que se moderniza y prospera sensiblemente de día en día. A la belleza de la ría, comparable a los lagos suizos e italianos, une el modernísimo espectáculo de los chalets y casas de quinta y de recreo que por doquier surgen como caprichosos monumentos que adornan un inmenso vergel.

La línea de tranvías eléctricos que la une a La Coruña, que ponen a las mariñas y a su villa en continuo contacto y convivencia con la capital de Galicia.

Muchas de sus casas de recreo y casinos-restaurants como el de “La Terraza”, están circundadas de árboles y plantas y besadas por las argentinas aguas de la poética ría, como ilusionando góndolas venecianas o encantadores hotelitos de la Costa Azul.

Qué jaleo, que barullo, que incesante movimiento, qué ir y venir, los domingos, del paseo de los muelles a las avenidas de Barrié de la Maza y Progreso a los salones de bailes y teatro “Moderno” y “Español”. Luego a los conciertos de “La Terraza” y “Alameda”. De noche a los debuts y sesiones de cine de los salones “Moragra” y “Couceiro”. Por las calles no se puede andar: ríos de gentes, tranvías y autos.

Es Sada verdadera villa de veraneo... Es divinamente inquieta, humanamente sugestiva. Hállase la población en el fondo de una ensenada en forma de anfiteatro. El verdadero puerto es Fontán, barrio muy original. Tiene no sólo un gran valor panorámico, sino, también, el de recordarnos que cerca de nosotros se yergue y vive una importante industria derivada de la pesca, tan extendida por toda Galicia, como lo es la de salazón y conservas.

Cerca de una docena de fábricas existen salpicadas a lo largo del bullicioso caserío fontanés, lleno de laboriosidad y de incesante trajín. Tiene un pie en el mar y otro en los montes; no sé si es un monstruo marino que escala la costa o un desesperado terrestre que se arroja al mar.

En Sada se celebra diariamente un importante mercado, que, sin equivocaciones ni exageraciones podemos considerarlo a la altura del de La Coruña. En el existe desde el cerdo hasta el baratijo de telas y aperos de labranza. Es una verdadera exposición de lo que produce el país y posee el comercio sadense.

Sus manifestaciones florecientes de vitalidad que la enaltecen nos hace sentir la emoción y el orgullo de ser hijos de esta tierra bendita en que tan altos se ponen los ideales a fuerza de trabajo y de loable constancia.

¡A tí van mis votos y mi saludo!

¡Salve, humilde rincón del solar gallego, morada de un bienestar modesto, donde a cada paso se ven las huellas de una mano diligente y de un trabajo lento, pero lleno de perseverancia!

Tiene la villa de Sada hermoso caserío y buenas edificaciones, especialmente en las calles de Linares Rivas, Portales, Iglesia, Castelar, Puerto, Obra, plazas del Conde, Pescadería y San Roque; en las Avenidas de Fontán, Marina, Progreso, Roque Barcia, Agustín García y Barrié de la Maza.

Su alameda se encuentra circundada de ornamentos públicos y en ella termina la lína de tranvías eléctricos Sada-Coruña.

Como se ve, la pintoresca, progresiva villa de Sada no solo es compendio de belleza, variedad y hermosura de paisaje, sino que es ejemplar de progreso cívico, venero de riqueza, estímulo de ulteriores empresas.

La gente de las Mariñas de Sada es de una amabilidad desconcertante. Todo el mudo habla al turista con cariño –con franqueza, casi con amistad. La vida es bella y el hermoso y templado clima de Sada invita a vivirla.

En Sada nacieron el compositor José María Rouco, que se distinguió por su música clásica a últimos del siglo XVIII; el ilustre marino Oveira, que luchó en Trafalgar y llegó a almirante, Ramón Arias de Castro, autor de una interesante obra sobre agricultura; el distinguido poeta José María Montes; el venerable patriarca del resurgimiento industrial de Galicia Antonio Sanjurjo Badía; los escritores y dramaturgos Manuel Lugrís Freire y Ramón Suárez Picallo...

Hoy hemos escrito, dirigiendo los ojos a las cosas exteriores y acopiando detalles que rememoren a los ausentes la visión dilecta de sus retinas: Sada, nuestra amada villa.

He amontonado datos heterogéneos, acaso un poco inconexos, pero no importa. Mi deseo por obtener una especie de fotografía, donde se abarcase todo lo que permaneciese ante el objetivo, y después enviarla en ofrenda a quienes han de agradecer sus menores detalles.

Por cierto que sobre mi mesa de trabajo y en espera de ser contestadas una por una, como así lo pienso hacer, hay unas cuantas cartas de conterráneos emigrados en América, amigos y paisanos queridos, que nos felicitan y estimulan con palabras de aliento, nunca bastante agradecidas, por nuestras modestísimas campañas desde las columnas de los periódicos viguenses y coruñés “Galicia”, “Pueblo Gallego”, “Vida Gallega”, “El Noroeste”, “Galicia” (revista) y desde estas del ECO DE GALICIA, por la propaganda de las bellezas naturales que atesoran nuestras mariñas, así como por la dignificación de la clase campesina y pescadora, en cuyo favor venimos hablando hace tiempo.


El Eco de Galicia, 12/10/1926.
Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 11-08-2010 12:01
# Ligazón permanente a este artigo
HISTÓRICO. DE NUESTRAS COSTAS, por Manuel L. Freire-Calvelo
Manuel L. Freire Calvelo, nado en Sada no 1902 e practicante de oficio, foi como xornalista, un incansable defensor de causas xustas para o seu pobo(o porto de refuxio, a ponte do Pedrido...) e un verdadeiro propagandista das Mariñas.
Na revista sadense MARIÑANA publicou en 1925 este texto e moitos maís artigos.
O relato que se conta, recolle realmente un suceso acontecido tres anos antes. A traíña "Palmita",de Sada, naufragou en augas de Cedeira en decembro de 1922.



DE NUESTRAS COSTAS


Era una época de miseria. La siega del año precedente faltó, el invierno era más riguroso que de ordinario.

Se despidió de Sada con una tramontana fría y tempestuosa y una lluvia incesante, tenaz, que convirtió el poblado en lodazal inmenso; voló después el viento hacia el gregal y fué recorriendo el cuadrante, desencadenando violentes ponentadas y mestrales de los duros.

Durante el día los pescadores, con las manos en los bolsillos, el cuello al aire y la gorra hasta las orejas, iban y venían de sus casas a la de la “Trenla” –su taberna predilecta– y de la “Trenla” a sus casas. Bajaban poco a la ribera, a dar un vistazo al bote, un refuerzo a las amarras... y nada: aquello llevaba camino de no acabar en un mes.

–Queréis saber vosotros cuál fué uno de los apuros más terribles en que jamás me he visto? –preguntaba un fornido marinero, mirando a todos los que le rodeaban en la taberna–. Pues bien –añadió– voy a decíroslo y si hay entre vosotros alguno que pueda jactarse de haber corrido un peligro análogo, me comprometeré a oírlo sin chistar y a pagarle un “pucheiro” de caña.

–Lo que voy a contaros sucedió siendo yo marinero de la buceta de pesca “Palmita”, cuya tripulación la componían cinco hombres y un rapaz de 13 años.

El vendaval barría los nubarrones y dejaba el cielo limpio y despejado; pero el mar continuaba tan encrespado y rugiente. Salimos una mañana muy temprano, hasta la altura del cabo Prior, donde encontramos al falucho de Periquete. Hasta nosotros llegaba el formidable rugir del oleaje al romper en los peñascos de la costa; la marejada tenía un movimiento desigual, que se oía junto con el temeroso mugir de aquel vendaval que llevaba en sus alas voces dispersas de gentes que hablaban desde el cercano pueblecito pesquero, al aullido de los perros y alguna que otra campanada de la solitaria iglesia.

Pescábamos al palangre, a una milla de la costa de Ortegal y frente a la punta Agudela y peña Fouciña, y los cogió lo más fuerte del temporal. Cuando quisimos escapar ya no había tiempo: luchamos más de dos horas, y yo, cada vez que una ola reventaba encima de nosotros, ni siquiera me agachaba. Más ligero y mejor nadador que el resto de mis compañeros y porque Dios lo quiso pude agarrarme como una lapa a la quilla del bote; el patrón se quedó debajo y tuve que hacer un esfuerzo para desengancharlo y quitarlo a flote sobre la quilla. Idéntica operación tuve que realizar con el rapaz; así permanecimos dos horas, que nos parecieron siglos, pues es difícil de contaros la lucha que sostuvimos con las indómitas olas. Las doce de la noche eran cuando salía la luna. Aconsejé a mis compañeros que hiciesen un esfuerzo para aferrarnos a una gran peña cercana a nosotros, mientras yo conseguía, a nado, llegar a tierra, sin dejar antes de animarlos, diciéndoles que intentaría la salvación de ellos.

Más de 1.500 metros tuve que nadar hasta el pie del monte Candeira, combatiendo los calambres y el peligro de estrellarme en aquel sinnúmero de acantilados peñascos.

–Qué manera de nadar! Y estaría aquello... –dijo un oyente.

–Como un infierno. Como toda la costa. Pero había que subir a Candeira; sube que sube por aquella altura cortada a pico. He visto la cara de la muerte porque llevaba la misión de salvar a mis compañeros, que ya pedían a gritos socorro y tenía que mirar donde ponía los pies y las uñas... Total, que he estado suspendido un buen rato sobre... el infierno... Por último, al llegar arriba, me sangraban los dedos de los pies y varias partes del cuerpo y saqué un vestuario de sangre empapado en tierra.

–Cojeando, camina que caminarás, saltando cercas y pisando tojos, había recorrido media legua. La noche era clara, el viento fresco y el lejano mar había calmado su furor. A pesar de todo, mi ansiedad iba en aumento. La situación crítica de mis compañeros me angustiaba. Unos carreteros que acertaron a pasar me tomaron por loco, y gracias al estado de desesperación en que estaba consintieron en oírme, después de lo cual me proporcionaron una capa de paja con que cubrir mis desnudeces. Me indicaron un poblado de media docena de pescadores y corrí en aquella dirección.

Llegué. Desde las cumbres del monte los carreteros que me habían auxiliado encendían haces de tojos para indicarnos el sitio en que estaban los infelices hijos del mar.

La situación de éstos era angustiosa. Agarrados a la peña en que los había dejado, daban desgarradores gritos pidiendo auxilio:

“¡Virgen Santísima del Carmen, sálvame!... ¡Adiós mis padres, mis hermanos, mi pueblo, mi aldea querida!...”

–Con esto concluye mi cuento; después de dos días, y por tierra, regresamos a la villa de Sada, donde alguien intentó, sin resultado, pedir para mi, al Gobierno, una cruz de... no me acuerdo qué cruz era. Yo ya tenía bastante con la del naufragio...

Y el narrador dirigió una mirada a su auditorio, y al apurar su “pucheiro” de caña se puso a recitar:

Busquemos las espigas
que brillan como el oro
y al soplo de la brisa
se agitan como el mar.
Guardemos esos granos,
que son nuestro tesoro,
mientras el sol de Julio
nos tuesta sin cesar.



Comentarios (0) - Categoría: TEXTOS DE FREIRE CALVELO - Publicado o 19-10-2009 09:52
# Ligazón permanente a este artigo
© by Abertal