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Libertad, de Jonathan Franzen
El retrato minucioso de una familia del Medio oeste americano a lo largo de varias décadas adquiere en la prosa maestra de Jonathan Franzen un carácter universal. Ahondando en la vida intima de unos personajes tan cercanos como identificables, la novela es una incisiva radiografía de nuestro tiempo que ha suscitado la admiración unánime de la crítica y los lectores de todos los países donde se ha publicado hasta la fecha.
Patty y Walter Berglund son miembros de una nueva y floreciente clase urbana, pioneros en la recuperación de un barrio degradado. Además de madre modelica y esposa perfecta, Patty es la vecina ideal, la que sabe dónde se reciclan las pilas y cómo escoger un colegio adecuado para los niños. Junto con su marido Walter, abogado ecologista y fervietne defensor de la bicicleta, aportan su grano de arena a la construcción de un mundo mejor.
Sin embargo, la llegada del nuevo milenio pone la vida de los Berglund patas arriba. Su hijo quinceañero se instala en casa de los vecinos republicanos, Walter acepta trabajar para una compañia minera, y Richard Katz, antiguo compañero de Walter, rockero extravagante y mujeriego empedernido, cobra un protagonismo insospechado en la pareja. Pero aún más desconcertante es la evolución de Patty, que de ser la figura más activa del barrio se ha transformado en una mujer ensimismada en la búsqueda de su propia felicidad.
Con una efectiva combinación de humor y tragedia, Franzen desgrana las tentaciones y las obligaciones que conlleva la libertad: los placeres de la pasión adolescente, los compromisos despreciados en la madurez, las consecuencias del anhelo desenfrenado de poder y riqueza que arrasa al país. Así, en los aciertos y errores de un grupo de personas que tratan de adaptarse a un mundo confuso y cambiante, Franzen ha pintado un cautivador retablo de nuestra época.
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 27-01-2013 19:16
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"El animal moribundo" de Philip Roth
En esta novela de 2001, Roth retoma al personaje de David Kepesh (El pecho y El profesor del deseo). Kepesh tiene aquí ya más de sesenta años, es un eminente crítico televisivo y uno de los catedráticos estrella en una universidad neoyorquina cuando conoce a Consuela Castillo, una atractivísima estudiante de veinticuatro, de modales refinados e hija de un matrimonio de ricos exiliados cubanos. Empiezan una aventura sexual que resulta ser una bomba que hace añicos el mundo intelectual y erótico de David. Desde la revolución sexual de los sesenta, cuando abandonó a esposa e hijo, Kepesh se ha dado a experimentar lo que llama «la masculinidad emancipada», escapando al alcance de la familia o de una pareja. Con los años ha logrado refinar lo que mamó de esa exuberante década de protesta y libertad hasta encajarla en una vida plenamente ordenada, donde sigue teniendo, con jóvenes estudiantes, vías de escape al mundo del eros y asimismo sabe mantener la distancia estética suficiente. Pero la juventud y belleza de Consuela, «una obra maestra de la voluptuosidad», desarman por completo los constructos por los que se rige David, quien se ve convertido en un posesivo obseso sexual condenado a arrastrarse por el oscuro lodazal de los celos. En la narración del descenso de Kepesh, Roth despliega un impresionante repertorio de variaciones sobre eros y tánatos, la licencia y la represión, el egoísmo y el sacrificio. Con El animal moribundo –título tomado del poema de W.B. Yeats «Navegando hacia Bizancio»: «Mi corazón entero consumid, que está enfermo / de tanto desear y, atado a un animal / que agoniza, no sabe ya ni qué es; dejad / que me acoja al artificio de la eternidad»– Philip Roth logró una de sus novelas más penetrantes y abrasivas.
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 27-01-2013 19:11
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Mentiras de Verano, Bernhard Schlink
Esta trama de mentiras (y mentiras dentro de mentiras) permite construir una línea de lectura apoyada en considerar la manera en que construimos para los demás nuestras vidas, nuestras biografías. Ocultamos, exageramos, alteramos hechos, tergiversamos, creamos, en suma, una historia alternativa de nuestras vidas que podrá convenirnos más en determinado momento; proyectamos (como hace Hannah, como hace también el narrador), si se quiere, un fantasma de quien fuimos y quien somos que, cabría pensar, es diferente a la verdad sobre nuestras vidas, accesible o no… seamos colaboradores de los nazis o maridos que ocultan a sus esposas un fin de semana pasado con otra mujer.
Los cuentos de Mentiras de verano, el último libro de Schlink, pueden leerse como variaciones sobre ese tema. Todos están ambientados en el verano, presentado como una suerte de desconexión con la vida “real”, un espacio alternativo y un poco más irreal, un descanso, si se quiere, de esas personas que sus personajes han de ser todo el año en sus trabajos, con sus familias. Los personajes de Mentiras de verano, entonces, están desconectados de sus vidas: están de vacaciones, en una playa remota, en el campo, a veces incluso en sus propias casas pero rodeados de los familiares que rara vez coinciden en un mismo lugar. Y todos mienten. Todos alteran sus pasados y sus presentes; todos, a la vez, enfrentan las indagaciones de alguien más, sus amantes, sus hijos, sus esposas o esposos. En algunos casos (“La casa en el bosque”, “Un extraño en la noche”, “El último verano”) la verdad sale a la luz; en otros (“Temporada baja”, “La noche en Baden-Baden”, “Johann Sebastian Bach en Rügen”) terminamos el cuento con la sensación de que no hemos llegado a enterarnos de todo, que otra mentira, o mejor dicho otro pliegue de mentiras sigue sustituyendo a la esquiva verdad. Y en “El viaje hacia el Sur”, uno de los mejores y más singulares cuentos del libro, es difícil distinguir hasta qué punto la protagonista terminó creyendo sus propias mentiras (y, por tanto, diciendo su verdad).
El libro está construido, entonces, como variaciones sobre estos temas, a la manera de una composición musical como las Variaciones Diabelli de Beethoven o las Variaciones Goldberg de Bach, y podría leerse desde la perspectiva de las relaciones de apropiación de los procedimientos musicales por parte de la literatura. En cualquier caso, la música aparece como un detalle relevante en casi todos los cuentos, especialmente en el ya mencionado “Johann Sebastian Bach en Rügen”, en el que un padre y un hijo hacen un viaje de verano a un pueblo en Alemania donde está llevándose a cabo un festival de música de Bach. La pasión por el compositor es, al principio, el único nexo entre ambos personajes, pero terminado cada concierto, en el momento de cenar, de volver al hotel o de caminar por ahí, las mentiras (y las verdades) empiezan a articular una conexión quizá más profunda. Anatomía de la mentira
Mentiras de verano por momentos parece convertirse en una pequeña cartografía de la mentira, como si cierto afán enciclopédico (una de las reseñas citadas en la contratapa habla acertadamente de “miniaturas en prosa”) intentase exponer las diferentes maneras de mentir y las múltiples categorías en que cabe clasificar a las mentiras, todo presentado mediante relatos que cabría leer quizá como fábulas sin moraleja. Hay mentiras que sirven a la infidelidad, por ejemplo, como vemos en el cuento “La noche en Baden-Baden”, y hay mentiras que intentan preservar la paz y la tranquilidad en las últimas semanas en una vida. En “El último verano”, precisamente, encontramos a un moribundo que evita contar a su esposa, sus hijos y sus nietos (reunidos en su casa en el campo para pasar sus vacaciones) que ha planeado su suicidio para el momento en que el dolor le resulte insoportable.
Ese afán enciclopédico también puede apreciarse en el tono que Schlink eligió para su libro: es fácil percibir cierta frialdad y cierta distancia en la manera en que se nos narran los acontecimientos, incluso en “Un extraño en la noche”, el único cuento de la compilación narrado en primera persona. Las voces narrativas evitan juzgar, evitan entrometerse demasiado con las mentiras y las verdades de los personajes, como si se intentase preservar la delicada trama de realidad y ficción que hace a las historias de vida que se comparten y a los fines que se persiguen. Esto es especialmente visible en los finales de los cuentos, que eluden cualquier explosión dramática o irrupción de sentimentalismo y parecen disolverse en el indeterminado futuro de los personajes (o en su no-futuro, mejor dicho, porque lo que se siente al terminar cada uno de los cuentos es que esas fantasmagorías invocadas por el narrador sólo sirvieron para contarnos esa historia y, por tanto, no pueden proyectar alguna forma de existencia independiente). En cierto sentido, todas las situaciones permanecen “abiertas”, porque, tramadas en torno a ciertas mentiras, de alguna manera terminan agotándose. Los personajes de Mentiras de verano mienten y se cansan de mentir; mienten y olvidan por qué lo hicieron o qué perseguían con tantas mentiras. El deseo se evapora, digamos, y la vida fingida para satisfacerlo se aparece como un cascarón vacío, como espuma. Los narradores sucesivos de estos cuentos, entonces, parecen contar las historias bajo la convicción de que en el fondo nada es realmente importante –ni siquiera la muerte, ni siquiera la razón por la que no se es capaz de dejar de engañar a una pareja, ni siquiera los hechos remotos que dieron forma a las vidas de los personajes.
En cierto sentido, la indecisión o parálisis que aqueja al narrador de El lector reaparece aquí, en los personajes de Mentiras de verano: no todos deciden qué hacer, qué cambios imponer a la situación, tras enterarse de que se les ha mentido; no todos los mentirosos insisten en sus mentiras hasta las últimas consecuencias; no todos, además, son capaces de tomar decisiones o convencerse de que determinados asuntos (en relación a los cuales se les mintió, en relación a los cuales mienten) son realmente importantes. El libro pasa como un divertimento, una composición de música de cámara discreta, sobria y elegante, pero a la vez algo permanece: cierto malestar, ciertas dudas. El lector siente que quizá también a él se le ha mentido de alguna manera y entrevé, o cree entrever, no una verdad específica sino su presencia a lo lejos, su necesidad de existir… pero, como los personajes, sabe que no podrá (o no querrá) hacer lo necesario para descubrirla. O que formularla sería, también, mentir. Falta, digamos, la voluntad, la presencia de ánimo, como si no hubiera ya lugar para ciertas afirmaciones. Porque la prosa de Schlink logra (incluso a través de la traducción) crear ese clima de inquietud y desgana, tanto en El lector, para muchos su mejor novela, como en Mentiras de verano.

Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 27-01-2013 19:04
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El mercado y la globalización de José Luis Sampedro
José Luis Sampedro ha escrito un libro crítico para todos los que se sienten descontentos con la globalización. El mercado, la competencia, los monopolios, la Bolsa y otras muchas cosas nos las cuenta con gran sencillez pero también con un rigor extraordinario.
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 27-01-2013 18:51
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