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El tiempo entre costuras

Una novela que avanza por los mapas de la memoria y la nostalgia, transportándonos al Marruecos colonial, al Madrid pro-alemán de la primera posguerra y a una Lisboa cosmopolita repleta de oportunistas, espías y refugiados sin rumbo. Una apasionante mezcla de ficción y realidad en la que las conspiraciones clandestinas se funden con el glamour de los talleres de costura, los casinos y los grandes hoteles, y con la lealtad hacia aquellos a quienes queremos.La joven modista Sira Quiroga abandona el Madrid convulso de los meses previos al alzamiento arrastrada por el amor desbocado hacia un hombre a quien apenas conoce. Con él se instala en Tánger, una ciudad exótica y vibrante donde todo puede suceder. Incluso la traición.



Sola, desubicada y cargada de deudas ajenas, Sira se traslada accidentalmente a Tetuán, capital del Protectorado Español en Marruecos. Espoleada por la necesidad de salir a flote, con argucias inconfesables y gracias a la ayuda de nuevas amistades de reputación un tanto dudosa, forjará una nueva identidad y logrará poner en marcha un selecto taller de costura en el que atenderá a clientas de orígenes lejanos y presentes insospechados.


A partir de entonces, con la contienda española recién terminada y los ecos de la guerra europea resonando en la distancia, el destino de Sira queda ligado al de un puñado de carismáticos personajes --Rosalinda Fox, Juan Luis Beigbeder, Alan Hillgarth-- que la empujarán hacia un inesperado compromiso en el que las artes de su oficio ocultarán algo mucho más arriesgado.

El hilo conductor de la trama de la novela es pura ficción, pero el trasfondo de la misma es fielmente histórico y algunos de los personajes que circulan por ella existieron en su día con las mismas glorias y miserias con las que se mueven entre las páginas.



Para la construcción del entramado histórico y la recreación de aquellos personajes reales que ya dejaron de existir, me he servido de múltiples fuentes documentales: memorias, biografías, trabajos históricos, artículos académicos... He consultado además la prensa de la época en la Biblioteca Nacional, me he sumergido en los fondos del Archivo General de la Administración, he obtenido documentos de los National Archives de Kew (Reino Unido), he viajado a Marruecos varias veces y he dado la lata impudorosamente a todo aquel que yo intuía capaz de aportarme algún retazo de información.



Para recomponer con fidelidad los escenarios de Tánger y Tetuán en esos días, he recurrido sobre todo de los testimonios de aquellos que vivieron ese entorno y ese tiempo en primera persona: algunos de los miembros de la Asociación La Medina y, sobre todo, mi propia familia materna, residente durante décadas en el Protectorado. Gracias a los recuerdos cargados de nostalgia de todos ellos, los personajes de la novela han podido recorrer las calles, los rincones y el pálpito de nuestro pasado colonial en el norte de África, un contexto casi desvanecido de la memoria colectiva y apenas evocado en la narrativa española contemporánea.

El estallido en 1921 de la Guerra de Marruecos, también conocida como Guerra de África o la Guerra del Rif, interrumpe este crecimiento inicial. Sin embargo, a partir de 1927, y durante los siguientes 30 años, se desarrolla un vertiginoso proceso de construcción que culminará con la creación de una ciudad prácticamente nueva, incluida la canalización de agua potable y la electricidad. Arquitectos como Muguruza, De la Quadra Salcedo y Alfonso de Sierra dibujan algunos de los edificios de la actual calle Mohamed V, antigua calle del Generalísimo. Esta travesía peatonal es hoy un melancólico paseo para aquellos que tuvieron un vínculo familiar con la época del Protectorado, o para los que en un momento de su vida se hayan sentido atrapados por esta fascinante y contradictoria historia compartida entre España y Marruecos.




Callejeando por el Ensanche tropezamos con el Teatro Español, construido en los años 30, que alterna películas con funciones de escena, la relojería La Princesa, el Hotel Nacional, donde se alojaron Vicente Alexandre, Dámaso Alonso y actores de la talla de Elizabeth Taylor o Víctor Mature, el descuidado Teatro Cine Monumental, que conservaba una imponente fachada posterior, o con el Colegio El Pilar, en cuyos pasillos todavía hoy cuelgan las orlas de las promociones del Protectorado, y su transición al colegio modélico, con jardín botánico incluido, en el que se ha convertido en la actualidad. En la Plaza Al Adala, flanqueada por de la Delegación de Hacienda, el cuartel de Artillería y los tribunales, Ricardo Barceló, nuestro privilegiado guía, nos explica la salida de los españoles de Tetuán: “Fue escalonada. El ejército dejó Marruecos entre 1956 y 1959, pero los funcionarios, algunos colaboradores, lo hicieron poco a poco. La gran evasión fue entre 1969 y 1971, cuando Hassán II aplicó la Ley de Marroquinización que obligaba a que un 51 % de las empresas estuviera en manos marroquíes”.
“En 1988 el rey Hassán II mandó construir su palacio en la antigua Residencia de Comisarios y lo que era el Consulado General de España". Tras las obras, lo único que queda de una plaza a la que los tetuaníes adoraban es el pabellón de invitados. “Era una plaza morisca preciosa, pero como no había espacio para el balcón por el que debía asomarse el Rey, la rehicieron completamente”, explica Barceló.

El tiempo de la novela
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 23-04-2010 13:52
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