libros



O meu perfil
 CATEGORÍAS
 RECOMENDADOS
 BUSCADOR
 BUSCAR BLOGS GALEGOS
 ARQUIVO
 ANTERIORES

Los refugios de la memoria de Jose Luis Cancho
José Luis Cancho
Nace en Valladolid en 1952.

Comprometido en la lucha estudiantil antifranquista, con 16 años viaja por distintas ciudades de Europa (París, Londres...), donde contacta con jóvenes comunistas que han participado en las revueltas de mayo del 68. A su vuelta a España se involucra en la militancia activa y es detenido por la policía por primera vez a los 17 años.

José Luis Cancho milita en el Partido Comunista de España (internacional), que años después adoptará el nombre de Partido del Trabajo de España. Entra en la universidad de Valladolid a estudiar magisterio. De los diecisiete a los veintitrés años se vuelca en la causa y es detenido en numerosas ocasiones.
n estos tiempos de autoficción la coquetería ha adoptado formas nuevas e inesperadas, muchas veces sospechosas. Una de ellas, no la menos común, es la de defenestrarse a sí mismo con una especie de dejadez cool, hacer un retrato caído en lo circunstancial pero heroico en lo esencial, en el que el autorretratado casi nunca se responsabiliza directamente de la infelicidad de su vida ni de las vidas ajenas, y los vicios —si los hay— siempre son simpáticos y perdonables. En esos supuestos autorretratos “salvajes y sin concesiones”, por repetir la cursilería de solapa, que al final se convierten casi siempre en ajustes de cuentas, el retratado sale por la puerta grande, con un peinado —si bien algo venteado— por lo general más bien mono y con mucha pero que mucha dignidad. A diferencia del escritor de tradición protestante, que suele ser por lo general más pragmático, pero también más radical, el escritor de tradición católica puede patalear mucho, pero al final quiere salir bien en la foto y que no se cuestione su dichosa respetabilidad.



"Es una boutade decir que Cancho se mira sin concesiones"
Dicho esto, que es lo que opino del 90% de la escritura de autoficción que se publica hoy en día, de pronto abro un libro de un autor tan desconocido por mí como José Luis Cancho y me trago una por una todas mis palabras del párrafo anterior, maravillado y encantado de haber perdido la razón, con la alegría que supone siempre encontrar no solo solvencia literaria —que en este caso es sinónimo de concisión— sino también de haber conocido a un nuevo autor, un compañero de armas. “Animal mío, época mía —dice Cancho haciendo suyo el adagio Mandelstam—, ¿quién podrá mirarte a los ojos?” El libro de Cancho empieza con una imagen casi cinematográfica: el propio autor cayendo desde la ventana de un tercer piso de Valladolid el 18 de enero de 1974, después de haber sido torturado durante toda una tarde por cuatro miembros de la brigada político-social. Pero Los refugios de la memoria no son unas memorias políticas. Ni siquiera (y bien habría sido justificable en este caso) un ajuste de cuentas con sus verdugos, ni con su familia, ni con sus amantes. Las memorias de Cancho —que abarcan casi desde la infancia hasta la época actual y van recorriendo por igual los escenarios de la disidencia política durante la dictadura franquista, la cárcel, el exilio, el vagabundeo, la inadaptación para la vida práctica, las dificultades para las relaciones sentimentales, etc— son lo que Simone Weil llamaría un perfil de espíritu, y Broch una “autobiografía psíquica”. Es decir, el examen detenido, sagaz y honesto de alguien que, por mucho que lo intente, no puede dejar de ser un extraño para sí mismo. Es una boutade decir que Cancho se mira sin concesiones. Esa frase que casi siempre es una cursilería (aparte de una mentira) es aquí verdadera y emocionante, y no solo porque el autor sea capaz de decir sobre sí mismo cosas objetivamente difíciles de articular sin salir mal parado, sino también porque revela haber reflexionado con ecuanimidad, distancia y hasta desapasionamiento no solo sobre sí mismo sino sobre las personas que han formado parte de su vida. Cancho dice que quiere escribir como un muerto, y vaya si lo consigue.


"Cancho es toda una rareza en este panorama de verborreicos con pose"
Este libro tiene, en el fondo, dos modelos muy claros: Levé y Brainard, con dos libros aparentemente fuera del canon, pero en realidad de primera línea: Autorretrato en el primer caso y Me acuerdo en el segundo. A ratos me recuerda también al poderoso Zorn con su implacable Bajo el signo de Marte, y también a Bernhard, pero más por el carácter que por el estilo (que es en realidad su exacto opuesto). Cancho podría ser en última instancia como uno de esos personajes misteriosos de Bernhard, que comprimen en tres palabras la observación de tres años y se dan por bien pagados. O un callado personaje chejoviano que al final de la obra da con un hallazgo verbal que hace comprender una vida de otra persona. Toda una rareza en este panorama de verborreicos con pose. Ojalá esta pequeña joya encuentre el reconocimiento que se merece.

En enero de 1974, después de haber sido detenido y torturado en los interrogatorios por miembros de la Brigada Político-Social, José Luis Cancho, en un episodio similar al que costó la vida al estudiante Enrique Ruano en 1969, cae desde una de las ventanas del tercer piso de la comisaría de Valladolid.1​ «Me tiraron porque pensaban que me habían matado. Pero lo curioso fue que no solo no me habían matado sino que tampoco me mataron cuando me tiraron», declaró a la prensa años después. Esta experiencia marca profundamente la concepción de la vida y la posterior obra del autor.2​

Tras la muerte de Franco y su salida de prisión, siguió con la intensa actividad política hasta que abandonó la militancia en el Partido. Después se instaló en Irún para trabajar como maestro.

En 1979 funda junto a otros compañeros en San Sebastián la revista Caballo Canalla a la Calle, donde publica sus primeros relatos y poemas. Desaparecida la anterior tras cuatro números, funda junto a Miguel Casado la revista Los infolios, con sede en Valladolid y Fuenterrabía.

A mediados de los ochenta deja la enseñanza y se dedica a viajar, principalmente por Latinoamérica.

De vuelta a España en los noventa, tras un tiempo en el que vive de trabajos esporádicos, comienza a dedicarse fundamentalmente a la escritura. Se establece en Pasajes y publica su primera novela, El viajero junto al mar (1999), a la que siguen Grietas (2001), e Indicios (2004).4​ El conjunto constituye una trilogía de la memoria en la que el autor explora algunos de sus temas recurrentes: la condición de viajero, el mar, la cárcel, la infancia y juventud, el poder de evocación de los sentidos, el desarraigo, la pérdida, etc.

En 2013 publica su cuarta novela, Lento proceso,5​ en la que en clave quizá más abiertamente autobiográfica explora su propio trabajo de creación. El protagonista del libro se retira a un hotel vacío frente a una playa desierta, para dedicarse a contemplar y a reflexionar, en un proceso lento que lo irá acercando a la escritura. Los recuerdos, el conocimiento de uno mismo, las lecturas que lo han acompañado a lo largo de los años (Tanizaki, Werner Herzog, Janet Frame, Dostoyevski, Thomas Mann, Peter Handke, etc.), el presente, todo ello irá conformando su obra.


Sobrecubierta obra de Imanol Bértolo, editor de Papeles Mínimos
En 2017 publica su novela autobiográfica, Los refugios de la memoria, en la que hace balance de su vida. De extensión breve, es un libro de una gran intensidad literaria. En él, José Luis Cancho rinde cuentas con su pasado y su presente, de una manera directa y valiente. Repasa su trayectoria vital, reflexiona sobre la misma y se autorretrata intercalando textos con un estilo que recuerda al Édouard Levé de Autorretrato. Pero fundamentalmente el libro trata de la escritura: la escritura como refugio y como aceptación de la propia vida, por medio de la distancia que proporciona el escribirla.2​

Los refugios de la memoria pretende ser el testamento literario de José Luis Cancho, una obra que como señala Eduardo Laporte en su reseña6​ del libro —haciendo referencia a lo que dice Sánchez Ostiz sobre la literatura autobiográfica que se pretende honesta y verdadera—, cumple con el requisito de tener detrás «un proyecto de vida, una vida a secas que merezca la pena ser contada. Un combate con uno mismo, una pesquisa del sentido de la propia vida». Con esta obra ganó el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2018, ex aequo con Ángel Vallecillo.3​

José Luis Cancho reside actualmente en San Sebastián.
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 18-04-2019 10:30
# Ligazón permanente a este artigo
Chuza! Meneame
Deixa o teu comentario
Nome:
Mail: (Non aparecerá publicado)
URL: (Debe comezar por http://)
Comentario:
© by Abertal