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La cena de Herman Koch
Quizá recuerden una noticia de hace algunos años. En Barcelona, en 2005, tres jóvenes de entre 16 y 18 años fueron detenidos por agredir y asesinar a una indigente que dormía en un cajero automático. La quemaron viva. No creo que haga falta entrar en detalles. Esta novela de Herman Koch va de eso. Bueno, en realidad, “parece” que va de eso. Déjenme que cite un extracto del texto de la contraportada y luego les explico el origen de mis dudas:

¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo? Estas y otras preguntas de igual calibre surgen como dardos durante la lectura de La cena, una novela ácida y provocadora que apunta sin miramientos a toda una clase social acomodada de los Países Bajos y, por extensión, de toda Europa, instalada en una inercia de autosatisfacción y complacencia, e indiferente hacia el devenir de la generación que ha de sucederla.
[…]
Tras cosechar un éxito inmediato y arrollador en Holanda —copó las listas de bestsellers, y ya ha vendido más de 340 mil ejemplares—, La cena ganó el Premio del Público y fue declarado Libro del Año 2009.

Este último párrafo es la parte que yo no entendía: ¿cómo una novela en apariencia tan de crítica social había logrado colocarse como betseller tanto en Holanda como en España? Yo siempre había pensado que los betsellers (lo que se entiende hoy en día como tal y salvo honrosas excepciones) eran esos libros de los que no se extraían enseñanzas ni buscaban confrontación directa con acontecimiento social alguno si no era para sacar provecho a fuerza de exprimir los tópicos de acción más habituales del cine y la televisión. Cuando leo la citada contraportada que me habla de inercias, autosatisfacciones, complacencias, devenires indiferentes generacionales y tiros a matar a la burguesía holandesa y luego veo lo de éxito arrollador y sí chorrocientos mil ejemplares vendidos me asaltan las dudas: ¿habremos al fin aprendido a leer? ¿Son los holandeses una raza aparte? ¿Tendrá el cambio climático algo que ver con todo esto? Sólo había una forma de salir de dudas (dos, si incluimos la tortura al editor): leerlo. Lo acabé hace poco.

* * * * * * * *

LA NOVELA

La historia que cuenta la novela es la siguiente: el protagonista, un hombre de clase media, mediana edad, felizmente casado y con un hijo de dieciséis años, asiste con su mujer a una cena en un restaurante de postín en el que ha quedado con su hermano, un político de prestigio cuyo partido tiene todas las papeletas para ganar las inminentes elecciones. La cena en cuestión tiene una razón de ser: decidir el futuro de sus hijos después de que estos hubiesen matado a una indigente en un lugar y de un modo similar al hecho real mencionado al comienzo de este post. Las preguntas formuladas en la contraportada son, pues, legítimas. Se las recuerdo: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir a un hijo que comete un delito injustificable? ¿Debe prevalecer el instinto de protección paterna, o la lealtad a unas normas sociales que garantizan la coherencia y la fortaleza del grupo?

Bien, de ser así; si la cena fuese realmente un lugar para el debate acerca de la ética y sobre la burguesía y la indiferencia, la inercia, la complacencia y la autosatisfacción yo podría haber perfectamente sucumbido a sus encantos y proclamado a voz en grito: benditos los holandeses que han hecho de esto un betseller y benditos sus hijos y sus nietos también y bendita la madre que los parió. Pero no puedo. Y no puedo por Koch, el bueno de Koch, quien para colar esto como betseller ha tenido que hacer trampa.

(A partir de este instante ándense con ojo pues no voy a tener miramientos a la hora de destriparles tanto los entresijos como el final de la novela por lo que si no quieren conocer el final pero sí mi opinión les invito a saltarse el resto de la reseña desplazándose directamente al último párrafo donde trataré de resumir, en muy pocas palabras, la sensación final que me ha producido.)

Para empezar no conocemos los traumáticos hechos –aquellos de los que los críos son culpables- sobre los versará la cena hasta la trascendental página 120. Eso son 120 páginas (de un total de 285) dedicadas a presentarnos los personajes y su status social. Esta es la parte de la novela que concentra el prometido debate sobre la concienciación social, pero no porque así lo plantee la acción desarrollada sino porque quien más quien menos ya sabe de qué va la película y dedica los ratos tontos en que se describen pormenorizadamente los platos del menú y el método de trabajo del restaurante a pensar en ello. Lo de los menús, por cierto, es la forma que tiene Koch de contarnos lo gilipollas que se vuelven algunos cuando tienen dinero; el mencionado ataque a la burguesía. En realidad si encontrásemos en la calle una versión de este libro con las portadas arrancadas y nos pusiésemos a leerlo inmediatamente lo más probable es que creyésemos que alguien nos está tomando el pelo y nos preguntásemos cuándo va el escritor a tomarse la molestia de contarnos a qué viene tanto misterio.

LA PÁGINA 120

Y es que, como decía antes, la página 120 es vital, no por la hazaña juvenil de matar un indigente sino por lo que ocurre antes y después. Fíjense.
ANTES el protagonista era el bueno, ya saben: padre de familia que se preocupa por si hijo, que descubre algo terrible y se pregunta cómo afrontarlo; padre que tiene a mayores la desgracia de un hermano que se dedica a la política, que como tal es medio gilipollas y lo invita a cenar seguro que para pedirle que guarde silencio por aquello de joderle las elecciones con algo tan insignificante como la muerte de un muerto de hambre, algo que nuestro protagonista, un hombre de intachable conducta, profesor de instituto, no está seguro de querer escuchar (no sabemos si aceptar).
DESPUES el protagonista es un hijo de puta y su hijo, a su lado, la madre Teresa de Calcuta por muchos indigentes que haya flambeado. Su madre más o menos: antes nos hubiéramos casado con ella, ahora es peor que una Angela Chaning venida del infierno. Y su hermano, como no podía ser de otra manera, una bellísima persona que quiere lo mejor para sus niños: una educación ejemplar y una conciencia tranquila.

Yo siento una particular debilidad por Fernando Arrabal. Recuerdo como una de mis grandes novelas de mi juventud aquella torre herida por el rayo que me enganchó al ajedrez. Arrabal dedicaba toda la novela a invertir los papeles de los protagonistas, dos jugadores de ajedrez, logrando que el que en un primer momento parecía buena persona demuestre durante el transcurso de la novela ser un auténtico cabrón mientras que el otro pasa de demonio a querubín. Arrabal, decía, dedica a hacer creíble ese cambio más de doscientas páginas. ¿Cómo puede Herman Koch lograr el prodigio de hacer lo mismo en el mismo espacio si ya hemos visto que la mayor parte de la primera mitad del libro la dedica a contar banalidades? ¿Quieren saberlo? ¿De verdad quieren que se lo diga? Vale. Hace trampa.

LA TRAMPA

¿Es un betseller, recuerdan? Tenía que haber algo que bajase el nivel. Bien, pues la trampa es una enfermedad hereditaria sin nombre (al menos no se llega a decir). Así de sencillo. En la mitad del libro, más o menos, descubrimos que el protagonista es un ser violento que ha sido inhabilitado temporalmente para ejercer la docencia hasta que un psiquiatra determine que está psicológicamente preparado para ello, algo que se ve a todas luces no va a ocurrir jamás. En un momento determinado, como si tal cosa, nos enteramos también de que lleva nueve años de baja y que hace poco abandonó voluntariamente la medicación que inhibía sus impulsos. Con esto lo que Koch justifica es que durante la primera parte el tipo fuese como una marioneta y sus actitud bastante pacífica y que lo que no sabía no lo sabía porque no se lo había contado su mujer, que lo protegía para no alterale los biorritmos. Lo que no se justifica de ningún modo es que esta novela, que está narrada en primera persona desde el presente, esto es, desde un momento claramente violento del personaje, oculte esa información. Si hubiese sido narrado en tercera persona a partir de los diarios del protagonista podría aceptar la trampa, pero así no. La imagen del personaje durante la novela no se corresponde con la que tenemos al final, con la del narrador actual. Esto es muy molesto o a mí me lo parece, que para el caso es lo mismo, por más que el resultado –la supuesta sorpresa- sea lo que haga de esta novela lo que realmente es -un betseller- y por lo tanto entretenida. Que de repente todos dejasen de ser lo que parecían para convertirse en caricaturas de una película del oeste es lo que acaba con la presunción de que estamos frente a una novela de reflexión pues leyendo esto la conclusión a la que llegamos no es tanto la amoralidad que se apodera de la sociedad como la importancia de hacerse la amniocentesis para evitar la proliferación de indeseables.



EN RESUMEN

Que muy mal por Koch, en general, por vender humo y bien por la editorial por haberse hecho con los derechos de una novela de tanto éxito. Para aquellos que se hayan saltado lo anterior decirles que en general me gustó moderadamente tirando a poco mientras la leía pero que el final resulta decepcionante por una trampa que pone el autor en el camino; una trampa que desmerece el conjunto y acaba con lo que podía haber sido: el prometido análisis del hombre versus la amoral sociedad.
Autor y actor holandés, Herman Koch ha desarrollado una notable carrera como actor, tanto en la radio como en la televisión o el cine, participando en populares series cómicas de su país, así como en varias películas con papeles menores. Además, es un colaborador habitual en prensa escrita, donde mantiene dos columnas de opinión.

En lo literario, es conocido por sus relatos cortos, con los que ha publicado varias antologías, así como por sus novelas, logrando un gran éxito con La cena (2009) obra que se llevó el Premio del Público en Holanda y que ha sido traducida a más de 20 idiomas. Ha recibido sendas adaptaciones tanto al teatro como al cine.

Desde entonces ha publicado varias novelas más, algunas de ellas tan importantes como Casa de verano con piscina o Estimado señor M.
Comentarios (0) - Categoría: Xeral - Publicado o 02-07-2018 19:47
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